Angustia: Síntomas, Causas y Tratamientos

La angustia es un estado afectivo que aparece como reacción ante un peligro desconocido o una impresión interpretada como peligrosa. Suele estar acompañado por un intenso malestar psicológico y ligeras alteraciones en el funcionamiento del organismo.

Los principales síntomas son el incremento del ritmo cardíaco, los temblores, la sudoración excesiva, la sensación de opresión en el pecho y la falta de aire. Estas sensaciones van acompañados de una serie de pensamientos y un estado mental de tensión.

angustia

Las sensaciones referentes a la angustia y el estado psicológico generado suele aparecer de forma inesperada. Así mismo, la angustia puede transformarse en una psicopatología conocida como trastorno de angustia cuando esta se presenta de forma muy intensa y recurrente.

Las causas de la angustia pueden ser muy variadas, y en la actualidad se sustenta que no existe un único factor que pueda motivar su aparición.

En este artículo se revisan las características de la angustia. Se explican sus síntomas y sus causas, y se postulan las intervenciones que se han mostrado eficaces para tratar este estado afectivo.

Características de la angustia

La angustia es un estado mental que fue inicialmente estudiado e investigado por Sigmund Freud, quien postuló la angustia como una reacción de afecto penoso que aparece de forma indeterminada.

La primera conceptualización de la angustia se sustentó en la diferenciación entre la angustia realista y la angustia neurótica. Según las corrientes del psicoanálisis, la angustia podía constituir una respuesta adecuada o una reacción patológica.

La angustia realista hace referencia a la generación de una reacción de ansiedad y temor normal y justificada. En estos casos, el estado mental de angustia aparece cuando se detecta alguna señal de amenaza o peligro real.

De este modo, la angustia realista se relaciona con las respuestas miedo normales que desarrollan todas las personas cuando tienen que responder en situaciones peligrosas, en las que la conducta llevada a cabo resulta fundamental para combatir la amenaza.

La angustia neurótica en cambio hace referencia a una respuesta inadecuada que termina por paralizar al individuo. En estos casos, la reacción ya no resulta adecuada y adaptativa y afecta por completo al estado de la persona.

Angustia vs miedo

A pesar de que en sus inicios la angustia se postuló desde una perspectiva similar a la del miedo, en la actualidad han quedado ampliamente diferenciados ambos conceptos. De hecho, a la hora de definir y delimitar la angustia, resulta importante diferenciar la angustia del miedo.

El miedo es una emoción que aparece en momentos determinados. Normalmente, cuando la persona es expuesta a algún tipo de peligro que amenaza su integridad.

La angustia en cambio, es un estado afectivo que se caracteriza por la generación de múltiples pensamientos y sensaciones acerca del daño o las cosas negativas que le pueden ocurrir a uno mismo.

Así pues, a pesar de que en la angustia suele predominar la generación de sentimientos de miedo, ambos elementos hacen referencia a conceptos diferentes.

De hecho, el miedo se caracteriza por ser una hacer referencia a un objeto. Es decir, es un sentimiento que aparece como respuesta a un estímulo determinado.

La angustia en cambio, no se refiere a la reacción psico-fisiológica originada por un objeto específico, sino a un estado mental que conduce a la persona a preocuparse por una gran cantidad de elementos inespecíficos.

Síntomas

La angustia se caracteriza por la generación de síntomas de ansiedad. Las manifestaciones pueden variar en su intensidad dependiendo de cada caso, pero suelen resultar siempre desagradables para la persona que las experimenta.

En la actualidad se sustenta que la angustia afecta a las tres áreas de funcionamiento de las persona (funcionamiento fisiológico, cognición y conducta) y suele manifestarse a través de todas estas vías.

1- Funcionamiento físico

La angustia suele generar modificaciones importantes en el funcionamiento del organismo. Estas alteraciones se relacionan con un incremento de la actividad del sistema nervioso autónomo.

El incremento de actividad del sistema nervioso autónomo se produce como respuesta al temor o miedo percibido y a la respuesta del cerebro ante dicha amenaza.

El sistema nervioso autónomo se encarga de controlar y regular una gran cantidad de funciones del organismo. Por este motivo, cuando se incrementa su actividad suelen aparecer una serie de manifestaciones físicas. Las más típicas son:

  1. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardiaca
  2. Sudoración
  3. Temblores o sacudidas
  4. Sensación de ahogo o falta de aliento
  5. Sensación de atragantarse
  6. Opresión o malestar torácico
  7. Náuseas o molestias abdominales
  8. Inestabilidad, mareo o desmayo.
  9. Sensación de entumecimiento u hormigueo)
  10. Escalofríos o sofocaciones.

2- Síntomas cognitivos

La angustia es considerado como una afección psicológica porque esta atañe principalmente la alteración del pensamiento y la cognición de la persona.

Es decir, la angustia aparece como consecuencia de la generación de una serie de pensamientos angustiosos que modifican tanto el estado psicológico como el estado fisiológico del individuo.

Los pensamientos referentes a la angustia se caracterizan por ser precisamente angustiosos. Es decir, la angustia genera una serie de cogniciones relacionadas con el miedo, el temor y la expectativa de vivir y padecer cosas negativas para uno mismo.

El contenido específico del la cognición referente a la angustia puede variar en cada caso, pero siempre se caracterizan por ser altamente angustioso y relacionado con elementos negativos.

Así mismo, la angustia puede provocar la aparición de una serie de sensaciones relacionadas con el pensamiento, tales como:

  1. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).
  2. Miedo a perder el control o volverse loco.
  3. Miedo a morir.

