Disforia de Género: Causas, Síntomas y Tratamiento

La disforia de género se caracteriza por una sensación fuerte y persistente de identificación con el sexo opuesto, al mismo tiempo que siente una gran incomodidad y angustia con su propio sexo.

Por ejemplo, una persona a la que se le asigna el sexo masculino por la morfología de su cuerpo, puede sentir que, en su interior, pertenece al género femenino. Así, supone un conflicto entre el género físico y el género con el que se produce la identificación.

disforia de género

Estas personas desean vivir como aquellas del sexo opuesto. Pueden vestirse, comportarse o usar gestos que se asocian socialmente al otro género, y suelen pensar que han nacido “en el cuerpo equivocado”. Esto puede provocar una importante insatisfacción que puede afectar a todos los ámbitos de su vida.

La disforia de género comienza a manifestarse durante la niñez y la pubertad. El malestar y la incomodidad aumentan, sobre todo, cuando comienzan a desarrollarse los caracteres sexuales secundarios en la adolescencia.

Éstos consisten en aumento de los pechos y ensanchamiento de las caderas (en mujeres), mayor crecimiento de vello corporal (en ambos), aparición de la nuez, aumento de masa muscular, ensanchamiento de hombros… (en hombres).

Al igual, pueden sentirse incómodos con las funciones que la sociedad espera de su sexo asignado. Así, una chica que se siente chico puede rechazar el uso de vestidos, faldas o maquillaje.

Las personas con disforia de género pueden resolver su tensión de maneras muy distintas, y en diversas etapas. Algunas se sienten satisfechas cambiando su vestimenta y peinado, otras dan un paso mayor y lo anuncian a su entorno, cambiando su nombre (transición social). Otros desean ir más allá y optan por tratamiento hormonal y/o cirugía (transición médica).

Respecto a la transición médica, actualmente existen debates sobre cuándo comenzar y cómo saber si la persona está realmente segura de ello. La mayoría de expertos sostienen que lo ideal es llevarla a cabo una vez iniciada la pubertad.

Antes este concepto se denominaba “trastorno de la identidad sexual”, ya que en pasado se consideraba un trastorno mental que podía tratarse. Sin embargo, la disforia de género no es ninguna patología mental. La única intervención que puede realizarse es ofrecer apoyo y ayuda a la persona para que inicie poco a poco una transformación en su identidad sexual para que pueda sentirse cómoda.

Aclaraciones sobre la disforia de género

En primer lugar, es necesario aclarar algunos conceptos para una mayor comprensión del tema.

Sexo biológico

El sexo biológico, es aquel que se asigna al nacer según la apariencia de los genitales.

Identidad de género

Es el género (masculino o femenino) con el que una persona se siente más identificada. Esto es totalmente independiente de la apariencia física y los genitales. Es la sensación de ser hombre o mujer.

Para la mayoría de personas, el sexo biológico y la identidad de género coinciden. Aunque para otras no. En ese caso surgiría la disforia de género.

Disconformidad de género

La disforia de género no es lo mismo que la disconformidad de género. Ésta última significa que la persona no está cómoda con los estereotipos de género establecidos, sin tener problemas con su cuerpo ni desear cambiarlo.

También pueden desear no catalogarse como “hombre” o “mujer”, sino sentirse identificados con características tanto femeninas como masculinas, independientemente de su cuerpo. Estas personas se conocen como “gender queer”.

Homosexualidad

Tampoco tiene relación con la orientación sexual. Es decir, disforia de género no significa necesariamente ser homosexual. Así, las personas que se encuentran en esta situación pueden tener cualquier orientación sexual.

Transexualidad

Algunos especialistas denominan a las personas con disforia de género “transexuales” o “trans”. Aunque este término se utiliza principalmente cuando el individuo ya está en proceso de cambio de su apariencia física o lo ha llevado a cabo.

Travestismo

Este término designa la práctica de vestirse, ocasionalmente, con ropa típicamente asociada al sexo opuesto. No tiene por qué tener relación con la identidad de género ni con la orientación sexual.

Consecuencias de la disforia de género

El término “disforia” significa sensaciones de ansiedad, inquietud e insatisfacción.

