¿Cómo Tratar los Pensamientos Suicidas?

Los pensamientos suicidas son sin duda la alteración psicopatológica más grave que existe, ya que ponen seriamente el riesgo de la vida de la persona que los sufre.

Además, tratar este tipo de aspectos suele ser muy complejo y debe realzarse siempre con mucha delicadeza, profesionalidad y rigor, ya que un mal abordaje de los pensamientos suicidas puede traer consecuencias devastadoras e irreversibles.

pensamientos suicidas

En este artículo explicaremos cómo se deben tratar este tipo de pensamientos y qué aspectos hay que tener en especial consideración para realizarlo.

Evaluación del pensamiento suicida

Saber identificar un riesgo de suicidio es un requisito que deben saber realizar todos los profesionales de salud mental.

Como hemos visto, las motivaciones, las intenciones y las actitudes de un pensamiento suicida pueden ser muy diversas, por lo tanto es importante evaluar al paciente adecuadamente para poder detectar su presencia.

El objetivo de la evaluación es estimar el riesgo de suicidio para poder poner en marcha de inmediato el plan de intervención que garantice la seguridad de la vida del paciente.

Esta evaluación debe ser realizada a través de un entrevista clínica, la cual permitirá identificar los factores específicos, signos y síntomas que pueden aumentar o disminuir el riesgo de suicidio. Debe tener cuatro apartados:

1. Exploración psicopatológica

Se debe recoger el aspecto y el comportamiento general del paciente (apariencia, higiene, vestimenta, expresión, etc.), nivel de contacto, nivel de conciencia, alteraciones de la atención y alteraciones de la memoria.

Así mismo, se debe explorar el habla y el lenguaje, la rapidez de los movimientos motores, las expresiones del estado de ánimo y la afectividad, los impulsos suicidas y el nivel de tolerancia a las frustraciones.

De este modo, no se debe tener miedo a preguntar directamente por ideas de suicidio si se connotan indicios de que puedan existir, y se deben evaluar las respuestas proporcionadas por el paciente teniendo en cuenta la forma y el contenido de su pensamiento.

En el caso de que existan pensamientos suicidas, se debe explorar el papel del paciente al respecto (activo o pasivo), sus motivos, su idea sobre el suicidio, los planes de suicidio que tiene y su grado de elaboración.

2. Valoración de los factores de riesgo

Se deben evaluar esos factores que pueden indicar mayor riesgo de pensamientos y conductas suicidas.

Estas son: enfermedades médicas crónicas, edad avanzada, sexo masculino, existencia de una enfermedad mental (sobretodo depresión mayor, alcoholismo, esquizofrenia, y trastorno límite de la personalidad), tentativas suicidas previas y dificultades para dormir.

Otros aspectos como estar soltero, no tener empleo, haber recibido recientemente un alta hospitalario, rasgos impulsivos, estrés crónico, heridas en el cuerpo, fallecimientos o perdidas de seres queridos aumentan el riesgo de realizar un suicidio.

3. Factores de protección

Sin embargo, otros factores pueden reducir la probabilidad de pensamientos y conductas suicidas, estos son:

El sentimiento de valor personal y autoestima, tener relaciones y actividades significativas, ser religioso, ser mujer y estar embarazada, disponer de red social de apoyo, tener una buena integración social, tener un estilo de pensar flexible, tener hijos y tener capacidad de control.

4. Perfil de alto suicida

Las personas con mayores probabilidades de suicidarse tienen las siguientes características:

Padecen depresión o un trastorno psiquiátrico mayor, son mayores de 45 años, están separados, divorciados o viudos, se encuentran jubilados o desempleados, tienen enfermedades médicas crónicas, trastorno de personalidad, han realizado intentos de suicidio anteriormente, han padecido alcoholismo y tienen poco soporte psicosocial.

Tratamiento de los pensamientos suicidas

En primer lugar, se debe tener en cuenta que en esos casos que no se pueda garantizar la seguridad del paciente, este deberá ser ingresado en un hospital para iniciar el tratamiento bajo control.

Posteriormente, la mayoría de los pensamientos suicidas graves requieren tratamiento farmacológico.

A la hora de elegir el fármaco se deberá tener en cuenta el trastorno mental subyacente a la idea de suicidarse.

La mayoría suelen estar diagnosticados de depresión mayor, por lo que suelen ser tratados con antidepresivos.

En los casos en que el pensamiento suicida vaya acompañado de grandes rasgos impulsivos o síntomas psicóticos, se deben administrar antipsicóticos atípicos.

El resto de pacientes, por lo general, son tratados con benzodiacepinas. Así mismo, en depresiones muy graves o con síntomas psicóticos, la terapia electroconvulsiva suele ser una técnica eficaz.

