¿Por qué se produce la ansiedad?

La ansiedad se da por enfermedades médicas, consumo de sustancias, factores del ambiente, factores del pasado, genética o factores individuales. Es algo muy común hoy en día, y está muy ligado al modo de vida, cultura, género y situación económica. Se estima que la prevalencia global de los trastornos de ansiedad es del 7.3% aproximadamente, oscilando desde 5,3% en culturas africanas a un 10,4% en las europeas y anglosajonas (Baxter, Scott, Vos & Whiteford, 2013).

Antes de continuar, es necesario delimitar qué se considera ansiedad. Según la American Psychological Association, es una emoción caracterizada por sentimientos de tensión, preocupaciones y cambios físicos como sudoración, palpitaciones, temblores, boca seca, etc.

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Tiene tres componentes: el fisiológico que se basa en reacciones corporales como las que hemos mencionado, el cognitivo que se centra en las preocupaciones y pensamientos negativos, y el conductual, que es lo que hacemos para afrontar ese sentimiento como evitar, huir, tomar pastillas o evitar ejercicios físicos intensos.

El concepto ansiedad es enormemente amplio y hay varios tipos de ansiedad: ansiedad social, ansiedad por separación, ansiedad generalizada, fobias, trastorno obsesivo compulsivo, etc.

Cada tipo de ansiedad parece que tiene causas concretas, aunque existen ciertos factores comunes que provocan la aparición de cualquier forma de ansiedad. Tienes que saber que los mecanismos exactos que originan la ansiedad no están del todo claros todavía y aún se están investigando.

Aun así, se sabe que intervienen factores tanto hereditarios, como sucesos traumáticos de la vida, abuso de sustancias, condiciones físicas concretas, maneras en las que nos han educado, interpretaciones, etc.

Es fundamental conocer que son un conjunto de variables y no una única causa la que hace que la ansiedad aparezca y se mantenga a lo largo del tiempo. Además, influye mucho la personalidad y la manera que tenga la persona de afrontar los sucesos estresantes propios de la vida.

A continuación, te enumero aquellos factores que, si se dan varios conjuntamente, pueden hacer que tengas ansiedad.

Factores que provocan la aparición de ansiedad

Enfermedades médicas

La salud física puede influir en nuestro bienestar mental. Ya sea por sufrir una enfermedad física o por condiciones que simulan los síntomas de la ansiedad, esto aumenta la probabilidad de que ésta u otros trastornos mentales se generen.

– Enfermedades médicas graves, con síntomas incapacitantes, de tratamiento complicado. De esta manera, las personas con alguna enfermedad pueden pasar mucho tiempo pensando en sus síntomas, en preguntarse si el tratamiento funcionará y que pasará en el futuro. Estas preocupaciones pueden desencadenar ansiedad si se suman a otros factores.

Las condiciones crónicas como el dolor crónico, se asocia más con la depresión.

– Hay personas cuyos síntomas de ansiedad parecen vincularse con un problema de salud subyacente. Así, los primeros signos y síntomas ansiosos pueden indicar la existencia de una enfermedad médica.

Algunos ejemplos son problemas en los niveles de la hormona tiroides, como el hipertiroidismo, que provoca mayor activación de nuestro organismo; problemas de corazón o ritmos cardíacos anormales, hipoglucemia, diabetes, falta de oxígeno, trastornos respiratorios como el asma, tumores que afectan a las hormonas, etc.

Unas pistas de que puede existir ansiedad debida a una condición médica serían:

– No hay antecedentes familiares de trastornos de ansiedad.

– No se identifican estímulos o situaciones que puedan provocar la ansiedad, sino que surge sin motivo aparente.

– No se ha vivido ansiedad en el pasado y es una persona que no tiende a estresarse.

– Los síntomas aparecen repentinamente y sin relacionarse con sucesos del día a día.

Consumir ciertas sustancias

– Hay sustancias que provocan síntomas de ansiedad como la cafeína y las anfetaminas. Su consumo se asocia con hiperactividad, aumento de la frecuencia cardíaca, mareos y falta de aliento.

Al igual que ocurre con otras drogas que producen excitación como la cocaína o el speed.

