Sexualidad para Niños: 7 Claves para Enseñarla a tus Hijos

Enseñar sexualidad a los niños es importante para que se desarrollen adecuadamente como personas, desarrollen su personalidad, crezcan como adultos sanos y tengan una buena cultura.

“¿De dónde vienen los niños?”, “¿Por qué a veces cuando enjabono mi pene se pone duro?”, “¿Qué es el sexo?”, “¿Por qué mi amigo del colegio tiene dos mamás?”, “¿Qué es un preservativo?”, “Un niño del colegio me envió una foto de personas denudas”.

hablar sexualidad hijos

Esas son solo unas pocas de las muchas preguntas o comentarios que podemos escuchar de nuestros hijos, cuando nos demandan que los eduquemos en sexualidad. Y para muchos padres sería más fácil hablar de astrofísica que abordar estos temas tan complejos.

La voz tiembla, el corazón late acelerado, cruzan muchas ideas desorganizadas por la cabeza y, como podemos, empezamos a responder las dudas de nuestros hijos. Pero, ¿quién responde a nuestras dudas como padres sobre cómo atender la educación sexual de ellos?

“Lo importante para un padre es explicar los tópicos difíciles sin parecer ansioso. El niño está captando la melodía, no las palabras”. Jerome Kagan. Profesor de Psicología en la Universidad de Harvard.

En efecto, no hay un manual que se le entregue a los padres a la salida de la clínica de maternidad donde se indiquen los pasos para hablar sobre sexualidad. Y, aunque las librerías y la web están llenas de información valiosa, es difícil decidirse por la adecuada.

Hay información que proviene de fuentes religiosas, otra que proviene de visiones muy conservadoras o alarmistas sobre la sexualidad, además de las que aparentan basarse en estudios contemporáneos. ¿Cómo decidirse por la que usarán para criar a sus hijos?

Clave 1: Se puede hablar de sexualidad antes de “hablar de sexualidad”

La sexualidad no es solo un tema de conversación con nuestros hijos. Es un elemento de su vida, que va madurando progresivamente desde su etapa fetal. Así que tiene sentido hacer un abordaje transversal de la educación sexual de nuestros hijos.

No es necesario esperar a que surja la primera pregunta incómoda para que improvisemos algunas respuestas. Es mucho mejor si somos preventivos y desde muy temprana edad empezamos a hablar de sexualidad a nuestros hijos, sin prejuicios y con tranquilidad.

Pero ¿de qué cosas podemos hablar con un niño de menos de un año que parece interesado en todo menos en la sexualidad? La respuesta a esa pregunta pasa por la necesidad de responder otra. ¿Qué es lo que entendemos por sexualidad?

Al hablar sobre sexualidad, por lo general nos vienen solo dos tópicos, que se nos presentan como únicos sinónimos del tema. La genitalidad y el acto sexual en sí mismo. Pero, la verdad es que la sexualidad es mucho más que eso.

Desde la asignación biológica que recibimos como machos y hembras, debido a nuestra carga genética, cromosómica, gonadal y genital, hasta los roles que espera de nosotros la sociedad, la sexualidad lo abarca todo. Y, como tal, nosotros podemos empezar desde lo más pequeño.

En este caso, lo más pequeño sería ayudar a que el niño comprenda su anatomía y, más adelante, que comprenda las diferencias con las del sexo opuesto. Un momento ideal para hacer esto es durante la hora del baño o a la hora de cambiarlo.

Y, si se baña con los padres, mucho mejor, porque es posible ayudarlo a comprender las diferencias anatómicas entre niños y adultos. Si todo esto se hace de una forma despreocupada, similar a un juego, el niño aprenderá sin darse cuenta que está aprendiendo.

También educamos en sexualidad cuando hablamos sobre el rol de pareja de los padres, sobre el amor, sobre cómo la unión de ambos es la causa de que haya nacido. Fíjense que no se le está hablando sobre coito. Solo sobre los roles de pareja, que es algo cotidiano para él o ella.

Así pues, si antes de que surjan las primeras preguntas se aprovechan las múltiples oportunidades para iniciar algunos temas de la sexualidad, el niño crecerá con menos dudas. Y un niño con menos dudas, desarrolla una curiosidad sana y oportuna sobre el tema.

Clave 2: Es necesario llamar a las cosas por su nombre

La sexualidad está llena de tabúes y uno de los más arraigados es el de no llamar a los genitales por su nombre real. Mientras no tenemos ningún reparo en llamar “brazo” a un brazo, o “cuello” a un cuello, los genitales tienen cientos de sobrenombres en cada cultura.

