¿Cómo Prevenir el Suicidio?

Cómo prevenir el suicidio en la depresión es la gran cuestión que se ha planteado en torno al suicidio, cada día los expertos intentan buscarle respuestas.

Los estudios revelan que más del 90% de las personas que cometen el suicidio tienen depresión o algún otro trastorno mental. ¿Por qué alguien puede querer quitarse la vida? ¿Cómo puede lograrse que la persona no sienta deseos de morir?

Prevenir el Suicido en la Depresión

Es habitual que las personas que presentan depresión también posean ideación suicida, aunque sólo algunas son las que llegan a ese extremo. Sin embargo, debemos saber que el suicidio y la tendencia al suicidio no son respuestas normales al estrés.

La depresión es un trastorno del humor, que provoca una sensación de pérdida de interés y de tristeza profunda. Cambia totalmente la forma de pensar, de sentir y de comportarse de la persona que la padece. De hecho, el individuo puede sentir que no tiene energía para realizar tareas básicas del día a día, y que las actividades que antes le apasionaban ya no le producen esa sensación.

Todo esto está muy vinculado al deseo de morir, experimentando el afectado que vivir no merece la pena.

Aquí vamos a ver cómo se puede prevenir esta situación. Para ello se definirán las señales de alarma, los factores protectores y las técnicas que ayudarán a que la persona recupere las ganas de vivir.

Cifras de suicidios

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 800 000 personas se suicidan cada año; situándose el 75% de éstos casos en países de bajos y medianos ingresos. Además, el suicidio es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años de edad.

Actualmente está en marcha el Plan de Acción de Salud Mental de 2013-2020, que tiene la meta de disminuir los índices de suicidio como mínimo, un 10%

Factores de riesgo ¿en qué condiciones es más probable que ocurra?

– Según la gravedad de la depresión: si los síntomas son muy acentuados y resulta muy difícil para la persona hacer una vida independiente, es más probable que en esos estados la persona tenga ideas suicidas. Por ejemplo, la forma de depresión mayor va a ser más extrema, entonces se da más malestar y es más probable que la persona se plantee el suicidio.

– Haber tenido más intentos de suicidio en el pasado. Se considera el mayor factor de riesgo para que se cometa el suicidio en adultos. Un meta-análisis de estudios de seguimiento estimó que los individuos que tuvieron intentos de suicidio tuvieron de 38 a 40 veces más probabilidad de suicidarse que aquellos que no lo habían intentado.

Por otro lado, según la Fundación Americana para la prevención del suicidio, entre el 20% y el 50% de las personas que se suicidan han tenido otro intento en el pasado.

Entorno de violencia en la familia.

– Tener armas de fuego en casa.

Historia familiar de abuso de sustancias, trastornos mentales, o con antecedentes de suicidio.

– Haber sufrido abuso físico o sexual.

– Falta de apoyo o aislamiento social.

– Presentar enfermedades crónicas, sobre todo las que se padece de dolor crónico.

– Haber sido testigo de conductas suicidas de otras personas cercanas.

Alcoholismo o abuso de sustancias.

– Haber experimentado algún evento muy estresante de forma reciente.

– Estar o haber estado en la cárcel.

Señales de alarma

El primer paso para evitar un suicidio tras una depresión es saber identificar las señales de alarma y estar atentos desde el primer aviso para buscar ayuda.

Los factores de riesgo pueden variar dependiendo de la edad, el sexo o el grupo étnico, y suelen aparecer de forma combinada.

Las señales de alarma más habituales son:

– La persona piensa continuamente en la muerte y habla mucho sobre el tema.

– Manifestar conductas de riesgo que podrían ponerle en peligro de muerte, como la conducción temeraria o pasarse los semáforos en rojo.

– Importante pérdida de interés.

– Verbalizaciones negativas y desesperanzadoras como: “no valgo nada”, “sólo soy una molestia” o “estoy desesperado”, “ya no puedo más”, etc. Las frases más reveladoras de un suicidio podrían ser: “sería mejor si yo no existiera”, “quiero desaparecer” o “vivir no merece la pena”.

– Contactar con otras personas para despedirse, o escribir cartas.

– Hablar sobre el suicidio, e incluso comentar que lo quiere llevar a cabo.

Tomar algunas decisiones, poner asuntos en orden o atar cabos sueltos como si estuviera dejando ciertas cosas resueltas antes de morir.

– Cambio brusco de estar muy triste y aplanado a sentirse más tranquilo, al fantasear con desaparecer e interrumpir su sufrimiento.

Ante cualquiera de las señales hay que actuar y no dejarlas pasar, no se puede pensar que está intentando llamar la atención e ignorar a la persona. Por si acaso, es mejor acudir cuanto antes a pedir ayuda psicológica.

Factores protectores

También existen una serie de factores que se han demostrado que evitan que la persona llegue a tomar esta decisión. Se tratarían de los factores opuestos a los de riesgo, además de:

– Apoyo social

– Tener creencias religiosas

– Ser padre, madre o cuidar de algún niño (sobre todo pequeño) o mascota. De hecho, hay muchas personas con depresión a las que se les recomienda adoptar una mascota, haciéndose cargo de ella.