La disforia de género produce, por desgracia; niveles elevados de estigmatización, discriminación y victimización. Esto produce una peor autoimagen y facilita la aparición de otros trastornos mentales, como ansiedad y depresión. También aumenta notablemente el riesgo de suicidio de la víctima.

En adolescentes y adultos, esta preocupación puede interferir con el funcionamiento diario. Así facilita los conflictos en el trabajo, en la escuela y en el ámbito de relaciones sociales. Es muy común que estas personas sufran acoso escolar, rechazo y agresiones.

Por otro lado, todavía en la mayoría de países existen dificultades para conseguir una adecuada atención sanitaria para que éstas personas resuelvan su conflicto.

¿A qué edad aparece?

La disforia de género suele aparecer en la niñez o adolescencia, aunque depende del caso. Algunos niños pueden manifestar conductas y sentimientos asociados a este malestar en torno a los 4 años o menos. Sin embargo, otros pueden no manifestarlos hasta la pubertad o adultez temprana.

Cuando llega la pubertad, suele ser la época de máxima disconformidad con el propio cuerpo. Pueden no querer mirar su cuerpo desnudo, sentirse tristes cuando se miran al espejo, y evitar acudir a la piscinas o playas.

Al parecer, los niños que rechazan la ropa o actividades asociadas al propio sexo, suelen cambiar con el tiempo. Esto, en la mayoría de los casos, ni significa necesariamente que exista disforia de género.

Por eso muchos expertos recomiendan esperar a la adolescencia o adultez para cambiar el nombre, así como para realizar intervenciones hormonales y quirúrgicas.

¿Es frecuente?

La frecuencia exacta de la disforia de género no se conoce. Ocurre porque al ser una condición tan estigmatizada en muchos lugares, los que la sufren mantienen su conflicto en secreto.

Por ello, las cifras varían ampliamente de unos países a otros, dependiendo del clima social y cultural existente respecto al tema.

En los datos de 1998 en España, se encontró que existían 2087 transexuales mayores de 15 años (1480 de hombre a mujer y 607 de mujer a hombre). Teniendo en cuenta que la población mayor o igual de 15 años en España era de 36 114 472 habitantes.

Lo que se sabe es que, debido a una mayor aceptación y conciencia social, poco a poco están aumentando el número de personas diagnosticadas con disforia de género.

Algunos autores han observado que las demandas por disforia de género en niños y adolescentes está aumentando, de manera que en los últimos años la cifra se ha cuadriplicado (Fernández Rodríguez, Guerra Mora y Díaz Méndez, 2014).

Causas

El desarrollo del género es un tema muy complejo, no tiene una causa exacta y existen muchos factores que pueden influir, provocando un desajuste entre el sexo biológico y su identidad de género.

En definitiva, hoy en día no se conoce con certeza qué causa la disforia de género. Sin embargo, se está investigando y cada vez nos encontramos más cerca de resolver el misterio.

Lo que quedó muy claro tras el dramático experimento de David Reimer, es que la identidad de género no se puede revertir.

Es posible que el funcionamiento hormonal tenga algo que ver. Puede ser que las hormonas que inducen el desarrollo del sexo biológico no actúen de manera correcta o que los niveles estén desequilibrados. Así, pueden funcionar de cierta forma en el cerebro y de otra en los órganos reproductivos o genitales.

Es decir, la diferenciación sexual genital y cerebral son procesos independientes, pudiendo desarrollarse en la misma persona un cerebro “masculino” en cuerpo físicamente “femenino” (o al revés).

De hecho, existen autores que defienden que el cerebro de personas transexuales posee ligeras diferencias comparado con el de personas no transexuales.

Existe un área del cerebro llamada núcleo del lecho de la estría terminal, que parece ser diferente en hombres y en mujeres. Lo mismo ocurre con el núcleo intersticial del hipotálamo anterior (INAH 2 e INAH 3). Generalmente, en varones estas áreas son mayores, con más volumen y cantidad de neuronas.