– Síndrome de abstinencia: si se abusan de ciertas sustancias que producen relajación o bienestar y luego se retiran radicalmente, se produce la abstinencia o “resaca” que ocasiona los síntomas contrarios.

Es decir, si se beben grandes cantidades de alcohol, que es una sustancia depresora del Sistema Nervioso Central (produce relajación), los síntomas de abstinencia serían nerviosismo e irritabilidad. Lo mismo ocurre con la retirada de ciertos medicamentos que tranquilizan como los ansiolíticos.

Además, el consumo de drogas o alcohol a la larga puede hacer probable o empeorar una ansiedad que ya existe.

– Efecto secundario de ciertos medicamentos: hay fármacos recetados para tratar síntomas médicos que en algunas personas puede provocar ansiedad. No es de extrañar, pues todavía sabemos muy poco sobre fármacos y se desconoce el mecanismo de acción exacto de muchos de los que se comercializan.

Un ejemplo son los corticoesteroides, vasodilatadores o teofilina (Durandal Montaño, 2011).

– Una dieta pobre o inadecuada puede causar síntomas de ansiedad y depresión. Por ejemplo, si abusa del café, té o bebidas energéticas, del azúcar o de las grasas saturadas.

Factores de nuestro ambiente

Evidentemente las cosas que nos pasan día a día y el significado que tienen para nosotros son fundamentales para el desarrollo de estrés y ansiedad. Es importante saber que normalmente la ansiedad nace por una acumulación de varios eventos estresantes. Algunos muy comunes son:

– Estrés continuado en el trabajo o en la escuela. Te recomdamos visitar el artículo Cómo Ser Feliz en el Trabajo.

– Estrés en nuestras relaciones personales con amigos, familia o pareja: discusiones frecuentes, familias desestructuradas, relaciones tóxicas o inestables, sufrir maltrato o abandono, etc. Visita Personas Tóxicas: 18 Cosas que hacen y cómo evitarlas.

– Problemas económicos y dificultades para encontrar trabajo.

– Pérdidas emocionales o duelos como la muerte de un ser querido o separación de la pareja. Visita Cómo superar la muerte de un ser querido: 10 consejos.

Ciertos estilos de vida o hábitos pueden afectar a cómo nos sentimos y esto hacernos más propensos a sufrir ansiedad, por ejemplo:

– No dormir las horas necesarias, no descansar lo suficiente o tener alteraciones en el sueño. Visita 7 Técnicas y Trucos Para Dormir Bien (Rápidamente).

– Estar continuamente ocupado y no tener tiempo para uno mismo.

– Trabajar durante muchas horas seguidas.

– Querer llevar el control de todo y preocuparse demasiado por las cosas. Más adelante vamos a hablar de esto más extensamente, que es lo que va a determinar en gran medida que la ansiedad se genere y se mantenga.

Sucesos pasados

Las experiencias que nos ocurrieron en el pasado, sobre todo en nuestra infancia, pueden impactar fuertemente en nosotros y hacernos vulnerables a la ansiedad y otros trastornos.

Principalmente si son hechos que no se han superado ni resuelto o reprimimos en nuestro interior. Así, cuando ocurre algo en el presente que se asemeja a la experiencia negativa pasada, afloran de nuevo en nosotros sentimientos de angustia e intranquilidad.

Por lo tanto, los niños que han sufrido eventos traumáticos, abusos, abandono o maltrato tienen mayor riesgo de desarrollar un trastorno de ansiedad en cualquier momento de su vida. Al igual que ocurre si el trauma ha sido en la edad adulta. Si se unen varios factores, la ansiedad puede aparecer.

Ser ansioso también puede ser algo que hemos aprendido en nuestra vida. Por ejemplo, si nuestros padres son ansiosos y nos transmiten un punto de vista hostil del mundo, considerándolo lleno de peligros potenciales.

La educación recibida en la crianza es esencial para aumentar la probabilidad de sufrir ansiedad: si los padres han sido sobreprotectores y han inculcado el miedo a sus hijos, o bien si la educación ha sido muy exigente, perfeccionista y asfixiante.

Factores genéticos

Parece que la ansiedad tiene un componente genético. Es decir, los trastornos de ansiedad aparecen frecuentemente en la misma familia.

Todavía se están investigando qué genes están involucrados en la ansiedad y de qué manera.