Aunque en muchas familias abiertas sobre la sexualidad también se usan apodos para llamar a los genitales, la mayoría de las veces se usan por pudor o pena. Y si el niño aprende a sentirse incómodo nombrando algo de su cuerpo, surgirán dudas poco sanas.

Es de amplio conocimiento que lo prohibido genera un mayor interés. Con los tabúes pasa lo mismo. Si cada vez que hay que hablar de los genitales se cambia el tono de voz, hay incomodidad o se usan decenas de apodos, se aprenderá que es una parte del cuerpo diferente.

Y lo mismo ocurre cuando se le da más importancia a los genitales o al tema sexual que a lo demás. Un niño que se rasca mucho un brazo no consigue alarmar tanto a sus padres como uno que se rasca continuamente su pene. Igual con las niñas y su vulva.

Si reaccionamos con naturalidad al hecho de que nuestros hijos exploren y conozcan las partes de su cuerpo, no hay por qué alarmarse si lo que toca son sus genitales. Tampoco si se ve que le produce placer, porque es natural que esto genere sensaciones placenteras.

Si al hablar de la genitalidad usamos las palabras correctas, y las pronunciamos sin ningún énfasis especial, como si habláramos de un brazo, el niño aprenderá a verlo como una parte más de su cuerpo. Y, por ende, su exploración genital será más sana y tranquila.

Todos los niños exploran sus genitales, y hay algunos que lo hacen incluso durante la vida fetal. Reaccionar con naturalidad a esto hace que el niño se sienta cómodo con su cuerpo. Pero también ayuda a evitar que la conducta se fije, pues no se le considera un tabú.

La masturbación compulsiva, por ejemplo, ocurre con mayor frecuencia en hogares donde se mantienen muchos tabúes en la sexualidad. En hogares más abiertos al tema, según las estadísticas, los niños se masturban menos y lo hacen sin culpabilidad y por menos tiempo.

Un buen punto medio podría lograrse si se llama a los genitales (u otra parte del cuerpo) con apodos en situaciones cotidianas, pero que se usen sus nombres formales con cierta frecuencia y, sobre todo, en momentos de enseñanza y para hablar con seriedad del tema.

Clave 3: No olvidar que la sexualidad es algo normal

En la televisión, el cine y demás contenidos multimedia se suele generar la censura en función del tipo de lenguaje, o exposición del tema violento o sexual. Pero para la mayoría de los padres, el aspecto más temido y evitado es el de la sexualidad. La violencia parece normal.

De la misma forma, a la hora de producir juguetes y contenido para niños, es más común que se normalice la violencia que la sexualidad. Pero, cabe la justa pregunta en esta situación: ¿qué es más común y normal, la violencia o la sexualidad?

Mientras que la fracción de la población que practica violencia como la que vemos en la TV y los videojuegos es realmente ínfima, casi todas las personas llegan a practicar el acto sexual al menos una vez en la vida. Entonces, ¿por qué no tratarlo con la naturalidad que requiere?

Pero no se trata de simular que para nosotros es un tema normal, con el fin de que nuestro hijo se sienta cómodo expresando sus dudas. El objetivo es realmente sentirlo como algo normal, pues así transmitiremos esta sensación de una manera más genuina.

Una buena forma de practicar esta naturalización de la sexualidad es siendo más abiertos a hablar sobre esto entre familiares, colegas o amigos adultos, pero sobre todo con nuestra pareja. Así se nos hará más fácil hablar del tema cuando toque hacerlo con nuestro hijo.

Siempre que vea a su hijo en una situación que le parezca sexual (por ejemplo, si se toca los genitales sobre la ropa) o que hable del tema, pregúntese primero: ¿es esto más extraño que jugar al policía y al ladrón? Si aun así sigue considerándolo extraño, consulte a un experto.

Finalmente, cuando tenga que enfrentarse a los tópicos más temidos (para los que todavía no ha conseguido prepararse bien), sirve imaginar que habla sobre el último capítulo de su caricatura favorita. Es una forma de distraer a la mente de la ansiedad que genera el tema.

Si aun así no consiguiera sentirse cómodo, lo más sensato es confesarlo, pero siempre matizando que, aunque a usted le parezca un tema complicado para hablar, no quiere decir que se trata de algo anormal. Así, su hijo no asumirá su misma posición ante el tema.

Clave 4: Antes de explicar, hay que preguntar y repreguntar

Un viejo adagio dice que si está en edad de preguntar está en edad de saber. Y eso aplica también a la educación sexual impartida a niños y adolescentes. Pero hay que hacer una distinción de vital importancia: ¿está en edad de saber lo que corresponde a cuál edad?

Muchos padres inventan historias fantasiosas (como aquella de la cigüeña) por no considerar que sus hijos estén en edad de saber, aunque hayan sabido formular la pregunta. O bien podrían ignorar la pregunta o postergar su respuesta, por las mismas razones.

