Las 57 Mejores Frases de Alejandro Magno

Te dejo 57 frases de Alejandro Magno, uno de los conquistadores más legendarios y renombrados de la historia de la humanidad.

Fue un hombre que desde muy temprana edad comenzó a soñar con recuperar la gloria de Grecia a través de la batalla, y que, provisto de una educación privilegiada, fue capaz de tomar todo lo que conocía del Mundo. 

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  1. No hay nada imposible para aquel que lo intenta.
  2. De la realización de cada uno, depende el destino de todos.Alejandro-Magno-02
  3. No tengo miedo de un ejército de leones dirigido por una oveja; Tengo miedo de un ejército de ovejas dirigido por un león.Alejandro-Magno-03
  4. Yo preferiría vivir una vida corta y llena de gloria, que una larga sumida en la oscuridad.Alejandro-Magno-04
  5. Para mí he dejado lo mejor: la esperanza.Alejandro-Magno-05
  6. Al final, cuando todo se acaba, lo único que importa es lo que has hecho.
  7. Cuando damos a alguien nuestro tiempo, en realidad damos una parte de nuestra vida, que nunca vamos a recuperar.
  8. El esfuerzo y el riesgo son el precio de la gloria, pero es una cosa preciosa el vivir con valor y morir dejando una fama eterna.
  9. Si espero, perderé la audacia y la juventud.
  10. Dios es el padre común de todos los hombres.
  11. Estoy en deuda con mi padre por vivir, pero con mi maestro (Aristóteles) por vivir bien.
  12. No tengo miedo de un ejército de leones dirigido por una oveja; Tengo miedo de un ejército de ovejas dirigido por un león.
  13. Cuán grandes son los peligros que enfrento, para ganar un buen nombre en Atenas.
  14. El sexo y dormir solo, me hacen consciente de que soy mortal.
  15. Hay algo noble en escucharme a mí mismo hablando mal, cuando estoy haciendo bien.
  16. No considerar lo que Parmenio debería recibir, sino lo que Alejandro debería dar.
  17. El cielo no puede tolerar dos soles, ni la tierra dos amos.
  18. Me estoy muriendo por el tratamiento de muchos médicos.
  19. Habría preferido superar a otros en el conocimiento de lo que es excelente, que en la medida de mi poder y dominio.
  20. Ahora temen al castigo y ruegan por sus vidas, así que les dejaré libres, no por ninguna otra razón sino para que puedan ver la diferencia entre un rey griego y un tirano bárbaro. Así que no esperen a sufrir ningún daño de mí. Un rey no mata a los mensajeros.
  21. No hay más mundos que conquistar.
  22. Amigos, ahí tenéis al hombre que se disponía a pasar de Europa al Asia: pasando de un lecho a otro ha acabado por los suelos.
  23. Pero sinceramente, si no fuese Alejandro, sería Diógenes.
  24. El verdadero amor nunca tiene un final feliz, porque no hay final para el amor verdadero.
  25. A través de todas las generaciones de la raza humana, ha habido una constante guerra: una guerra contra el miedo. Los que tienen el valor de vencerlo, son hechos libres y los que son conquistado por él, sufren hasta tener el valor para derrotarlo, o se los lleva la muerte.
  26. Enterrar mi cuerpo y no construir ningún monumento. Mantener mis manos afuera, para que las personas sepan que quien ganó el mundo no tenía nada en sus manos cuando murió.
  27. El final y la perfección de nuestras victorias, es evitar los vicios y enfermedades de los que sometemos.
  28. Nuestros enemigos son Meedos y los Persas, hombres que durante siglos han vivido vidas suaves y lujosas. En Macedonia, durante generaciones hemos sido entrenados en la dura escuela del peligro y la guerra. Por encima de todo, somos hombres libres y ellos son esclavos. Hay tropas griegas, seguramente, en el servicio persa, ¡pero su causa es diferente de la nuestra! Ellos estarán luchando por un salario; nosotros, por el contrario, peleamos por Grecia, y nuestro corazón estará en ella. En cuanto a nuestras tropas extranjeras: tracios, ilirios, peonios, Agrianes, son los mejores y más robustos soldados en Europa y se encontrarán como oponentes a las menos tensas y más suave de las tribus de Asia. Y finalmente, ¿a cuáles dos hombres tienen con mando supremo? Nosotros tenemos a Alejandro, y ellos a Darius.
