Alodinia: Tipos, Diagnóstico y Tratamiento

La alodinia es una patología causada por una lesión de las terminaciones nerviosas en la que se experimentan fuertes dolores ante estímulos que son indoloros o bien, en condiciones normales, no producen un dolor de gran magnitud.

Las personas que padecen alodinia sienten dolor ante el roce del viento, al cambiarse de ropa, al estar expuesto al frío o al calor, etc. Es, probablemente, de los trastornos dentro del dolor crónico más desconocido y, también, de los más difíciles de abordar.

alodinia

El dolor es totalmente subjetivo, además de ser dinámico y múltiple. Por eso, se habla del umbral del dolor. Esto quiere decir que, ante determinados estímulos, unas personas sentirán más dolor que otras y, viceversa. En este caso, los pacientes sufren un gran dolor ante situaciones que para nada son dolorosas y/o molestas en comparación a las personas que no sufren alodinia.

En el caso de la alodinia, el dolor es residual. Esto quiere decir que las personas pueden seguir experimentando dolor incluso después de haberse retirado el estímulo doloroso.

Por lo general, el dolor es un mecanismo adaptativo, pero en este caso al ser un dolor crónico, continuo e insoportable, estas personas sufren repercusiones emocionales, como pueden ser la ansiedad y la depresión. De hecho, se estima que alrededor del 85% de las personas que están diagnosticadas de alodinia, consumen antidepresivos.

El dolor neuropático posee dos características: (1) el dolor se produce de manera espontánea, súbitamente y, (2) la hiperalgesia que significa que los estímulos dolorosos son percibidos de manera exacerbada. Es decir, se siente mucho dolor ante un estímulo que no produce tal magnitud en alguien que no padece dolor neuropático.

Actualmente, no existen cifras sobre la prevalencia de la alodinia. Sí está muy caracterizada por ser un síntoma de la fibromialgia.

Origen de la alodinia

La alodinia pertenece al grupo de los dolores neuropáticos que se caracterizan por ser una forma de dolor producida por daños o cambios en el mecanismo de información-transmisión del sistema nervioso periférico o central. En este caso, los nervios envían señales de dolor sin que realmente haya una sensación real de dolor o un estímulo doloroso.

La causa principal de la alodinia es la existencia de un desequilibro en los neurotransmisores. También, puede ser por un fallo del sistema nervioso (como hemos visto anteriormente), cuando los nociceptores (receptores sensoriales del dolor) no trabajan de manera adecuada.

En otras ocasiones, la alodinia puede ser consecuencia de otra afección o patología. En este caso, se le conoce como alodinia secundaria.

Dos estudios recientes de Lorenz et al. (2002, 2003) trataron de especificar la ubicación de la percepción del dolor en la corteza frontal. En uno de ellos, tomaron un caso de alodinia calórica (es decir, la reacción ante estímulos que son fuente de calor) y una persona sin alodinia ante un estímulo que desprendiera el mismo calor.

Evaluaron ambos casos y concluyeron que, en la persona con alodinia, se produjo una gran actividad en las regiones frontales, el tálamo medio, el núcleo accumbens y el mesencéfalo.

Posteriormente, a través de un análisis de la red de esta actividad, demostraron que las actividades corticales frontal-posterior y frontal-orbitaria eran antagonistas entre sí.

De estos análisis y estudios, se concluye que la red frontal orbitaria accumbens-tálamo medio interviene en la percepción afectiva del dolor. En lo que respecta a la corteza frontal posterior, actúa controlando y modulando el dolor y, por lo tanto, el grado de sufrimiento.

Tipos

En un primer lugar, hemos de distinguir la alodinia patológica y la fisiológica. Cuando hablamos de alodinia patológica, nos referimos cuando no existe ningún daño, lesión o herida reciente. De esta es de la que he hablado anteriormente como el dolor neuropático.

En lo que respecta a la alodinia fisiológica, es la que ocurre cuando una zona ha sido dañada y está en fase activa de reparación. Por ejemplo, el dolor que se experimenta en la cicatriz tras una operación. Es decir, existe una causa real del dolor.

