Migraña: Síntomas, Causas, Tratamientos

La migraña es una patología que afecta al sistema nervioso central, se presenta en forma de cefalea o dolor de cabeza intenso y recurrente, normalmente pulsátil y asociada a diferentes síntomas autonómicos (Buonannotte y Buonannotte, 2013).

Es una condición médica que suele aparecer en forma de crisis temporales, con una duración de horas o días. Dentro de su curso clínico, algunos de los signos y síntomas que acompañan a las migrañas son las náuseas, los vómitos o la sensibilidad a la luz, entre otros muchos (Mayo Clinic, 2013).

migraña

Concretamente, las migrañas constituyen uno de los tipos más frecuentes de dolor de cabeza, junto con las cefaleas tensionales. Así, más de un 15% de la población general presenta los criterios diagnósticos de esta patología (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016)

La migraña es una patología que se encuentra dentro del grupo de las enfermedades que son más prevalentes o comunes entre las mujeres. Además, su prevalencia tiende a disminuir con la edad (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

A pesar de que la causa etiológica de la migraña no se conoce con exactitud, desde hace varias décadas, se ha asociado a la dilatación y/o constricción de los vasos sanguíneos cerebrales (Cleveland Clinic, 2015). Sin embargo, actualmente existen otras posiciones en fase de investigación.

El diagnóstico de la migraña suele efectuarse en base a los criterios clínicos. Esta patología es una condición recurrente en los servicios médicos de urgencias, por lo que la primera fase del manejo médico consiste en la identificación precisa de los signos y síntomas presentes en cada caso.

En el caso del tratamiento, existen numerosas intervenciones médicas para el control del cuadro clínico asociado a la migraña, terapias farmacológicas y no farmacológicas. Además, también se han descrito diferentes intervenciones orientadas a prevenir las crisis o ataques de migraña.

Características de la migraña

El dolor que afecta al cerebro o a la “extremidad” cefálica se denomina cefalea. Este tipo de trastorno es uno de los problemas por los que el ser humano se ha preocupado históricamente, desde hace más de 3.000 años antes de Cristo (Buonannotte y Buonannotte, 2013).

El dolor de cabeza, es una condición médica que ha sido referenciada a nivel clínico en hallazgos tan antiguos como el Papito de Ebers, los escritos de Hipócrates o Galeno, entre muchos otros (Buonannotte y Buonannotte, 2013).

Actualmente, las cefaleas o los dolores de cabeza recurrentes, se consideran una de las patologías más frecuentes que afectan al sistema nervioso central (OMS, 2016).

La Organización Mundial de la Salud señala que, aproximadamente la mitad de la población adulta ha sufrido al menos un episodio de cefalea durante el último año (OMS, 2016).

Además, señala que la cefalea constituye una condición médica significativamente dolorosa e incapacitante, dentro de las cuales pueden encontrarse la jaqueca, la migraña, la cefalea tensional y la cefalea en brotes (OMS, 2016).

El dolor de cabeza puede tener un origen primario, sin una causa médica etiológica, o secundarios en los que puede identificarse una patología asociada.

Específicamente, la mayor parte de las cefaleas de origen primario se deben al padecimiento de una migraña.

Como hemos señalado, la migraña es un tipo de dolor de cabeza. Se considera un trastorno neurológico complejo que puede afectar de forma sistemática a todo el organismo, dando lugar a una amplia variedad de síntomas (Migraine Action, 2016).

Es una patología que puede presentarse de forma diferencial entre los afectados, por lo que sus signos y síntomas pueden pasarse por alto o confundirse con otro tipo de enfermedades (Migraine Action, 2016).

Aunque se han descrito de forma precisa las características clínicas de la migraña, sigue siendo una enfermedad poco conocida. Además, en la mayoría de las personas que la padecen, permanece sin diagnosticar y consecuentemente sin tratar.

La migraña se presenta con dolor de cabeza grave e intenso, acompañada de síntomas como náuseas, vómitos dolor ocular, visión de puntos o manchas, sensibilidad a la luz/sonido, etc. (Nall, 2015).

Normalmente, aparece en forma de ataque o crisis temporal, sin embargo, la migraña se considera un problema de salud pública con importantes costes sociales y económicos (Migraine Action, 2016).

