Anosognosia: Síntomas, Causas, Tratamientos

Las anosognosia es la incapacidad para reconocer la presencia de los síntomas y déficits característicos de una enfermedad (cognitivos, motores, sensoriales o afectivos), y también de reconocer su magnitud o gravedad, su progresión y las limitaciones que produce o va a producir en la vida diaria (Castrillo Sanz, et al., 2015). Se da en pacientes que presentan algún tipo de trastorno neurológico (Prigatano, 2010; Nurmi & Jehkonen, 2014).

Nuestro cerebro nos otorga la capacidad de conocer lo que sucede en nuestro entorno, en nuestro interior, es decir, en nuestro cuerpo. Sin embargo, diversos procesos neurológicos pueden causar importantes defectos en esta percepción sin que nos percatemos de ellos (Donoso, 2002), llevándonos al padecimiento de un proceso de anosognosia.

anosognosia

En muchas ocasiones, todos hemos podido observar como una persona que ha sufrido algún tipo de daño cerebral o está sufriendo un proceso demencial bastante evidente para el resto, no es capaz de tomar conciencia de su propia situación. Suelen emplear frases como “A mí no me pasa nada” o “No necesito tomar pastillas, estoy bien”.

En 1885 Von Monakow fue el primero en describir a un paciente con ceguera cortical que no era capaz de percibir su defecto (Donoso, 2002). Sin embargo, el término anosognosia fue introducido por primera vez por Babinski en 1914 (Levine, Calvano, y Rinn, 1991; Prigatano, 2010: Nurmi & Jehkonen, 2014) y lo relacionaba con la falta de conciencia que los pacientes con hemiplejia (parálisis de la mitad corporal) presentaban de su afectación y describe el siguiente caso:

Una mujer afectada por una hemiplejia izquierda durante varios meses, presentaba facultades intelectuales y afectivas conservadas. Generalmente, no presentaba dificultades para recordar hechos pasados.

Se expresaba y se relacionaba con normalidad con las personas de su alrededor y con los acontecimientos de su entorno. Sin embargo, parecía ignorar la existencia de su hemiplejia. Nunca expresaba quejas de esa situación.

Si se le pedía mover el brazo derecho, lo hacía de forma inmediata, sin embargo, si se le pedía que moviera su brazo izquierdo, se quedaba inmóvil y tranquila, y se comportaba como si la orden fuera dirigida a otra persona.

A pesar de que el término anosognosia es el más recurrente, diferentes autores emplean otros términos como: ‘negación de défictis’ o ‘falta de conciencia de déficits’ (Turró-Garriga, 2012).

Aunque tendamos a pensar que esta situación se trata de un proceso de negación de la nueva situación y las nuevas condiciones de vida, se trata de un hecho mucho más complejo.

Así, Prigatano (1996) describe la anosognosia como algo negativo, un síntoma consecuencia del deterioro de la conciencia, que representa una falta de información sobre la discapacidad producida por una lesión cerebral.

Y por otro lado, la negación como un síntoma positivo que refleja los intentos de los pacientes para hacer frente a un problema que se reconoce al menos a nivel parcial (Nurmi & Jehkonen, 2014).

La ausencia de conciencia de la enfermedad se relaciona frecuentemente con conductas de riesgo de los individuos, ya que no son conscientes de sus limitaciones y por otro lado, con un aumento considerable de la carga del cuidador principal.

Supone un problema importante para la adherencia terapéutica y la realización de diferentes tareas básicas, como la conducción o el control de la economía personal (Castrillo Sanz, et al., 2014).

Síntomas de la anosognosia

Como hemos definido anteriormente, la anosognosia implica una incapacidad o ausencia de habilidad en el paciente para representar de forma consciente, percibir y experimentar los déficits y defectos propios (Prigatano& Klonoff, 1997; Montañés y Quintero, 2007).

De forma genérica, se emplea para escribir el desconocimiento de cualquier déficit o enfermedad (Nurmi & Jehkonen, 2014).

El doctor Enrique Noé, neurólogo del servicio de Daño Cerebral del Hospital Nisa, define la anosognosia como una “falsa percepción de normalidad” y destaca la afectación y circuitos cerebrales relacionados con la autoconciencia. Además nos propone algunos ejemplos de las conductas y expresiones presentes en pacientes con anosognosia:

  • Negaciones: “a mí no me pasa nada”; “No tengo ningún problema; “No entiendo porque no me dejan hacer nada”. Suene presentarse como consecuencia de la mala percepción que el individuo tiene de sus problemas físicos, cognitivos o conductuales.
  • Justificaciones: “Esto me pasa porque hoy no he descansado, o porque estoy nervioso”. Suelen presentarse como consecuencia de la mala percepción que el individuo tiene de las limitaciones funcionales que sus déficits generan.
  • Aseveraciones: se produce un desajuste con la realidad , “En un mes me voy a recuperar y voy a volver a trabajar”. Suelen presentarse como consecuencia de la presencia de una capacidad de planificación pobre y una escasa flexibilidad comportamental.

