Trastorno Bipolar en Niños: Síntomas, Causas y Tratamiento

El trastorno bipolar en niños es una enfermedad mental crónica cada vez más extendida. De hecho, un grupo de investigadores en 2007 anunciaron que el número de niños diagnosticados con trastorno bipolar aumentó hasta 40 veces en los últimos años.

Aunque se manifiesta de forma más común en la adolescencia tardía y adultez temprana, puede ya diagnosticarse sobre los 6 años de edad.

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Esta condición afecta al estado de ánimo y a la energía, más concretamente provocando cambios bruscos en los estados emocionales. De esa forma, el niño puede ir oscilando continuamente entre el decaimiento y la tristeza o la actividad y la euforia.

A diferencia del trastorno bipolar en adultos, en niños los síntomas depresivos y maníacos ocurren durante el mismo día. Incluso puede aparecer simultáneamente, como estados de ánimo negativos con una gran energía.

La prevalencia del trastorno a nivel mundial está en torno al 1-2%. Mientras que, si hablamos sólo de la población infantil, el porcentaje se sitúa entre el 0.1% y 0.5%, aunque está aumentando su frecuencia.

El Trastorno Bipolar en niños parece ser más común en la población masculina, estando más acentuados los síntomas depresivos en las niñas.

Además, es frecuente que aparezcan también otros trastornos que acompañan al bipolar, como TDAH, comportamientos disruptivos, depresión, etc.

Tipos de trastorno bipolar en niños

Existen distintos tipos de Trastorno Bipolar según el DSM-V, que son los siguientes:

– Bipolar Tipo I: caracterizado por la predominancia de episodios maníacos. Normalmente el afectado manifiesta una gran euforia y un elevado nivel de actividad que le impide dormir o permanecer quieto. La felicidad y risas pueden convertirse rápidamente en irritabilidad y agresividad.

– Bipolar Tipo II: aquí predominan los episodios de tipo hipomaniacos, es decir, de tristeza y apatía son más frecuentes que los episodios de manía. Cursa con episodios depresivos mayores

Ciclotimia: se describe en niños como periodos de 1 año o más donde se dan varios síntomas hipomaníacos y depresivos. Además, debe acompañarse de un nerviosismo o deterioro en su día a día clínicamente significativo.

– Trastorno Bipolar inducido por sustancias/medicación y otros relacionados

– Debido a otra condición médica

¿A qué se debe el trastorno bipolar en niños?

Existen varios factores que pueden hacer aparecer el trastorno bipolar en la infancia, aunque está claro que los factores genéticos tienen gran peso.

El 85% de los casos se deben a factores genéticos heredados. De hecho, los gemelos monocigóticos presentan una mayor probabilidad (45%) de compartir el trastorno que los dicigóticos (6%).

El Trastorno Bipolar se ha asociado con ciertas regiones de los cromosomas 4, 6, 8, 10, 13, 18 y 20 (al igual que la esquizofrenia). Aunque los resultados son contradictorios entre los distintos estudios, ya que parece que participan muchos genes diferentes en mayor o menor medida.

En un importante estudio de la revista Nature de Mühleisen et al. (2014) se descubrieron dos genes muy importantes para el trastorno bipolar: el gen ADCY2 del cromosoma 5 y la región MIR2113 y POU3F2 del cromosoma 6.

De esta forma, si existe una historia familiar de trastorno bipolar es frecuente que se den más probabilidades de presentar la enfermedad que otros que no tienen antecedentes familiares.

No obstante, las causas exactas aún se encuentran en investigación ya que no están totalmente definidas.

El trastorno bipolar también puede surgir por alteraciones en ciertas estructuras cerebrales involucradas en el procesamiento emocional, como pueden ser: ganglios basales, amígdala, hipocampo, tálamo o corteza prefrontal.

Se considera una enfermedad del neurodesarrollo. Según Uribe y Wix (2011), este trastorno se caracteriza por un déficit de interneuronas GABAérgicas y una expresión exagerada de aquellos genes que programan la muerte neuronal. Es sabido que existen periodos en nuestra vida donde se dan muertes neuronales (llamado poda neuronal) que son adaptativas y sanas. Sin embargo, cuando este proceso está alterado (por ejemplo, se eliminan neuronas o conexiones que son útiles) pueden dan lugar a varios trastornos.

Otro desencadenante son los trastornos de ansiedad, parece que los niños que tienen estos problemas presentan más probabilidad de desarrollar trastorno bipolar (National Institute of Mental Health, 2016).

Síntomas del trastorno bipolar en niños

Según “The Bipolar Child” muchos padres de hijos bipolares indican que éstos desde pequeños se comportaban de manera diferente. Declaran que son niños difíciles, que rara vez están cansados, duermen muy poco, son muy sensibles a los estímulos externos y experimentan una gran ansiedad por separación

En la primera infancia, como mencionamos, las alteraciones del estado de ánimo oscilan de forma muy rápida. Se caracterizan principalmente por un conjunto de síntomas de manía, depresión, e irritabilidad importante.