Y, por supuesto, también se presenta el caso contrario; padres que responden con todo el nivel de detalle que la pregunta parece plantear, sin detenerse a considerar dos cosas relevantes: 1. la edad del que pregunta, 2. hasta dónde llega realmente su curiosidad.

En el cortometraje de dos minutos, Qué significa virgen, del director Michael Davies, vemos una situación muy similar. Una niña hace una pregunta incómoda de tema sexual, y la madre siente el impulso de responder, sin analizar adecuadamente la situación.

En el caso de este cortometraje, toda la situación se hubiera resuelto con solo contestar “por qué lo preguntas”. Y, de hecho, la mayoría de las veces esa será la respuesta más efectiva que podremos dar. Eso, o repreguntar a nuestro hijo lo que nos acaba de preguntar.

Si bien es cierto que si “está en edad de preguntar está en edad de saber”, es necesario analizar qué tanto debe saber de acuerdo a su edad y nivel de curiosidad. Y no hay una mejor forma de analizar esto que preguntando y repreguntando tantas veces como sea necesario.

Haciendo todas las preguntas necesarias antes de lanzarse a explicar, se comprueba qué tanto sabe el niño. También de dónde obtuvo la información, de dónde viene su curiosidad, qué mala información tiene y un largo etcétera que incluye temores, prejuicios y más.

Sabiendo todo eso, podemos ajustar nuestra respuesta a su curiosidad y, la mayoría de las veces, lo que nos toque explicar será menor a lo que sospechamos cuando se nos formuló la pregunta. Los niños suelen quedar satisfechos si se les habla con la verdad, aunque sea poco.

Y si se trata de un adolescente, la premisa es la misma. Solo que ahora preguntar no ayudará solo a los padres a lo ya dicho, sino que ayudará al adolescente a poner en palabras sus dudas e ideas, algo de vital importancia pues está desarrollando su independencia sexual.

Clave 5: Hay que aprovechar la espontaneidad y el momento

Así como es posible hablar de sexualidad antes de que sea necesario “hablar de sexualidad”, también es importante estar alerta a los diferentes momentos que se puedan prestar, dentro de la cotidianidad, para hablar formalmente sobre sexualidad.

Aunque parezca mentira, hay muchos momentos oportunos. Podría ser el embarazo de la madre con un hijo que todavía no sabe ni ha preguntado de dónde vienen los niños. O también el nacimiento de un hermano del sexo opuesto, para hablar sobre la anatomía.

También se pueden reforzar temas sobre la higiene corporal si alguno de los padres tiene alguna infección u hongo en el área genital. Así se explica que muchas veces son inevitables, pero que vale la pena protegerse con una buena higiene. Y así también se le quita la sensación de que se trata de algo muy grave a lo que temer o cualquier otra idea negativa.

Aprovechar la espontaneidad también es darle utilidad a contenidos que ve en la televisión o sobre los que lee, que si bien no están relacionados directamente con la sexualidad, es posible explorarlos desde esa arista. En definitiva, es estar atento a las señales del entorno.

Ya sea que ocurra algo en el colegio, en la calle o en la casa que pueda aprovecharse, es importante recordar algo. Si el niño aún no ha preguntado por el tema, quizás no sea tiempo de hablarlo. Así que la clave 4 nos resolverá este dilema. Antes de explicar, preguntar.

Clave 6: Para hablar con propiedad de sexualidad, hay que leer

Es lógico que como padres no dominamos ni dominaremos nunca todos los temas que puedan preocuparle a nuestros hijos. Pero hay algunos temas sobre los que no tenemos opción y es requerido aprender. Como por ejemplo sobre los vicios. Y la sexualidad es otro de ellos.

Ya que tienes claras las primeras claves para hablar de sexualidad con tus hijos (hablar del tema antes de que haya que “hablar del tema”, llamar a las cosas por su nombre, recordar que esto es algo normal, repreguntar siempre y aprovechar la espontaneidad del momento), ahora toca investigar por tu cuenta.

Leer sobre sexualidad no se limita a saber un poco sobre anatomía, enfermedades de transmisión sexual, métodos anticonceptivos y embarazo precoz. Esa es solo la punta del iceberg. Y, a decir verdad, es de lo menos relevante de lo que se puede leer.

Ello, en tanto que todos de alguna u otra forma hemos leído ya sobre el tema, o se nos enseñó en el colegio. O ya bien a su hijo se lo enseñarán en el colegio. Y, aunque han ocurrido avances en el tema desde que los estudiamos, hay otros aspectos mucho más relevantes.

