Absceso Cerebral: Síntomas, Causas y Tratamiento

El absceso cerebral es un tipo de infección cerebral que algunos especialistas definen como un proceso supurativo, en el que se produce una acumulación de pus y células muertas. Se trata de una condición médica grave y potencialmente mortal, a pesar de ser poco frecuente (Wint & Solan, 2016).

Generalmente, los agentes bacterianos son la causa más común del desarrollo de abscesos cerebrales (Wint & Solan, 2016).

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A pesar de que el diagnóstico de esta infección resulta complicado, especialmente en las primeras fases de presentación de los síntomas (Uninet, 2016), sin embargo, los nuevos métodos de imagen cerebral (resonancia magnética, tomografía computarizada, etc…) han facilitado de forma significativa la identificación precisa y temprana de los abscesos cerebrales (Laurichesse, Siussi y Leport, 2009).

Por otro lado, las intervenciones terapéuticas en los abscesos cerebrales suelen centrarse en la administración de fármacos antibióticos y en las intervenciones quirúrgicas (Martínez-Castillo et al., 2013).

Caracteísticas de los abscesos cerebrales

Un acceso cerebral o “brain abscess” en inglés, se define como una infección focal dentro del parénquima cerebral, es decir, en el tejido cerebral (Alvis Miranda et al., 2013).

Además, se trata de una forma de supuración intracraneal que supone una emergencia médica que pone en riesgo la vida de la persona afectada (Alvis Miranda et al., 2013).

Generalmente, los abscesos cerebrales comienzan por mostrar una zona isquémica o necrótica localizada, con inflamación del tejido cerebral. A esto le sigue el depósito de antígenos leucocitarios (Neurología, 2016).

Los antígenos leucocitarios cumplen una función inmune y, por lo tanto, tratan de proteger al organismo de los agentes que generan infección. A nivel macroscópico, el depósito de este tipo de agentes se manifiesta por la presencia de pus.

El pus es un líquido espeso con un color de tipo amarillento o verdoso, que es segregado o supurado por los tejidos inflamados. Generalmente, esta sustancia está formada por suero, leucocitos, células muertas y otros agentes (RAE, 2016).

De forma posterior a estos eventos, el área de la zona necrótica tiene a incrementarse y también la supuración de pus (Neurología, 2016).

A continuación, la zona afectada o purulenta se delimita y comienza a desarrolla una neo-vascularización (formación de nuevos vasos sanguíneos) alrededor de ésta (Neurología, 2016).

En la fase final, el área afectada se rodea de una cápsula que mantiene localizado el proceso infeccioso (Neurología, 2016).

Estadísticas

Los abscesos cerebrales constituyen una condición médica que se ha vuelto poco común o frecuente en los países más desarrollados, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX, gracias a los avances médicos y tecnológicos (Laurichesse, Siussi y Leport,2009)

Los datos estadísticos nos muestran que los abscesos cerebrales presentan una incidencia que oscila entre 0.3-1 casos por cada 100.000 personas/año, en la población general (Laurichesse, Siussi y Leport,2009).

A pesar de que la baja incidencia de esta patología, se debe principalmente a la introducción de nuevos fármacos antimicrobianos y al desarrollo de los estudios de imagen cerebral, sigue siendo una condición potencialmente mortal (Brook, 2016).

Cuando se produce la ruptura de la capsula de un absceso cerebral, la persona puede fallecer en aproximadamente un 80% (Brook, 2016).

Además, de aquellos que sobreviven, entre un 20-79% van a presentar secuelas neurológicas posterior al proceso infeccioso (Brook, 2016).

Con relación al sexo, algunos especialistas señalan que los abscesos cerebrales son más frecuentes en hombres que en mujeres (Brook, 2016).

Por otro lado, en cuando a la edad, los abscesos cerebrales se consideran una enfermedad o patología poco frecuente en la edad pediátrica (Borrero Domínguez et al., 2005).

Los estudios muestran que, los abscesos cerebrales tienen una incidencia estimada de unos 4 casos por cada millón de habitantes en edad infantil (Borrero Domínguez et al., 2005).

Signos y síntomas característicos

Nuestro sistema nervioso central (SNC) es realmente susceptible a cualquier daño o lesión que afecte al tejido nervioso.