Los principales síntomas son:

– Alteraciones en el estado de ánimo: oscilando de euforia e irritabilidad a depresión (tristeza y llantos). Los cambios pueden darse en pocas horas (lo que se conoce como ciclo ultra-rápido) y son intensos y explosivos.

Normalmente se dan bajos estados de ánimo por la mañana, de forma que a estos niños les resulta prácticamente imposible levantarse de la cama. Mientras que por las tardes y noches se dispara la energía.

– Ansiedad: el niño se encuentra expectante, tenso y con un alto nivel de vigilancia.

Sobre los 5-7 años son típicos los episodios de ansiedad por separación en los periodos depresivos. En estos momentos también puede observarse que el niño duerma más de la cuenta, ocurriendo los periodos de insomnio durante las etapas de manía o activación.

– Hiperactividad: no se puede estar quieto y presenta periodos de fuerte agitación. Aparición de rabietas extremas ante la negativa de los demás.

– Decir “no” a todo y oponerse a las normas dadas por los adultos. Desobediencia constante, pudiendo llegar incluso a la agresividad y a la violencia.

– Se distrae fácilmente.

– Presenta un pensamiento acelerado, que está fuera de la normalidad (taquipsiquia)

– Comienza muchas actividades, pero no finaliza ninguna.

– Puede mostrar preferencia por actividades peligrosas o arriesgadas.

– Estos niños pueden ser mandones, arrogantes y excesivamente extrovertidos; o bien pueden experimentar fobia social.

– A veces puede darse enuresis, terrores nocturnos, pesadillas frecuentes y alteraciones en la alimentación.

– Curiosamente, pueden surgir también delirios o creencias irracionales que se aceptan como verdaderas y alucinaciones. Éstas se vinculan a voces o imágenes que le amenazan, figuras satánicas o serpientes. Son más habituales en etapas de sobreactivación o manía.

– En etapas depresivas, es común que el niño que queje de dolores y experimente molestias físicas.

Sin embargo, es importante saber que estos síntomas no son iguales en todos los niños y no tienen por qué darse todos. Además, mirados aisladamente pueden ser conductas normales de los niños pequeños (¿qué niño no tiene momentos de desobediencia y de rabietas?) pero aquí se acompañan de los síntomas ya definidos y son tan intensos que rozan lo problemático.

Es frecuente en los niños que el trastorno bipolar comience con una depresión temprana.

¿Cómo se hace el diagnóstico?

Cuanto más pequeño es el niño, más complicaciones existen para el diagnóstico y más comunes son los errores.

Por eso normalmente se espera unos años para comprobar que se trata de bipolaridad y no otra condición, ya que un diagnóstico incorrecto acarrearía un tratamiento que no es el adecuado. Esto podría perjudicar mucho al pequeño, entonces se prefiere actuar con cautela. Hay casos que incluso no se diagnostica hasta que el niño haya alcanzado la adolescencia.

Sin embargo, cuando antes se detecte el trastorno y antes se trate, mejor va a ser el avance de la enfermedad.

El diagnóstico de trastorno bipolar en niños ha sido muy controvertido, declarando algunos autores que realmente es menos frecuente de lo que es (es decir, se diagnostica más de lo necesario); mientras que otros piensan lo contrario.

También existen otros problemas ligados al diagnóstico y se vinculan a que este problema se puede confundir muy fácilmente con otros trastornos.

Para diagnosticar el trastorno bipolar, el profesional ahondará sobre la existencia de episodios depresivos o maníacos, patrón de sueño y de actividad, posibles trastornos asociados, estado psicológico actual, eventos estresantes o situaciones difíciles por las que pasa el niño, enfermedades físicas, conductas violentas, etc.

No confundir con…

– Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

– Trastorno de Desregulación Disruptiva del Estado de Ánimo.

Trastorno Negativista Desafiante

Esquizofrenia Infantil 

A veces puede coexistir el Trastorno Bipolar con alguno de los de arriba.

Tratamiento y consejos

El trastorno bipolar en niños es una enfermedad crónica, pero tiene tratamiento, existiendo diversas técnicas para que el niño se encuentre lo mejor posible y desarrolle una vida satisfactoria. Lo mejor es optar por un enfoque integral, abarcando todo los aspectos posibles del pequeño.

– Medicación: el primer objetivo va a ser estabilizar el estado de ánimo del niño. Los fármacos más frecuentes son el carbonato de litio, valproato sódico, carbamazepina, oxcarbazepina, topiramato y tiagabina.

Si se dan síntomas psicóticos o conductas agresivas, se utilizan antipsicóticos atípicos como risperidona, olanzapina, quetiapina y aripiprazol.

