Trastorno Disfórico Premenstrual: Síntomas, Causas y Tratamientos

El trastorno disfórico premenstrual (TDPM) es la exacerbación patológica de los cambios somáticos y psíquicos que ocurren durante la fase luteínica en el ciclo femenino normal, la cual produce incapacidad física y psíquica, y origina problemas de relación familiar, laboral o social.

Este trastorno consiste en una alteración psicológica caracterizada por una exacerbación patológica de los cambios somáticos y psíquicos que ocurren durante la fase luteínica en el ciclo femenino normal.

young african nurse comforting female patient in doctor's office

Concretamente, estos cambios se producen durante la fase luteínica, la cual abarca aproximadamente la semana previa a la aparición de la menstruación.

Como hemos comentado ya al inicio del artículo, la experimentación de cambios emocionales, físicos o psicológicos durante este periodo es un fenómeno normal que pueden presenciar la mayoría de mujeres.

De este modo, es importante que las alteraciones presentadas en estos casos sean consideradas como patológicas para poder efectuar el diagnóstico de TDPM.

Para ello,  es imprescindible que los síntomas experimentados produzcan incapacidad física y psíquica y/o problemas en el ámbito familiar, laboral o social para poder hablar de trastorno dismórfico premenstrual.

De lo contrario, hablaríamos de condiciones totalmente normales que no responden a ningún tipo de enfermedad y que no requieren tratamiento.

Evolución del trastorno disfórico premenstrual

Históricamente, los cambios existentes durante la fase luteínica o pregestacional del ciclo menstrual han sido tema de controversia según los diferentes contextos socio-culturales.

El hecho de que estas modificaciones se produzcan de forma natural y con una elevada vinculación a las alteraciones hormonales experimentados durante las fases previas al periodo, ha motivado a muchos profesionales a descartar la posibilidad de establecer el diagnóstico de TDPM.

Sin embargo, durante los últimos años se han descrito muchos casos de mujeres que experimentan sintomatología patológica durante en estas fases, hecho que ha destapado el interés por este trastorno.

A pesar de que pueda parecer una patología de reciente connotación médica ya que anteriormente no se realizaba el diagnóstico de trastorno dismórfico premenstrual, las primeras descripciones del desorden fueron ya realizadas en el siglo XI.

En esa época,  Trotula de Salerno consideró que “hay muchas mujeres jóvenes suficientes que se curan con la menstruación”, haciendo una clara alusión a las alteraciones que hoy en día pueden englobarse dentro del diagnóstico de TDPM.

En el año 1930 aparece el nombre de tensión premenstural en el campo de la medicina, en 1980 se reconoce el síndrome premenstrual como probable patología psiquiátrica y en 1990  se estandariza el trastorno y se empiezan a proponer intervenciones terapéuticas.

TDPM como diagnóstico psiquiátrico

Tras la edición del DSM-III-R (manual diagnóstico y estadístico de psiquiatría) el trastorno se involucra de forma más contundente en la psiquiatría bajo la denominación de Desorden Disfórico Premenstrual (DDPM).

Posteriormente, el diagnóstico se mantiene en la siguiente edición del manual (DSM-IV) bajo la nomenclatura de Desorden Disfórico de la Fase Luteínica.

Las últimas conceptualizaciones e investigaciones del trastorno han permitido comprender la menstruación como un proceso de descamación periódica del endometrio secundario a cambios cíclicos hormonales que afectan todo el organismo de la mujer.

Esta afectación produce modificaciones, las cuales pueden no originar ninguna alteración, pero también pueden producir cambios que resulten patológicos para el bienestar mental de la persona.

De este modo, el trastorno disfórico premenstrual es considerado como un proceso pregestacional patológico que aparece cuando estos cambios se manifiestan de forma exacerbada.

Manifestaciones clínicas del TDPM

El trastorno disfórico premenstrual se caracteriza por presentar una serie de alteraciones durante los días previas a la aparición del ciclo menstrual.

