Genofobia: el Miedo a las Relaciones Sexuales

La genofobia es un tipo de fobia específica en el que el elemento temido es la práctica sexual.

A primera vista, parece poco probable que una actividad como la práctica sexual pueda proporcionar sensaciones de miedo y estados de elevada ansiedad.

Genofobia

Sin embargo, bien seguro que alguna vez has experimentado nervios o intranquilidad durante los momentos previos a la práctica sexual o incluso durante la misma.

Pues bien, estos nervios o miedos que podemos experimentar todas las personas, puede acentuarse en algunos casos y originar lo que se conoce como genofobia.

Así pues, una persona que padece este tipo de alteración teme de forma desmesurada el sexo, hecho que le impide mantener relaciones sexuales.

En este artículo hablaremos sobre este trastorno, comentaremos sus características, sus causas y sus tratamientos, y nos aproximaremos a la genofobia con el objetivo de entender mejor este tipo de fobia tan peculiar.

¿Qué es exactamente la genofobia?

La genofobia, como hemos comentado, es un tipo de fobia específica en el que el elemento fóbico es el sexo.

Así pues, podemos entender esta alteración como un miedo atroz y desmesurado hacia las prácticas sexuales.

La persona que padece genofobia teme, por encima de todo, las relaciones sexuales. Por lo tanto, no sólo será incapaz de disfrutar de ellas, sino que las evitará siempre que pueda.

Hay que tener en cuenta que la genofobia, a diferencia de lo que puede parecer, no es un trastorno sexual en el que la persona rechaza el sexo por incapacidad de disfrutar de él o por falta de interés.

La genofobia es un trastorno de ansiedad, más concretamente es un tipo de fobia específica.

Así pues, podemos interpretar esta alteración del mismo modo que lo hacemos con la fobia a las arañas o la claustrofobia.

Mientras que en la fobia de las arañas la persona experimenta un miedo intenso y desmesurado cuando tiene cerca uno de estos animales, el individuo con genofobia experimenta las mismas sensaciones cuando se expone a una práctica sexual.

Esta primera apreciación es importante, ya que sin ella podríamos caer en el error de interpretar la genofobia mediante otros criterios como la falta de libido, la ausencia de interés sexual o la represión sexual.

Evidentemente, todos estos factores pueden ir apareciendo en la genofobia, sin embargo, no constituyen la génesis del trastorno.

La genofobia en sí es un trastorno de ansiedad en el que la persona es incapaz de controlar sus sensaciones de miedo cuando se expone a la práctica sexual.

¿Miedo o nervios?

Cuando hablamos de miedo al sexo, todas las personas podemos vernos más o menos identificadas.

De hecho, la práctica sexual constituye en muchas ocasiones, un momento relevante en la vida de las personas.

De este modo, experimentar sensaciones de miedo o nerviosismo cuando nunca has mantenido relaciones sexuales y te propones a hacerlo o la primera vez que te acuestas con tu pareja, es algo totalmente normal.

Así pues, en su raíz, el miedo o los nervios respecto a las relaciones sexuales confecciona una respuesta natural de los seres humanos.

No obstante, cuando hablamos de genofobia no hacemos referencia estas “leves” sensaciones de nervios que se experimentan antes de mantener relaciones sexuales.

La genofobia implica una respuesta de ansiedad mucho más elevada y la experimentación de un miedo extremadamente intenso.

De este modo, este trastorno puede interpretarse como la acentuación máxima de las sensaciones normales de nervios, los cuales se acaban convirtiendo en un miedo desmesurado e irracional.

¿Qué tipo de miedo se experimenta en la genofobia?

Uno de los puntos principales que definen la genofobia y que nos permite diferenciarla de los nervios “normales” que podemos experimentar las personas antes de mantener relaciones sexuales es el tipo de miedo que se manifiesta.

El miedo de la genofobia posee unas características principales que permiten catalogarlo como patológico y determinar la presencia de una respuesta fóbica ante la práctica sexual.

