¿Qué es la Antipsiquiatría?

La antipsiquiatría es un concepto introducido en 1967 por el pensador David Cooper (1931-1986). Surge como un movimiento anti-institucional y reformador que cuestiona a la psiquiatría en tanto disciplina, y al rol del médico psiquiatra criticando fuertemente sus fundamentos y métodos de trabajo utilizados.

La antipsiquiatría intenta romper con las estereotipias relacionadas al concepto de enfermedad mental, entendiéndola como un mal anímico de origen social. Considera que es por medio de la psiquiatría, que los problemas subjetivos y los males anímicos de origen social han intentado resolverse por medio de la medicalización de los problemas del malestar cultural.

antopsiquiatria

La antipsiquiatía critica que se le asignan etiquetas a los enfermos mentales, privándolos de una descripción total de su persona, generándoles graves consecuencias, privándolos de sus derechos y sentenciándolos desde una realidad no objetiva.

Es considerada también un movimiento de antimedicalización. Realiza una fuerte crítica a la industria farmacéutica en relación al oportunismo y al capitalismo inherente al comercio, en relación a la medicación propuesta como necesaria desde la psiquiatría, para el tratamiento de patologías mentales.

Se muestra en contra del uso de medicación para dichos tratamientos, los cuales producen efectos secundarios y en mayor medida una fuerte dependencia.

De este modo, la antipsiquiatría cuestiona los fundamentos y métodos de la psiquiatría, critica su tratamiento y se pregunta acerca de los derechos de los pacientes. Propone una nueva perspectiva respecto a las enfermedades mentales y su tratamiento, puesto que para dicho movimiento la descripción o asignación de un término psiquiátrico de una enfermedad mental, encasilla al sujeto y lo limita en diferentes aspectos de su vida.

Breve reseña histórica de la Antipsiquiatría

Es en la década del 60 que surge la antipsiquiatría como una opción terapéutica alternativa. Sus principales referentes son los ingleses David Cooper y el médico psiquiatra Ronald D. Laing (1927-1989), quienes desde una nueva perspectiva propusieron una humanización de las instituciones psiquiátricas, considerando el concepto de enfermedad mental como un problema de educación.

En los años 60 se utilizaba el término de antipsiquiatría para denominar una corriente doctrinal en el área de la salud mental, la cual ponía en duda la validez de la medicina para resolver problemas psiquiátricos y promocionaba el cierre de las instalaciones psiquiátricas.

Sin embargo, los primeros antecedentes de la antipsiquiatría se remontan al siglo XVIII donde empezó a cuestionarse seriamente la función hospitalaria, principalmente la de los manicomios y el rol de los psiquiatras y médicos de la salud mental.

En el siglo XIX la locura era concebida como una alteración en la conducta, en el modo de actuar, de sentir y de decidir y ya no como una perturbación en el juicio. Los hospitales eran el lugar donde se realizaba el diagnóstico y la clasificación de pacientes, los cuales eran distribuidos según la misma en distintos pabellones, quedando sometidos a las políticas y normas del lugar.

Era el médico de dichas instituciones quien tenía el poder de hablar sobre la enfermedad y su verdad, quien podía producirla y someterla a la realidad en función del poder que ejercía sobre el propio enfermo.

En otras palabras, estas instituciones eran un lugar donde en vez de curar al enfermo se presentan como un medio encubridor, que podía incluso hasta potenciar la propia enfermedad.

Desde la perspectiva de la antipsiquiaría, estas instituciones rechazan al sujeto en lugar de actuar en función de sus necesidades. Además, esta teoría hace hincapié en la familia, en tanto institución social por excelencia, refiriéndose a ella como la causa y base de las patologías mentales.

Adjudicando entonces a la familia la responsabilidad del padecimiento del sujeto quien, desde este enfoque, ha vivido en un ambiente provocador de dicha patología, facilitado por sus progenitores.

Para este entonces, la antipsiquiatría critica además los procedimientos llevados a cabo por los manicomios en su trato con el enfermo. Entre ellos el aislamiento, el régimen de premios y castigos, la disciplina exagerada, el trabajo obligatorio y principalmente la relación médico-paciente.

Entendían que el médico, acogiéndose a su saber, era el único con potestad para valorar la verdad de la enfermedad, pudiendo producir un sometimiento del paciente, manejando su voluntad, dominándolo y tratando la enfermedad según su criterio y beneficio propio.

Una vez diagnosticado como “loco”, el sujeto perdía gran parte de su condición humana, su libertad, sus derechos y, pasaba a ser un enfermo mental que debía someterse al tratamiento indicado, sin importar si tenía voluntad o no para hacerlo.

La psiquiatría argumentaba tener las herramientas terapéuticas para tratarlos, aun cuando estos métodos de trabajo se tratasen de encierros, sumisiones y una disciplina coercitiva.

