El cerebro y el yoga como medicina neuronal

Tendemos a pensar que sólo los cerebros de los niños tienen la llamada plasticidad cerebral. Y que sólo durante las etapas de desarrollo el cerebro es capaz de modificarse. Nada más lejano a la realidad.

Nuestro cerebro cambia desde que estamos en el vientre de nuestra madre, hasta el último día de nuestra vida. Y esto es un hecho comprobado por la ciencia.

A muy grande rasgos, existen tres maneras de modificar las conexiones neuronales del cerebro. La primera y más básica nace con nosotros. Son nuestros sentidos mismos ingresando información en el órgano cerebral. Cada aferencia de este tipo, es interpretada en el cerebro como un color, una forma, un sonido, una textura, un sabor, etc.

La segunda forma aparece cuando nuestra mente desarrolla la capacidad de razonar y pensar. Nuestras propias interpretaciones de la realidad, de hecho modifican físicamente nuestros cerebros. Vienen acompañadas de una serie de inferencias lógicas y de cargas emocionales de todo tipo.

Esto se convierte en el llamado “aprendizaje significativo”. A partir del cual generamos una conexión permanente con la realidad y será nuestra brújula para movernos dentro de ella a lo largo de nuestras vidas.

El tercer modo para modificar físicamente nuestro cerebro radica en nuestro cuerpo. Al nacer, aprendemos no sólo del exterior, si no de nuestro cuerpo completo. A lo largo de la primera infancia, las señales que el cuerpo envía al cerebro del bebé son decodificadas cada vez con más eficacia. También las órdenes que la mente envía hacía las extremidades son cada vez más precisas.

Este tipo de aprendizaje, como cualquiera, también genera redes y conexiones neuronales nuevas y hace que nuestro cerebro trabaje de una forma distinta. El cerebro de una bailarina de ballet no se ve ni trabaja igual que el de un nadador olímpico. La manera en que las personas utilizan sus cuerpos define una de las pautas de funcionamiento cerebral más importantes.

Todo en la mente se encuentra íntimamente interconectado. Por lo cual sería muy ingenuo pensar que los cabios en determinadas vías neuronales, no van a afectar de una u otra forma a las demás. El cuerpo mismo es una de las fuentes de aprendizaje más importante que poseemos. Todos conocemos el famoso dicho de mente sana, cuerpo sano. Sin embargo, durante muchos años esta relación privilegiada ha sido más bien ignorada.

Ponte a pensar en la manera casi automática en la que haces ciertas cosas. Subir escaleras. Manejar la palanca de velocidades de tu auto. Lavarte los dientes. Escribir una lista de compras. Todas estas acciones en realidad requieren de una serie de indicaciones musculo esqueléticas muy finas.

De una gran coordinación entre las extremidades y el ojo. No podría decirse que sean pautas de actividad sencillas. Aunque así las experimentemos de tan cotidiana que se han hecho.

Esta facilidad se debe a que el cerebro ya ha generado vías rápidas de acción para estos comportamientos, y para ponerlos en marcha le basta una simple y sencilla indicación a todo el circuito. Estas son las vías que desarrollamos cuando realmente aprendemos algo.

Si leyéramos veinte veces el listado de montañas de una región asiática, podríamos aprendernos sus nombres. Sin embargo, con toda seguridad, pasadas sólo unas horas olvidaríamos la mayoría. Sin embargo, si viajamos a Asía y hacemos alpinismo en sus montañas, podemos estar seguros de que nunca los olvidaremos.

Ahora bien, todos sabemos que el yoga es una disciplina cuya principal finalidad es generar una armonía entre la mente y el cuerpo. El yoga fortalece los músculos. Ayuda a la flexibilidad de los tendones. Estimula el sistema inmunológico y en general conlleva muchos beneficios somáticos. Pero el yoga también tiene un poderoso impacto sobre la paz mental y emocional.

Cuando desarrollamos una rutina de yoga adecuada e individual, acorde a las necesidades de nuestro estilo de vida, lo más natural es que vayamos experimentando cada vez estados más profundos de relajación y de concentración. Esto sucede porque, al principio, el cerebro no sabe relajarse y concentrarse. Apenas lo va aprendiendo. Pero mejora y aprende con una velocidad sorprendente.

Cuando una persona realmente se da a la tarea de integrar el yoga en su vida, su cerebro verdaderamente comienza a cambiar para bien. Y así como en su momento aprendió a la perfección las secuencias necesarias para abrir una cerradura o preparar un omelette, ahora aprende las secuencias neuronales precisas para alcanzas un estado de relajación y paz mental.

Esta habilidad puede llegar a resultar invaluable en un mundo complejo y caótico como en el que vivimos. La capacidad de entrar en un estado de calma y concentración de manera casi automática puede incluso detener conductas agresivas o peligrosas. Esta capacidad se concibe como un sistema de autorregulación emocional que no solamente nos ayuda a ser más asertivos. También nos ayuda a ser más felices.

Seguramente tú también quieres que tu cerebro aprenda a relajarse de manera tan natural como ha aprendido a leer o hacer sumas. No es difícil, pero requiere disciplina. A continuación te dejo una lista muy general para que te orientes y puedas comenzar a modificar tu cerebro a partir del yoga.

1: Prueba varios tipos de yoga. No todos los tipos de yoga son iguales. Si bien todos persiguen el mismo fin, algunas corrientes se adaptan mejor que otras a los distintos estilos de vida. No dudes en investigar y probar con varios asesores.

2: Encuentra la intensidad adecuada. Cada persona necesita una rutina diferente. Algunos organismos exigirán más intensidad y otros necesitan ejercicios de menos impacto. Sin importar qué tan exigente sea tu rutia, recuerda que sólo debes tener en mente hacerlo lo mejor posible.

3: Evita el dolor. Si duele, o incomoda, no es yoga. Lo que debes alcanzar es un estado de concentración que le permita a tu cuerpo hacer los ejercicios sin dolor y con comodidad. Nunca lo lleves más allá de su límite o te lastimarás. Una buena sesión de yoga no tiene que ver con hacer contorsiones increíbles. Tiene que ver con sentirte mejor.

4: Intenta replicar el momento de relajación a través de la respiración. Cuando te familiarices con la sensación de plenitud que llega luego de una buena rutina de yoga, trata de replicarla con ejercicios de respiración. Hazlo al menos tres veces al día en momentos de alto estrés emocional.

5: Ayuda a tu cuerpo. No olvides complementar tu nuevo aprendizaje con un estilo de vida saludable. Ingiere alimentos buenos para tu sistema nervioso e inmunológico. Evita el alcohol, las drogas y el tabaco.

Como con cualquier otra disciplina, la constancia y la perseverancia te harán llegar a tu meta. No lo olvides, tú tienes el poder de convertir a tu cerebro en un órgano de sanación.

Este es un artículo de hermandadblanca.org.

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