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Frases » Frases de temas » Amígdala cerebral

Amígdala cerebral

Ubicación de la amígdala. Fuente: Razvan V. Marinescu, CC BY 4.0, Wikimedia Commons

¿Qué es la amígdala cerebral?

La amígdala cerebral es una estructura en forma de almendra, localizada en el lóbulo temporal medial del cerebro. Forma parte del sistema límbico y resulta fundamental para procesar emociones, especialmente el miedo, la memoria, el aprendizaje emocional y el comportamiento social.

El término proviene del griego, ya que almendra es amýgdalo. También se conoce como complejo amigdalino o cuerpo amigdalino, y lo descubrió en el siglo XIX el fisiólogo alemán Karl Burdach. Es una estructura presente tanto en animales vertebrados complejos como en humanos.

La amígdala cerebral consiste en dos grupos de núcleos neuronales situados en la profundidad del cerebro, concretamente en el interior de los lóbulos temporales. Está compuesta por grupos de neuronas diferentes que se organizan en núcleos, cada uno con roles distintos.

Importancia de la amígdala cerebral

Esta estructura intercambia numerosísimas conexiones con muchas partes del cerebro, como el tálamo, hipotálamo, hipocampo, giro cingulado, etc. Esto es porque se ubica en un sitio clave, mediando entre el procesamiento más complejo y superior (cortical), la actividad del sistema límbico, y funciones más simples asociadas a conexiones al tronco del encéfalo.

Los investigadores Heinrich Klüver y Paul Bucy descubrieron que si extirpaban toda la amígdala y las cortezas temporales en monos, se producía embotamiento afectivo, pérdida de miedo, domesticación, alimentación indiscriminada, hipersexualidad e hiperoralidad, que es la excesiva tendencia a explorar los objetos con la boca, incluso aquellos que pueden causar daños como un cuchillo.

Otra condición parecida es la de Urbach-Wiethe, trastorno degenerativo ocasionado por un depósito de calcio situado en la amígdala. Produce el curioso efecto de ser incapaz de reconocer las emociones faciales de los demás, además de otros síntomas.

Partes de la amígdala cerebral: núcleos

La amígdala se compone de varios núcleos agrupados e interconectados, enumerados a continuación:

  • Núcleo lateral. Es la parte que recibe la información proveniente de los sentidos: vista, olfato, tacto, oído y gusto; así como el dolor. Otras zonas amigdalinas también manejan este tipo de información, pero el núcleo lateral es el área principal, ya que la información de todos los sentidos converge y se integra allí. Por otro lado, se ha demostrado que esta área vincula el estímulo neutro (que no tiene significado) con el estímulo nocivo o dañino. Lo más estudiado es la asociación que se establece entre un sonido que no es relevante en principio (neutro) y un estímulo desagradable, como una descarga eléctrica. Gracias al trabajo del núcleo lateral, al escuchar ese sonido en otra ocasión, se aprende que va a llegar una descarga eléctrica y se huirá de ella. Además, es interesante que existen dos vías de las que proviene la información peligrosa: una muy rápida e imprecisa que permite reaccionar deprisa ante el posible daño (que llega del tálamo) y una más lenta, consciente y precisa (que llega de la corteza sensorial). Por eso, a veces una persona se asusta y da un sobresalto incontrolado cuando confunde un estímulo que no es peligroso (una cuerda) con uno peligroso (una serpiente), ya que se reacciona antes de llegar a un pensamiento consciente y acertado, garantizando la preservación.
  • Núcleo basal. Esta zona de la amígdala recibe información de muchas otras áreas y se encarga de recopilar claves sobre el contexto en el que sucede el peligro. Así, alguien puede tener miedo de pasar por una calle donde en el pasado le robaron. Además, envía datos a áreas del núcleo estriado que controlan comportamientos llamados “instrumentales”, o “qué hice yo para que hiciera probable o apareciera el peligro”. Una lesión en el núcleo basal (al igual que en el núcleo lateral) elimina las respuestas de sobresalto aprendidas.
  • Núcleo central. Es la parte encargada de emitir las respuestas necesarias. Se conecta con regiones del tronco cerebral, controlando la expresión de respuestas de miedo, como inmovilización y reacciones endocrinas y autonómicas. La ansiedad afecta a las hormonas porque las situaciones emocionales activan interacciones complejas del sistema adrenérgico y de glucocorticoides. Esto tiene algo que ver, ya que el sistema endocrino –conectado con esta parte de la amígdala– es el que controla los niveles hormonales. Concretamente, el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA). Por otro lado, activa sistemas como el adrenérgico (adrenalina), serotoninérgico (serotonina), dopaminérgico (dopamina) y colinérgico (acetilcolina). Dichos sistemas activan el cerebro y preparan el organismo para reaccionar ante el peligro, produciendo las típicas sensaciones de nerviosismo: aumento del ritmo cardíaco, aumento de la temperatura corporal, temblores, sudor, etc. Está demostrado que, si se produce una lesión en el núcleo central de la amígdala, los signos de miedo disminuyen ante estímulos que previamente se sabe que pueden ser peligrosos. Además, el individuo tendría dificultades para aprender qué elementos son nocivos y debe temer. Si se bloquean los receptores de adrenalina de la amígdala se impide que los recuerdos se consoliden adecuadamente en la memoria.
  • Células intercaladas. Son grupos de neuronas GABAérgicas, y tienen una función inhibitoria. Es decir, controlan la actividad de los núcleos basal y lateral, “calmándolos” cuando están demasiado excitados.
  • Núcleo medial. Es esencial en las conductas emocionales innatas. Recibe información del bulbo olfatorio y transmite esta información olfativa a los núcleos hipotalámicos, que se relacionan con la reproducción y la defensa.
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Funciones de la amígdala cerebral