Generalmente, la anosognosia se presenta sin una afectación del nivel intelectual general, puede ocurrir de forma independiente a un deterioro intelectual generalizado, confusión o daño cerebral de tipo difuso.

Además, puede coexistir con otros procesos como la alexitimia, la negación, los síntomas delirantes como la personificación o las alucinaciones (Nurmi & Jehkonen, 2014).

Algunos autores han destacado como parte de la clasificación de la anosognosia, la presencia de características positivas y negativas, entre las que pueden aparecer: confabulaciones, explicaciones fantásticas y engañosas de muchos déficits (Sánchez, 2009).

El grado de afectación puede variar. Puede aparecer asociada a alguna función específica (falta de conciencia de un síntoma o de la capacidad de realizar alguna actividad, por ejemplo) o asociada a la enfermedad en general.

Por lo tanto, el grado en el que se presenta la anosognosia puede variar en un continuo desde situaciones leves a más graves (Nurmi & Jehkonen, 2014).

Además, diferentes resultados experimentales han demostrado que la anosognosia es un síndrome con varios subtipos, puede aparecer asociada a la hemiplejia, la ceguera cortical, los defectos del campo visual, la amnesia o la afasia, entre otros (Nurmi & Jehkonen, 2014).

En la evaluación de la anosognosia, normalmente se emplean tres métodos diferentes (Turró-Garriga, 2012):

  • Juicio clínico derivado de entrevistas semiestructuradas
  • Discrepancias identificadas en las respuestas a un mismo cuestionario entre el paciente y un informador.
  • Discrepancias entre la estimación del resultado y el resultado real en diferentes pruebas cognitivas por parte del paciente.

En todos estos casos, para establecer la gravedad, deberemos tener en cuenta los siguientes aspectos (Turró-Garriga, 2012):

  • Si expresa espontáneamente los déficits y preocupaciones.
  • Si menciona sus déficits al realizar pruebas específicas.
  • Si realiza alguna referencia a los déficits cuando se le realiza una pregunta directa.
  • O si por el contrario, se niegan los déficits.

De forma independiente al método que empleamos, el Consorcio de Neurpisicología Clínica (2010) ha propuesto una serie de criterios diagnósticos:

1.  Alteración de la conciencia de padecer un déficit físico, neurocognitivo y/o psicológico o el padecimiento de una enfermedad.

2. Alteración en forma de negación del déficit, evidenciada en afirmaciones como “no sé por qué estoy aquí”, “no sé qué es lo que me pasa”, “nunca se me han dado bien estos ejercicios, es normal que no lo haga bien”, “son los demás los que dicen que estoy mal”

3. Evidencia de déficits mediante instrumentos de evaluación.

4. Reconocimiento de la alteración por parte de familiares o conocidos.

5. Influencia negativa sobre las actividades de la vida diaria.

6. La alteración no aparece en el contexto de estados confusionales o estados de alteración de la conciencia.

Etiologia de la anosognosia

La anosognosia suele aparecer frecuentemente asociada a determinadas situaciones clínicas (Turro-Garriga et al., 2012).

Las investigaciones recientes han demostrado que se trata de un síndrome que se puede manifestar como consecuencia de diferentes condiciones neurológicas como los ictus, lesiones cerebrales traumáticas (TCE), la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Huntington y la enfermedad de Alzheimer, entre otros (Prigatano, 2010; Nurmi Jehkonen, 2014).

El hecho de que diferentes procesos demenciales pueden interferir de forma importante en la capacidad de autoevaluación, no es sorprendente encontrar una alta prevalencia de la anosognosia en la enfermedad de Alzheimer (EA), (Portellano-Ortiz, 2014).

La prevalencia de la anosognosia en la EA oscila entre un 40% y un 75% del total los casos (Portellano-Ortiz, 2014). Sin embargo, otras investigaciones estiman la prevalencia entre un 5,3% y el 53%. Esta discordancia puede ser explicada por diferencias tanto en la definición conceptual como en los métodos de evaluación (Turro-Garriga et al., 2012).

La anosognosia no presenta un correlato anatómico o bioquímico concreto, ya que se trata de un fenómeno muy complejo y multidisciplinar, no es unitario ni en su naturaleza ni en su intensidad (Castrillo Sanz et al., 2015).

A pesar de que no existe un consenso claro acerca de la naturaleza de este trastorno, existen varias explicaciones neuroanatómicas y neuropsicológicas que han intentado ofrecer una posible causa.