Las principales propiedades que definen el miedo que experimenta una persona con genofobia son las siguientes:

1- Es desproporcionado

El miedo que experimenta una persona con genofobia es totalmente desproporcionado con respecto a las exigencias de la situación.

Evidentemente, a priori, mantener relaciones sexuales no implica ningún tipo de amenaza para las personas.

Así pues, tener miedo en estas situaciones puede interpretarse como desproporcionado ya que, de por sí, no hay ningún estímulo que pueda ponernos en peligro.

Sin embargo, el miedo experimentado en la genofobia es totalmente desproporcionado, por lo que la persona con este trastorno responderá con un miedo máximo y con pensamientos de que le pasarán cosas terribles, cuando en realidad no es así.

2- No puede ser explicado o razonado

Este es otro de los puntos clave de la genofobia, ya que el miedo experimentado en este trastorno implica que el individuo sea capaz de explicarlo o razonarlo.

Cuando las personas padecemos simples nervios en los momentos previos de mantener una relación sexual, sí que somos capaces de explicar o razonar por qué estamos nerviosos.

“No sé si mi pareja disfrutará, quizá lo hago mal, quiero que la relación sexual vaya bien…” son algunos de los pensamientos que podemos tener en esos momentos.

Sin embargo, la persona con genofobia no es capaz de hacer este tipo de interpretaciones sobre el miedo que experimenta, ya que este es tan intenso que se aleja de cualquier lógica incluso para el propio individuo.

3- Está más allá del control voluntario

La capacidad de control es una de las características principales de todas las fobias y, por lo tanto, también de la genofobia.

Cuando tenemos nervios o leves sensaciones de miedo antes de la práctica sexual, siempre mantenemos una cierta capacidad de control que nos permite evitar que el miedo se apodere de nosotros por completo.

Sin embargo, en la genofobia esto no sucede y la capacidad de control que posee el individuo sobre su miedo es inexistente.

La persona no es capaz de controlar ni sus sensaciones de miedo ni sus respuestas de ansiedad, por lo que estas se apoderan de él de forma automática.

4- Lleva a la evitación

Hay que tener en cuenta que el miedo que experimenta un genofóbico es tan intenso que le incapacita totalmente para mantener relaciones sexuales.

Ante la práctica sexual, la persona con genofobia experimenta las sensaciones más elevadas de malestar que puede experimentar, por lo que evitará por completo que este tipo de situaciones se produzcan.

Esto no quiere decir que el individuo no tenga impulsos sexuales o incluso deseos de realizar actividades sexuales.

Sin embargo, debido al miedo que le produce, la persona evitará mantener relaciones sexuales.

5- Persiste a lo largo del tiempo

Si experimentamos este tipo de miedo de forma aislada o simplemente en algunas ocasiones, no padecemos genofobia.

El miedo y la respuesta de ansiedad que se experimenta ante las relaciones sexuales en la genofobia persisten a lo largo del tiempo, por lo que aparecen siempre sin excepción.

Así mismo, el miedo no es específico de una fase o edad determinada, por lo que se experimenta tanto en la adolescencia, como en la edad adulta como incluso en la vejez.

¿Qué le pasa a una persona con genofobia cuando se dispone a mantener relaciones sexuales?

El miedo que hemos comentado en el apartado anterior genera de forma automática una respuesta de ansiedad.

Así pues, siempre que una persona con genofobia se expone a una relación sexual y experimenta las sensaciones de miedo, manifestará una serie de síntomas de ansiedad.

Estos síntomas son altamente importantes ya que son los que explican el malestar del individuo cuando se expone a la práctica sexual y, por lo tanto, el rechazo a mantener relaciones.

Las principales manifestaciones que experimentará una persona con genofobia cuando se dispone a mantener relaciones sexuales son:

1- Síntomas físicos de ansiedad

Estos son probablemente los más importantes ya que son los que originan mayores sensaciones de malestar.

Cuando una persona con genofobia se expone a mantener relaciones sexuales, responderá con los típicos síntomas físicos de ansiedad.