A continuación, vamos a ver los distintos tipos de alodinia patológica. A pesar de lo desconocida que es, se han clasificado distintos tipos en función del estímulo que los provoca:

  • Alodinia Mecánica Estática: ocurre al experimentar dolor ante la aplicación de un estímulo único o bien, al presionar ligeramente. Por ejemplo, como cuando alguien nos coge de la mano.
  • Alodinia Mecánica Dinámica: las personas sufren dolor con la aplicación repetida de estímulos suaves o con un pequeño roce. Experimentan un gran dolor ante una caricia, como por ejemplo cuando se les pasa un suave algodón.
  • Alodinia Térmica: se siente dolor ante la aplicación de estímulos térmicos, ya sean fríos o calientes.

En algunos casos, la alodinia es de tipo secundario. Es decir, es consecuencia de otra enfermedad. La alodinia puede estar sobrevenida por la diabetes, la compresión de algún nervio, la deficiencia de la vitamina B12, migraña, etc. En estos casos, la persona puede experimentar alivio o bien, puede desaparecer la alodinia al tratar la afección principal.

Diagnóstico

Para diagnosticar la alodinia no existe ninguna prueba o examen concreto que nos muestre la existencia del trastorno.

En este caso, como en otros de dolor de tipo neuropático, hemos de basarnos en la historia clínica y en el examen físico. También, debe formularse el diagnóstico diferencial de otras neuropatías. Deben evitarse pruebas o exámenes que no sean realmente necesarios, reduciendo de esta manera el estrés que pueda experimentar la persona ante una prueba.

Por lo tanto, debe de tenerse en cuenta los antecedentes personales y su historia clínica, los tratamientos previos y actuales.

Entre las pruebas que se pueden realizar, por los distintos especialistas de la sanidad, encontramos las siguientes:

  • Entrevista semiestructurada.
  • Examen a pie de cama.
  • Exámenes de laboratorio.
  • Cuestionarios de dolor.
  • Estudios electrofisiológicos.
  • Examen del Sistema Nervioso Central y Autónomo.

Tratamiento

Actualmente, no existe ningún tratamiento que cure la alodinia. La falta de investigación y el desconocimiento de la misma, revierte en la ausencia de tratamientos, como ocurre en otras tantas enfermedades crónicas que son casi desconocidas.

Normalmente, desde el punto de vista médico, el tratamiento del dolor es tratado a través de la administración de fármacos. Estos fármacos suelen ser no opiáceos y opiáceos, en función del malestar que genere el dolor en el paciente. Este tipo de tratamientos no suele ser exitosos en el caso de la alodinia puesto que nos encontramos ante un dolor de tipo neuropático.

Se pueden utilizar, en la alodinia, combinaciones mixtas de fármacos anestésicos locales (como ungüentos y parches). El alivio se produce a nivel local, pero el anestésico es absorbido y sus efectos pueden contribuir a la inhibición de la hiperexcitabilidad del sistema nervioso central. No es conveniente abusar de estos remedios, puesto que se pueden alcanzar concentraciones tóxicas en el sistema nervioso.

Se ha estudiado cómo la ketamina (anestésico disociativo) y el dextrometorfano (opiáceo) actúan como antagonistas del receptor N-metil-D-aspartato y presentan efectos beneficiosos en los casos de dolor, como es la situación de la alodinia.

En casos de tipo extremo, cundo el dolor es muy intenso y no existe sensación de alivio, se puede practicar una intervención quirúrgica en la que se eliminan algunas de las conexiones nerviosas del dolor.

A nivel emocional es muy importante la intervención del psicólogo, puesto que las personas con este tipo de patologías suelen experimentar incomprensión por parte de su círculo más cercano. También, les puede acarrear problemas es la esfera laboral, ven mermadas sus capacidades, etc.

Por eso es importante, en un primer momento, hacer una readaptación de la persona en los distintos contextos de su vida y promover en que en todos ellos se sienta comprendida.

Resultan útiles las técnicas de biofeedback que consiste en, a través de la actividad eléctrica del cerebro, enseñar a la persona a controlar las ondas cerebrales, para así, ajustar el estado mental.

A continuación, vamos a ver una serie de estrategias de afrontamiento que se usan desde la psicología en el manejo del dolor crónico. Pueden usarse tanto en la alodinia como en cualquier otro trastorno o enfermedad, ya sea de tipo físico o psicológico, que provoque cualquier tipo de dolor crónico.

Es importante que sean conducidas por un profesional de la psicología y que antes de usarlas, se realice una evaluación de las estrategias usadas previamente.

Detección del pensamiento

Consiste en (1º) darme cuenta del pensamiento del dolor y (2º) frenar ese pensamiento.