Estadísticas

La mayor parte de los dolores de cabeza presentan un origen primario, es decir, sin una causa o patología médica asociada de forma explícita (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

Específicamente, numerosas investigaciones han señalado que más del 90% del total de los casos dolor de cabeza o cefalea primaria se deben a las migrañas y/o cefaleas tensionales (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

La migraña constituye la tercera enfermedad más frecuente en todo el mundo. En Estados Unidos, se ha estimado que aproximadamente un 18% de mujeres, un 6% de hombres y un 10% de niños, padecen migraña (Migraine Research Foundation, 2016).

A pesar de que, las cifras sobre la prevalencia e incidencia de esta patología son poco precisas, se ha señalado que aproximadamente un 15% de la población de todo el mundo pueden cumplir los criterios para el establecimiento de un diagnóstico de migraña (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

Así, diferentes instituciones han señalado que esta enfermedad neurológica presenta una frecuencia en todo el mundo de aproximadamente 38 millones de afectados (Migraine Research Foundation, 2016).

En cuanto a la distribución por sexos, la migraña es más frecuente en mujeres que en hombres, alrededor del doble o triple, debido fundamentalmente a las influencias hormonales (OMS, 2016).

Por otro lado, en relación a la edad típica de presentación, suele aparecer en la etapa comprendida entre la pubertad y la adolescencia. Además, suele afectar especialmente a las personas que tienen una edad entre los 35 y 45 años (OMS, 2016).

Además, es una patología cuya frecuencia tiende a reducirse a medida que avanza la edad, más significativamente a partir de los 50 años de edad (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

Los registros sanitarios señalan que, en Estados Unidos, cada 10 segundos una persona acude a los servicios de urgencias con dolor de cabeza intenso o
persistente (Migraine Research Foundation, 2016).

Además, a pesar de que los afectados por migraña suelen presentar una o dos veces al mes estos ataques, aproximadamente 4 millones la padecen de forma crónica, presentando los signos y síntomas al menos 15 días al mes (Migraine Research Foundation, 2016).

Signos y síntomas

La migraña suele asociarse al padecimiento de un dolor de cabeza pulsátil, intenso y recurrente, restringido a un lado de la cabeza.

A pesar de que, los signos característicos de esta patología se encuentran descritos en diferentes clasificaciones clínicas, los síntomas pueden presentarse de innumerables formas, variando significativamente entre todas las personas afectadas (Buonannotte y Buonannotte, 2013).

Así, aunque el factor común es el dolor, se han descrito alteraciones restringidas a otras áreas como las manifestaciones sensoriales y sensitivas, cognitivas, afectivas, autonómicas o motoras (Buonannotte y Buonannotte, 2013):

Dolor de cabeza

La cefalea se define como el malestar o dolor que puede localizarse en cualquier parte de la cabeza (Cristel Ferrer –Mapfre Salud, 2016).

De esta forma, el dolor de cabeza o cefalea constituye el síntoma central de la migraña. Normalmente, este síntoma se describe como pulsátil, sin embargo, no todos los pacientes lo perciben de la misma forma.

En los servicios médicos de urgencia, muchos afectados refieren sensaciones de opresión, peso, desgarro o tensión en la cabeza, especialmente en los momentos iniciales.

La intensidad de este malestar es variable, entre los episodios y entre los afectados, al igual que su duración, que se modifica en función de la administración o no de un tratamiento adecuado.

Normalmente, los episodios de dolor presentan una temporalidad de horas o días y suelen aparecer de forma unilateral, es decir, es más frecuente que afecten a un lado de la cabeza.

En cuanto a su localización precisa, se ha observado una prevalencia más elevada del dolor fronto-temporal, es decir, detrás del ojo o entorno a éste.

Además, otro aspecto importante es la asociación del incremento de dolor con el movimiento, por lo que los pacientes tienden a la quietud y a la búsqueda de situaciones de reposo.

Manifestaciones autonómicas

Las alteraciones y cambios autonómicos pueden presentarse tanto en el curso de un episódico, como en la resolución de estos.

Normalmente, la cefalea se presenta acompañada de palidez, sudor, taquicardia, manos frías, hipo o hipertensión o bradicardia.

Además, el malestar gratrointestinal, es otro de los hallazgos más comunes en las migrañas. Las náuseas y los vómitos, pueden aparecer antes o después del dolor, sin embargo, son mucho más frecuentes al final de las crisis.

Otros signos y síntomas gastrointestinales menos comunes son el estreñimiento, la distensión abdominal o la diarrea.