¿Cómo se puede prevenir el sucidio?

Una vez tenido en cuenta los factores expuestos arriba, existen varias alternativas que pueden ser muy útiles.

Hay que comprender que el suicidio es un intento de escapar de un sufrimiento que ha llegado a un punto insoportable, y que la persona solo ve que la única manera de aliviarse es con la muerte. De hecho, ellos desean encontrar motivos para seguir viviendo, pero se encuentran en una situación que, acompañada de la depresión, ven que no los hay.

Por eso es importante intentar que se dé un cambio positivo en la vida de la persona, generando sentimientos de utilidad, exponiéndose a nuevas situaciones potencialmente agradables, sentirse capaz de conseguir algún objetivo, poder ver las cosas buenas que es capaz de hacer, o captar que es querido o necesitado.

Lo primero: determinar el nivel de peligro

Si se sospecha que un allegado está en riesgo de cometer el suicidio y presenta depresión, es esencial evaluar el peligro en el que la persona se encuentra. Para ello hay que tener en cuenta si se cumplen los siguientes aspectos:

– PLAN: tener un plan de suicidio específico y definido aumenta la probabilidad de que se cometa.

– MEDIO: la probabilidad crece aún más si la persona tiene lo necesario para llevar a cabo el plan como pastillas o armas.

– TIEMPO ESTABLECIDO: es más grave cuando se ha planeado hasta el momento en el que se va a cometer.

– INTENCIÓN: se refiere a que la persona se encuentra totalmente convencida de que quiere llegar al extremo del suicidio.

Si estos aspectos están presentes, lo más importante es pedir ayuda cuando antes y alejar a la persona de todos los instrumentos con los que se podría hacer daño. Además, es esencial no dejarle solo bajo ninguna circunstancia.

A continuación, se enumeran una serie de aspectos que resultan muy útiles para prevenir el suicidio tras la depresión:

– Tratar la depresión: evidentemente el primer paso para evitar el suicidio es acudir a un profesional cuanto antes para que se intervenga en la depresión, que podemos decir que es la razón principal que origina el malestar de la persona. Tenemos que actuar en las causas para obtener nuevos resultados y no enmascarar el problema.

Normalmente se utiliza terapia cognitiva conductual, derribando las creencias negativas y las distorsiones cognitivas, a la vez que se empuja a la persona a hacer poco a poco cada vez pequeñas cosas.

Es decir, un cambio de conducta paulatino que demuestra a la persona que es capaz de levantarse e incluso llegar a salir a la calle a través de objetivos diarios fáciles de conseguir. Si el paciente logra el objetivo del día, se va reforzando y premiando, y si no lo logra, se establece una meta más sencilla de conseguir.

Puede ser que se aconseje en algunos casos antidepresivos antes de comenzar la terapia para que le den un “empuje” al paciente para seguir las indicaciones de la terapia. Sin embargo, no dan resultados adecuados los fármacos sin terapia psicológica ya que no ayudan a resolver el problema.

En este artículo puedes leer algunos hábitos que son convenientes para ayudar a superar la depresión.

A veces nos encontramos con el problema de que la persona con depresión no quiere acudir a consulta psicológica. Un consejo para la familia puede ser llevar al afectado a hacerse un chequeo médico y explicarle los síntomas, probablemente diagnosticará la depresión y enviará al paciente al psicólogo o psiquiatra.

Normalmente existe menos resistencia a ir al médico que acudir a profesionales de la salud mental directamente.

Los siguientes aspectos normalmente los abarca ya el tratamiento psicológico, pero no está de más conocerlos:

– Apoyo social, sentirse escuchado y comprendido: lo fundamental para prevenir el suicidio es que la persona reciba un adecuado apoyo de sus familiares y amigos.

Pero no cualquier apoyo puede ser beneficioso para una persona con depresión. Estos pacientes necesitan ser tomados en serio por la gente de su alrededor y ser escuchados con mucha paciencia y comprensión.

Es difícil ponerse en el lugar de ellos, pero hay que intentar escucharles sin juzgarles. Es importante que las personas del entorno entiendan lo que implica la depresión, asumiendo que es una enfermedad muy grave e incapacitante y no significa falta de voluntad o pereza.

Algunas de las cosas que hay que evitar es intentar quitarle la idea de la cabeza a la persona afectada, discutir con ella, exigirle cosas o enfadarse.

Sin embargo, hay que mencionar que es habitual que los seres queridos se involucren demasiado y terminen sintiéndose agotados y frustrados. Incluso puede pasar que quieran “hacer de terapeutas”.

Es importante no cometer este error, no hay que responsabilizarse de la depresión o ideación suicida de los demás, es algo que debe resolver el afectado con ayuda de un profesional mientras que los allegados van a servir de apoyo o guía para facilitar la recuperación de la persona.

