Cómo motivar a un niño a estudiar: 15 consejos

Aprender cómo motivar a un niño a estudiar y leer es esencial para su formación y su futuro; adquirirá el hábito, sacará mejores calificaciones y tendrá costumbres más sanas y que le ayudarán para construir una vida exitosa.

La motivación es un aspecto muy relevante en todas las áreas de la vida y en lo que se refiere a la educación de los niños, tanto en el ámbito de la crianza como en el educativo, cobra una importancia especial.

cómo motivar a un niño

La motivación orienta nuestras acciones, las acciones del niño y es un elemento esencial en lo que se refiere a qué hace la persona y hacia qué objetivos se orienta.

15 consejos para motivar a un niño

1. No le pongas etiquetas

Los niños crean su autoconcepto a través de las impresiones que las personas de su alrededor tienen sobre ellos.

Las etiquetas, en este caso, actuarán como una profecía autocumplida. Si a un niño le ponemos la etiqueta de “malo”, “desordenado”, “vago” y acabamos tratándolo de ese modo, el niño se comportará como tal, respondiendo a una expectativa que hemos generado sobre él.

El autoconcepto surge de un proceso de valoración de la información que recibimos de nuestra experiencia y de la opinión de nuestro alrededor. Es importante que se ajuste a la realidad y que sea positivo, porque ayudará a que se desarrolle con una autoestima fuerte y sana.

¿Por qué las expectativas tienen importancia? Ya Rosenthal y Jacobson explicaron el Efecto Pigmalión cuando concluyeron que el logro personal del alumno era mejor cuando el profesor le anticipaba expectativas de éxito.

Es importante que tengas en cuenta que tus expectativas en el niño acabarán influyendo en su manera de actuar.

2. Muéstrale que confías en él y proporciónale seguridad y apoyo

Es importante que el niño perciba que has depositado tu confianza en él. Es importante que conozca cuáles son sus fortalezas y sus limitaciones, pero que descubra que está en su mano cambiar y mejorar.

La confianza da la certeza al niño de que tiene la capacidad para llevarla a cabo. Muéstrate disponible y accesible para él, dispuesta a hablar sobre cualquier tema que le interese.

Ayúdale a ver que es capaz de hacer muchas cosas, que puede definir sus metas y acceder a sus objetivos con esfuerzo.

Tienes que estar disponible para revisar lo que le preocupe y para ofrecer sugerencias, pero no hagas las cosas por él. Si tiene dificultades, ayúdale a encontrar la manera de resolverlas, pero no lo hagas por él.

3. Fomenta una autoestima positiva

La autoestima está muy relacionada con la motivación, dado que si el niño se cree capaz de alcanzar metas y además su autoconcepto es positivo, será capaz de afrontar los obstáculos y retos que se le presenten y su motivación hacia las dificultades será proactiva.

Háblale con un lenguaje que le de ánimo, que le aliente a continuar. Reconoce su esfuerzo y su progreso y usa palabras descriptivas, no centrándote tanto en el resultado.

Por ejemplo, no valores “sus buenas notas” y alábale más por todo el trabajo que ha hecho durante el curso y todo lo que se ha esforzado y ha mejorado.

Las palabras de aliento le llevan a evaluarse de manera positiva, a sentirse capaz y lo alientan haciendo que se motive mucho más.

4. Ten en cuenta la inteligencia emocional

La inteligencia emocional cada vez se tiene más en cuenta. Pero la motivación, concretamente la automotivación, es un componente principal de la inteligencia emocional.

La motivación tiene un componente afectivo y la capacidad de regular nuestras emociones se encuentra muy ligada a la motivación.

La automotivación es la clave para poder iniciar una tarea y ser persistente para llevarla a cabo.

Cuando logramos que el niño desarrolle su automotivación le estaremos ayudando a desarrollar el impulso que le lleva a lograr las metas que desea.

Será capaz de mantenerse persistente y de controlar su estado de ánimo para lograr aquello que desee.

La inteligencia intrapersonal, propuesta por Gardner en su Teoría de las Inteligencias Múltiples incluye la automotivación como una de las características básicas de la autogestión.

5. Despierta su curiosidad

La curiosidad es el primer paso para el aprendizaje. Los niños son curiosos por naturaleza y se interesan por las cosas observando y preguntando.

A veces puede resultar cansado y vemos esta curiosidad innata como algo negativo porque nos pasamos el tiempo dando explicaciones a los niños.

Pero es importante ver esta actitud infantil como una fuente de aprendizaje y más que anularla, debemos alimentarla.

La curiosidad le proporciona el interés para aprender y el niño llegará a un aprendizaje significativo porque le interesará aquello que aprende.

Con la curiosidad el niño desarrolla su observación, se hace preguntas, investiga, contrasta hipótesis y le lleva a probar cosas nuevas.