Así, los procesos infecciosos pueden dar lugar a una amplia variedad de síntomas neurológicos cuando afectan al tejido cerebral y a las estructuras adyacentes.

Los pacientes que padecen este tipo de infección localizada, suelen presentar un cuadro clínico poco específico (Gómez et al., 2008).

Así, los signos y síntomas característicos de los abscesos cerebrales aparecen de forma insidiosa (Laurichesse, Siussi y Leport, 2009), evolucionando durante días o semanas, generalmente, la duración de los síntomas es del de al menos dos semanas (Uninet,
2016).

El curso clínico de los abscesos cerebrales suele incluir (Laurichesse, Siussi y Leport,2019):

  • Hipertensión intracraneal: incremento de la presión que el líquido cefalorraquídeo (LCR) ejerce en dentro de la bóveda intracraneal.
  • Síndrome tumoral intracerebral: la presencia de la capsula purulenta, pueda actuar de la misma forma que la formación de una masa tumoral, dando lugar a una compresión de los tejidos nerviosos y consecuente al desarrollo de diversos síntomas neurológicos (crisis epilépticas, déficits cognitivos, trastornos motores, etc…).
  • Cefaleas: dolor de cabeza, generalmente grave y persistente. Normalmente, este síntoma está presente en la mayoría de los afectados y pueden ser unilaterales o bilaterales. Las cefaleas suelen comenzar de manera progresiva.
  • Náuseas y vómitos: el malestar general, las náuseas y los vómitos recurrentes suelen estar presentes en más del 50% de las personas afectadas.
  • Ataques convulsivos generalizados: las crisis o descargas epilépticas son menos frecuentes, ya que se presentan en aproximadamente un 30% de los casos.
  • Edema papilar: proceso de inflamación de la papila óptica, situada en el fondo del ojo a través del cual el nervio óptico accede para alcanzar el tejido cerebral. Al igual que el anterior, es un síntoma poco frecuente, presenten en aproximadamente un 25% de los casos.
  • Fiebre moderada: la elevación de la temperatura suele ser moderada y se presenta en aproximadamente un 50% de los casos.

Por otro lado, también es posible que los abscesos cerebrales debuten con otras formas clínicas (Laurichesse, Siussi y Leport,2009);

  • Síndrome de hipertensión intracraneal febril: Desarrollo de cefaleas intensas, vómitos, náuseas, convulsiones, fiebre, etc… Comienzo agudo en forma de meningitis y comienzo agudo en forma de hemorragia meníngea.

A demás de esto, si el diagnóstico se realiza de forma tardía, el absceso cerebral progresa incrementando la supuración de pus, el edema cerebral y la presión intracraneal. Debido a esto, es posible que aparezcan algunos síntomas neurológicos graves como:

  • Estado confesional.
  • Desorientación espacio-temporal.
  • Convulsiones persistentes y frecuentes.
  • Pérdida de consciencia.
  • Estado de coma.

Causas

Los abscesos cerebrales se desarrollan como consecuencia de la existencia de un proceso infeccioso.

A pesar de que esta entidad médica suele presentar una etiología diversa, existen factores de riesgo que permiten identificar la causa aproximada y la localización de la infección (Martínez-Castillo, 2013).

Algunos de los factores predisponentes son (Martínez-Castillo, 2013):

De esta forma, diferentes agentes infecciosos, virus o bacterias, pueden alcanzar el tejido cerebral, dando lugar a la formación de la cápsula purulenta.

En el caso de los abscesos cerebrales de origen bacterianos, los estreptococos son los agentes patógenos más comunes, dan lugar a aproximadamente el 70% de los casos.

Diagnóstico

En muchos de los casos de absceso cerebral, el diagnostico no es sencillo, y ya que los síntomas son inespecíficos.

Gran parte de la sintomatología se parecen a los característicos de otras patologías o enfermedades de origen neurológicos (Wint & Solan, 2016).

En el caso de los abscesos cerebrales, es fundamental el examen neurológico realizado a través de diversas pruebas de imagen cerebral, como la resonancia magnética o la tomografía computarizada (Wint & Solan, 2016).

Las pruebas de neuroimangen nos permiten determinar a nivel anatómico la presencia de lesiones cerebrales, como los abscesos.