Estos se caracterizan por un incremento de la actividad del sistema nervioso central e incluyen síntomas como el aumento de tasa cardíaca y tasa respiratoria, exceso de sudoración, tensión muscular, palpitaciones, dolores de cabeza o estómago, etc.

2- Pensamientos sobre el sexo

Los síntomas físicos comentados se acompañan de una serie de pensamientos que se retroalimentan con ellos.

De este modo, en la genofobia aparecen una serie de pensamientos catastróficos tanto sobre la práctica sexual en sí como sobre las capacidades personales para hacer frente a esa situación.

Estos pensamientos pueden adoptar miles de modalidades, pero todas ellas poseen un elevado componente de aversión, miedo y temor.

Estas cogniciones, además, se retroalimentan bidireccionalmente con los síntomas físicos.

Esto quiere decir que los pensamientos catastróficos hacen incrementar la sintomatología física y el nerviosismo, y la propia sintomatología ansiosa también hace incrementar este tipo de pensamientos.

3- Evitación

La última manifestación que presenta una persona con genofobia es la alteración de su comportamiento.

El elevado temor que padece sobre el acto sexual hace que lo evite por completo, por lo que el comportamiento se modifica notablemente.

El individuo puede empezar relaciones sentimentales e incluso mantenerlas, sin embargo, evitará y rechazará cualquier acción que implique una actividad sexual.

¿Qué causa la genofobia?

Los factores que pueden inducir la aparición de fobias son numerosos y, normalmente no suele ser posible identificar una única causa.

Por lo general se sustenta que el condicionamiento directo, el condicionamiento vicario, la adquisición de información y, en algunos casos, la presencia de componentes genéticos, suelen ser los factores más relevantes.

No obstante, en el caso de la genofobia la vivencia de experiencias traumáticas con el sexo se eleva como el factor más prevalente y que origina un mayor número de casos de genofobia.

Así mismo, la adquisición de una mala educación sexual y la adopción de mitos o falsas creencias sobre el acto sexual son otra de las causas más importantes de la genofobia.

¿Qué mantiene la genofobia?

En la actualidad existe suficiente evidencia científica como para afirmar que independientemente de las causas que originan la fobia, el factor principal que la mantiene es la evitación del estímulo fóbico.

Esto quiere decir que, en el caso de la genofobia, el factor que hace que esta permanezca y no desaparezca es la evitación de las relaciones sexuales.

Para una persona con genofobia, evitar su estímulo fóbico puede resultar más o menos sencillo, ya que simplemente debe limitarse a no mantener relaciones sexuales.

Así pues, el hecho de no exponerse nunca a la práctica sexual hace que la fobia se mantenga y la persona sea totalmente incapaz de mantener relaciones sexuales.

¿Cómo se debe tratar?

La genefobia es un trastorno de ansiedad que debe tratarse por dos razones principales.

En primer lugar, porque padecer fobia al sexo puede repercutir ampliamente en la vida de una persona, limitar su funcionalidad y mermar tanto su calidad de vida como la calidad de sus relaciones.

En segundo lugar, es altamente recomendable tratar la genofobia porque la terapia psicológica ha mostrado ser muy eficaz para intervenir este tipo de trastornos.

De este modo, a pesar de todos los aspectos negativos que hemos comentado hasta ahora sobre al genofobia, el más positivo de todos es sin duda que esta psicopatología puede revertirse.

Así pues, tratar de tomar ansiolíticos para reducir la ansiedad que produce el estímulo fóbico o intentar evitar por completo la práctica sexual para estar bien no es la mejor solución.

La intervención que debería realizar toda persona que padezca genofobia consiste en hacer psicoterapia mediante un psicólogo clínico especializado en este tipo de trastornos.

Y es que tratamiento cognitivo conductual ha mostrado ser muy eficaz para el tratamiento de las fobias específicas.

Estos tratamientos suelen mezclar intervenciones de exposición en vivo y exposición e imaginación al estímulo fóbico (al sexo) con otras técnicas como los entrenamientos en relajación, la respiración profunda y la terapia cognitiva.

Referencias

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