Los Tipos de Estrés y Factores de Riesgo

Los tipos de estrés se pueden clasificar en función de su signo (positivo o negativo) y en función de su duración (agudo, episódico o crónico).

En la actualidad, el estrés está descrito como el cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal, el cual suele provocar diversos trastornos físicos y mentales.

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Constituye un importante factor de riesgo, tanto para la salud física como para la mental. Muchas enfermedades crónicas, problemas psicosomáticos y de salud mental (como la depresión, ansiedad, hipertensión, infartos, etc.) están relacionados en muchos casos directamente con el estrés. 

Al contrario de lo que pudiéramos pensar, el término estrés empezó a utilizarse hace muchos siglos. Ya en el siglo XIV se utilizaba para referirse a experiencias negativas como dificultades, adversidades o sufrimientos que vivía la persona.

Es en el siglo XVII cuando se aplica el concepto estrés de forma habitual por físicos e ingenieros, con el fin de denominar una característica de los cuerpos sólidos. Esta característica hace referencia a la fuerza interna presente en un área sobre la que actúa una fuerza externa que puede distorsionar ese estado sólido.

En 1926, Seyle introdujo el término en el ámbito de la salud para referirse a una respuesta general del organismo a un estresor o situación estresante.

Como explicaremos más tarde, existe el estrés positivo, que es aquel que nos prepara y nos ayuda a enfrentar la tarea con todos nuestros recursos disponibles. Pero cuando esa emoción nos bloquea y nos agota, además de tener consecuencias mentales y físicas, no nos ayuda a enfrentar la tarea ni a resolver la situaciones a las que nos enfrentamos.

Fases

En 1956, Seyle propone que la respuesta de estrés consta de tres etapas diferenciadas:

  1. Fase de alarma. Comienza inmediatamente después del reconocimiento de la amenaza. Aparecen algunos síntomas como taquicardia o disminución de la temperatura corporal.
  1. Fase de resistencia. El organismo se va adaptando a la situación y continúa la activación aunque es menor que en la fase anterior. Si la situación de estrés perdura, la activación no puede mantenerse porque se consumen recursos a mayor velocidad de la que se adquieren.
  1. Fase de agotamiento. El organismo agota sus recursos y pierde de manera progresiva la capacidad de adaptación que tenía en la fase anterior.

Tipos

Existen diferentes clasificaciones del estrés dependiendo de si están centradas en unas características u otras. A continuación vamos a centrarnos en los tipos de estrés en función de su utilidad o signo y en función de su duración y mantenimiento.

Tipos de estrés en función de su signo

Estrés positivo

Al contrario de lo que solemos pensar, el estrés no siempre es negativo o nocivo para la persona. Este tipo, también denominado eutrés, es el que aparece cuando la persona se siente presionada, pero interpreta que las consecuencias de la situación pueden ser positivas.

Esto le permite utilizar el estrés para estar más activado, más motivado y preparado para afrontar la situación. Es el caso, por ejemplo, de una competición deportiva. Este tipo de estrés está asociado con emociones positivas, como la alegría, la satisfacción o la motivación.

Estrés negativo

Este tipo también denominado distrés, es el que está relacionado con la anticipación de las posibles consecuencias negativas. Lejos de servir de ayuda o motivador como el caso anterior, nos paraliza y nos impide realizar la tarea de forma satisfactoria.

Nos desestabiliza y bloquea los recursos de los que disponemos para afrontar la situación y que utilizaríamos en circunstancias normales. El distrés está asociado a emociones negativas, como la tristeza, el enfado y en algunos casos la ansiedad.

Tipos de estrés en función de su duración

Estrés agudo

Este tipo es el más común, aparece a partir de las exigencias que nos autoimponemos en el día a día. Estas exigencias suelen estar centradas en acontecimientos del pasado cercano, o en anticipaciones que hacemos del futuro cercano.

En dosis pequeñas este tipo de estrés puede ser beneficioso y motivador, pero en dosis más elevadas puede resultar agotador y tiene una serie de consecuencias en el organismo y la salud mental.