Este entrenamiento puede realizarse en momentos en los que no exista dolor, con el objetivo de practicarlo. Se trata de cortar el pensamiento, se puede introducir otro pensamiento, de dirigir la atención a otra actividad que mantenga al paciente en estado de alerta.

Técnicas de distracción

Se trata de distraer ante pensamientos y sentimientos relacionados con el dolor. El enfoque atencional se cambia de un locus de control (lugar de control) interno a externo. Es decir, pasa de depender del individuo en sí mismo a hacerlo de otras variables.

*Estas dos primeras técnicas pueden usarse de manera conjunta.

Control y programación de actividades

Se trata de instaurar una nueva rutina, con nuevos hábitos. Se modifican los hábitos del paciente en función de sus actividades que, por lo general, giran en torno al dolor.

Para ello, en un primer momento, se registran las conductas relacionadas con el dolor y se analizan las variables que intervienen. Luego, se cambiarán las que resulten dolorosas con otras nuevas que le resulten positivas.

Entrenamiento en relajación

Esta técnica por sí misma no va a eliminar el dolor. Su efecto es centrar la atención en otro acontecimiento que no sea el dolor en sí mismo. Servirá para contrarrestar las emociones negativas (ira, desesperanza, impotencia) relacionadas con el dolor.

Actualmente, relacionado con la relajación, se usan cada vez más técnicas como la meditación y mindfulness con grandes resultados.

Técnicas de imaginación

Pueden usarse con las de relajación y consisten en modificar determinados pensamientos a través de la imaginación.

Desensibilización sistemática

Cuando una persona experimenta dolor en una situación determinada, tiende a evitar esa circunstancia nuevamente. En ocasiones, estas circunstancias limitan mucho la actividad de la persona, por eso, el profesional de la psicología elaborará una serie de pasos previos (aproximaciones sucesivas) antes de volver a exponerse a esa circunstancia.

Autoinstrucciones y autoverbalizaciones

Una persona puede convertirse en su peor enemigo si no para de enviarse mensajes cargados de negatividad. En este caso pueden ser del tipo: “no puedo más”, “este dolor va a poder conmigo”, “desde que experimento dolor ya no soy la misma persona”, etc. Estos mensajes van calando y, poco a poco, la persona se vuelve más incapaz y ve reducida su espectro de actividad.

Si se cambian esos mensajes por otros de tipo, de tinte positivo, nos sentiremos más capaces. Se trata de ser realistas, no de engañarnos a nosotros mismo. Por ejemplo, se pueden utilizar este tipo de mensajes: “me duele, pero hoy voy a salir a la calle a hacer la compra, no me voy a cargar mucho. Compraré lo más urgente y pasado mañana, volveré a ir a por las cosas que me vayan haciendo falta”.

Discusión de ideas irracionales (Ellis)

Los seres humanos tendemos a tener conversaciones con nosotros mismos y, en ocasiones, se producen pensamientos de tipo irracional que nos pueden llevar a actuar o mostrar sentimientos de manera inadecuada.

A través de esta técnica, el terapeuta trata de discutir de manera activa y directa esas creencias irracionales y a reemplazarlas por otro tipo de pensamientos y creencias que sean de tipo adaptativo.

Sobre el tratamiento, podemos concluir en que, tras una evaluación minuciosa de la situación del paciente, deben usarse fármacos y técnicas psicológicas que sirvan para dar respuesta a toda su sintomatología.

Las revisiones y el control por parte de los especialistas debe ser activo, otorgando a la persona una sensación de control sobre su dolor y apoyándole en el manejo de éste. Para ello, la escucha activa es de vital importancia.

Referencias

  1. CAMPOS KRAYCHETE, D; KIMIKO SAKATA, R. (2011). Neuropatías periféricas dolorosas. Revista Brasileira de Anestesiologia 351 Vol. 61, No 5, Septiembre-Octubre, 2011
  2. CERVERÓ, F. (2000). El dolor neuropático: un problema científico y terapéutico. Revista Sociedad Española del Dolor 7: Supl. II, 2-4, 2000.
  3. La mente es maravillosa. Alodinia: cuando las caricias duelen. Sitio web: lamenteesmaravillosa.com.
  4. NeuroWikia, portal de contenidos en Neurología. Dolor neurológico. Fenómenos positivos. neurowikia.es.
  5. SaludMecidina.com. Alodinia, cuando hasta las caricias duelen. Sitio web: saludymedicinas.com.mx.
  6. SANIDAD (2011). Fibromialgia. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.

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