El Complejo de Electra: Origen, Síntomas y Resolución

El complejo de Electra es la obsesión amorosa de una hija por su padre que se da entre los 4 y 6 años de edad. Este enamoramiento la lleva a competir con su madre, considerándola una rival.

Este fenómeno se resuelve cuando la niña comienza a tener miedo a perder el amor de su madre, y empieza a identificarse con ella.

El concepto de “complejo”, en este caso, se refiere a una variedad de sentimientos que están fuera de nuestra conciencia que se adquieren mediante experiencias de la niñez. Estos juegan un papel muy importante sobre el desarrollo de la personalidad.

Surge generalmente entre los 3 y 6 años de edad, durante la etapa fálica definida por Sigmund Freud. Es comparable con el complejo de Edipo, de forma que Freud lo denominaba “Edipo femenino”.

El concepto “complejo de Electra” fue establecido por Carl Jung, psiquiatra y psicólogo suizo, en 1913. Está enmarcado en la teoría psicoanalítica, y se ha utilizado para abordar cuestiones del desarrollo femenino.

Jung definía el complejo de Electra como el deseo sexual inconsciente que siente la niña hacia su padre. A pesar de parecer la misma teoría, Freud y Jung destacaban aspectos diferentes de este fenómeno.

Por ejemplo, Freud resaltaba la importancia de una inclinación de la niña hacia la madre al principio del desarrollo. Además, sitúa en un papel central al falo en el desarrollo tanto del niño como de la niña. Jung, por el contrario, no estaba de acuerdo con estas ideas.

En general, el complejo de Electra no fue muy aceptado por los psicoanalistas.

El mito griego de Electra

El término complejo de Electra proviene de un mito griego del siglo 5 a.C. En esta historia, Electra y su hermano Orestes se alían para vengarse de su madre, Citemnestra, y su padrastro por haber asesinado a Agamenón (su padre).

Electra aparece como personaje principal en diferentes obras clásicas: “La Trilogía de Orestes” de Esquilo, “Electra” de Sófocles, y “Electra” de Esquilo. Jung nunca mencionó en cuál de estas obras se basó para describir el complejo.

Las etapas del desarrollo psicosexual

Según Freud, existen etapas diferentes en el desarrollo psicosexual donde la energía libidinal se centra en diferentes zonas erógenas del cuerpo del niño.

Estas son la oral (donde la pulsión se satisface a través de la boca), la anal (se satisface controlando los intestinos), la fálica (el falo), la latente (donde las pulsiones están dormidas) y la genital (donde se alcanza la genitalidad con la pareja y la reproducción).

Cada una de ellas se asocia a cierto rango de edad, sin embargo, pueden surgir diversos conflictos que provoquen que el individuo se quede “anclado” en alguna de esas etapas. Esto se denominó “fijación en el desarrollo”; y produce ansiedad, neurosis, homosexualidad y problemas de adaptación en la adultez.

Freud, inspirándose en el personaje clásico, estableció el concepto de complejo de Edipo para caracterizar las relaciones que se dan entre el niño y su madre.

Identifica al niño como una persona sexual que, al descubrir su sexo y el de sus padres, busca en uno de ellos el amor.

Esto surge en la etapa fálica, ya que, durante ese periodo, los niños comienzan a tomar conciencia de sus cuerpos y de los de otras personas. Desean explorar su desnudez y descubrir sus genitales.

En el niño, se da un enamoramiento hacia la figura materna y hostilidad hacia la paterna. Mientras que en las niñas también se parte del amor hacia la madre, aunque que luego éste pasa hacia la figura paterna.

La resolución de ambos conflictos está mediada por el miedo a dejar de ser queridos, y se lleva a cabo mediante la identificación con el padre del mismo sexo. Según Freud, este proceso lleva a los niños a aceptar su rol de género y a comprender su sexualidad.

Complejo de Edipo en el varón

Para comprender mejor el complejo de Electra, es necesario comenzar con un breve resumen del complejo de Edipo masculino.