  29. Sin conocimiento, la habilidad no se puede enfocar. Sin habilidad, la fuerza no puede ser ejercida y sin fuerza, el conocimiento no puede ser aplicado.
  30. Sus antepasados vinieron a Macedonia y al resto de Grecia y nos hicieron gran daño, aunque no le habíamos agredido. Me han designado líder de los griegos, y el deseo de castigar a los persas lo he tomado de usted.
  31. ¡Qué excelente caballo pierden por falta de destreza y denuedo para manejarlo!
  32. Mi tesoro reside en mis amigos.
  33. En cuanto a los límites de las propias labores, Yo, por ejemplo, no reconozco ninguna para un hombre magnánimo, excepto aquellas que deberían conducir a logros nobles.
  34. Vamos a comportarnos de manera que todos los hombres deseen ser nuestros amigos y todos teman ser nuestros enemigos.
  35. Con la actitud correcta, las limitaciones auto-impuestas desaparecen.
  36. Que Dios los guarde del veneno de la cobra, los dientes del tigre, y la venganza de los afganos.
  37. El fin y el objeto de la conquista, es evitar hacer lo mismo que los vencidos.
  38. No toda la luz proviene del Sol.
  39. Estoy involucrado en la tierra de un pueblo valiente y aguerrido, donde cada pedazo de tierra es como un pozo de acero, confrontando a mis soldados. Has traído un solo hijo al mundo, pero todo el mundo en esta tierra puede ser llamado Alejandro.
  40. Los jóvenes de Macedonia… de Corintia… y de todos los pueblos helénicos, únanse a sus compañeros de armas y encomendaos a mí; así que podremos avanzar contra los bárbaros y liberarnos de la esclavitud persa, pues los griegos no deberíamos ser esclavos de los bárbaros.
  41. No tengo una sola parte de mi cuerpo, por lo menos enfrente, que no tenga cicatrices; no hay arma, que se use de cerca, o que se lance desde lejos, de la cual no lleve la marca. Más aún, he sido herido por la espada, mano a mano; con flechas, he sido herido desde una catapulta y muchas veces he sido golpeado con piedras y garrotes.
  42. El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar.
  43. Dios ha de amar a los afganos, pues los ha hecho hermosos.
  44. Mientras de su lado haya más hombres de pie, en nuestro lado más lucharán.
  45. Yo no robo victorias.
  46. ¿No considera que un asunto digno de llanto, que cuando habiendo una gran multitud de ellos (mundos), todavía queda alguno que no hemos conquistado?
  47. ¿Será posible, amigos, que mi padre se anticipe a tomarlo todo y no nos deje a nosotros nada brillante y glorioso que podamos acreditarnos?
  48. Lucharemos para Grecia y nuestros corazones permanecerán en ella.
  49. Mis estrategas carecen de sentido del humor… saben que si fallo en mi campaña, son los primeros a quienes yo voy a matar.
  50. No me siento feliz por esta victoria. Estaría alegre, hermano, si la obtuviera estando parado al lado suyo, puesto que nos une la misma sangre, la misma lengua y deseos.
  51. Ninguna fortaleza es tan inexpugnable que no puede entrar en ella una mula cargada de oro.
  52. En la tumba de Aquiles, oh afortunada juventud, de haber encontrado Homero como el heraldo de su gloria.
  53. Preveo un gran concurso de funerales sobre de mí.
  54. Santas sombras de los muertos, yo no tengo la culpa de su destino cruel y amargo, sino la rivalidad maldita que trajo naciones hermanas y pueblos hermanos a luchar entre sí.
  55. Te mando un kaffis de mostaza, para que puedas probar y reconocer la amargura de mi victoria.
  56. ¿Debo pasar de largo y dejarle tirado por la expedición que ha guiado contra Grecia, o tendría que considerarlo de nuevo debido a su magnanimidad y sus virtudes en otros aspectos?
  57. No has hecho bien en publicar tus libros de doctrina oral; pues, ¿en qué aventajamos a otros ahora, si las cosas en las que hemos sido particularmente instruidos se revelan a todos?
  58. Es mejor no tener ninguna mujer en la cena en absoluto, que tener una fea.

Alejandro Magno nació en Pallas, Macedonia, en el año 356 a.C. Fue el primer hijo de Filipo II de Macedonia y Olimpia (hija de Neoptólemo I de Epiro) y como correspondía, por ser el heredero del reino, recibió la mejor educación militar por parte de su padre y tuvo como mentor intelectual al mejor de los maestros de la época: Aristóteles.