Pero este tipo de estrés es de corta duración, localizado en un tiempo concreto, por lo que no suele dejar secuelas y se puede tratar de forma fácil y eficaz. Los principales síntomas de este tipo son:

  • Aparición de emociones negativas. Desde la tristeza y el nerviosismo hasta la depresión y ansiedad en los casos más graves.
  • Problemas musculares. Pueden aparecer dolores de espalda, cuello, contracturas, y dolores de cabeza producidos por esta tensión acumulada.
  • Problemas digestivos. Estos síntomas pueden variar desde acidez, estreñimiento, diarrea, nauseas hasta úlceras o síndrome de intestino irritable.
  • Síntomas derivados de la sobreexcitación temporal: aumento de la presión sanguínea, palpitaciones, sudoración, mareos, migrañas, dificultad para respirar o dolor torácico.

Estrés agudo episódico

Este tipo de estrés es el que aparece en la vida de la persona de forma habitual. Suelen ser personas con muchas exigencias, tanto autoimpuestas como las que reciben del entorno.

Habitualmente se encuentran irritables y hostiles, además de tener sensación de angustia constante por la sensación de que no pueden abarcar todo lo que deberían. Otra característica de las personas que lo sufren es que continuamente están preocupados por lo que está por venir.

Habitualmente tienen una visión negativa y catastrofista de la vida. Además no son conscientes de que este estilo de pensamiento y forma de vida son dañinos y perjudiciales para ellos mismos, y en muchas ocasiones para los que les rodean (especialmente en el entorno laboral).

Por esto, suele ser difícil de tratar a no ser que los síntomas negativos que sufren sean tan fuertes que les anime a realizar el tratamiento para evitarlos. Los síntomas más habituales son:

  • Dolores de cabeza y migrañas persistentes.
  • Dolor en el pecho y dificultad respiratoria frecuentes. También se han encontrado asociados algunos problemas cardiacos.

Estrés crónico

Este tipo de estrés es el más grave y con consecuencias más devastadoras. Las personas que lo sufren cada día presentan un desgaste físico y mental que puede tener graves consecuencias y secuelas a largo plazo. Este estrés se produce ante situaciones en las que la persona en principio no puede hacer nada por modificarla o salir de ella.

Es el caso del estrés sufrido ante los conflictos bélicos, las rivalidades por motivo de etnia o religión o la desesperanza que aparece en las situaciones de pobreza extrema. Este tipo de estrés también puede surgir de un trauma vivido en la infancia, que modifica las creencias y la manera de ver el mundo de esta persona de forma que todo sea una constante amenaza para su integridad.

Otra característica habitual es que la persona que lo sufre no es consciente de ello. Lleva mucho tiempo conviviendo con este malestar que ya forma parte de su vida y de su forma de ser. Incluso puede llegar a resultarles cómodo, porque es lo conocido, es la manera en la que siempre se han enfrentado al mundo y no saben hacerlo de otra manera.

Se sienten tan identificados con él que ante la posibilidad del tratamiento no están convencidos de que sea útil. Esto se debe a que sienten que el estrés que forma parte de su personalidad, que son así y que sin esta característica dejarán de ser ellos, cambiarán de identidad.

Por estos motivos el tratamiento es muy complicado. En primer lugar no suelen acudir a solicitar ayuda, y las personas que empiezan el tratamiento suelen abandonarlo antes de conseguir la curación.

Los síntomas de este tipo de estrés pueden requerir incluso el tratamiento médico porque tiene graves consecuencias a nivel físico y mental. Algunos de los síntomas principales son:

  • Este estrés está relacionado con la aparición de algunas enfermedades como el cáncer o los problemas cardiacos. También pueden aparecer enfermedades cutáneas.
  • Pueden aparecer enfermedades en el sistema digestivo.
  • A nivel psicológico aparece una baja autoestima, el sentimiento de indefensión (se dan por vencidos, porque hagan lo que hagan no está en sus manos modificar la situación). Y puede derivar en patología como la depresión y la ansiedad.
  • Algunas investigaciones han relacionado este estrés con el riesgo de suicidio.

Ante la aparición del estrés es recomendable hacerle frente y tratarlo para que no continúe agravándose y aprendamos otros recursos y herramientas de afrontamiento.

Factores de riesgo

Existen diferentes factores que contribuyen a que una persona pueda desarrollar estrés. Es importante tener en cuenta que lo que para una persona puede resultar estresante, para otra no lo es. Por esto, es necesario que se unan varios factores para provocarlo.