En los varones, se comienza manifestando una actitud seductora hacia la madre. Al mismo tiempo que mantiene celos y rivalidad con el padre del mismo sexo. El objetivo del niño es que el padre desaparezca, para poder sustituirle, ya que lo ve como un obstáculo para cumplir sus deseos.

Poco a poco, esta unión se acaba debilitando por el miedo a la castración. Se supone que el niño en alguna oportunidad se da cuenta que los genitales de las niñas son más pequeños. Esto le hace pensar que ellas han sido castradas y que esto puede pasarle a él.

Entonces, le aparece la llamada “angustia de la castración”, que sólo podrá resolver si renuncia a sus deseos incestuosos.

Este complejo, más que solucionarse, se encierra en el inconsciente. Poco a poco, se pasa de la rivalidad a la identificación con el padre, donde el niño desea ser cómo él y empieza a imitarle.

¿Cómo se origina el complejo de Electra?

En el caso de la niña, el desarrollo del complejo de Edipo es algo más complejo. Como podrás ver, para Freud la anatomía de los genitales es determinante para el desarrollo psicosexual.

Él indica que, en la mente de los pequeños sólo existe un genital completo, el “falo”. Ellos piensan que todo el mundo posee un falo. Es necesario destacar que, durante la etapa fálica, el falo adquiere un significado. Es decir, simboliza ley y poder.

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es que Freud consideraba los sexos masculino y femenino como independientes de los genitales. Hablaba de ellos más bien, como una clasificación subjetiva basada en la forma en la que se comporta cada persona y cómo se relaciona con los demás.

Una vez comprendido esto, podemos adentrarnos en el complejo de Edipo femenino. Al principio, la niña se encuentra muy unida a su madre, al igual que los niños. Esta unión se concibe como un apego sexual, conocido como “deseo libidinal”.

Cuando la niña encuentra la ocasión de comparar sus genitales con los de un niño, observa que son pequeños respecto a los del varón e iguales que los de su madre. Esto hace que se sienta inferior y en desventaja, ya que, sin el falo, la niña no puede poseer sexualmente a su madre.

Durante un tiempo mantiene la esperanza de que sus genitales crecerán hasta parecerse a un falo. Entonces la niña comienza a pensar que al principio poseía un pene igual que el de un varón, pero que la “castraron”, perdiendo ese órgano de su cuerpo.

La diferencia entre el niño y la niña en estas etapas es que el niño teme la castración, mientras que la niña cree que ha sido castrada. Esto provoca en ella la llamada “envidia del pene”.

Para compensar la falta de pene, la niña pasa de la “envidia del pene” a la “idea del niño”. Esta idea consiste en que su padre le “regale” un hijo. Para conseguir este objetivo, la niña recurre a la seducción. Comienza a coquetear con su padre, intentando fascinarle con ofrecimientos y regalos, y demandando su atención continuamente.

Sin embargo, la niña se percata de que su padre no puede entregarse a ella por completo porque existe otra persona: su madre. Así, ella ve a la figura materna como un impedimento para acceder al amor de su padre, pretendiendo sustituirla.

Por este motivo, la pequeña empieza a comportarse de manera cada vez más hostil con su madre, sintiendo celos y rechazo. Este odio también se debe a que cree que fue la madre quien la castró, y que por culpa de ella no posee el falo.

Resolución del complejo de Electra

Existen dos mecanismos de defensa que van a participar para resolver el complejo de Electra:

– La represión: se trata de bloquear deseos, recuerdos, emociones, impulsos e ideas de la consciencia.

– La identificación: la niña va incorporando a su ego las características de personalidad de su madre.

Con el paso del tiempo, los deseos de tener pene y de tener un hijo de su padre se van abandonando, ya que la niña asume que no van a cumplirse.

Además, comienza a tener miedo a perder el amor de su madre (según Freud, el amor de los padres hacia los niños es fundamental para éstos).