Los frutos de toda su preparación se pusieron a prueba luego de la muerte de Filipo, cuando muchos de los pueblos que habían sido conquistados por este, se rebelaron. En ese momento y a muy temprana edad, Alejandro se lanzó a la batalla, acallando a sus enemigos internos y fortaleciendo su poderío.

Reconquistados sus territorios, el joven rey decidió continuar con la obra que había empezado su padre: una venganza de los griegos ante los persas. Fue entonces cuando tomó sus ejércitos  y durante la siguiente década (y un par de años más), se dedicó a conquistar y derrotar a este fuerte adversario.

Inspirado por “La Ilíada” y las historia de Aquiles, desde Macedonia hasta la India, Alejandro fue conquistando ciudades que se encontraban dominadas por los persas, pasando por territorios egipcios, donde fue acogido como libertador y coronado Faraón.

Allí, en una zona costera al oeste del Nilo, construyó la primera y más hermosa Alejandría, cede de una del legendario Faro de Alejandría y de una las bibliotecas más grandes y famosas de la historia antigua: la biblioteca de Alejandría.

Con esta ciudad, no solo pretendía facilitar el comercio entre Grecia y Egipto, sino también dar inicio a lo que consideraba como una verdadera estrategia de conquista a largo plazo: el intercambio y la penetración cultural. Con una arquitectura al estilo griego, Alejandro quería introducir aspectos helenos en Egipto, cuya huella tocara tanto a los habitantes de la época como a generaciones futuras.

Fue allí también donde se auto-proclamó como hijo de Ra, es decir, como descendiente directo del Sol. Y así, contando con el ejército egipcio y con un ego engrandecido, el Rey-Faraón partió hacia el este, dispuesto a vencer en cada batalla… y lo consiguió.

No sólo venció a los reyes persas, sino que continuó con su política de mezcla cultural, en un intento por perpetrar la unión entre ambos territorios. Para asegurarse de que su conquista fuese total, hizo que cientos de sus oficiales y soldados contrajeran matrimonio con mujeres persas y él mismo se casó con dos princesas, una de ellas Roxana, hija del noble bactriano Oxiartes.

Incansable, planificó continuar con su marcha más allá de los territorios conquistados, sin embargo sus soldados, cansados de años de lucha y queriendo volver a casa, causaron un motín, obligando a Alejandro a replantearse sus estrategias y objetivos.

Únicamente un acontecimiento así pudo detener a este conquistador, quien emprendió su camino de regreso a casa. Evidentemente, a lo largo de sus aventuras y decisiones, había ido acumulando no solo territorios, sino también enemigos, detractores… y enfermedades. Uno de estos dos males fueron los causantes de su muerte en Babilonia.

Algunos historiadores afirman que Alejandro fue envenenado durante el banquete que se celebró en su honor, organizado por su amigo Medio de Larisa. Según cuentan, fue después de este banquete que comenzó la enfermedad que acabaría con su vida 12 días después.

Otros, sin embargo, tomando en cuenta el tiempo transcurrido entre un acontecimiento y otro (banquete y muerte), sostienen que la teoría del envenenamiento no es probable y que, por el contrario, el rey murió a causa de una recaída en la malaria.

Lo cierto es que tras su muerte, sus herederos directos: su madre, sus esposas e hijos, fueron asesinados por Casandro (hijo de Antípatro, uno de los generales de Alejandro). Y dada la vastedad del imperio que forjó, éste se dividió entre el resto de sus generales, quedando:

  • Tolomeo: gobernante de Egipto y fundador de la dinastía Toloméica.
  • Demetrio: rey de Macedonia y fundador de la dinastía Antigónida.
  • Seléuco: dirigente de Mesopotamia y Siria y fundador de la dinastía Seléucida.
  • Lisímaco: gobernante de Tracia y Asia Menor. Fue el único de los generales que no fue capaz de consolidar sus territorios ni fundar una dinastía.

La fama de Alejandro se hizo cada vez más grande. Pero más allá de sus intentos por perpetuar su nombre a través de ciudades y monumentos, fueron sus hazañas y conquistas las que dejaron una huella en la edad antigua y en la historia del mundo en general. Pues, hasta entonces, ningún hombre se había aventurado a la batalla en territorios tan alejados de Grecia, tanto como lo hizo Alejandro Magno.

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