Depresión infantil: síntomas, causas y tratamientos

La depresión infantil se caracteriza por tristeza, apatía, irritabilidad, negatividad, hipersensibilidad, autoconcepto negativo o incluso tentativa de suicidio.  Los niños pueden expresar esta tristeza a través del llanto o mostrándose irritables, con cambios de humor y difíciles de complacer.

La depresión puede aparecer a cualquier edad aunque su prevalencia va aumentando con la edad de los menores. También puede darse en niños y niñas, si bien es cierto que las mujeres son más tendentes a padecer esta problemática.

depresión infantil

Se advierte una tendencia cada vez más creciente de aparición de este problema en los países desarrollados. Así, las cifras de incidencia de este trastorno se estiman en torno a un 10% en total de niños afectados por problemas del estado de ánimo de tipo depresivo.

Normalmente, los padres acuden a los profesionales expresando preocupación por sus hijos, sobre todo con quejas por su mal comportamiento en casa o en la escuela e irritabilidad, pensando que el problema que tiene puede ser cualquiera menos depresión.

¿Es normal que los niños tengan depresión?

En general los problemas psicológicos suelen ser poco comprendidos, más cuando lo padecen los menores, cuya única misión debe ser jugar, divertirse y disfrutar de la vida.

Es bastante frecuente que los padres tiendan a malinterpretar y a menospreciar los problemas de los niños, ya que estos aparentemente carecen de responsabilidades y problemas y tienen que ser felices.

Porque somos egoístas y es muy duro para los adultos que un niño sufra, así que tendemos a hacer como que no pasa nada.

Sin embargo, sí que pasa. Los niños sienten y padecen igual que los adultos. Las emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, enfado… no discriminan según la edad. Tanto las positivas, como las negativas, las que te hacen sentir bien y con las que lo pasas un poquito peor, todas forman parte de adultos y pequeños.

El mundo de los niños es complejo y, aunque los adultos tengamos una visión más simple de éste debido al aprendizaje y la experiencia, ellos tienen muchas cosas que descubrir y que entender y tienen derecho a sentirse inseguros, nerviosos, con miedo…

El problema es que su forma de expresar el malestar a veces no es comprendida por los adultos ya que, por ejemplo, pueden manifestar con rabietas un gran sentimiento de tristeza.

Así pues, esta incomprensión influye en que se tienda a dejar de lado los problemas de los más pequeños, cuando realmente lo que hay que hacer es prestarles más atención y saber ver qué nos quieren decir.

Síntomas más frecuentes

Como en la mayoría de los problemas psicológicos, no todas las personas presentan los mismos síntomas ni en la misma intensidad.

En el caso de la depresión infantil, los síntomas más comunes y que utilizamos los profesionales como criterios para el  diagnóstico son:

Síntomas principales

  • Expresiones o muestras de soledad, tristeza, desdicha y/o pesimismo.
  • Cambios en el estado de ánimo.
  • Irritabilidad: se enfada fácilmente.
  • Hipersensibilidad: llora fácilmente.
  • Negativismo: resulta difícil de complacer.
  • Concepto negativo de sí mismo: sentimientos de inutilidad, incapacidad, fealdad, culpabilidad.
  • Ideas de persecución.
  • Deseos de huir y escaparse de casa.
  • Tentativas de suicidio.

Síntomas secundarios

  • Conductas agresivas: dificultades para relacionarse con otros, facilidad para meterse en peleas, poco respeto a la autoridad, hostilidad, ira súbita y discusiones.
  • Alteraciones del sueño: Insomnio, sueño inquieto, difícil despertar por la mañana…
  • Cambios en el rendimiento escolar: problemas para concentrarse y de memoria, pérdida de interés en actividades extraescolares, menor rendimiento y esfuerzo en las tareas, rechazo a ir a la escuela.
  • Problemas de socialización: menos participación en grupo, menos simpático y agradable con los demás, retraimiento, pérdida de ganas de estar con sus amigos.
  • Quejas somáticas: dolores de cabeza, de barriga…
  • Disminución de la energía física y mental.

¿Cómo se manifiesta la depresión infantil?

Los niños la mayoría de las veces no son capaces de expresar su malestar de forma explícita y literal. Si ya a algunos adultos les cuesta hacerlo e identificar lo que les sucede, imagínate a un niño cuyo desarrollo cognitivo es notablemente inferior.

Por esto, puede resultar complicado para los padres identificar esta problemática, sobre todo teniendo en cuenta que las manifestaciones cambian en función de la etapa evolutiva en la que se encuentre el niño.