Además, la retención de fluidos y el incremento de peso, es una situación frecuente en los momentos previos al desarrollo de un episodio de migraña, especialmente en las mujeres.

Por otro lado, también es frecuente que los pacientes refieran sensación de mareo durante las crisis, asociadas fundamentalmente a la intensidad del dolor y a la presencia de otros síntomas como el vértigo.

Manifestaciones sensoriales

A pesar de que algunas de las manifestaciones sensoriales pueden estar eclipsadas por el dolor de cabeza, estas pueden ser visuales, somato-sensoriales, olfatorias, auditivas y/o gustativas.

Específicamente, en alrededor de un 80% de las personas afectadas suelen aparecer sensibilidad excesiva o intolerancia a la luz intensa, el brillo o resplandor. De igual forma ocurre con los sonidos elevados, o los típicos de una conversación entre varias personas.

En cuanto a las manifestaciones olfativas, en algunos casos se ha observado la presencia de osmofobia, es decir, aversión a determinados olores, así como la hiperosmia o incremento de la sensibilidad general a los olores.

Además, también se ha descrito la presencia de síntomas positivos, especialmente en el área visual. Muchos pacientes señalan que ven puntos o manchas brillantes, especialmente en las etapas de mayor intensidad de dolor.

Por otro lado, en el caso de la esfera somatosensorial, es posible el desarrollo de sensaciones de hormigueo y parestesia en las extremidades.

Manifestaciones cognitivas

Las alteraciones relacionadas con la esfera psicológica y cognitiva de las personas afectadas son variadas y pueden aparecer en cualquiera de las fases de los episodios o crisis de migraña.

Los principales cambios cognitivos se han relacionado con la presencia de desorientación espacio-temporal, cuadros de confusión y/o disfunción ejecutiva.

Además, en las etapas más incapacitantes de las crisis de migraña, los afectados pueden mostrar alteraciones relacionadas con el lenguaje, concretamente aparece una dificultad significativa para la articulación de palabras y/o frases sencillas.

Por otro lado, en cuanto a las manifestaciones relacionadas con la esfera psicológica, se ha observado la presencia de ansiedad, hostilidad, angustia, sentimientos de depresión, irritabilidad, tendencia al aislamiento, sensación de fatiga, etc.

Manifestaciones Motoras

Como hemos señalado anteriormente, el incremento de la gravedad e intensidad del dolor puede asociarse con la realización de actividades y actos motores, por este motivo es frecuente observar inactividad motora o acinesia en las fases de crisis.

Además, en casos graves, se ha descrito el desarrollo de parálisis musculares temporales, especialmente en las extremidades.

¿Cuánto dura y cuáles son las fases?

La migraña está constituida por un dolor de cabeza que varía de moderado a intenso, se presenta de forma pulsátil y afecta normalmente a un único lado de la cabeza.

Normalmente, la migraña es temporal, por lo que los ataques o episodios suelen durar un período de 4 a 72 horas (National Institute of Neurological Disorders and stroke, 2015).

En cuanto al momento de aparición, se ha observado que este tipo de dolor de cabeza es más frecuente durante la mañana, en los primeros momentos del día, especialmente al despertar (National Institute of Neurological Disorders and stroke, 2015).

Además, en muchas personas que padecen migraña el momento de presentación es predecible, ya que se asocian a eventos o circunstancias precisas que describiremos posteriormente.

Por otro lado, como hemos señalado la migraña es una condición médica que aparece en forma de episodio o crisis, por lo que, durante su curso clínico, podrán diferenciarse varias fases (National Institute of Neurological Disorders and stroke, 2015).

De esta forma, las crisis de migraña se componen fundamentalmente de 3 fases principales: a) pródromos, b) aura y c) cefalea (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

a) Pródromos

La fase prodrómica es la que precede a los síntomas propios y/o característicos de la migraña y puede durar un período que va desde pocas horas a 2 días.

Normalmente, los síntomas más comunes en la fase prodrómica incluyen alteraciones inhibitorias y excitatorias:

  • Alteraciones inhibitorias: reducción de la velocidad de procesamiento, dificultades atencionales, lentitud mental generalizada, astenia (debilidad, fatiga o cansancio) o anorexia (inapetencia o falta de apetito).
  • Alteraciones excitatorias: irritabilidad, bostezos recurrentes, sensación de euforia o aversión por determinados alimentos.

b) Aura

La fase de aura se presenta aproximadamente en un tercio de las personas que padecen episodios de migraña. Esta fase se caracteriza por una sintomatología focal que precede de forma inmediata al dolor de cabeza o coincide con su aparición.