Por otro lado, también es frecuente que el especialista médico al cargo del caso solicite otras pruebas de laboratorio como los hemocultivos o la punción lumbar para determinar la presencia de un agente infeccioso (Wint & Solan, 2016).

Tratamientos

Actualmente, los avances médicos han permitido desarrollar diferentes opciones terapéuticas. La elección de una de estas, va a depender de las características del absceso cerebral y de las características clínicas de la persona afectada.

Normalmente, el tratamiento más común incluye la intervención farmacológica y quirúrgica.

Tratamiento farmacológico (Laurichesse, Siussi y Leport,2009)

El abordaje de los abscesos cerebrales mediante tratamiento farmacológico se suele centran el empleo de terapias antibióticas, denominadas antibioticoterapia.

Normalmente, los antibióticos están recomendados para el tratamiento de abscesos cerebrales que no superan los 2,5 centímetros.

En las primeras semanas, se suelen emplear dosis elevadas de estos fármacos para garantizar una penetración y concentración suficiente de los antibióticos en el tejido cerebral.

Normalmente, este tipo de tratamientos alcanzan una duración aproximada de 6-8 semanas, pudiendo alcanzar incluso los 3-6 meses en casos graves que no pueden ser operados.

Tratamiento quirúrgico (Laurichesse, Siussi y Leport,2009)

Las intervenciones quirúrgicas se emplean tanto para el abordaje terapéutico como para la realización del diagnóstico, normalmente están indicadas en aquellos abscesos que tienen un tamaño superior a los 2,5 centímetros.

Diversas técnicas de neurocirugía, permiten realizan una punción-biopsia en el lugar afectado. Así, estos procedimientos permiten la evacuación del pus, dando lugar a una descomprensión del tejido cerebral.

Por otro lado, las extirpaciones completas de las cápsulas suelen implicar un procedimiento con grandes riesgos para el paciente, por tanto, se restringen a casos graves en los que las otras medidas no han resultado efectivas.

Pronóstico

Cuando se realiza un diagnóstico de absceso cerebral es fundamenta, realizar un abordaje médico de forma temprana, tratar las complicaciones neurológicas secundarias y, además, realizar un seguimiento.

Aunque las terapias actuales ayudan a controlar el progreso de esta patología, los afectados fallecen hasta en un 5-10% de los casos (Borrero Domínguez et al., 2005).

A pesar de que es una patología que pone en riesgo la vida de la persona, la mortalidad se ha reducido aproximadamente en un 25%, en los casos de estancia en las unidades médicas de cuidados intensivos (Laurichesse, Siussi y Leport,2009).

Por otro lado, las secuelas neurológicas son prevalentes (30-5%), algunas son leves, mientras que otras pueden implicar una sintomatología más significativa como la epilepsia (Laurichesse, Siussi y Leport,2009).

Referencias

  1. A, Alvis Miranda, H., Castellar-Leones, S., & Moscote-Salazar, L. (2016). Brain abscess: Current management. Journal of Neurosciences in Rural Practice.
  2. Borrero-Domíngez, R., Navarro Gómez, M., Gómez-Campderá, J., & Carreras Fernández, J. (2005). Abceso cerebral infantil. An Pedriatr (Barc), 63 (3), 253-258.
  3. Brook, I. (2016). Brain Abscess. Obtenido de Medscape.
  4. Laurichesse, J., Souissi, J., & Leport, C. (2009). Absceso cerebral. EMC (Elsevier Masson SAS, Paris), Traité de Médecine Akos.
  5. Martínez Castillo, E., Chacón-Pizano, E., & Mejía-Rodríguez, O. (2013). Absceso cerebral. Aten. Fam., 20(4), 130.
  6. Neurología. (2016). ABSCESO CEREBRAL [ICD-10: G06.0]. Obtenido de Neurología.
  7. UCC. (2016). Formas de inflamación. Obtenido de Manual de patología Genral.
  8. Uninet. (2016). Capítulo 4. 1. Infecciones agudas del sistema nervioso central. Obtenido de Principios de Urgencias, emergencias y cuidados críticos.
  9. Wint, C., & Solan, M. (2015). Brain Abscess. Obtenido de Healthline.
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Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla y estudiante de Máster Estudios Avanzados de Cerebro y Conducta.

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