¿Amor o Dependencia? Las 10 Diferencias Fundamentales

Dependencia emocional y amor no son elementos contrapuestos. Más bien son elementos parecidos que suelen aparecer de forma conjunta.

Las relaciones de pareja resultan un tipo de relación muy particular y notablemente distinto a los otros. En las relaciones sentimentales suele aparecer una relativa tendencia a la posesividad ya que estas suelen caracterizarse por la exclusividad.

En otras palabras: mientras en una relación de amistad suele aceptarse más fácilmente que el amigo tenga otras amistades, en una relación conyugal suele resultar inaceptable que la pareja tenga otras relaciones sentimentales.

De este modo, el grado de posesividad es un elemento común en las relaciones de pareja. Así mismo, este aspecto a menudo puede estar más relacionado con una dependencia afectiva que con el amor.

De hecho, no siempre resulta sencillo establecer la frontera entre uno y otro. Y los sentimientos de amor pueden incorporar a menudo dependencia emocional.

Este hecho se explica porque los sentimientos de amor suelen incorporar entre sus características un cierto grado de dependencia. Cuando se quiere a alguien resulta común que no sólo se le quiera, sino que también se le necesite para estar emocionalmente bien.

No obstante, sí que es posible realizar diferenciaciones importantes entre los sentimientos de amor y los sentimientos excesivos de dependencia.

Es decir, en el amor suele aparece un cierto grado de dependencia, sin embargo, cuando esta última es excesiva empieza a resultar ajena al amor. En estos casos, la relación puede empezar a regirse a través de la dependencia emocional en vez de los sentimientos amorosos.

10 elementos principales que permiten diferenciar el amor de la dependencia emocional

1- Tolerancia a la soledad

Uno de los aspectos principales que permite evaluar el grado de dependencia emocional y la pertenencia o no de este al amor consiste en la tolerancia a la soledad.

De forma general, cuando se poseen sentimientos amorosos sobre alguien, se suelen experimentar elevados deseos de estar con esa persona. Este factor suele aparece especialmente en los momentos donde los sentimientos de amor son más intensos.

No obstante, el amor de por sí, no conlleva a una intolerancia de la soledad. Las relaciones que se rigen por sentimientos amorosos pueden soportar adecuadamente el hecho de no estar el uno con el otro.

Sin embargo, en la dependencia emocional, la intolerancia a la soledad suele ser mucho más marcada. El individuo dependiente experimenta sensaciones desagradables cuando no está con su pareja, y tiende a hacer todo lo posible para no separarse de ella.

Aunque este factor resulta útil para diferenciar el amor de la dependencia, los límites no son tan claros como puede parecer.

Y es que los sentimientos de amor también motivan el deseo de estar con la persona amada. Por este motivo, tanto en amor como en dependencia aparece un cierto rechazo al hecho de no estar con la pareja.

En este sentido, la tolerancia al rechazo no debe analizarse en términos de todo o nada a la hora de diferenciar amor de dependencia. De hacerlo así, la mayoría de sentimientos de amor se solaparían con la dependencia emocional.

Así pues, este elemento debe analizarse a través de otros criterios. Entre ellos, los que han mostrado una mayor capacidad de diferenciación son los de deseo y necesidad.

Los sentimientos de amor provocan un deseo de estar en compañía de la pareja, sin embargo, la dependencia emocional conduce a la experimentación de una necesidad de no estar nunca sin la compañía de la persona amada.

2- Necesidad de control

Otro aspecto importante que permite diferenciar el amor de la dependencia es la necesidad de control.

De forma general, el amor no comporta la experimentación de una elevada de necesidad de control sobre la persona amada.

Si bien es cierto que el amor destapa un marcado interés por saber acerca de la pareja, conocer qué cosas hace y tener presente con quien se relaciona, estos aspectos no suelen interpretarse como una necesidad.

