Las Funciones Educativas de la Familia en la Sociedad

Las funciones educativas de la familia en la sociedad han evolucionado significativamente a lo largo de la historia. Tanto es así, que el sistema educativo se ha encargado de compartir con ésta la educación del niño.

No obstante, no todas las familias cumplen su función por igual.  En cada hogar se emplea un estilo educativo que, con más o menos éxito en la educación, ejerce un papel relevante en el desarrollo del niño.

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A través de este artículo señalaremos la importancia de la implicación de la familia en la educación del niño, la importancia de la socialización y de los estilos educativos más comunes.

Definición de familia

Según la Real Academia de la Lengua Española (2016) se define a la familia como “…grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”.

Atendiendo a esta descripción, debemos tener en cuenta que se trata de un grupo de personas que comparten características comunes. Suelen permanecer unidas a lo largo del tiempo y comparten una misma vivienda en la mayoría de los casos.

En todas las familias se establecen unos lazos entre sus componentes. A partir de éstos se generan normas, se adquieren unos valores y se adopta una simbología que entenderán todos sus componentes (Salles, 1991).

Desde el punto de vista de la psicología de la educación, actualmente el concepto de familia (tipos y funciones) está adoptando una nueva definición donde se dan novedosas características que dejan de lado al concepto tradicional.

Es en esta nueva visión donde ya no es necesaria ninguna vinculación legal, genética y tampoco que se dé en todos los casos la figura de biparentalidad.

También comienza a desaparecer la imagen meramente patriarcal, que se ha mantenido a lo largo de la historia. El padre era en exclusiva el encargado de llevar el sustento económico de la casa, pues no es solo responsabilidad de la madre el aporte doméstico, sino que también el padre deberá interviene en la educación del niño.

Y, por supuesto, se dan nuevas tipologías de familias como son las homoparentales, las adoptivas y las monoparentales, entre otras.

La socialización como agente educativo

Dentro de las funciones de la familia encontramos la función reproductora, económica, educativa y asistencial.

En este caso, vamos a definir la Función Educativa como la más vinculada a la educación, como su propio nombre indica.

Desde la familia se comienza a dar el aprendizaje.  Es donde se van adquiriendo los primeros hábitos que funcionarán como herramientas de vida para que el niño sea capaz de desenvolverse en su contexto.

Para ello, debemos mencionar el concepto de socialización, ya que tiene un papel central en la función educativa y, además, está estrechamente relacionado con la cultura en la que se desarrolla el individuo.

La posibilidad de que el niño adquiera su cultura y se adapte al medio para participar en la vida social, serán los ingredientes necesarios con los que pueda adaptarse a la sociedad e interactúe en ésta.

Para que la socialización se lleve a cabo, existen unos agentes llamados Agentes Socializadores desde donde distinguimos tres niveles (Parra y León, 2012):

  • Primaria (familia).
  • Secundaria (escuela, amigos, religión, etc.).
  • Terciaria (reeducación y prisión).

Todos éstos permiten que el desarrollo se efectúe de forma favorable y, por tanto, beneficia la inclusión de los niños en el contexto que le ha tocado vivir (Parra y León, 2012).

Influencia de la familia en la educación del niño

Todo proceso educativo se inicia en el hogar familiar como fuente prioritaria y posteriormente, continúa desarrollándose desde otras vertientes en la escuela.

Sin embargo, en ocasiones estas atribuciones dan lugar a dudas y a confusiones, pues es la sociedad la que plantea a la escuela como la vértebra principal en el desarrollo educativo del niño, dejando al margen la responsabilidad de la familia.

El contexto en el que se enmarca el desarrollo de la persona incluye todos los factores que intervienen en este proceso:

  • La familia.
  • La escuela.
  • El grupo de iguales.

Como señala el Modelo Ecológico de Bronfenbrenner, es esencial analizar al individuo dentro de su contexto. No es posible estudiarlo sin tener en cuenta el lugar donde interacciona, con quien lo hace y cómo le repercute ello.

La influencia de la familia tiene un papel central en este desarrollo influye en una amplia variedad de ámbitos, como la adquisición de las habilidades para expresar emociones, la relación que establece con los progenitores (apego), la práctica de habilidades sociales en la comunicación interpersonal, etc.

Por ello, podemos decir que la familia es el componente donde se aprenden las aptitudes primarias y las habilidades sociales más importantes de los primeros años de vida, donde se afrontan las primeras experiencias.

