¿Para qué sirven las emociones?

Las emociones sirven para poner en marcha el organismo cuando se detecta un cambio, preparándonos para reaccionar a los acontecimientos inesperados que ocurren a nuestro alrededor.

Si no tuviéramos emociones nos sería muy difícil reaccionar ante las situaciones. Por ejemplo, si estuviéramos ante un peligro y no apareciera el miedo, probablemente no sobreviviríamos. Las respuestas que nos ofrecen las emociones son útiles para nuestra supervivencia y a eso nos han ayudado a lo largo del tiempo.

Para qué sirven las emociones

En este artículo te hablaré de qué son las emociones y para qué sirven, es decir, cuál es su significado o su funcionalidad biológica.

¿Qué son las emociones?

Podríamos decir que las emociones son un producto de la propia selección natural, funcionando como sistemas que procesan la información rápidamente y nos ayudan a enfrentarnos a los acontecimientos o a las situaciones inesperadas de nuestro alrededor.

La emoción es una experiencia multidimensional que cuenta con tres sistemas de respuesta: el sistema cognitivo, el conductual y el fisiológico.

Hemos de tener en cuenta, además, que cada una de estas dimensiones puede cobrar más importante para cada persona, ante una situación concreta o si nos referimos a una emoción determinada.

Su principal y más importante característica puede ser el hecho de que son rápidas y nos permiten actuar sin pensar, lo que las hace altamente adaptativas.

Sin las emociones, hoy no nos encontraríamos donde estamos. Nos han ayudado a sobrevivir, indicándonos cuándo debemos luchar o salir corriendo o cuándo no debemos comer un alimento porque está en mal estado, por ejemplo.

Para Darwin, por ejemplo, las emociones ya tenían un papel muy importante en la adaptación. En este sentido, la emoción para él nos ayudaba a ejecutar una conducta adecuada.

¿Para qué sirven las emociones? El significado biológico de las emociones

Como ya hemos dicho, una emoción es un proceso que se pone en marcha cuando nuestro organismo detecta un cambio, preparándonos para reaccionar a los acontecimientos inesperados que ocurren a nuestro alrededor.

Es importante tener en cuenta que todas las emociones son válidas porque cumplen una función importante y tienen un significado biológico que nos ayuda a sobrevivir y a desenvolvernos en el mundo que nos rodea.

Vamos a ver cuál es el significado biológico de las emociones básicas: la alegría, la tristeza, la ira o la rabia, la sorpresa, el miedo y el asco.

La alegría

La alegría es, dentro de las emociones básicas, la que experimentamos de manera hedónica. La alegría supone un aumento de la actividad nerviosa, lo que se traduce en la inhibición de sentimientos negativos, disminuyendo los pensamientos inquietantes.

Cuando estamos alegres tenemos más energía y más ganas de hacer cosas.

La alegría se relaciona con estados afectivos de carácter positivo y proporcionan en quien la experimenta la sensación de acercamiento. De este modo, facilitan la interacción social porque están ayudando a promover conductas de tipo prosocial.

Las personas que experimentan alegría es más probable que sean sociales, cooperadoras y que se muestren dispuestos  ayudar a otras personas.

Además, la alegría tiene una gran función adaptativa, atenuando la respuesta del estrés, reduciendo la ansiedad y disminuyendo la agresividad.

La alegría manifiesta a otras personas la disposición para iniciar una relación interpersonal o de comunicación y regular la interacción,

La tristeza

La tristeza siempre significa adaptarse a una pérdida significativa, sea del tipo que sea. El organismo desciende su energía y su entusiasmo, algo que contribuye a su readaptación.

Esta introspección permite a la persona llorar la pérdida, sopesar las consecuencias que tiene en su vida y planificar un nuevo comienzo.

Son distintas las circunstancias que pueden llevar a la persona a la tristeza, pero todas ellas, como decíamos, implican pérdida: la ausencia de reforzadores o actividades agradables, el dolor, la indefensión, la decepción…

La tristeza se experimenta, generalmente, como una emoción displacentera. Cuando vemos a una persona llorar, intentamos por todos los medios eliminar o distraer a la persona para que deje de sufrir.

En la tristeza se produce una activación neurológica alta y que se mantienen en el tiempo, además de aumentar ligeramente la presión sanguínea o la frecuencia cardiaca.

La función biológica de esta emoción permite a las personas hacer frente a la pérdida, valorando y adecuando su vida a este daño que no puede ser reparado.

Cuando están tristes, las personas focalizan su atención en las consecuencias. Esta tristeza es la que en ocasiones desemboca en depresión a través de la triada cognitiva que propuso Beck.

La persona que está triste se siente con menos energía, se siente desanimada, sin aliento, con melancolía. Pero la tristeza tiene la función de disminuir la actividad y valorar otras aspectos de la vida.