En cambio, la dependencia emocional sí que origina una elevada necesidad de control sobre la otra persona. De hecho, cuando no existe control, se suelen experimentar sensaciones desagradables y la persona puede llevar a cabo conductas desadaptadas con el objetivo de conseguir el control que necesita.

En este sentido, la falta control sobre el otro sólo altera a las parejas no dependientes cuando este factor índica de forma directa el ocultamiento intencionado de algo. En la dependencia emocional, en cambio, la falta de control resulta siempre una problemática.

3- Necesidad de sentirse querido

Todas las personas tienen una cierta necesidad de sentirse queridas. De hecho, este factor resulta común entre los seres humanos y no indica la presencia de ninguna alteración o relación desdaptativa.

Necesitar sentirse querido no significa ser dependiente. Así mismo, en las relaciones amorosas sentirse querido suele resultar básico para ambos miembros. Sin embargo, este factor es a la vez uno de los síntomas principales de la dependencia emocional.

Así pues, la necesidad de sentirse querido es otro de los muchos elementos comunes entre dependencia emocional y amor.

Ahora bien, que estos aspectos resulten comunes no significa que sean iguales. La necesidad de sentirse querido referente al amor y la necesidad de sentirse querido referente a la dependencia emocional resultan notablemente diferentes.

Tal y como sucede con otros aspectos, el hecho que permite la diferenciación en este caso vuelve a ser el grado de intensidad sobre la necesidad.

De forma general, el amor destapa por igual la necesidad de sentirse querido y la necesidad de querer. Es decir, en la relación se da tanto como se quiere recibir, sin que el hecho de sentirse querido sea más importante que la propia necesidad de amar al otro.

En cambio, en la dependencia emocional el “ser querido” resulta notablemente más importante que el ” querer”. La persona dependiente necesita ser querido por encima de todo, por lo que “da” con el único objetivo de “recibir”.

4- Deseo de contacto

El deseo de contacto constituye la otra cara de la moneda de la tolerancia a la soledad. Así mismo, también resulta un elemento común entre amor y dependencia.

En ambos casos, las personas experimentan un elevado deseo de contactar y estar con la persona amada, ya que este hecho proporciona elevadas sensaciones gratificantes.

Ahora bien, una vez más, el deseo del contacto guarda importantes diferencias entre el amor y la dependencia.

El amor motiva un elevado deseo de estar con la pareja principalmente porque el contacto con la persona amada proporciona bienestar y sensaciones agradables.

En cambio, en la dependencia emocional el deseo de contacto se encuentra estrechamente vinculado con la intolerancia al “no contacto”.

Es decir, la persona dependiente desea el contacto para evitar el malestar que origina el hecho de no estar con la persona amada, más que para experimentar las sensaciones gratificantes que le reporta.

5- Priorización de la relación

Las relaciones de pareja suelen resultar unos de los elementos más importantes de la vida de las personas. Este hecho está básicamente motivado por el impacto que ocasionan los sentimientos de amor.

Pero no sólo el amor es el responsable de la importancia de las relaciones sentimentales. Las necesidades de afecto, comprensión, ayuda y apoyo emocional que tienen todas las persona son factores que también contribuyen.

En este sentido, las relaciones regidas por sentimientos de amor se caracterizan por ser altamente importantes para sus integrantes.

Sin embargo, en la dependencia emocional esta importancia se encuentra extremada. La persona dependiente prioriza la relación sentimental por encima de todo, incluso de sí misma, hecho que difiere de las personas no dependientes.

6- Deseo vs necesidad

El deseo y la necesidad son dos elementos que también permiten diferenciar el amor de la dependencia.

De forma general, el amor suele regirse por el deseo, mientras que la dependencia emocional suele estar gobernada por la necesidad.

Es decir, las relaciones amorosas están motivadas por el deseo en la otra persona, y las relaciones dependientes están incentivadas por la necesidad en la pareja.