Por lo que respecta la terapia psicológica, el papel que adquiere el terapeuta resulta fundamental para el adecuado abordaje de los pensamientos suicidas.

Los fundamentos principales que debe tener el terapeuta son:

  1. Actividad: el terapeuta debe ser activo para que el paciente sienta que algo está sucediendo. Este aspecto es fundamental para restablecer en el paciente el sentimiento de que él es importante.

  1. Autoridad: el terapeuta debe asumir la autoridad y dirigir al paciente de forma temporal. Un paciente con pensamientos suicidas se encontrará en una situación en la que no es capaz de encontrar soluciones, por lo que el terapeuta debe dirigirle de una forma empática.

  1. Implicación de los otros: las personas próximas al paciente serán claves para ayudarle a reconstruir sus sentimientos de autoestimulaicón y autoconfianza.

Así mismo, para tratar los pensamientos suicidas se deben conseguir los siguiente objetivos:

  1. Reducir el dolor psicológico insoportable que experimenta el paciente a través de la comprensión y la escucha empática.
  1. Tener en cuenta la frustración de las necesidades psicológicas y aceptarlas como reales.
  1. Dar una oportunidad al sujeto para que manifieste su situación y entender que para él la solución es el suicidio.
  1. Brindar apoyo emocional.
  1. Reconocer los síntomas de desesperanza y no combatirlos con expresiones pesimistas.
  1. Buscar alternativas positivas ante posibles ambivalencias del paciente.
  1. Estar siempre alerta sobre los mensajes de la intención de suicidarse.

Para conseguir estos objetivo, el terapeuta puede realizar las siguientes intervenciones psicológicas:

1. Trabajar la “visión tunel”

El paciente tiene una visión estrecha y rígida de la realidad sobre todos sus aspectos negativos, hecho que provoca que sólo vea una solución, el suicidio. 

Por lo tanto, es importante mostrarles que existen otras opciones. Para ello, se realizarán autorregistros y se trabajará:

  1. poner a prueba la veracidad de su pensamientos con el objetivo de que valore su certeza y no los acepte de forma automática.

  1. Proveer un sistema de creencias o esquemas alternativos que le ofrezca unas explicaciones y visiones distintas a las suyas.

  1. Educar al paciente para que comprenda la naturaleza emocional y situacional de sus distorsiones cognitivas y de sus pensamientos de suicidio.

2. Negociar por una demora

El terapeuta debe haber construido una buena relación con el paciente que le permita demorar su conducta suicida. De este modo, la tensión del suicidio disminuirá sin necesidad de que lo lleve a cabo, y el terapeuta ganará tiempo para trabajar con el paciente en un ambiente más tranquilo.

3. Trabajar con los factores cognitivos

Las personas con pensamientos suicidas tienen una visión negativa de sí mismos, del mundo y del futuro, por lo que se deben trabajar estas tres esferas para conseguir pensamientos más neutros.

Para ello se pueden utilizar:

  • Técnicas cognitivasdetección del pensamiento, solución de problemas, descatastroficar, ventajas y desventajas y exageración o paradoja de los pensamientos.

¿Qué es el suicidio?

La palabra suicidio procede etimológicamente del latín y significa, literalmente, matarse a sí mismo.

Por su parte, el Diccionario de la Real Academia Española define el suicido como “el acto o conducta que daña o destruye al propio agente” y suicidarse como “el acto de quitarse voluntariamente la vida”.

Con estas tres definiciones no estamos aprendiendo nada que no sepamos, suicidarse significa quitarse la vida de forma voluntaria, intencionada y planificada.

Actualmente, tanto el manual de diagnostico CIE-10 como el DSM-IV no incluyen el suicidio como un trastorno mental, sin embargo, sí que se incluyen los pensamientos suicidas en distintas psicopatologías como en las depresiones, en algunos trastornos de personalidad o en la esquizofrenia.

Sin embargo, sería un error pensar que todos los pensamientos suicidas son idénticos y responden a un misma situación.

Evidentemente, no será lo mismo una persona que piense en la muerte o en la idea de suicidarse que una persona que haya reflexionado su propio suicidio, haya diseñado un plan para llevarlo a cabo y esté totalmente centrado en acabar con su vida.

A ojos de todos, el primer pensamiento suicida nos parecerá menos leve y con menores probabilidades de consumar el suicidio, y el segundo nos alarmará mucho más y lo interpretaremos como más peligroso y alarmante.

Sin embargo, la complejidad de este tipo de pensamientos no se basa en una simple especificidad de su gravedad, por lo que muchos autores han intentado organizarlos en distintos grupos.