Se ha encontrado que los transexuales de varón a mujer poseen el núcleo del lecho de la estría terminal y la región INAH 3 semejante a la de una mujer (biológica). Mientras que los transexuales de mujer a varón presentan estas áreas agrandadas, como si de un varón (sexo biológico) se tratase.

Por otro lado, otros estudios han encontrado conexión entre disforia de género otros factores. Por ejemplo, las mujeres que durante el embarazo tomaron medicaciones para la epilepsia como el Diphantoine o Fenobarbital tenían más probabilidad de dar a luz un hijo transexual.

También se ha observado que los transexuales de varón a mujer suelen ser los menores de varios hermanos, lo que se conoce como “efecto del orden de los hermanos”.

Pueden propiciar además la disforia de género las anormalidades cromosómicas o polimorfismos de los genes responsables de los receptores de estrógenos y andrógenos. Así como aquellos que modulan las enzimas aromatasa y citocromo P450. Éstos permiten los mecanismos fundamentales para la diferenciación sexual.

Por eso, puede darse disforia de género ligada a condiciones en las que existen alteraciones hormonales. Por ejemplo, el Síndrome de insensibilidad a los Andrógenos, Hiperplasia Adrenal Congénita, condiciones intersexuales (nacer con genitales ambiguos o de ambos sexos), etc.

Diagnóstico y síntomas

La disforia de género se incluye en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V). Se divide en 3 categorías: “en niños”, “en adolescentes o adultos”, u “otra disforia de género”.

Disforia de género en niños (DSM-V)

Para hacer este diagnóstico en niños, la sensación de incongruencia con el sexo asignado debe permanecer más de 6 meses. Además, debe presentar mínimo 6 características de la lista:

– Poderoso deseo de ser del otro sexo o una insistencia de que él o ella es del sexo opuesto.

– En los chicos (sexo biológico), una fuerte preferencia por el travestismo o simular el atuendo femenino. Mientras que en las chicas (sexo biológico) se da una fuerte preferencia por vestir solamente ropas típicamente masculinas a la vez que ofrecen una fuerte resistencia a la ropa típicamente femenina.

– Preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro sexo o fantasías sobre pertenecer al otro sexo.

– Una marcada preferencia por los juguetes, juegos o actividades practicados típicamente por el sexo opuesto.

– Una marcada preferencia por compañeros de juego del sexo opuesto.

– En los chicos (sexo asignado), un fuerte rechazo a los juguetes, juegos y actividades típicamente masculinos, así como una marcada evitación de los juegos bruscos. En las chicas (sexo asignado), un fuerte rechazo a los juguetes, juegos y actividades típicamente femeninos.

– Un marcado disgusto con la propia anatomía sexual.

– Un fuerte deseo por tener los caracteres sexuales tanto primarios (genitales) como secundarios, correspondientes al sexo que se siente.

Además, esto provoca un malestar clínicamente significativo en el niño deterioro en varios ámbitos de su vida.

Se puede especificar si se acompaña por un trastorno del desarrollo sexual (como hiperplasia adrenal congénita o síndrome de insensibilidad androgénica) o no.

Disforia de género en adolescentes y adultos (DSM-V)

También debe durar más de 6 meses y debe presentar más de dos de las características siguientes:

– Una marcada incongruencia entre el sexo que uno siente o expresa y sus caracteres sexuales primarios o secundarios.

– Un fuerte deseo por desprenderse de los propios caracteres sexuales primarios o secundarios. En adolescentes jóvenes, se daría el deseo de impedir el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios.

– Deseos intensos de poseer los caracteres sexuales, tanto primarios como secundarios, correspondientes al sexo opuesto.

– Un fuerte deseo de ser del otro sexo, o de un sexo alternativo distinto al asignado.

– Deseos de ser tratado como si fuera del otro sexo.

– Una fuerte convicción de que uno tiene los sentimientos y reacciones típicos del otro sexo.

Al igual que el diagnóstico de la disforia de género en la niñez, en este también es necesario que se dé un malestar clínicamente significativo o conflictos en el funcionamiento diario por este motivo.

En este caso, puede especificarse si existen trastornos del desarrollo sexual asociados. O bien, si se encuentra en postransición, es decir, si ya ha realizado la transición a una vida del sexo deseado, sometiéndose (o preparándose para) un tratamiento médico o intervención para el cambio de sexo.