No obstante, a pesar de que el deseo resulta más relevante en el amor y la necesidad juega un papel más importante en la dependencia, estos aspectos vuelven a solaparse en ambos casos.

El amor también motiva un cierto grado de necesidad en el otro, mientras que el deseo puede estar presente en los casos de dependencia emocional.

En este sentido, la diferencia principal entre ambos reside en el papel que juega cada uno de ellos. Si la necesidad supera al deseo se estará más cerca de la dependencia emocional que del amor y viceversa.

7- Foco de atención

El foco de atención hace referencia al lugar donde se encuentran los elementos que la persona interpreta como importantes dentro de la relación.

En este sentido, el amor dirige el foco de atención en la relación sentimental en su totalidad. Es decir, tanto en los actos que realiza uno mismo como en las actividades que desempeña la pareja.

Por su lado, la dependencia emocional motiva una mayor atención en los comportamientos del otro, quedando los propios en un segundo plano.

Una persona dependiente puede realizar múltiples acciones destinadas a gustarle o complacer a la pareja. De hecho, este tipo de comportamientos suelen ser mucho más abundantes en la dependencia emocional que en el amor.

No obstante, la dependencia emocional difiere del amor en la importancia que la persona le otorga a las conductas propias.

Las personas dependientes realizan muchas actividades para el otro, pero estas no resultan importantes. La atención está únicamente centrada en la pareja.

De hecho, las acciones de cuidado hacía el otro tienen el único objetivo de recibir cosas a cambio ya que este es el único elemento que resulta importante en la dependencia emocional.

8- Temor a la pérdida

Ni las personas enamoradas ni los individuos dependientes quieren perder a su pareja. De hecho, en ambos casos se desea enormemente a la otra persona.

En este sentido, tanto el amor como la dependencia emocional motivan un elevado rechazo a la pérdida. Sin embargo, el temor hacía esta suele ser diferente.

De forma general, el amor no motiva temor a la pérdida, a no ser que la persona perciba estímulos que le indiquen la probabilidad de que esto suceded.

Por ejemplo, una persona enamorada puede percibir como su compañero/a no siente lo mismo que ella, se va a vivir a otro país o tienen problemas de pareja de forma permanente. En estos casos, el individuo puede temer a la pérdida ya que nota que esto puede suceder.

No obstante, cuando no aparecen este tipo de factores, las personas no dependientes no suelen experimentar temores hacía la pérdida.

En cambio, en la dependencia emocional el temor a la pérdida aparece con mucha más facilidad y puede estar presente de forma permanente. Este hecho, puede llevar a la persona a realizar actos de cuidado excesivos, con el objetivo de no perder a su pareja.

9- Sentimiento de traición

Los sentimientos de traición son sensaciones que no son exclusivas ni del amor ni de la dependencia. De hecho, no lo son ni siquiera de las relaciones de pareja.

No obstante, este factor también permite establecer diferencias importantes entre el amor y la dependencia.

En el primer caso, los sentimientos de traición aparecen únicamente cuando se percibe un acto claro de deslealtad. Por ejemplo, cuando se connotan mentiras o engaños por parte de la pareja.

En cambio, en la dependencia emocional los sentimientos de traición suelen aparecer con mucha más frecuencia. De hecho, en estos casos los sentimientos de traición aparecen siempre que el individuo nota que la pareja no le ha prestado todo el cuidado que desearía

10- Duración

Finalmente, el último elemento que permite diferenciar las relaciones regidas por los sentimientos de amor y las relaciones con dependencia emocional es su duración.

Por lo general, la dependencia emocional suele motivar una menor duración de la relación. Suele ser común que las personas dependientes cambien a menudo de pareja ya que nunca les resulta suficiente la atención y el cuidado recibido.

Referencias

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  6. Yela, C. (2001). El amor desde la psicología social: ni tan libres, ni tan racionales. Psicothema, 13 (2), 335-336.
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Graduado en Psicología y Máster en Psicopatología Clínica del Adulto.

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