Generalmente, se suele asociar a lesiones circunscritas al hemisferio derecho, específicamente en áreas frontales, dorsolaterales, parieti-temporales y lesiones en la ínsula (Nurmi Jehkonen, 2014).

Esto ha sido confirmado por recientes estudios de SPECT de perfusión y RMf que sugieren que se asocia a la afectación de la corteza frontal dorsolateral derecha, el giro frontal inferior derecho, la corteza cingulada anterior y diferentes regiones parietotemporales del hemisferio derecho (Castrillo Sanz et al., 2015).

Consecuencias de la anosognosia

La anosognosia tendrá importantes repercusiones para el individuo. Por un lado, el paciente puede sobrestimar sus capacidades y someterse de forma continuada a conductas inseguras que pongan en riesgo su integridad física y su vida.

Por otro lado, al estimar que no presentan un problema real, pueden considerar innecesarios tanto los fármacos como otro tipos de terapias, por lo que la adherencia terapéutica puede verse comprometida y por lo tanto, el proceso de recuperación.

Además, el Dr. Noé destaca que la anosognosia va a dinamitar el camino hacia la integración y las vías óptimas de ajuste social.

Todas estas circunstancias, van a generar un incremento notable de la percepción de sobrecarga de los cuidadores principales de este tipo de pacientes (Turró-Garriga, 2012).

Intervención terapéutica

La intervención terapéutica se dirigirá al:

  • Control de las negaciones: enfrentando al paciente a sus limitaciones. Se suelen emplear programas psicoeducativos de instrucción sobre el funcionamiento del cerebro y las consecuencias de los daños cerebrales.
  • Control de las justificaciones: haciendo que el paciente reconozca que lo que está pasando es consecuencia de una lesión. Se suele requerir el apoyo familiar con el objeto se seleccionar aquellas tareas y situaciones en las que más se ponen de manifiesto estas justificaciones. Una vez que se selecciona, se trata de que el terapeuta ofrezca un feedback para el individuo evalúe su ejecución.
  • Ajuste de las aseveraciones: se suelen trabajar a través del ajuste personal para mejorar la conciencia de enfermedad y el ajuste de expectativas.

A través de la intervención psicológica y neuropsicológica para el abordaje de estas cuestiones, conseguirá una mayor conciencia de la enfermedad y por tanto se facilitará el desarrollo normal de la rehabilitación de los déficits resultantes de los daños cerebrales.

Conclusiones

Actualmente se ha generado un creciente interés por el estudio de este síntoma neurológico debido a que, su presencia puede tener un efecto negativo importante en la rehabilitación y también por la relevancia que tiene para la investigación neurocientífica de la conciencia (Prigatano& Klonoff, 1997; Montañés y Quintero, 2007).

Además, la detección temprana de la presencia de anosognosia será esencial para su abordaje terapéutico y así incrementar la calidad de vida tanto de individuo que lo padece como de su cuidador.

Referencias

  1. Castrillo Sanz, A., Andres Calvo, M., Repiso Gento, M., Izquierdo Delgado, E., Gutierrez Ríos, R., Rodríguez Herrero, R., . . . Tola-Arribas, M. (2015). Anosognosia en la enfermedad de Alzheimer: prevalencia, factores asociados e influencia en la evolucion de la enfermedad. Rev Neurol.
  2. Marková, I., & E. Berrios, G. (2014). The cosntruction of anosognosia: History and implications. CORTEX, 9-17.
  3. Montañés, P., & Quintero, E. (2007). La anosognosia en le enfermedad de Alzheimer: una aproximación clínica para el estudio de la conciencia. Revista Latinoamericana de Psicología(1), 63-73.
  4. Nurmi, M., & Jehkonen, M. (2014). Assesing anosognosias after stroke: A reviw of the methods used and developed over the past 35 years. CORTEX, 6, 46-63.
  5. Portellano-Ortiz, C., Turró-Garriga, O., Gascón-Bayarri, J., Piñán-Hernández, S., Moreno-Cordón, L., Viñas-Díez, V., . . . Conde-Sala, J. (2014).
    Anosognosia y depresión en la percepción de la calidad de vida de los pacientes con enfermedad de Alzheimer. Evolución a los 12 meses. Rev Neurol, 59(5), 197-204.
  6. Sánchez, C. (2009). ¿Qué es la anosognosia? Un reto transdisciplinario. Revista Chilena de Neuropsicología, 4, 91-98.
  7. Turró-Garriga, O., López-Pousa, S., Vilalta-Franch, J., & Garre-Olmo, J. (2012). Evaluación de la anosognosia en la enfermedad de Alzheimer. Rev Neurol, 54(4), 193-198.
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Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla y estudiante de Máster Estudios Avanzados de Cerebro y Conducta.

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