Una de éstas es la llegada de los hermanos. Constituye un enorme cambio en la rutina de los hijos que, hasta el momento, han sido únicos. Comienzan a aparecer modificaciones conductuales donde la relación paterna experimenta un cambio, aumentan las obligacioney se disminuye la interacción con la familia

Como ya hemos mencionado, la familia comprende un pilar relevante en la educación de los niños, aunque no es el único, ya que todas sus funciones son apoyadas por la escuela.

Sin embargo, existen situaciones donde hay desacuerdo por ambas partes (familia-escuela) y esto puede conllevar al conocido término de fracaso escolar, siendo ésta situación la que numerosas investigaciones señalan como que el respaldo familiar garantiza el éxito al inicio de la asistencia a las escuelas.

No cabe duda de que la familia tiene unas funciones educativas básicas, donde siempre debe existir el afecto y el apoyo como regla fundamental de convivencia diaria dentro del hogar familias.

Todo esto permite un desarrollo infantil satisfactorio, beneficiando el aprendizaje de las normas, la adquisición de valores, la generación de ideas y de patrones de conductas ajustado al contacto exitoso con la sociedad.

Además, es importante que garanticen la estabilidad a través de la rutina y generen experiencias nuevas que aporten aprendizaje al niño para que esté preparado para situaciones en las que deba responder con autonomía.

En los casos de divorcios, reconstituciones o conflictos familiares es importante eliminar prejuicios y mostrar naturalidad ante diversas situaciones, especialmente cuando se obtiene información del contexto familiar del alumno, al alejarse del concepto de familia tradicional, además de apostar por la expresión de las emociones que puede resultar en grandes beneficios para el niño.

En definitiva, debemos concluir este apartado señalando que la familia, por su parte, exige a la escuela funciones en las que puede quedar al margen como, por ejemplo:

  • La enseñanza de contenidos académicos.
  • La posibilidad de agradar la asistencia de los alumnos a las aulas.
  • La aceptación entre iguales.
  • El aprendizaje de las habilidades, los valores y destrezas necesarias para actuar en su vida.

Es en este instante donde se pueden observar algunas situaciones controvertidas ya que, en ocasiones, la familia exige más a la escuela de lo que ésta puede dar. Por ello, es importante establecer buenas vinculaciones entre la familia y la escuela, donde se dé la participación y cooperación de ambas (Parra y León, 2012).

Estilos educativos familiares

A través de la vinculación afectiva que el niño tenga con sus progenitores, se crearán diversos vínculos que darán lugar a un crecimiento idóneo, generando un sentimiento de confianza para que asegure un apego eficiente.

De los diferentes estilos educativos derivan los patrones conductuales con la que se reacciona ante situaciones cotidianas familiares. Se trata de la forma con la que la familia obrará para alcanzar los objetivos educativos propuestos (Parra y León, 2012).

Éstos están formados a partir de las actitudes, las cuales están compuestas por creencias que generan las conductas que manifiestan las familias ante una amplia variedad de situaciones.

De esta forma, estos estilos están formados a partir de dos dimensiones básicas: apoyo y control.

El apoyo, por un lado, parte del afecto (expresión de las emociones) y la comunicación (interacción y participación entre padre-hijos).

Y, por otro lado, el control está relacionado con el propio control (gestión de normas) y las exigencias (responsabilidad y autonomía que se espera de los niños).

Para hacer una clasificación de los estilos de familia, se pueden hacer varios agrupamientos diferentes. Sin embargo, hemos considerado oportuno hacer distinción entre los siguientes:        

Estilo autoritario

El autoritarismo viene marcado por la imposición y el control, el poder como herramienta educativa. Es la figura paterna/materna la que toma las riendas y decide, bajo cualquier concepto, sin tener en cuenta la implicación del niño en cuanto a las normas, las cuales suelen ser excesivas.

Es en los progenitores donde recae responsabilidad de guiar a los hijos por el mejor camino y, por tanto, comprenden que el respeto viene ligado al temor que se le tenga. Muestran diferentes conductas y razones como verdad absoluta.

Normalmente, la imposición es el principal aliado para la resolución de conflictos y, por ello, plantean la acción directiva en todo momento, siendo la solución a los problemas meras exigencias u obligaciones.

También son ellos los que toman las decisiones, el niño comprende que lo más eficaz para resolver problemas es utilizar la fuerza, dando lugar a dependencia y miedo, pues comprenden que a malas conductas obtendrán grandes y temerosas repercusiones.

Estos niños suelen caracterizarse por una baja autoestima, dejando al margen la competencia social en lo que respecta a la socialización y a las habilidades sociales. Originándose personas con un fuerte carácter agresivo e impulsivo en su cotidianidad.