Se sabe que no existe un gen concreto que cause ansiedad, más bien parece que hay individuos que reúnen ciertos rasgos (entre ellos, hereditarios) que les hacen más vulnerables que otros a desarrollar ansiedad. Los factores hereditarios asociados a la propensión a la ansiedad serían aproximadamente de un 30 a 40%.

Factores individuales

– Personalidad. Las personas con ciertos tipos de personalidad son más propensas a los trastornos de ansiedad que otros.

– Otros trastornos de salud mental. Las personas con otros trastornos de salud mental, como la depresión, a menudo también tienen un trastorno de ansiedad.

Personas perfeccionistas, dependientes y poco asertivas (Rapee, 1995), que creen que los errores son intolerables. Visita Cómo Ser Asertivo en Cualquier Situación: 11 Consejos Infalibles.

– Tendencia a interpretaciones catastróficas sobre uno mismo y el entorno que le rodea. Siempre están pensando en qué es lo malo que podría pasar (los famosos “¿y si…?”, por ejemplo, “¿y si me sale mal?”). Sólo ven los aspectos negativos de sí mismos o de las cosas que les suceden. Visita Distorsiones Cognitivas: tipos y soluciones.

– La aparición de pensamientos intrusivos y obsesiones. A veces vienen a nuestra mente imágenes o ideas extrañas o desagradables. Esto es algo normal que sucede a todo el mundo, el problema llega cuando se le da más importancia de la cuenta y se le empieza a dar vueltas.

– Responsabilidad excesiva. Sentir que uno debe responsabilizarse de todo lo que ocurre, cuando en realidad esto es imposible y querer controlar todo genera inmensa ansiedad.

– Sesgos de atención, atendiendo más a los estímulos amenazantes. Son individuos que encuentran peligros y amenazas en todas partes. 

– Personas hipersensibles a las emociones, que creen que sentirse tristes, decaídos o nerviosos es algo malo: estas personas tienen déficits en aceptar y manejar sus propias emociones, ignorando que estar triste o estresado son estados normales que hay que vivir. Al intentar suprimir sus emociones ante una amenaza, sólo consiguen sentirse más ansiosos. (Modelo de disregulación de las emociones de Mennin et al., 2004).

– Creencias positivas sobre la preocupación o sensación de que es bueno preocuparse por las cosas. Muchos creen que pensar en los problemas continuamente y quejarse ayudan a resolver los problemas, pero no es así.

A corto plazo, puede disminuir nuestro malestar; pero a largo plazo provoca que las preocupaciones sean más frecuentes y que bloqueen nuestra búsqueda de soluciones y procesamiento emocional (Modelo de evitación de Borkovec et al, 2004).

Pero la preocupación no tiene utilidad realmente: “si tiene solución, ¿para qué te preocupas? ¡actúa! Y si no la tiene ¿para qué preocuparse?”

– Poca tolerancia a la incertidumbre (modelo de Dugas et al., 1995): hay ciertas personas que necesitan llevar el control sobre todo lo que les ocurre, por eso no toleran bien los eventos estresantes repentinos. Y cuando aparecen, presentan una actitud negativa, intentan distraerse o evitarlos, y utilizan la mala estrategia de la preocupación. Finalmente, no consiguen resolver nada, sino que su ansiedad suba.

Miedo al miedo o sensibilidad a la ansiedad: hay personas que tienen muy arraigada la creencia de que los síntomas de ansiedad son peligrosos y que pueden tener consecuencias muy negativas para la salud.

Así, desarrollan miedo a sufrir ansiedad, que actúa como círculo vicioso que a la larga provoca más ansiedad aún (Reiss y Mcnally, 1985). Cualquier pequeño síntoma de nerviosismo que sienten lo maximizan y le prestan demasiada atención, haciendo que crezca.

Se relaciona con el concepto de hipervigilancia a nuestros síntomas físicos, lo que significa que estemos atentos continuamente a las sensaciones de nuestro cuerpo que pueden parecerse a las de la ansiedad. La gente que lo sufre puede estar continuamente midiéndose el pulso o atentos a su respiración. En muchos casos esto es lo que genera y mantiene las crisis o ataques de pánico.

Referencias

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