Actualizarse en materia de sexualidad para educar a los hijos pasa por entender las nuevas tendencias, como el acceso a la sexualidad que promueve la tecnología, lo mismo que sus riesgos y beneficios. También la importancia de los derechos sexuales y otros temas más.

La educación sexual del pasado estaba centrada en el aspecto biológico y de prevención de riesgos. Pero ahora las nuevas tendencias nos indican los beneficios de hablar de la sexualidad desde las aristas del autodescubrimiento y el placer, sin incorporar culpa o temor.

Es razonable que tenga creencias religiosas incompatibles con algunas de estas nuevas ideas, pero lo importante es dar a estas investigaciones la oportunidad de que le expliquen sus hallazgos, leyéndolas sin prejuicios. Posiblemente encuentre formas de mezclar ambas ideas.

Y, para ello, una idea genial es sentarse a investigar con ellos. En la web encontrarán material diseñado para trabajar con los chicos. Eso sí, recuerde revisar cada material a profundidad antes de compartirlo con sus hijos, para aprobarlo y prepararse para las posibles preguntas.

Clave 7: No confundir educación sexual con controlar la sexualidad del hijo

Y ya para cerrar, una última clave que, en orden de importancia, debería estar de primera, o incluso rodeando a cada una de las claves anteriores. Educamos en sexualidad a nuestros hijos para ayudarles a vivir una vida plena también en esta área. No para controlarles.

Muchos de los esfuerzos de padres, docentes, asesores religiosos y demás, al hablar sobre sexualidad con niños y adolescentes, tiene como objetivo llenarlos de miedo y culpabilidad sobre la sexualidad, con el fin de evitar que inicien su vida sexual antes de tiempo.

Lo que nos dice la exploración científica es lo contrario. Que los niños que crecen en ambientes muy restrictivos en cuanto a sexualidad, inician su actividad sexual de forma más prematura e inmadura. También hay más índice de embarazos precoces y otras alteraciones de la sexualidad, como podrían ser la masturbación compulsiva o la anorgasmia.

Pero, el hecho de que una educación sexual más abierta y liberal retrase el inicio de la vida sexual hasta edades superiores, y que esta se lleve de una forma más madura, no debería ser la única razón para aplicarla. Porque, de nuevo, esto sería un intento de controlar al hijo.

Así como los adultos somos libres en la expresión de nuestra sexualidad, y no le pedimos permiso a nuestros hijos para vivirla de forma plena, ellos también son autónomos en su sexualidad. Ello implica que no están en la obligación de compartirla con sus padres.

Claro que, si los padres se muestran abiertos, es más probable que los hijos compartan algunas de sus inquietudes y primeras experiencias; pero, de nuevo ese no es el objetivo. Si como padres sabemos que los educamos bien, estaremos tranquilos de dejarlos explorar libremente.

En conclusión, no debe ser nuestro interés controlar su acceso progresivo a la sexualidad, sino darles la información que los proteja y los vuelva personas responsables y maduras en su expresión sexual, de modo de que puedan alcanzar la felicidad con ella.

Suena como algo mucho más valioso que el solo retrasar un par de años el inicio de su sexualidad, sin garantías de que la vivan de forma plena después de eso, ¿no es así? Entonces, la invitación es a probar estas 7 claves para lograr ofrecerles una mejor educación sexual.

Cuáles son los temas más importantes al hablar de sexualidad

Como habrán notado, en este artículo no se ofrecen claves sobre qué contestar exactamente ante tal o cual pregunta. Se trata más bien de claves para que, cualquiera sea la pregunta, tu respuesta llegue a buen puerto.

Pero eso puede ayudar a subsanar una parte de la duda. Y la otra parte de la duda también es lícita y merece atención. Por ello en un siguiente artículo hablaremos sobre los 7 temas más relevantes al hablar de sexualidad con tus hijos, y cómo manejarlos, a saber.

  1. Diferencia entre lo público, lo íntimo y lo privado.
  2. Aprender a decir que no y disfrutar del sí.
  3. Los derechos sexuales del hombre y la mujer.
  4. Noviazgos saludables y libres de violencia.
  5. Uso responsable de la tecnología.
  6. La búsqueda y comprensión del placer.
  7. Anatomía, riesgos de la sexualidad y embarazo.

Por lo pronto, estas 7 claves pueden serte útiles para que converses con más calma y mejor foco sobre la sexualidad con tus hijos. Y, si eres docente, para que eduques en el tema a tus alumnos.

Aprovecha el espacio de los comentarios para decirnos cómo has manejado la educación sexual de tus hijos y si has aplicado alguna de las claves aquí expuestas. Nos interesa conocer tu opinión y alimentarnos de tu experiencia.

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