Estilo permisivo

La permisividad se manifiesta a través de la escasa exigencia de los padres hacia sus hijos. Son los hábitos y las actitudes del niño las que son aceptadas como rutina y valoradas.

Además, no se da la imposición ni el consenso de las normas pues son inexistentes y, por tanto, las exigencias quedan anuladas.

Los padres dan por hecho que sus hijos son buenos y que van por el mejor camino. Por ello, según los padres, es su responsabilidad la de darles todo lo que necesiten y soliciten, evitándoles toda molestia que les ocasiones.

En buena parte de los casos, los hijos buscan el beneficio permanente. Los padres suelen eliminar todos los obstáculos, acostumbrándolos a que todo les sea solucionado y, originando continuas faltas de respeto.

Los niños educados en un estilo permisivo suelen caracterizarse como personas con una alta autoestima, a la vez que una baja competencia social para relacionarse con su entorno más cercano.

No son educados para controlar los impulsos, pues están acostumbrados a adquirir todos y cada uno de sus caprichos.

Estilo democrático

La democracia como estilo educativo contempla al niño en su totalidad. Es decir, se tiene en cuenta su percepción de los acontecimientos y de sus necesidades.

Sin olvidar la importancia de la disciplina, la figura paternal interviene como guía y no es impositora de normas, pues las exigencias son expuestas tanto por los padres como por los hijos a través del diálogo y las adecuadas explicaciones.

Por tanto, el niño es escuchando y las diversas normas y exigencias son adaptadas a la situación específica.

Se apuesta por la participación del niño en la toma de decisiones, en el establecimiento de normas y, por tanto, en el afrontamiento de las consecuencias que se puedan obtener.

 Los niños aprenden que pueden equivocarse, que pueden solucionar los problemas por ellos mismos y la función de los padres es ayudarlos a la búsqueda del camino correcto, ya que la posibilidad de hacerse frente a los problemas hará que maduren.

Estos niños son caracterizados con una alta autoestima y un buen desarrollo socioemocional con una adquisición eficaz de habilidades sociales.

Se manifiestan como personas con autocontrol y autónomas ante las diversas situaciones que se le plantean.     

¿Cuáles son las razones para adoptar un estilo democrático?

Desde los modelos de autoritarismo y permisivismo obtenemos como característica prioritaria la sobreprotección del individuo, por parte de los padres.

El permisivo se caracteriza por la ausencia de responsabilidad y de afrontamiento de consecuencias a pesar de tener la oportunidad de elección y toma de decisión independiente.

Por otra parte, el autoritarismo puede hacer que los niños afronten sus consecuencias, sin embargo, no aprenden a ser autónomos. Suelen presentar altos niveles de dependencia, están acostumbrados a recibir órdenes.

Por ello, utilizar un estilo democrático implica una educación responsable, independiente, fomentando la posibilidad de aprender de los errores y crear un clima positivo.

Referencias

  1. COLL, C., PALACIOS, J. Y MARCHESI, A. (COORDS.) Desarrollo psicológico y educación. Vol. 2. Psicología de la educación escolar (597-622). Madrid: Alianza.
  2. BARCA, A. (COORDS.). Psicología de la instrucción (vol.3). Componentes contextuales y relacionales de aprendizaje escolar. Barcelona EUB.
  3. PALACIOS, J.  Y  MORENO, M.C. Contexto Familiar y Desarrollo Social. Manuscrito sin publicar.
  4. PARRA, A. Y LEÓN, E. (2012). Contexto de desarrollo y educación. Psicología de la Educación y del Desarrollo. Universidad de Sevilla.
  5. SALLES, V. (1991). Cuando hablamos de familia, ¿de qué familia estamos hablando? Nueva Antropología, XI, (39). 53-87.
  6.  SHAFFER, D. (2000). Las influencias extrafamiliares I: la televisión, las computadoras y la escolaridad. Desarrollo social y de la personalidad (pags. 425-462). Madrid: Thomson.
  7.  SHAFFER, D. (2000).  Las influencias extrafamiliares II. Los iguales como agentes de socialización. Desarrollo social y de la personalidad (pags. 463-500). Madrid: Thomson
  8. Como hemos de educar a nuestros hijos (10 de julio de 2016). Recuperado de http://slideplayer.es/slide/4578860/
  9. http://www.rae.es/
  10. https://prezi.com/am7blf-yibic/funciones-educativas-de-la-familia/

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