Otra disforia de género (especificada o no especificada)

Este caso se diagnostica para personas que poseen síntomas típicos de la disforia de género que causan malestar importante en su vida, pero no cumplen los criterios necesarios para el diagnóstico. Por ejemplo, casos en los que la disforia tuvo una duración de menos de 6 meses (específico).

Se diagnostica como no específica cuando el clínico opta por no especificar por qué se incumple alguno de los criterios diagnósticos. Por ejemplo, cuando no existe suficiente información para confirmarlo.

Otros síntomas típicos de la disforia de género pueden ser preferir orinar de pie (niñas) o sentados (niños). O pensar que cuando crezcan se convertirán en hombres (niñas) o mujeres (niños).

En adultos, malestar o incomodidad al ducharse, cambiarse de ropa o tener relaciones sexuales al no estar satisfechos con sus genitales o morfología corporal. Pueden intentar disimular o deshacerse de los rasgos de su sexo biológico, como los senos o el vello facial.

Evaluación

Existen clínicas especializadas que informan, evalúan y ayudan durante todo el proceso de cambio a las personas con disforia de género.

En primer lugar, se lleva a cabo una evaluación profunda del caso por dos o más especialistas para realizar el diagnóstico. Esto puede durar un tiempo, y es posible que se hagan entrevistas a personas cercanas como familiares o pareja.

Además de definir el diagnóstico, se procura aclarar las ideas de la persona acerca de qué quiere cambiar y cómo se siente, sus capacidades para hacer frente al conflicto, determinar con qué apoyo social cuenta, etc.

La evaluación también puede abarcar el estado de salud físico y psicológico. Como se mencionó anteriormente, las personas con disforia de género tienen más probabilidad de sufrir algún trastorno mental.

Algunos estiman que el 71% de éstas tendrán algún diagnóstico de trastorno mental a lo largo de su vida. Normalmente son comunes los trastornos asociados con el abuso de sustancias, los intentos de suicidio, trastornos del estado de ánimo, ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria y de personalidad.

En los niños, puede aparecer trastorno de ansiedad por separación, de ansiedad generalizada o síntomas de depresión. Por otra parte, los adolescentes son los que están más en riesgo de ideas e intentos suicidas.

Tratamiento

El objetivo del tratamiento de la disforia de género no es cambiar lo que la persona siente, ni convencerla de aceptar su cuerpo. Por el contrario, está enfocado a empoderarle para que pueda hacer frente a los sentimientos negativos y gestionar los cambios necesarios. Para ello, es fundamental la terapia psicológica.

También es posible que estas personas decidan tomar medidas para cambiar su apariencia física, cambiando la forma de vestir o su nombre.

El tratamiento se dirigiría a ayudar a la persona a realizar estas transformaciones personales, sociales y legales en un ritmo apropiado. Además de trabajar sus fortalezas y otros posibles conflictos o trastornos psicológicos derivados de su descontento.

Los tratamientos médicos, se centran en fármacos o cirugías para hacer un cambio de apariencia más completo. Algunos de ellos son:

– Bloqueadores de la pubertad: gracias a terapias con hormonas (testosterona para transexuales de mujer a varón y estrógenos para transexuales de varón a mujer), se pueden evitar los cambios físicos típicos de la pubertad. Estos se utilizan en edades más tempranas, no sin antes haber informado al joven de las ventajas y desventajas.

– Hormonas: estas mismas hormonas también pueden administrarse en adultos para acentuar los rasgos del sexo con el que se identifican.

– Cirugía: en algunos casos, la persona desea realizarse un cambio completo en su apariencia física. Algunas están satisfechas con la extracción de sus genitales. Mientras que otras, además, pueden hacerse una operación de cambio de sexo para obtener los genitales deseados. La gran mayoría se siente satisfecha con los resultados finales.

Una vez realizada la transición, puede que desaparezca la disforia, aunque no es extraño que sigan necesitando terapia y apoyo. Es muy importante que estas personas sean comprendidas por su entorno y aceptadas con su nuevo sexo.

Referencias

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