No es el objetivo de este artículo revisar toda la bibliografía sobre las distintas clasificaciones de pensamientos suicidas ya que han sido muchos los autores que han realizado su propuestas y teorías de categorización.

Sin embargo, para clarificar un poco la complejidad de este tipo de pensamientos y obtener una visión más amplia a la hora de tratarlos, me parece interesante comentar las distintas clasificaciones realizadas por León Fuentes el año 1996.

Este autor indicó muy acertadamente que los pensamientos y las conductas suicidas se podrían clasificar de la siguiente manera:

1. Según su etiología

No todos los pensamientos suicidas se fundamentan en las mismas bases, según el origen se pueden dividir en 4 tipos distintos:

  • Psicóticoscuando el pensamiento de muerte está constituido por un delirio y cogniciones psicóticas.

  • Neuróticoscuando están originados por una enfermedad mental que distorsiona el pensamiento racional, sin que este llegue a ser delirante.

  • Psicodisplásticoscuando la persona sufre una alteración de personalidad psicopática y se agrede a si mismo.

  • Filosóficoscuando el pensamiento suicida es originado por un sentimiento de vacía existencial o estados depresivos.

2. Según su intencionaldiad

Hay que tener en cuenta que, a pesar de que un pensamiento suicida alberga la idea de morir, este puede tener infinidad de intenciones.

  • Intención de morircuando el pensamiento se basa en realizar una conducta que acabe con la vida y consiga la muerte.

  • Huida de una situación insostenible: cuando el pensamiento suicida tiene como objetivo salir de una situación que produce altos niveles de malestar, a través de la muerte.

  • Conductas de riesgocuando la conducta suicida está sujeta a pensamientos de riesgo y actividades peligrosas.

  • Intencionalidad ordálicacuando lo que es deseado es el suicidio en sí mismo, no la muerte.

  • Suicidio como revanchacuando el acto de suicidarse tiene como objetivo dañar emocionalmente a alguien.

  • Suicidio por balance existencialcuando el pensamiento suicida aparece después de realizar una valoración sobre las ventajas e inconvenientes de hacerlo.

3. Según los resultados obtenidos

Un pensamiento suicida puede provocar efectos distintos.

  • Suicidio consumadocuando se intenta y se consigue llevar a cabo el suicidio.
  • Suicidio frustradocuando se consigue llevar a cabo la conducta suicida pero no se consigue el objetivo de morir.
  • Intento de suicidiocuando se intenta llevar a cabo la conducta suicida pero no se consigue.
  • Idea de suicidiocuando se piensa en el suicidio pero no se lleva a cabo.
  • Idea de muertecuando se piensa en la muerte pero no en el acto de suicidarse.

4. Según la gravedad

Según la gravedad del pensamiento suicida se puede clasificar en mortal si el suicidio ha sido consumado, muy grave si el suicidio no ha sido consumado pero ha puesto (o puede poner) en un elevado peligro la vida del paciente, y leve cuando el pensamiento suicida no implica un acto autolítico.

6. Según la actitud

Finalmente, la persona con pensamiento suicida puede adoptar una actitud activa respecto al acto de matarse o una actitud pasiva.

Así pues, vemos que los pensamientos suicidas pueden ser de muchos tipos, pueden tener orígenes distintos, de modalidades distintas, y con intenciones y actitudes diversas.

Es por ello, a pesar de que todos los pensamientos suicidas tengan aspectos en común, es importante evaluarlos detalladamente antes de intervenirlos.

Referencias

  1. Appleby L. Prevention of suicide in psychiatric patients. In: K Hawton, K van Heeringen, eds. The international handbook of suicide and attempted suicide. Chichester: Wiley & Sons Publishers, 2000.

  2. Brodsky BS, Malone KM, Ellis SP, et al. Characteristics of borderline personality disorder associated with suicidal behaviour. American Journal of Psychiatry, 1997; 154:1715-1719.

  3. Goldstein RB, Black DW, Nasrallah MA, Winokur MD. The prediction of suicide. Archives of General Psychiatry, 1991; 48:418-422

  4. Mehlum L. Suicidal behaviour and personality disorder. Current Opinion in Psychiatry, 2001; 14(2):131-135.

  5. NSW Department of Health. Circular 98/31 Policy guidelines for the management of patients with possible suicidal behaviour for NSW Health staff and staff in private hospital facilities, May 1998. Note: The policy was being revised at the time of preparation of this framework.

  6. Rudd MD, Rajab MH, Dahm PF. Problem solving appraisal in suicide ideators and attempters. American Journal of Orthopsychiatry, 1994; 64:136-149. Cited in: H Hawton, K van Heeringen K, eds. The international handbook of suicide and attempted suicide. Chichester: Wiley & Sons Publishers, 2000.

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