  • Percepción de emociones. Una estimulación de la amígdala provoca una emoción intensa, principalmente miedo o agresión. Si se daña o se extrae, se produce sumisión y aplanamiento afectivo.
  • Produce conductas de reacción al miedo. Esto es por sus conexiones con el hipotálamo, que activa el sistema nervioso autónomo, y, por ende, aumenta y mejora la atención al peligro o vigilancia, la inmovilización o la respuesta de huida. La amígdala también proyecta en áreas que controlan la musculatura facial como el nervio trigémino, adoptando el rostro la expresión facial propia del miedo (ojos muy abiertos, cejas elevadas, labios tensos y boca abierta).
  • Memoria emocional. La amígdala parece formar parte de un sistema general para la memoria de tipo emocional. Este tipo de memoria es la que permite recordar qué pistas del entorno se asocian con un acontecimiento peligroso o beneficioso. Así, ante la aparición de esas claves en el futuro, puede generarse una respuesta automática de miedo o acercamiento, con el objetivo de promover la supervivencia. La activación de la amígdala ante estímulos que provocan miedo, causa una potenciación de la memoria. Es decir, se recuerdan mejor las cosas que ocurren cuando surgen emociones intensas simultáneamente, así el arousal o activación emocional es la que facilita que los recuerdos se consoliden. De hecho, existe un estudio que demuestra que se recuerdan mejor las palabras vinculadas a alta excitación emocional, y se recuerdan peor las neutras. Por este motivo, los animales humanos y no humanos aprenden con gran rapidez a alejarse de un estímulo potencialmente peligroso, que les ha causado una gran activación emocional (y no vuelven a acercarse más). Una lesión en la amígdala anularía las respuestas de miedo aprendidas tanto al entorno peligroso como a un estímulo asociado al peligro (un sonido, por ejemplo).
  • Reconocimiento de emociones. Reconocer emociones en el rostro de otras personas y reaccionar ante ellas. Parece ser que existe una conexión entre el área cerebral que analiza la información de un rostro (corteza temporal inferior), y la amígdala, a donde llegan esos datos. Así, la amígdala le da el significado emocional y permite relacionarse adecuadamente con los demás potenciando las relaciones sociales.
  • Respuestas de placer. La amígdala no solo se centra en el miedo, también vincula datos del ambiente con elementos tanto apetitivos como no apetitivos de un estímulo. Por eso, se prefiere pasar más tiempo en un entorno asociado con eventos positivos que en uno relacionado con sucesos negativos. Así, se reduce el tiempo pasado en ambientes peligrosos y es más probable la supervivencia.
  • Diferencias sexuales. La amígdala presenta variaciones según el sexo femenino o masculino. Eso explica por qué se observan ligeras diferencias entre hombres y mujeres en la memoria emocional y en las respuestas sexuales. No es de extrañar, pues la amígdala posee receptores para hormonas sexuales, como andrógenos y estrógenos. Una mayor o menor cantidad de estas sustancias puede ocasionar a largo plazo cambios en el tamaño de la amígdala y en sus neurotransmisores. De hecho, parece que los hombres poseen una amígdala más grande que las mujeres. Aunque si esto afecta o no al comportamiento, haciéndolo diferente entre sexos, no se sabe con claridad.
  • El control de la amígdala se va desarrollando. La amígdala es el símbolo de la activación emocional intensa, la impulsividad, la agresividad. Una de las formas en las que se logra un control emocional más adaptativo a medida que se crece es por la maduración de las conexiones existentes entre la amígdala y la corteza prefrontal. La corteza prefrontal es un sistema más complejo y reflexivo que se encarga de la planificación y establecimiento de estrategias. Esta estructura tarda años en desarrollarse por completo, alcanzando su cima en la edad adulta. Por eso, los adolescentes son más impulsivos y agresivos que los adultos, porque aún no han desarrollado estrategias adecuadas para regular las emociones, como reevaluar la situación.
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La amígdala cerebral, trastornos mentales y abuso de sustancias