De hecho, en el caso de los niños que aún no puedan expresarse verbalmente, es importante estar pendientes de su comportamiento, como juega, los gestos, con quien se relaciona…  

Si eres padre/madre, tío/a, primo/a, hermano/a… o simplemente conoces a algún niño del que sospeches pueda tener este problema, a continuación te dejo una clasificación hecha por Nissen (1971) de las diferentes formas de expresión de la depresión según la etapa evolutiva de los niños:

  • Edad preescolar: rechazo al juego, agitación, timidez, rabietas, encopresis, insomnio, hiperactividad, dificultades para alimentarse y otros síntomas somáticos.
  • Edad escolar: irritabilidad, inseguridad, resistencia a jugar, dificultades de aprendizaje, enuresis, rabietas, tocamiento de genitales…
  • Preadolescencia y adolescencia: rumiación de pensamientos, impulsos suicidas, abatimiento, sentimientos de inferioridad, cefaleas y síntomas psicosimáticas.

Durante la infancia, suelen predominar las manifestaciones físicas y motoras y a medida que los niños crecen, el papel de las cogniciones adquiere más protagonismo apareciendo en escena los pensamientos y creencias negativas.

También se encuentran algunas diferencias según el sexo de los menores:

  • En las niñas: inhibición y retraimiento, ansiedad, dificultades para hacer amigos, conformismo, mutismo, agresividad, rabietas, compulsiones alimentarias.
  • En los niños: pueden darse los síntomas anteriores además de dificultades escolares, alteraciones de sueño y reacciones de llanto espontáneas.

¿Qué puede causar la depresión infantil?

Para encontrar el origen del estado depresivo de un niño es importante conocer su historia de vida desde todos los ámbitos (familia, escuela, vida social…), ya que es probable que algún suceso o estilo de vida pueda ser el desencadenante.

No se puede establecer una relación directa de causa – efecto entre un acontecimiento concreto y la depresión pues el mismo suceso puede tener consecuencias emocionales diferentes en cada persona.

Cómo afrontan cada uno las diferentes situaciones que la vida presenta depende tanto de sus características personales como del entorno en el que se encuentren.

Así, por ejemplo, si el ambiente que te rodea es altamente conflictivo y estresante, es muy probable que desarrolles este y/o algún otro tipo de problema psicológico o de conducta.

También es importante tener en cuenta la vulnerabilidad biológica de ciertas personas que hará que sea tendente a sufrir depresión.

A continuación encontrarás una tabla que resume los principales factores personales, familiares y sociales que se asocian con la depresión en los niños:

FACTORES PERSONALES
Sexo
Las niñas, especialmente a partir de los 12 años, son más propensas a la depresión.
Edad
A más edad, más sintomatología.
Temperamento
Los niños/as retraídos  y temerosos ante situaciones desconocidas.

Inflexibles y con problemas de adaptación a los cambios.

Que se distraen con facilidad y con baja persistencia.

Personalidad
Niños/as introvertidos e inseguros.
Autoestima
Baja autoestima y pobre autoconcepto.
Sociabilidad.
Déficit en habilidades sociales: agresividad o retraimiento.
Cogniciones disfuncionales
Pesimismo: percepción de mayor probabilidad de acontecimientos negativos.
Dificultades en la solución de problemas.
Autocrítica.
Percepción del mundo como incontrolable.
Afrontamiento
Tienden a evitar y a escapar de las situaciones que les causen algo tipo de malestar.

Retraimiento social.

Evasión de los problemas a través de la imaginación.

FACTORES SOCIOFAMILIARES
Acontecimientos vitales
Sucesos vitales negativos que se hayan producido.
Apoyo social
La percepción de bajo apoyo social o familiar.
Nivel socioeconómico
Bajo nivel económico.
Contexto
Está más asociado a contextos urbanos, más que en el caso de niños que viven en entornos rurales.
Aspectos familiares
Relaciones conflictivas entre los miembros de la familia, ya sea entre los padres, entre hermanos, entre los padres y algún hijo…
Ruptura familiar
A veces la separación o divorcio de os padres puede ser una variable influyente, sobre todo si esta es conflictiva.
Antecedentes familiares
Padres deprimidos, sobre todo se han estudiado casos de depresión materna.

Otros tipos de problemas como esquizofrenia, consumo de sustancias, trastornos de conducta o de personalidad.