Los síntomas de la fase de aura suelen ser transitorios y progresivos, estando presenten aproximadamente unos 60 minutos.

Al igual que en la fase anterior, es posible distinguir síntomas negativos y positivos:

  • Síntomas positivos: percepción de manchas o destellos, imágenes coloreadas en zigzag, fotopsias, hormigueo, parestesia, etc.
  • Síntomas negativos: sensibilidad lumínica, ataxia, debilidad muscular, alteración del nivel de conciencia, etc.

c) Cefalea

Este es la fase, en la que el dolor de cabeza se desarrolla de forma completa. Normalmente, este síntoma tiende a durar aproximadamente 4 horas cuando existe un tratamiento, mientras que puede llegar a durar hasta 72 si no se realiza ningún tipo de intervención terapéutica.

Al margen de esto, otros autores como Blau (1987), realizan otro tipo de clasificaciones de los estadios de las crisis de migraña, en este caso, una caracterizada por 5 fases fundamentales (Buonannotte y Buonannotte, 2013):

  • Pródromo: fase caracterizada por la aparición de los signos y síntomas premonitorios. Los cursos característicos de esta fase pueden incluir hallazgos sistémicos, físicos, psicológicos, etc., tienen a presentarse de forma temporal, varios días antes del desarrollo de la crisis migrañosa.
  • Aura: esta fase tiene una presentación brusca y sus signos y síntomas característicos suelen establecerse en apenas minutos. Específicamente, se define como un episodio de disfunción cerebral que se presenta en los momentos antes de la presentación de la cefalea o en las fases iniciales.
  • Cefalea: el dolor de cabeza constituye el síntoma cardinal de esta patología y como hemos señalado anteriormente, la duración de esta fase variará en función de las medidas terapéuticas que se adopten.
  • Resolución: esta es la fase, en la que los síntomas más intensos comienzan a remitir, reduciéndose la gravedad de forma significativa.
  • Posdromo o fase final: la última fase de una crisis de mira puede durar breves momentos o alcanzar varias horas. En la mayoría de los casos, los pacientes se sienten cansados y/o exhaustos, sin capacidad para realizar sus actividades laborales y personales habituales. En otros casos, los pacientes pueden padecer diversos dolores corporales, euforia, ansiedad o síntomas de anorexia.

Tipos de migraña

El National Institute of Neurological Disorders and Stroke (2015), señala que las crisis de migraña se suelen clasificar en dos tipos principales:

  • Migraña con aura: en este tipo de migraña, antes conocida con la denominación de migraña clásica, la cefalea se presenta acompañadas de alteraciones sensoriales predecesoras, especialmente visuales.
  • Migraña sin aura: este tipo es la forma más frecuente de migraña. La cefalea se presenta sin síntomas predecesores, de forma repentina y abrupta. De esta forma, la intensidad del dolor suele aparecer acompañada de náuseas, vómitos, sensibilidad lumínica, etc.

Además de estos tipos básicos de migraña, se han descrito otros como la migraña abdominal, la migraña de tipo basilar, la migraña hemipléjica, la migraña asociada a la menstruación, la migraña sin dolor de cabeza, la migraña oftalmopléjica, la migraña retiniana y el estatus migrañoso (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2015).

Causas

Las causas específicas de la migraña no se conocen con exactitud, a pesar de que es sabido que se relacionan con diversas alteraciones o cambios cerebrales y genéticos (Cleveland Clinic, 2015)

La migraña se clasifica dentro de las cefaleas primarias, esto es, aquel dolor de cabeza en los que no es posible identificar una causa etiológica específica y cuyo diagnóstico se basa en la elaboración de la historia clínica, la exploración física y el cumplimiento de una lista de criterios y características clínicas (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

Así, la búsqueda de las causas etiológicas específicas de la migraña ha pasado a lo largo de su historia por diferentes estadios y fases (Sánchez-del-Rio González, 2013):

En las primeras décadas, exactamente en los ochenta, la teoría etiológica que se consideraba más plausible era la vascular. Esta se fundamentaba en la presencia de diversas alteraciones en los vasos sanguíneos cerebrales que se consideraban fundamentales para el desarrollo del dolor de cabeza.