Es importante que se reciba la medicación adecuada para cada niño y cumplir su administración de forma estricta. Puede ser de ayuda utilizar los recordatorios que sean necesarios para no saltarse ninguna toma.

Hay que ser cautelosos respecto a los efectos secundarios de los fármacos, ya que estas sustancias han sido estudiadas en su mayoría en adultos y no en niños; por lo que no se saben los efectos que pueden acarrear.

– Terapia psicológica: una vez que el niño se estabilice gracias a la intervención farmacológica, es esencial recibir una terapia con el objetivo de que se den cambios estables. Así se pueden cambiar sus hábitos, comportamientos y mejorar las relaciones sociales con los demás.

No es buena opción optar por la terapia si el niño está en las fases graves de la enfermedad, todavía sin medicar. Ya que, en este caso, no colaborará y será muy difícil trabajar con él.

– Terapia familiar: a veces puede ser necesaria si el comportamiento del pequeño está alterando a toda la familia y provocando problemas graves en las relaciones.

Por otro lado, este tipo de terapia puede ser útil para que la familia aprenda sobre el problema, sepa educar y tratar adecuadamente al niño en el hogar, y también que el trastorno de su hijo no les absorba.

Según Díaz Atienza y Blánquez Rodríguez, en términos globales, la familia deberá aprender a:

– Ponerse firme ante las conductas disruptivas y rabietas del niño.

– Ser más tolerantes con aquellas dificultades que tiene el niño que no son tan importantes, ni obligarle a obedecer normas innecesarias. Deben comprender que el pequeño no puede controlar sus emociones y actos.

– Situar límites claros, pero tampoco ser excesivamente rígidos en el hogar.

– Practicar técnicas de relajación, escuchar música tranquila.

– Evitar problemas y discusiones en la familia, procurando mantener un ambiente tranquilo.

– Huir de situaciones arriesgadas y no dejar objetos peligrosos cerca del niño.

Es fundamental que la intervención abarque todo lo posible: aspectos afectivos, conductuales, familiares y psicosociales del afectado.

– Adaptación por parte de la escuela: es importante informar los profesores de la condición que tiene el pequeño para que puedan adaptar las actividades a su ritmo de trabajo. Por ello, hay que llegar a acuerdos con los trabajadores de la escuela. Incluso puede que haya periodos en los que el niño no pueda acudir, siendo fundamental informar de todo al colegio.

– Mantener una rutina: es esencial reducir al máximo posible el estrés en el entorno del niño, y fijarle un horario en el que cada día se despierte, se acueste y haga las comidas a las mismas horas.

– Apoyo al niño: puede ser complicado, pero será mejor para una vida feliz que el niño se sienta comprendido y se tenga paciencia con él. Es beneficioso que los padres intenten escucharle y conversar con él, además de hacerle saber que es importante que siga el tratamiento para que se sienta mejor. También es bueno que le dediquen tiempo de ocio y diversión.

– Actuar ante cualquier señal de ideas suicidas: mejor no pensar que son llamadas de atención y actuar si se observa que el pequeño habla sobre la muerte, se autolesiona o de alguna forma expresa que quiere morir. Es adecuado buscar ayuda cuanto antes y retirar cualquier objeto peligroso del alcance del niño.

Referencias

  1. Bipolar Disorder in Children and Teens. (s.f.). Recuperado el 8 de Agosto de 2016, de National Institute of Mental Health: http://www.nimh.nih.gov/health/

2. Children and Teens With Bipolar Disorder. (s.f.). Recuperado el 8 de Agosto de 2016, de WebMD: http://www.webmd.com/bipolar-disorder/

3. Díaz Atienza, J. y. (s.f.). Trastorno Bipolar en la Infancia y Adolescencia. Recuperado el 8 de Agosto de 2016, de Guías para padres de la Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil de Almería: http://www.cat-barcelona.com/pdf/biblioteca/

4. Frequently Asked Questions About Early-Onset Bipolar Disorder. (s.f.). Recuperado el 8 de Agosto de 2016, de The Bipolar Child: http://bipolarchild.com/resources/faq/

5. Leibenluft, E. (n.d). Severe Mood Dysregulation, Irritability, and the Diagnostic Boundaries of Bipolar Disorder in Youths. American Journal Of Psychiatry, 168(2), 129-142.

6. Linares, A. R. (s.f.). Trastorno bipolar en niños y adolescentes. Recuperado el 8 de Agosto de 2016, de Centre Londres: http://www.centrelondres94.com/files/

7. Muhleisen, T., Leber, M., Schulze, T., Strohmaier, J., Degenhardt, F., Treutlein, J., & … Cichon, S. (2014). Genome-wide association study reveals two new risk loci for bipolar disorder. Nature Communications, 5.

8. Uribe, E., & Wix, R. (2012). Revisión: Migración neuronal, apoptosis y trastorno bipolar. Revista De Psiquiatría Y Salud Mental (Barcelona), 5127-133.

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