Sección coronal del cerebro humano. La amígdala es de color morado. Fuente: Henry Vandyke Carter, Wikimedia Commons

La amígdala tiene como meta mantener la supervivencia, que la persona esté más atenta de su entorno y poder reaccionar ante los eventos de forma adaptativa.

Sin embargo, existen diversas circunstancias en las que la amígdala también es protagonista de trastornos mentales, como los trastornos de ansiedad, los ataques de pánico y el trastorno por estrés postraumático. Y es que sufrir estrés de manera continuada altera los niveles hormonales y, como la amígdala es sensible a ellos, se puede alterar su labor.

Al igual que el abuso de ciertas sustancias puede provocar alteraciones en la amígdala y afectar a su correcto funcionamiento.

La amígdala tiene una alta cantidad de receptores cannabinoides, por eso no es extraño que el cannabis produzca algún cambio en su sistema. Los estudios demuestran que el consumo del cannabis y los consecuentes cambios en la amígdala producen comportamientos más depresivos. También se ha encontrado una disminución de la reactividad de la amígdala en situaciones de amenaza (menor respuesta de miedo).

En un estudio se demostró que en chicas adolescentes consumidoras de marihuana era más probable que se produjera un incorrecto desarrollo de la amígdala, manifestándose con síntomas de ansiedad y depresión. Esto ocurre porque en la adolescencia parecen existir mayor número de receptores cannabinoides en la amígdala.

Por otro lado, se sabe que el uso prolongado de cocaína sensibiliza a la amígdala, de forma que se activa con más facilidad. Aunque se indica que puede ser por un bajo control prefrontal hacia la activación amigdalina.

Además, según el tamaño inicial de la amígdala o sus peculiaridades, esta puede hacer a alguien más vulnerable a comenzar o mantener conductas adictivas. Pues esta estructura es la que establece los vínculos entre comportamientos o eventos y sensaciones placenteras, generando la repetición de dichos comportamientos.

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Referencias

  1. Crunelle, C., Van den Brink, W., Van Wingen, G., Kaag, A., Reneman, L., Van den Munkhof, H., Sabbe, B. Dysfunctional amygdala activation and connectivity with the prefrontal cortex in current cocaine users. Human Brain Mapping.
  2. Dbiec, J., Ledoux, J. The amygdala and the neural pathways of fear. In Post-Traumatic Stress Disorder: Basic Science and Clinical Practice. Humana Press.
  3. Goldstein, J.M., Seidman, J.L., Horton, N.J., Makris, N., Kennedy, D.N., Caviness, V.S. Normal sexual dimorphism of the adult human brain assessed by in vivo magnetic resonance imaging. Cer. Ctx.
  4. Hamann, S. Sex Differences in the Responses of the Human Amygdala. Neuroscience Update. The Neuroscientist.
  5. Keshavarzi, S., Sullivan, R.K., Sah, P. Functional properties and projections of neurons in the medial amygdala. J. Neurosci. 

Cita este artículo

Lifeder. (11 de septiembre de 2025). Amígdala cerebral. Recuperado de: https://www.lifeder.com/amigdala-cerebral/.

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Por Cinta Martos Silván

Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.
Última edición el 11 de septiembre de 2025.

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