3- Síntomas conductuales

Finalmente, la angustia es una alteración que, aunque no lo hace en todos los casos, suele afectar al funcionamiento conductual de la persona. Suele ser habitual que tanto los pensamientos angustiosos como las sensaciones físicas que estos provoquen, afecten de una forma u otra al comportamiento del individuo.

La afección comportamental de la angustia suele manifestarse especialmente en los casos más graves, y suele caracterizarse por la aparición de la parálisis conductual. La persona altamente angustiada puede llegar a paralizarse, sin poder realizar ninguno de los actos que quiere o pretende llevar a cabo.

Así mismo, en algunos casos la angustia también puede generar sensaciones altamente elevadas de escapar, estar solo o recibir contacto con alguien.

Estas sensaciones aparecen como respuesta a la necesidad de adquirir tranquilidad y seguridad a través de un elemento concreto, y en la mayoría de casos modifica el patrón conductual normal del individuo.

De este modo, en los casos de angustia extrema, la persona puede iniciar conductas de escape o huída de la situación en la que se encuentra para poder reducir sus sensaciones angustiosas.

Angustia y psicopatología

La angustia se clasifica hoy en día como una psicopatología cuando esta genera lo que se conoce como crisis de angustia.

Así pues, se puede considerar que la angustia resulta únicamente una alteración psicopatológica cuando esta adquiere una gravedad y una intensidad suficiente como para generar una crisis.

Así mismo, resulta importante tener en cuenta otras entidades diagnósticas estrechamente relacionadas con la angustia y las crisis de angustia.

En este sentido, se han establecido cuatro diagnósticos diferentes de la angustia: la crisis de angustia, la agorafobia, el trastorno de angustia con agorafobia y el trastorno de angustia sin agorafobia.

1- Criterios diagnósticos de crisis de angustia

Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 min:

(1) palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca

(2) sudoración

(3) temblores o sacudidas

(4) sensación de ahogo o falta de aliento

(5) sensación de atragantarse

(6) opresión o malestar torácico

(7) náuseas o molestias abdominales(8) inestabilidad, mareo o desmayo

(9) desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado

de uno mismo)

(10) miedo a perder el control o volverse loco

(11) miedo a morir

(12) parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo)

(13) escalofríos o sofocaciones

2- Criterios diagnósticos de agorafobia.

A. Aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede

resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada o más o menos relacionada con una situación, o bien síntomas similares a la angustia, puede no disponerse de ayuda. Los temores agorafóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre las que se incluyen estar solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer cola; pasar por un puente, o viajar en autobús, tren o automóvil.

B. Estas situaciones se evitan (p. ej., se limita el número de viajes), se resisten a costa de un malestar o ansiedad significativos por temor a que aparezca una crisis de angustia o síntomas similares a la angustia, o se hace indispensable la presencia de un conocido para soportarlas.

C. Esta ansiedad o comportamiento de evitación no puede explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental.

3- Criterios diagnósticos de trastorno de angustia sin agorafobia.

A. Se cumplen (1) y (2):

(1) crisis de angustia inesperadas recidivantes.

(2) al menos una de las crisis se ha seguido durante 1 mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas:

(a) inquietud persistente ante la posibilidad de tener más crisis

(b) preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por ej., perder el control, sufrir un infarto de miocardio, «volverse loco»)

(c) cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis.

B. Ausencia de agorafobia.

C. Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).

D. Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental.

4- Criterios diagnósticos de trastorno de angustia con agorafobia

A. Se cumplen (1) y (2):

(1) crisis de angustia inesperadas recidivantes.

(2) al menos una de las crisis se ha seguido durante 1 mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas:

(a) inquietud persistente por la posibilidad de tener más crisis.

(b) preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por ej., perder el control, sufrir un infarto de miocardio, «volverse loco»).

(c) cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis.

B. Presencia de agorafobia.

C. Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).

D. Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental.

Causas

Las casusa de la angustia resultan muy variadas y dependen en cada caso de factores relativamente distintos. Así mismo, en ocasiones resulta complicado detectar una única causa de la alteración, ya que esta suele estar sujeta a la combinación de diferentes factores.

De forma general, la angustia es una reacción que aparece en situaciones donde el individuo se enfrenta a una situación difícil, o interpretada como complicada por la propia persona.

Así mismo, la angustia aparece cuando hay uno o varios elementos, ya sean psicológicos o físicos, que son interpretados como amenazantes para la persona. En estas ocasiones, el organismo reacciona de forma automática activando diferentes mecanismos de defensa.

Por otro lado, múltiples estudios postulan la presencia de factores genéticos en el desarrollo de la angustia. En este sentido, el trastorno de angustia presenta una elevada comorbilidad con otros trastornos.

Especialmente, los trastornos de angustia se relacionan muy estrechamente con la distima y la depresión mayor. Se postula que uno de cada cuatro sujetos con trastorno de angustia padecería también patologías del estado de ánimo.

Tratamiento

El tratamiento más eficaz para intervenir la angustia es la combinación de psicoterapia y farmacoterapia.

Por lo que respecta el tratamiento farmacológico, se suelen emplear medicamentos ansiolíticos. Los que parecen resultar más eficaces son las benzodiacepinas, y su administración permite una interrupción rápida de la sintomatología angustiosa.

En el tratamiento psicoterapéutico se suele utilizar el tratamiento cognitivo conductual. La intervención se centra en encontrar los factores psicológicos relacionados con la aparición de la angustia, y el entrenamiento en habilidades que permitan hacerle frente.

Referencias

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Graduado en Psicología y Máster en Psicopatología Clínica del Adulto.

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