Por otro lado, para resolver el conflicto, la niña debe ir poco a poco identificándose con su figura materna. Esto posiblemente es una forma inconsciente de “ganarse” el amor del padre, ya que si consigue parecerse a su madre será más sencillo conquistarle. De esta forma, va incorporando características de la personalidad de la madre a su propio ego.

Si sobre los 8 años la niña empieza a imitar a su mamá, intentando hacer las mismas tareas que ella, hablando como ella y utilizando sus cosas, se puede decir que el complejo de Electra se ha superado.

Así, estos deseos se van interiorizando y encerrando en alguna parte del inconsciente. Según la teoría, éstos preparan a la mujer para su papel sexual en el futuro.

Complejo de Electra no resuelto

En cambio, si el complejo de Electra no se resuelve, se puede dar una fijación en la etapa fálica. La chica, por tanto, seguiría experimentando la “envidia del pene”.

Continuamente intentaría dominar a los hombres ya sea a través de la seducción (si posee una alta autoestima) o a través de la extrema sumisión (si su autoestima es baja).

Otro indicativo de la falta de resolución del complejo de Electra es la elección de parejas similares a la figura paterna y de edad muy superior. Además, pueden aparecer dificultades para relacionarse adecuadamente con otras mujeres.

Incluso si llegan a ser madres antes de que se resuelva este complejo, podrían ver a sus hijas como rivales que le “roban” el cariño de su pareja.

Síntomas del complejo de Electra no resuelto

Es posible que, a pesar de ser mujeres adultas, algunas sigan siendo “niñas de papá”. Es decir, que presenten una excesiva unión con su padre, manteniendo la rivalidad con su madre.

Puede llegar al extremo de que ni siquiera sean capaces de tener relaciones amorosas estables con otros hombres, ya que no encuentran a ninguno como su padre. Algunos de los síntomas son:

– Sentimientos de hostilidad inexplicables hacia la madre, viéndola como culpable de sus fracasos y problemas.

– Fantasías sobre la desaparición de la madre o cómo sería su vida si ésta no existiera. A menudo estos pensamientos provocan malestar en la paciente, haciendo que evite pensar sobre ellos.

– Cuando sus padres se pelean, pase lo que pase, siempre se pone de lado del padre.

– Piensa siempre en su padre cuando está triste o feliz.

– En el momento de tomar una decisión importante, siempre piensa primero qué opinaría su padre y que preferiría él.

– Insatisfacción o excesiva exigencia con sus relaciones de pareja. Es posible que sus parejas tengan conflictos con ella al comprobar que le dedica demasiada atención a su padre.

– Sus parejas suelen tener rasgos físicos o de forma de ser muy parecidos a su padre, y suelen ser mucho mayores.

En estos casos puede ser muy útil la terapia psicológica, ya que en numerosas ocasiones este problema afecta a la vida de la paciente. Siendo habitual que sufra problemas en sus relaciones sociales o estancamiento en su carrera profesional o laboral.

Complejo de Edipo femenino

Cabe apuntar que Freud nunca aceptó que se equiparara el complejo de Edipo y el complejo de Electra. Freud siempre señaló que estos procesos eran diferentes en hombres y en mujeres, y que presentarlos como paralelos era una simplificación del problema.

Para él el aspecto principal tenía que ver con la castración. Mientras en los hombres primero se presenta el Complejo de Edipo y luego el miedo a la castración, en las mujeres el proceso es inverso.

También hay que señalar que las investigaciones de Freud sobre la sexualidad femenina estuvieron condicionadas por las convenciones sociales de género y de clase. Las mujeres eran consideradas el “segundo sexo”, incluso algunas pacientes se consideraban como “degeneradas”.

Referencias

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  6. Scott, J. (2005). Electra After Freud: Myth and Culture. Cornell University Press.
  7. The Electra Complex: Symptoms and Treatment. (s.f.). Recuperado el 29 de diciembre de 2016, de Motivational Tips: motivational-tips.com.

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