6. Sus aprendizajes tienen que tener un valor significativo para él

Para muchos autores el aprendizaje no puede desarrollarse sin la motivación.

Cuando hablamos de que el aprendizaje tiene que ser significativo para el niño, nos estamos refiriendo a que debe basarse en su propio marco de referencia. El que aprende es el niño.

También es importante que adquiera la cualidad de saber aprovechar sus puntos fuertes y de saber que todos cometemos errores y que éstos se ofrecen como una oportunidad para aprender cosas nuevas.

7. Genera sensación de control

Cuando hablamos de sensación de control nos referimos al hecho de que el niño tiene que localizarse a él mismo como el agente causal de los acontecimientos que le pasan en la vida al atribuir las cosas que consigue.

Es importante que atribuya el éxito a variables que controla (el esfuerzo, la constancia) en vez de hacerla depender de variables inconsistentes como la suerte o el destino.

El niño debe tener la sensación de que él media en las cosas que le pasan, dado que si no tiene la percepción de que controla su vida, no hará nada por aprender ni por mejorar.

Las palabras de aliento, como ya hemos comentado, deben centrarse en causas que le proporcionen control interno.

8. Promueve la responsabilidad

Un niño motivado es mucho más probable que sea responsable, porque está acostumbrado a hacer las tareas por él mismo y no esperará a tener un referente externo que le diga qué debe hacer en cada momento.

Una manera de ayudarle a ser responsable es permitirle, dentro de lo posible, elecciones frecuentes.

Trata de ver las situaciones desde los ojos de tu hijo y ofrécele alternativas ante distintas cuestiones para que pueda elegir aquello que más le interesa.

Muéstrale la importancia de ser una persona con responsabilidad, ayúdale a serlo, facilítale los medios para ello y ofrécele actividades, dentro de su desarrollo, para que lo ponga en práctica.

9. Propón actividades y retos adecuados a su capacidad y momento de desarrollo

Si el niño se siente capaz, es mucho más probable que su actitud ante la vida y ante el aprendizaje escolar sea mucho más positivo y proactivo.

Por eso es importante que las actividades que le propongas y a las que le alientes estén preparadas y adaptadas para sus capacidades y su momento evolutivo.

Es necesario que las actividades supongan un reto para él, pero si no las adaptamos al niño, puede sentirse frustrado.

Además, cada niño es distinto y debemos respetar y valorar sus gustos y preferencias.

10. Propón metas con un grado moderado de dificultad

Una tarea muy fácil puede aburrirle y una demasiado difícil puede hacerle sentirse superado y abandonarla.

También es verdad que un niño motivado es más susceptible de elegir tareas mas complicadas, pero también porque será más perseverante cuando salgan obstáculos y dificultades y se mantendrá constante hasta que la resuelva.

11. Valora su esfuerzo

Los niños motivados lo son, también, porque alguien ha valorado su esfuerzo.

Los padres y los educadores de los niños tienen un papel muy importante a la hora de influir en la motivación que tendrá el niño de cara, por ejemplo, a la escuela o a otras actividades que realice.

Como padres y educadores podemos crear ambientes que promuevan el esfuerzo y la dedicación.

Es importante también que valores su esfuerzo y no sus resultados, dado que es importante que tenga sensación de control. Las personas controlamos nuestro esfuerzo, pero no los resultados que tenemos.

12. Déjale que juegue

Cuando los niños juegan, muchas veces están tan absortos en él que solemos decir que no se dan cuenta del paso del tiempo o que están tan metidos que ni nos escuchan.

Este estado lo llamamos en psicología “flujo”. Este concepto fue descrito por Csikzentmihaly, y él describe algunas características en el estado de flujo que se observan en el juego.

Es una experiencia de placer, donde estamos concentrados, implicados o controlamos nuestras habilidades, por ejemplo. El niño, que juega de manera natural, experimenta todas estas características.

13. Sus metas tienen que ser realistas y específicas

Para fomentar la motivación en el niño debes fijar metas que sea capaz de comprender, tienen que ser realistas y susceptibles de que las alcancen.

Las metas tienen que ser operativas y deben tener un grado de dificultad ajustado. Tu rol como educador es ayudar al niño a que se ponga metas ajustadas y realistas e ir evaluando constantemente los progresos que va realizando.

Cuando las metas son realistas, son comprendidas por la persona que las persigue, su nivel de dificultad se ajusta a su capacidad y nivel de desarrollo, son moderadamente novedosas y las elige el propio sujeto, potencian la motivación de éste.

Además, es más probable que alcancemos metas que escribimos en un papel. Puedes ayudar a tu hijo a escribir una lista con aquellas metas que quiere conseguir y ponerlas en un lugar visible.