Así, durante muchos años tanto los especialistas médicos como los investigadores, pensaban que las migrañas se asociaban específicamente a la dilatación (expansión) y constricción (estrechamiento) de los vasos sanguíneos que se ubican en la superficie cerebral (Cleveland Clinic, 2015)

Sin embargo, alrededor de la década de los noventa, se propuso la teoría neuro-vascular. Específicamente, esta teoría proponía al sistema trigéminovascular como el responsable, formado por el nervio trigémino y al área parasimpática del nervio facial que, al activarse da lugar a la dilatación de los vasos sanguíneos craneales sensibles al dolor.

A pesar de esto, en los últimos años se ha intentado generar un modelo o teoría más integradora y compleja, a partir del cual el sistema trigéminovascular funciona como sustrato anatómico para dar una explicación a la fisiopatología de la migraña. Sin embargo, está condicionado por la presencia de diferentes factores genéticos, epigenéticos, internos/externos, que tienen a favorecer la activación del mecanismo de dolor.

De esta forma, las investigaciones actuales han señalado que esta patología médica, la migraña, tiene un fuerte componente genético y/o hereditario (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

Han sido identificados al menos 3 genes relacionados con una variante particular, la migraña hemipléjica familiar. Específicamente, la existencia de mutaciones en estos genes implica el incremento intracelular y extracelular de diferentes sustancias (calcio, potasio y glutamato), lo que da lugar a un estadio de hiperexcitabilidad celular y, por tanto, al desarrollo de los signos y síntomas característicos de las diferentes fases de la migraña (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

En general, los especialistas e investigadores señalan que es posible que la migraña sea una entidad con un carácter múltiple, es decir, que su expresión se deba a la presencia de cambios genéticos diversos que interaccionen de forma recíproca con determinados factores ambientales (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016).

Desencadenantes más habituales de la migraña

Como hemos señalado en el aparatado anterior, las causas exactas de las crisis de migraña no se conocen de forma precisa, sin embargo, su ocurrencia se ha asociado en muchos casos a la presencia de ciertos acontecimientos o eventos (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2015):

En buena parte de los casos, las crisis o episodios de migraña tienen a presentarse en los primeros momentos del día, por la mañana al despertar.

Sin embargo, éste no es el único momento predecible, ya que muchos otros afectados señalan la ocurrencia de crisis de dolor de cabeza asociadas a la menstruación o al trabajo estresante.

Aunque los factores que pueden desencadenar un episodio de migraña pueden variar de forma considerable entre las personas afectadas, se han registrado alguno de los más comunes:

  • Cambios climáticos y meteorológicos repentinos.
  • Falta o exceso de horas de sueño.
  • Presencia de olores fuertes, sustancias químicas, gases o humos.
  • Cambios emocionales bruscos.
  • Episodios de tensión elevada y estrés.
  • Esfuerzo físico o mental excesivo o poco habitual.
  • Presencia de ruidos fuertes, constantes o repentinos.
  • Episodios de mareo y pérdida de conciencia temporal.
  • Niveles bajos de glucosa en sangre.
  • Alteraciones y cambios hormonales.
  • Falta de alimentación.
  • Consumo/abuso de fármacos.
  • Presencia de luces intensas o intermitentes.
  • Abstinencia de sustancias (tabaco, cafeína, alcohol, etc.).
  • Consumo de determinados alimentos (quesos, frutos secos, chocolate, productos fermentados, encurtidos, carnes curadas o procesadas, etc.

En cuanto a los datos estadísticos, aproximadamente el 50% de las personas que padecen migraña asocian sus episodios al consumo de algunos alimentos o la presencia de olores determinados.

Diagnóstico

Actualmente, no existen ningún test o prueba de laboratorio que indique la existencia inequívoca de la migraña.

Normalmente, el sanitario diagnostica la migraña en base a los hallazgos clínicos. De esta forma, la realización de la historia médica familiar e individual, el cuestionario acerca de la presencia y desarrollo de los síntomas y la exploración física es fundamental (National Institutes of Heatlh, 2014).

Así, el objetivo de estas intervenciones iniciales será determina la presencia/ausencia de una serie de criterios clínicos definidos para el diagnóstico médico de la migraña.