Tiene la función de comunicarse con otras personas y cohesionarse con ellos, de decir que no se encuentra bien y que necesita ayuda. Y esto genera en los demás empatía y altruismo.

La sorpresa

La sorpresa también tiene significado biológico. La expresión facial cuando nos sorprendemos incluye unos ojos bien abiertos; un gesto que nos permite incrementar el campo visual y recibir más información.

Este gesto nos permite entender mejor la situación y planificar para poder actuar según aquello que hayamos observado.

Nos generan sorpresa las situaciones novedosas y que son débiles o lo suficientemente intensos. Obviamente, estímulos o situaciones que no nos esperamos. Sin embargo, también nos genera sorpresa el hecho de interrumpir una actividad que estamos realizando.

Fisiológicamente, la sorpresa nos produce un aumento momentáneo de la actividad neuronal y también el patrón característico del reflejo de orientación.

Las personas la experimentamos de manera neutra, se desvanece de manera rápida y da paso a otra emoción diferente.

En general, se da en nosotros un aumento de la actividad cognitiva para poder procesar la información, así como nuestra memoria y nuestra atención se dedican a analizar toda la situación.

Es una sensación de incertidumbre, porque no sabemos lo que va a pasar. Pero tiene la función de facilitar todos los procesos de atención, de interés y de exploración y de dirigir todos nuestros procesos cognitivos a la nueva situación.

Además, también tiene la función de guiar y producir la respuesta emocional y también la conducta que sea más necesaria para cada situación.

El miedo

La respuesta del miedo permite al organismo prepararse para huir de la situación. Se produce un incremento del flujo sanguíneo en los músculos esqueléticos grandes, de manera que el organismo se garantiza que puede luchar en el caso de que detecte que puede vencer al estímulo amenazante o huir para ponerse a salvo.

Por este motivo, se produce el fenómeno del rostro pálido, por ejemplo. Seguro que alguna vez habéis escuchado la expresión “te has quedado blanco”.

Este dicho hace referencia a que la cara (y en general la parte superficial de la piel) se queda sin riego sanguíneo, de manera que en el caso de ser heridos, la probabilidad de desangrarnos es menor.

El corazón bombea con más fuerza para alimentar a los músculos a través de oxígeno y glucosa. Dado que necesitamos más oxígeno, el organismo se esfuerza por obtenerlo, por lo que intentamos respirar más rápidamente.

Si este oxígeno no es consumido, se puede producir el fenómeno que llamamos hiperventilación. Cuando se produce este evento, el organismo intenta reducir la entrada de oxígeno y por eso en ocasiones las personas con problemas de ansiedad pueden decir que notan sensación de ahogo.

Otro de los efectos del miedo es la parálisis del proceso digestivo. Realmente hacer la digestión no es útil si estamos en una situación de peligro, por lo que se paraliza el proceso. Por ello, podemos notar la boca seca, ya que nuestras glándulas salivales han dejado de producir saliva.

También podemos notar náuseas o dolor de estómago, ya que nuestros ácidos estomacales se han quedado estancados en la cavidad estomacal y pueden producir dolor.

También se puede producir la diarrea. Esta diarrea tiene una doble función: por un lado, cuando nos deshacemos de nuestros excrementos perdemos peso y podemos huir con más velocidad y por otro lado, nuestro depredador puede percibir que estamos en proceso de descomposición incrementando la probabilidad de que pierda el interés en nosotros.

De este modo, el miedo tiene distintas funciones. Una de ellas, facilitar la respuesta de huida o de evitación de una situación que es peligrosa para nosotros. Permite a la persona reaccionar rápidamente ante la situación y mueve mucha energía.

La ira o la rabia

Podríamos indicar que la rabia o la ira es una emoción que forma parte del continuo agresividad-hostilidad-ira. En este sentido, podría decirse que la agresividad es un componente más de tipo “conductual” y la hostilidad más “cognitivo”.

Cuando estamos enfadados y tenemos mucha rabia, se produce un aumento de la actividad neuronal y muscular y una reactividad intensa cardiovascular.

Son distintas las causas que nos pueden llevar al enfado o a la rabia. Algunas de ellas pueden ser la condiciones que nos producen frustración o la restricción o inmovilidad (física o psicológica).

Los cambios fisiológicos del enfado nos preparan para luchar. Se da en el organismo un incremento del flujo sanguínea, un incremento de la tasa cardiaca, así como también un incremento de la adrenalina.

Así, la persona se focaliza en aquellos obstáculos que le impiden conseguir su objetivo o que son responsables de su frustración, teniendo la función de movilizar energía para reaccionar, bien en un ataque o defendiéndose.