Lo que beneficia a una persona con depresión e ideas suicidas es sentir que la gente se preocupa por ella de verdad y que cuenta con un apoyo incondicional que la valora y respeta a pesar de todo. La forma de comunicar esto puede ser con verbalizaciones como:

  • No estás solo en esto, estoy aquí para ti.
  • Tú ahora no lo ves, pero te aseguro que lo que sientes va a cambiar.
  • Quizás no se entender exactamente cómo te sientes, pero me preocupo por ti y quiero ayudarte.
  • Eres importante para mí o eres muy valioso
  • ¿Qué podría hacer ahora mismo para ayudarte?

NO decir nunca a estas personas:

  • Todo está en tu cabeza.
  • Todos hemos vivido momentos así, son malas rachas.
  • Tienes que ver el lado positivo de las cosas.
  • Tienes muchas cosas por las que vivir, ¿para qué morirte?
  • ¿Qué te ocurre? ¿No deberías estar mejor ahora?
  • Yo no puedo hacer nada para mejorar tu situación.

– Hacer consciente a la persona de su condición: es decir, aumentar su conciencia de enfermedad. Es adecuado que la persona conozca su diagnóstico, los síntomas de la depresión, cómo funciona, cómo afecta a la vida de la persona, etc.

Al alcanzar esta comprensión estará más preparado para lograr superar sus problemas. Esto ocurre porque el paciente asumiendo su problema acepta que es una condición que puede resolverse luchando, y que sus vivencias y malestar son producto de la enfermedad.

– No dejarle solo nunca y evitar que acceda a instrumentos peligrosos con los que podría cometer el intento.

– Mantenerse alejado del consumo de alcohol y/o drogas: ya que muchas sustancias pueden acentuar los síntomas de la depresión cuando se está bajo sus efectos. En muchos casos los suicidios se cometen cuando se encuentran en este estado de embriaguez, que normalmente dan el atrevimiento necesario al individuo para que lleve a cabo la conducta suicida.

– Seguimiento del tratamiento: es muy importante que no se interrumpa el tratamiento y que se supervise la evolución del paciente. Los familiares pueden estar ahí para asegurarse de que se continua con las indicaciones dadas por los profesionales de la salud. Si a pesar de todo el afectado empeora, es necesario ser perseverante y volver a consulta para encontrar tratamientos más efectivos.

– Cambiar a hábitos positivos: si una persona con depresión está conviviendo con la familia, puede ser de gran ayuda que se fomenten estilos de vida positivos que contribuyan a mejorar el ánimo y tener una vida más activa. Por ejemplo, controlar las comidas llevando una dieta saludable, salir todos los días a la naturaleza o a tomar el sol, empezar a hacer ejercicio físico en compañía, etc.

Puede ser complicado que una persona con depresión se adapte a estos hábitos, por ello es mejor no obligarle porque le provocaría más malestar. Esta condición es muy difícil de llevar y para estas personas algo tan fácil como levantarse de la cama cada día puede ser un logro inmenso.

– Aumentar su actividad: por ejemplo, darle responsabilidades muy pequeñas que pueden conseguirse fácilmente, como pedirle que haga una tarea del hogar en concreto. Es fundamental aquí hacer consciente a la persona de que ha hecho algo correctamente. Por ejemplo, decirle: “muy bien, he visto que tiraste la basura” o “gracias por acompañarme a comprar”.

De esta forma vamos logrando que la persona realice pequeños cambios conductuales que van a repercutir en su estado de ánimo y a debilitar la depresión.

– Ofrecer ayuda: está bien que el afectado conozca que puede contar con otras personas para lo que necesite, pero no debemos olvidar que es extraño que alguien con depresión tenga la iniciativa de contactar contigo o invitarte a hacer algo. La situación más habitual es el aislamiento.

Por lo tanto, tienen que ser las personas de su alrededor quienes tomen la iniciativa de llamarle, incluirle en planes o visitarle. Incluso puede ser recomendable insistirles un poco para animarles a realizar cualquier actividad o incluso hablar por teléfono.

Es importante mantener este apoyo y ser perseverante por mucho que el depresivo intente aislarse.

– Hacer un plan de seguridad por si la persona piensa en cometer el suicidio: por ejemplo, se pueden desarrollar conjuntamente con el paciente una serie de pasos que se compromete a cumplir en una crisis suicida. Para ello debe identificar los factores desencadenantes como haber consumido alguna sustancia, un evento estresante o el aniversario de una pérdida.

Es esencial también que, si se tiene una persona allegada con esta condición, se tenga el número de contacto de los profesionales de la salud que más tratan al paciente, y sus familiares o amigos que podrían acudir en caso de crisis.

– Discutir y hablar abiertamente sobre el tema del suicidio: existe un mito de que, si hablamos de suicidio con alguien, le invitamos a hacerlo. Pero no es real. En el fondo de su ser, la persona está deseosa de encontrar motivos por los que vivir y una buena conversación podría ser esclarecedora.

Referencias

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