La Clasificación Internacional de las Cefaleas ofrece los siguientes criterios diagnósticos para la migraña sin fase de aura (Riesco, García-Cabo y Pascual, 2016):

a) Presencia de al menos 4 crisis y criterios B-D

b) Episodios de dolor de cabeza recurrente con una duración de entre 4 y 72 horas.

c) El dolor de cabeza recurrente o cefalea se presentan con al menos dos de las características siguientes:

  • Restringido a un único lado de la cabeza (localización unilateral).
  • Sensación pulsátil.
  • La intensidad del dolor puede variar de moderada a grave.
  • La intensidad del dolor está condicionada o empeora por la actividad física habitual o rutinaria.

d) Al menos uno de los siguientes eventos durante la fase de cefalea:

  1. Náuseas y/o vómitos
  2. Sensibilidad a la luz (fotofobia) o al sonido (fonofobia).

e) No existe otro diagnóstico y/o condición médica que explique esta situación.

Además del cumplimiento de estos criterios diagnóstico, es posible el empleo de diversas pruebas de laboratorio para descartar la presencia de otro tipo de patologías: tomografía computerizada, resonancia magnética o electroencefalograma (National Institutes of Heatlh, 2014).

Por otro lado, también es común el empleo de una neuropsicológica específica, para determinar la presencia de otro tipo de complicaciones como los problemas de memoria, atención, resolución de problemas, orientación, etc.

Tratamiento

No existe ningún tipo de tratamiento curativo para la migraña, sin embargo, se han diseñado una amplia variedad de intervenciones terapéuticas específicas para el tratamiento de sus crisis.

Generalmente, los tratamientos empleados en la migraña se basan en la prescripción de fármacos para aliviar el dolor o para prevenir la ocurrencia de las crisis.

La elección específica de la terapia depende fundamentalmente de las características de la persona afectada y de los episodios de migraña. Además, será fundamental considerar la presencia de otras condiciones médicas.

Así, la Mayo Clinic (2013), realiza una descripción de las medidas terapéuticas más empleadas:

Fármacos para el tratamiento del dolor

Los medicamentos empleados para el tratamiento del dolor se suelen emplear durante la fase de crisis de migraña y el objetivo fundamentar es aliviar y detener la progresión de los síntomas que ya están presentes.

Algunos de los fármacos más empleados son los analgésicos (aspirina o antiinflamatorios), los triptanos, la ergotamina, medicamentos contra las náuseas, los fármacos opioides o los glucocorticoides.

Fármacos para la prevención de las crisis

En este caso, las medicaciones empleadas para la prevención de las crisis se suelen prescribir para el consumo regular, normalmente se toman a diario para reducir la frecuencia de la migraña en los casos más graves.

Algunos de los fármacos más empleados incluyen la medicación cardiovascular, antidepresivos o la medicación antiepiléptica, entre otros.

Además de los tratamientos farmacológicos, también se han descrito otro tipo de intervenciones terapéuticas con el objetivo fundamental de modificar diversos hábitos de vida y, además, evitar la exposición a los eventos desencadenantes.

Normalmente, los expertos recomiendan realizar ejercicios de relajación muscular o respiratorios, realizar un sueño reparador con las horas suficientes, evitar situaciones estresantes, evitar el consumo de sustancias perjudiciales, etc.

Además, también se recomienda la elaboración de un diario de crisis, en el que se registren los síntomas, intensidad y frecuencia de los ataques de migraña, ya que serán útiles para la elaboración de una intervención terapéutica individualizada y lo más eficaz posible.

Referencias

  1. Bouonanotte, C., & Bouonanotte, M. (2016). Migraña. Neurol. Arg. , 94-100.
  2. Cleveland Clinic. (2015). Migraine. Obtenido de Cleveland Clinic.
  3. Mayo Clinic. (2013). Migraine. Obtenido de Mayo Clinic.
  4. Migraine Action. (2016). Migraine Information. Obtenido de Migraine Action.
  5. Migraine Research Foundation. (2016). What is Migraine? Obtenido de Migraine Research Foundation.
  6. Nall, R. (2015). What Is a Migraine? Obtenido de HealthLine.
  7. NIH. (2014). Migraine. Obtenido de MedlinePlus.
  8. NIH. (2015). Headache: Hope Through Research. Obtenido de National Institute of Neurological Disorders and Stroke.
  9. OMS. (2016). Cefaleas. Obtenido de Organización Mundial de la Salud.
  10. Riesco, N., García-Cabo, C., & Pascual, J. (2016). Migraña. Med Clin (Barc), 35-39.
  11. Sánchez-del-Río González, M. (2013). Migraña: la ignición del cerebro. Rev Neurol, 509-514.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here