Las metas tienen que ser también específicas. Por ejemplo, decir “quiero que me vaya mejor en la escuela” es una meta muy inespecífica. Debemos renombrarlas y operativizarlas. ¿Qué significa que “me vaya mejor”? (puede ser aprobar matemáticas, hacer los deberes todos los días…).

14. Comunícate con él e interésate por aquello que le gusta

Es importante que converses de manera abierta, dialogante y honesta con tu hijo. Que te intereses y le ayudes a descubrir las áreas que más le gustan y en las que sobresale, en las que se siente cómoda.

Los niños crecen y cambian, sus intereses y aptitudes también pueden hacerlo. Debes mostrarte preparado para ayudarle a revisar y ajustar las expectativas y los deseos de tu hijo.

15. Ofrécele actividades nuevas y muchas experiencias que le gusten

Es importante tratar de ofrecer al niño una gran variedad de experiencias, dado que así se fomenta su aprendizaje y puede adquirir diferentes destrezas, actitudes y capacidades.

Es importante que le permitas realizar experiencias que le sean atractivas porque cuando sentimos atracción por la propia tarea, ésta aporta más energía y le exige menos esfuerzo.

El niño también puede experimentar el estado de flujo y desarrollar su motivación a través de actividades creativas como la pintura, el modelar, las dramatizaciones o juegos de roles.

¿Qué es la motivación?

La motivación podríamos entenderla como la manera de disponer el ánimo de alguien para que proceda de un modo determinado.

Son aquel conjunto de razones por las que las personas se comportan de un modo determinado. Cuando un comportamiento está motivado está sostenido y es dirigido a un objetivo.

En el aprendizaje la motivación es la disposición del niño de manera positiva para realizar un aprendizaje y continuar en él de manera autónoma e independiente.

Muy relacionados con la motivación vamos a encontrar muchos términos que nos ayudan a ampliar la visión del concepto. Por ejemplo el interés, la curiosidad, el impulso o el motivo.

Motivación intrínseca y extrínseca

Podemos distinguir dos tipos de motivación que pueden guiar la conducta de un niño: la motivación extrínseca y la motivación intrínseca.

La motivación extrínseca tiene lugar cuando la conducta es dirigida por las características de los estímulos externos.

Se da en aquellas actividades en las que los motivos que impulsan la conducta son ajenos a ella, se determinan por contingencias externas (refuerzos positivos o negativos externos al sujeto y a la propia actividad).

Por ejemplo, cuando el niño realiza una conducta para obtener nuestra aprobación o quiere aprobar un examen para recibir el regalo que le has prometido.

La motivación intrínseca, por el contrario, surge cuando el sujeto persiste en una conducta sin un estímulo exterior que lo esté justificando.

En la motivación intrínseca no hay contingencia externa y el incentivo que la mueve es la propia actividad, la realización de la conducta en sí misma.

Por ejemplo, cuando el niño juega o hace una actividad para superarse a él mismo.

Ello quiere decirnos que la motivación intrínseca surge de fuentes internas mientras que la extrínseca surge de los incentivos ambientales.

La importancia de la motivación

La motivación es importante porque es una de las cosas que explica el comportamiento humano.

La motivación determina el hecho e que una persona inicie una actividad dirigiéndose a un objetivo y persista en él hasta lograrlo.

Además, es muy relevante cuando estamos hablando de aprendizaje. La motivación incluye la relación con las expectativas, es decir, el hecho de que los niños se crean capaces de llevar adelante tareas.

Se relaciona con el valor, relacionándolo con las metas que tienen y el interés sobre aquello que realizan. Y por último también con el componente afectivo. Cuando se produce una emoción, hay una predisposición a actuar.

La persona se motiva cuando confía en sus capacidades, se cree eficaz, se responsabiliza y valora aquello que hace.

Los niños motivados se desenvuelven mejor en la escuela y en la vida, no porque crean que tienen que ser los mejores, sino simplemente porque dan lo mejor de ellos mismos.

Referencias

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  2. Carril, I. (2000). Los proyectos: motivación y desarrollo de capacidades. Congreso Mundial de Lecto-escritura.
  3. Chóliz (2004). Psicología de la motivación: el proceso motivacional. Universidad de Valencia.
  4. Howe, M. (2000). Cómo la motivación afecta al aprendizaje. Oxfor U Press.
  5. Mateo Soriano, M. La motivación, pilar básico de todo tipo de esfuerzo. Universidad de Zaragoza.
  6. Naranjo Pereira, M. L. (2009). Motivación: perspectivas teóricas y algunas consideraciones de su importancia en el ámbito educativo. Revista Educación, 33(2), 153-170.
  7. Pedrosa, F. R. (2011). La motivación y aprendizaje. Innovación y experiencias educativas.
  8. Sigrid, L. (2000). Cómo superar las dificultades escolares. Medici.
  9. The Parent Institute (2005). 7 maneras probadas de motivar a los niños a rendir mejor en la escuela.

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