Pautas de crianza
Las familias demasiado estrictas con las normas y con pocos lazos afectivos.

Tratamiento e intervención

El abordaje de la depresión en los niños puede hacerse desde distintos frentes tanto médicos como psicológicos.

Tratamiento farmacológico

Se emplean los mismos medicamentos que en el caso de los adultos, estos son los llamados antidepresivos tricíclicos y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Su uso resulta polémico ya que no está completamente probada su eficacia y seguridad en los niños

Tratamiento cognitivo – conductual

Dentro la intervención psicológica, el abordaje desde este enfoque es el más utilizado por su eficacia y utilidad. Las técnicas utilizadas son:

  • Programación de actividades agradables: se ha demostrado que la falta de un entorno estimulante y positivo puede ser causante y reforzador del estado depresivo, por lo que incluir actividades placenteras en la vida cotidiana de los pequeños les ayudará a mejorar.
  • Reestructuración cognitiva: utilizada para identificar y modificar los pensamientos automáticos negativos que tienen los pequeños.
  • Entrenamiento en resolución de problemas: se enseñan estrategias adecuadas para afrontar situaciones que puedan resultar conflictivas y que los pequeños no saben cómo manejar.
  • Entrenamiento en habilidades sociales: se le enseña al niño estrategias y técnicas para relacionarse con otros de forma efectiva. Por ejemplo, cómo comportarse ante ciertas situaciones, mejorar la forma de comunicarse…
  • Entrenamiento en autocontrol: es conveniente entrenar al niño para controlar esos ataques de ira e irritabilidad tan frecuentes en la depresión.
  • Relajación: las técnicas de relajación se utilizan sobre todo para afrontar las situaciones de estrés y por la frecuente coexistencia de problemas depresivos con los de ansiedad.

Aunque estas técnicas mencionadas se aplican directamente con los niños, es necesario que los padres se involucren en el tratamiento y trabajar con ellos aquellos aspectos relacionados con el problema de los niños.

Se les suele enseñar métodos más positivos de disciplina, a cómo ayudar a aumentar el autoestima de los hijos, a mejorar la comunicación en la familia, planificar actividades de ocio en familia…

También, en las ocasiones en que los padres presentan problemas emocionales o alguna patología psicológica, es necesario trabajarlas para mejorar el estado de los hijos.

Terapia familiar sistémica

Parte de la idea de que la depresión infantil es consecuencia de un mal funcionamiento del sistema familiar, por lo que la intervención se centra en modificar las pautas de interacción familiar.

Normalmente, la mayoría de las intervenciones que se realizan con menores deben incluir la participación de los padres y esto muchas veces no resulta de su agrado.

Reconocer que tu hijo tiene problemas, en parte, porque tú los fomentas suele ser bastante duro de aceptar y muchos son reticentes a ser partícipes del cambio por este motivo.

Sin embargo, es importante que comprendan que son una parte importante de la recuperación de su hijo. Al fin y al cabo, los padres (y la familia en general) son los encargados de mostrarles el mundo a los niños, al ser su principal fuente de socialización y de descubrimiento.

Es importante no confundir la depresión con…

Aunque los niños pueden expresar la depresión que padecen de muchas formas diferentes, no significa que estas manifestaciones sean necesariamente signos de la presencia de este problema.

Así, por ejemplo, el retraimiento social es un signo frecuente de que un menor esté deprimido, sin embargo, no tiene por qué deberse a la depresión.

De hecho, el retraimiento social esté más relacionado con problemas de ansiedad e incluso suele presentarse como un problema en sí mismo, sin conexión con ningún otro.

El retraimiento social puede ser causado porque el niño sea de por sí introvertido y tímido y le cueste más, a lo que puede sumarse que los compañeros lo rechacen o pase desapercibido entre ellos o incluso a problemas en la vinculación del apego con sus cuidadores.

Tampoco se debe confundir la tristeza ante un acontecimiento negativo, como puede ser el duelo tras la pérdida de un ser querido, con un estado depresivo.

En los casos de duelo, no se considerará trastorno depresivo hasta que el malestar emocional supere los dos primeros meses o genere una gran interferencia en la vida diaria.

En muchas ocasiones, los niños son llevados a las consultas de profesionales de salud mental por problemas que no son tanto de los niños como de los propios padres.

Pero suele ser más fácil ver el problema en el otro antes que en uno mismo y reconocer que lo estás haciendo mal, más cuando eres padre o madre, es complicado. Aunque como se suele decir, el primer paso es reconocerlo.

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