De este modo, se pretende mediante la ira eliminar esos obstáculos que nos generan frustración porque no nos permiten acceder a los objetivos que deseamos.

Hay diversas teorías que explican la relación entre la frustración y la agresión. No siempre la ira conduce a la agresión.

La persona experimenta la ira como una emoción displacentera e intensa, nos sentimos muy llenos de energía y con impulso, necesitando actuar (bien sea de forma física, de forma verbal…) inmediatamente y con gran intensidad para solucionar la frustración.

El asco

La expresión facial característica del asco incide especialmente en la nariz. Este gesto tan característico de la cara del asco es un intento del organismo por bloquear las fosas nasales para evitar olores nocivos.

De este modo, el gesto del asco nos protege, por ejemplo, de comer alimentos en mal estado y que podrían causar perjuicios a nuestra salud.

Cuando tenemos asco, se produce mayor tensión muscular y también un incremento de la reactividad gastrointestinal. Las personas que experimentan el asco tienen la necesidad de alejarse de ese estímulo.

La función del asco es proporcionar unos hábitos adaptativos, que sean saludables e higiénicos para nosotros, así como generar respuestas que nos permitan huir de situaciones que puedan producirnos daño o que nos sean desagradables.

¿Cuáles son las emociones básicas y las complejas?

El hecho de que existan emociones básicas y otras complejas ha sido un tema controvertido. La existencia de que sí existen unas emociones básicas parte de los planteamientos de Darwin.

Aceptarlo significa que disponemos de una serie de emociones o reacciones que son diferentes entre ellas, innatas y presentes en todos los seres humanas. De serlo, estas emociones tienen que ser diferentes de manera cualitativa y expresarse de manera característica.

Quizá uno de los aspectos clave (si no el que más) para considerar una emoción básica es la expresión o configuración facial específica y distintiva.

Autores como Izard, por ejemplo, la incluyen entre los requisitos necesarios, además de incluir otras como pueden ser el sustrato neural específico o el hecho de que se deben poseer sentimientos que lo distingan y que sean específicos.

Generalmente, y a pesar de la controversia, los autores que sí asumen que hay una serie de emociones básicas, consideran que se relacionan con la adaptación y con nuestra propia evolución y que por ello está presente un sustrato universal e innato.

El acuerdo más o menos general es el hecho de considerar que las emociones básicas son seis: alegría, tristeza, ira o rabia, miedo, asco y sorpresa. Las emociones secundarias, entre las que podemos encontrar la culpa, la vergüenza o el altruismo estarían más ligadas a los contextos sociales en los que las personas se desarrollan.

Las funciones de las emociones

Todas las emociones tienen alguna función que las hace útil y que nos permite reaccionar de manera eficaz independientemente de si nos resultan agradables o desagradables.

Todas las emociones tienen una utilidad y una función de adaptación social, de ajuste personal, de supervivencia… aunque nos resulten desagradables.

Para Reeve la emoción tendría tres funciones principales como son las adaptativas, las sociales y las motivacionales.

Dentro de las funciones encontramos la adaptativa, que es importante porque nos prepara para reaccionar conductualmente a las exigencias del ambiente. De este modo, nos mueve para llevar a cabo una conducta hacia un objetivo (bien sea acercándonos o alejándonos).

En este sentido, el asco por ejemplo sería el rechazo, la sorpresa la exploración o el miedo protección.

Otra de las funciones es la función social; de este modo, la emoción facilita que se propicien conductas apropiadas y permite al resto de personas predecir cuál será nuestro comportamiento.

Esto es muy relevante para las relaciones interpersonales, por ejemplo para comunicar estados afectivos, facilitar la interacción social o promover las conductas prosociales.

Por último, encontramos también la función motivacional, teniendo en cuenta que la relación entre ambos procesos (motivación y emoción, está muy unida). La emoción es la que da energía a la conducta que está motivada. Una conducta que está impregnada de emoción es mucho más fuerte.

Por ejemplo, la sorpresa nos invita a atender estímulos que son nuevos para nosotros, la ira nos lleva a defendernos y la alegría nos produce atracción hacia la otra persona.

Además, la emoción también dirige nuestra conducta en función de si la emoción es hedónica o tiene valencia positiva (por ejemplo, la alegría, que produce acercamiento) o si tiene valencia negativa (por ejemplo, el miedo o la ira, que produce evitación o distanciamiento).

¿Y tú, conocías la función de las emociones básicas?

Referencias

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  7. Rodríguez, L. Psicología de la Emoción: Capítulo 5: Emociones primarias: sorpresa, asco y miedo. Uned.
  8. Rodríguez, L. Psicología de la Emoción: Capítulo 6: La alegría, la tristeza y la ira. Uned.
  9. Tajer, C. El corazón enfermo. Capítulo 3: Biología de las emociones.

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