Podemos dividirlos en factores psicológicos y factores ambientales.

Factores psicológicos

La interpretación que hace una persona de la situación y de los recursos que tiene para afrontarla depende de una serie de aspectos personales, formas de actuar y los propios patrones de pensamiento.

Tendencia a la ansiedad

Es el caso de las personas que de forma constante se sienten ansiosas y preocupadas ante las consecuencias negativas de los sucesos de la vida.

Están predispuestas a sentirse inquietas ante cualquier situación con incertidumbre a la que se vayan a enfrentar. Por este modo de afrontar los acontecimientos están más predispuestas a sufrir estrés.

Forma de pensar

A la hora de valorar o interpretar una situación como peligrosa o estresante, influye en gran medida los patrones de pensamiento de la persona.

Por eso, ante la misma situación una persona la vive como amenazante y estresante y otra no.

Locus de control externo

El locus de control se refiere a la creencia de que los acontecimientos de la vida son controlados por las propias acciones y/o capacidades (locus de control interno) o por fuerzas externas que la persona no puede controlar (locus de control externo).

La persona que tiene el locus de control externo es más propensa a sufrir estrés porque siente que ante una situación de incertidumbre o peligrosa, haga lo que haga no está en sus manos controlarlo o modificarlo.

Introversión

Algunos estudios indican que las personas introvertidas o tímidas reaccionan más negativamente y sufren más tensión que las extrovertidas. Viven más situaciones como peligrosas o amenazantes.

Las personas que tienen baja autoestima perciben mayor sobrecarga ante situaciones estresantes y valoran que tienen menos recursos para afrontarlas.

Otras características individuales

Algunos estudios han señalado que otros factores como la edad afectan a la posibilidad de desarrollar estrés. Por ejemplo, algunas etapas vitales, como la edad de jubilación puede ser fuente de estrés y sobrecarga.

Otros estudios también indican que la pertenencia al sexo femenino puede considerarse un factor de riesgo, porque además de estar incorporadas en el mundo laboral suelen llevar el peso mayor en el cuidado de la familia y en la realización de las tareas domésticas.

Factores ambientales

Existen una serie de situaciones concretas que pueden producir estrés. Algunos investigadores están de acuerdo en señalar cuatro tipos de situaciones que pueden provocarlo.

El cambio

La modificación de alguno de los aspectos de la vida siempre provoca una alteración del equilibrio, y esto independientemente de que le cambio sea para bien o para mal, provoca estrés. Por ejemplo, cambiar de trabajo, de domicilio o el nacimiento de un hijo.

La interrupción

Cuando algo termina de forma brusca es difícil volver a adaptarse, requiere desplegar todos los recursos de la persona para reajustarse a la situación. Por ejemplo una ruptura de pareja o la jubilación.

El conflicto

Vivido como un desorden vital que hace que se tambaleen los cimientos del equilibrio. Volver a establecer el orden que había antes del conflicto requiere un gran desgaste emocional y la puesta en marcha de las herramientas de la persona. Por ejemplo, ante la pérdida del empleo.

La indefensión

En estas situaciones, haga lo que haga la persona, no está en sus manos modificarla. El individuo se siente desamparado y sin recursos para hacer frente a los acontecimientos. Por ejemplo ante el fallecimiento de un ser querido.

Referencias

  1. Schneiderman, N., Ironson, G., Siegel, S. (2005) STRESS AND HEALTH: Psychological, Behavioral, and Biological Determinants. US National Library of Medicine National Institutes of Health.
  2. Krantz, D., Thorn, B., Kiecolt-Glase, J. (2013) How stress affects your health. American Psychological Association.
  3. Miller, L., Smith, A. (2011) Stress: the different kinds of stress. American Psychological Association.
  4. Seyle, H. (1978)The stress of life. New York.
  5. Chiesa, A., Serretti, A. (2010) Mindfulness-based stress reduction for stress management in healthy people: a review and meta-analysis. Database of Abstracts of Reviews of Effects.
  6. Larzelere, M., Jones, G. (2008) Stress and Health. Primary Care: Clinics in Office Practice.
  7. Goldberg, J. (2014) The Effects of Stress on Your Body. WebMD.
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Psicóloga Clínica y Social con consulta en Madrid.

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