Estas alteraciones pueden ser tanto físicas como psicológicas y, a pesar de que la sintomatología puede resultar un tanto variable, las principales manifestaciones que se presentan son:

  1. Síntomas somáticos

El cuadro clínico que caracteriza la sintomatología del trastorno disfórico premenstrual radica en la aparición de las siguientes alteraciones:

  • Mastodinia: se presenta dolor de mamas dependiente del ciclo, tiene un origen hormonal y puede aparecer acompañado de una alteración benigna del tejido glandular mamario (mastopatia fibroquistica).
  • Edemas: se puede presenciar hinchazón a causa de la acumulación de líquido en los tejidos del cuerpo. Normalmente los edemas aparecen en los pies, tobillos y piernas, aunque pueden connotarse en cualquier parte del cuerpo.
  • Hiperorexia: consiste en un síndrome psíquico que se manifiesta por un aumento anormal de apetito. Puede presentarte como exagerado o inhabitual, incluso de forma insaciable.
  1. Síntomas psicológicos

La mayor parte de sintomatología que se presenta en el trastorno disfórico premenstrual hace referencia a alteraciones psicológicas y emocionales.

Estas pueden ser muy numerosas y variables en cada caso, pero las más prototípicas del trastorno son:

  • Irritabilidad: la mujer puede presentar propensión a irritarse, sentir ira y responder de manera no lineal frente a los estímulos.
  • Labilidad emocional: se presencian un conjunto de alteraciones en la manifestación de la afectividad caracterizadas por llantos, risas inapropiadas y, en general, respuestas emocionales desproporcionadas.
  • Depresión: de forma muy habitual se connotan estados depresivos, falta de motivación, apatía, sentimientos de tristeza o incapacidad para disfrutar de las actividades.
  • Ansiedad: suele ser menos común pero en algunos casos la sintomatología de TDPM puede ir acompañada de un estado de activación elevado, nerviosismo y pensamientos de preocupación inespecíficos.
  • Insomnio o hipersomnia: se pueden originar las dos modalidad de alteración de sueño. Durante el TDPM se pueden experimentar dificultades para conciliar y mantener el sueño, o necesidades exageradas de dormir y dificultades para despertarse.
  • Falta de energía: el nivel de actividad disminuye notablemente con la aparición del trastorno dismórfico premenstrual. El cansancio aparece con mucha facilidad y se connota una marca disminución de la capacidad energética.
  • Disminución del rendimiento: a consecuencia de los últimos y síntomas y especialmente de la fatal de energía se connota una disminución del rendimiento en la mayoría de los ámbitos de la mujer.

Cabe remarcar que para que estos síntomas puedan considerarse relativos al trastorno disfórico premenstrual deben presentarse durante la semana anterior a la menstruación y desaparecer cuando llega el periodo menstrual.

Diagnóstico

Como se ha comentado, la experimentación de cambios tanto físicos como psicológicos es algo corriente y normal durante el periodo previo a la menstruación.

De este modo, la aparición de algún síntoma de los anteriormente comentados no implica la presencia de trastorno disfórico premenstrual y puede corresponder a una respuesta totalmente normal del organismo de la mujer.

Para salir de dudas, se han configurado los criterios diagnósticos que permiten delimitar la presencia de esta alteración psicológica.

Para poder establecer el diagnóstico de TDPM se deben cumplir los siguiente criterios:

A. Cinco (o más) de los siguientes síntomas durante la mayor parte del día de la última semana de la fase lútea de la mayoría de los ciclos menstruales del último año, que empiezan a remitir 2 días después del inicio de la fase folicular y que desaparecen completamente en la semana siguiente a la menstruación, teniendo en cuenta que al menos uno de estos síntomas debe ser alguno de los cuatro primeros:

  1. Estado de ánimo deprimido, sentimientos de desesperanza e ideas de autodesaprobación acusadas
  1. Ansiedad, tensión, sensación de agobio o de estar «al límite»
  1. Labilidad emocional evidente (p. ej., ataques de tristeza, llanto o hipersensibilidad ante el rechazo)
  1. Enfado, irritabilidad o aumento de conflictos interpersonales de forma acusada y persistente
  1. Pérdida del interés por las actividades cotidianas (p. ej., trabajo, escuela, amigos, aficiones)
  1. Sensación subjetiva de dificultad para concentrarse
  1. Letargia, fatigabilidad fácil o falta evidente de energía
  1. Cambios significativos del apetito, atracones o antojos por determinadas comidas.
  1. Hipersomnia o insomnio
  1. Sensación subjetiva de estar rebasada o fuera de control
  1. Otros síntomas físicos como hipersensibilidad o aumento del tamaño mamario, dolores de cabeza, molestias articulares o musculares, sensación de hinchazón o ganancia de peso

B. Estas alteraciones interfieren acusadamente con el trabajo, la escuela, las actividades sociales habituales o las relaciones interpersonales (p. ej., evitación de actividades sociales, disminución de la productividad y eficiencia en el ámbito laboral o académico).

  1. La alteración no representa una simple exacerbación de síntomas de otro trastorno, por ejemplo, trastorno depresivo mayor, trastorno de angustia, trastorno distímico o trastorno de la personalidad (si bien en ocasiones el trastorno disfórico premenstrual se añade también a cualquiera de estos trastornos).
  1. Los Criterios A, B y C deben ser corroborados por técnicas de valoración diaria y prospectiva de los síntomas en al menos dos ciclos sintomáticos consecutivos. (El diagnóstico puede establecerse provisionalmente a la espera de dicha confirmación.)

A pesar de que estos criterios pueden ayudar a detectar la presencia de sintomatología correspondiente al trastorno disfórico premenstrual, el diagnóstico de este trastorno debe efectuarse siempre por un profesional médico.

Causas del TDPM

Hoy en día existe un gran número de investigaciones que tratan de verificar cuáles son los factores que originan la aparición de respuestas físicas y psicológicas patológicas durante el periodo premenstrual.

La mayoría de los estudios concluyen en asumir que los principales factores son:

  1. Factores genéticos

Se ha connotado concordancia en gemelos e historia familiar de TDPM, hecho que pone de manifiesto el componente genético de la enfermedad.

  1. Neurotransmisores

El funcionamiento de distintas sustancias cerebrales parecen jugar un papel importante en el desarrollo de trastorno disfórico premenstrual.

La aparición del trastorno puede ir relacionado a una disminución de la actividad de las enzimas monoamina oxidasa,  serotonina y GABA, y un aumento de la producción de noradrenalina.

  1. Factores hormonales

Atendiendo a la elevada relación existente entre la aparición de cambios y síntomas, y la experimentación de modificaciones en el funcionamiento hormonal durante el periodo premenstrual, parece que los factores hormonales pueden jugar un papel esencial en el desarrollo de TDPM.

En concreto, alteraciones en secreción de prolactina, cortisol basal, melatonina, hormona GH, déficits en los niveles de progesteroan y el funcionamiento del eje tiroideo confeccionan los principales factores hormonales relacionados con el trastorno.

Tratamiento

El primer paso que se debe realizar para intervenir el TDPM consiste en adoptar un estilo de vida saludable.

Llevar a cabo una alimentación balanceada con granos integrales, verduras, frutas y disminución del consumo de sal, azúcar, alcohol y cafeína suele resultar muy útil para disminuir la sintomatología del TDPM.

Por otro lado, es muy importante realizar actividad física con cierta frecuencia. Especialmente, hacer ejercicio aeróbico ha demostrado resultar muy eficaz para evitar la aparición de síntomas durante el periodo premenstrual.

Finalmente, se puede recibir tratamiento profesional. La primera opción suele consistir en un tratamiento farmacológico a base de antidepresivos ISRS.

De forma conjunta, se puede realizar psicoterapia, ya que el tratamiento cognitivo conductual ha mostrado ser eficaz para intervenir en problemas relacionados con el trastorno dismórfico premenstrual.

Finalmente, otros medicamentos que pueden recetarse y servir para tratar el TDPM son: las píldoras anticonceptivas, los diuréticos, los suplementos nutricionales como la vitamina B6, el calcio y el magnesio, y los fármacos que inhiben los ovarios y la ovulación.

Referencias

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  7. Fuente imagen

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