Es a fines del siglo XIX que, desde la antipsiquiatría, se ha focalizado sobre la imagen del médico, en relación a su autoridad, la cual se ve fuertemente cuestionada en tanto la verdad que decía sobre la enfermedad, el poder que tenía y el efecto que generaba sobre el enfermo.

De este modo, la antipsiquiatría propuso como premisa realizar terapias más humanizadas que tuviesen en cuenta los derechos de los pacientes que residen en manicomios, considerando al factor social como la causa de las enfermedades de la mente, siendo el espacio social en el que se mueve el sujeto el que está perturbado y no el propio sujeto.

La antipsiquiatría se aleja entonces de la convencionalidad de la psiquiatría, siendo los temas centrales de discusión, desde la crítica al sistema psiquiátrico, hasta la negación de la enfermedad mental, entendiéndola como herramienta de dominación e imposición de estereotipias.

Ha tratado en tanto movimiento revolucionario contra la psiquiatría de transformar las relaciones entre los médicos y los pacientes, eliminando la noción de enfermedad mental y de locura, atribuyendo lo patógeno a la sociedad y a la propia familia del sujeto al que se lo ha etiquetado como loco.

Principales críticas de la antipsiquiatría para con la psiquiatría

Para la antipiquiatría, los médicos psiquiatras son un invento de la ciencia en tanto esta doctrina considera a la enfermedad mental como algo que carece de existencia. Para este movimiento, la indisposición de la mente corresponde a situaciones normales que desarrollan los sujetos para defenderse de un ambiente social, entendiéndolo como productor en sí mismo, de una perturbación de la estabilidad.

Al negar la existencia clínica de la enfermedad mental, la antipsiquiatría critica firmemente a la industria farmacéutica, sugiriendo que los tratamientos farmacológicos son los que causan daños en el cerebro y en el organismo de los sujetos. 

Responsabiliza a la psiquiatría por las condiciones de los hospitales que operan como manicomios. A su vez, las críticas también se centran en la noción que tiene la misma del sujeto, dejándolo afectado por una enfermedad, descalificándolo al ser tratado como loco, por lo cual queda también despojado de todo poder, del saber acerca de su enfermedad y de todos sus derechos, inherentes éstos a todo ser humano.

Repudia la relación de poder del psiquiatra sobre su paciente, pretendiendo asignar al sujeto el derecho de vivir su vida dominándolo, sometiéndolo y manipulándolo en torno a una clasificación o etiqueta que cuestiona su razón o normalidad. También va en contra de su trato poco humanitario con el paciente y contra sus criterios exagerados al momento de diagnosticar.

La antipsiquiatría pone en duda la veracidad de la psiquiatría en tanto ciencia, puesto que desde su perspectiva, patologiza las variaciones normales del comportamiento humano, así sus pensamientos y/o emociones. Tratan de cómplices a los psiquiatras que prescriben medicamentos en el afán de mantener su contrato o comisión para con la industria farmacéutica.

Inculpa a la familia en tanto institución social y a la educación brindada por ésta, considerándola un factor provocador de las alteraciones mentales ulteriores de la etapa adulta del sujeto.

De este modo, la enfermedad no es inherente al individuo, sino una manifestación de una anomalía en el sistema de relaciones y vínculos que se ponen en juego en la familia. La antipsiquiatría ubica entonces al problema en una red de interacciones personales, empezando por la familia, siendo esto el origen de un trastorno en el campo de las relaciones sociales, lo que provoca la causa del sufrimiento emocional del sujeto.

Desde su perspectiva y crítica con la psiquiatría, la antipsiquiatría la condena ya que considera que ha utilizado la definición de enfermedad mental para medicalizar problemas sociales, no siendo éstos de origen o de naturaleza médica.

Por lo tanto, pone en duda lo diagnósticos efectuados por la misma, a través de los cuales, al calificar como enfermo mental a un sujeto e imputarle una enfermedad de índole incurable, lo obliga a tomar medicación de por vida, afectando esto su calidad de vida.

Entienden que le roban la esperanza e lo incitan a conformarse con una vida llena de medicamentos a los que se hará dependiente. Por ello, considera que los tratamientos propuestos por la psiquiatría son destructivos y perjudiciales a corto y largo plazo.

La antipsiquiatría pretende de este modo romper con la asignación que se le da a las personas con enfermedades de la mente, despojándolos de esa etiqueta conferida por un diagnóstico el cual consideran poco objetivo.

Liberan al paciente y le confieren el poder de vivir y ejercer sus derechos, los cuales le habían sido arrebatados al momento de asignarles el estatuto patológico del cual la antipsiquiatría pretende despojarlos.

Proclama las luchas concernientes a la salud mental, contra las fuerzas sociales y políticas, con el objetivo de defender la salud y, transformar la sociedad. 

La Antipsiquiatría en la actualidad

Hoy en día, la psiquiatría es la única disciplina o especialidad médica que posee un anti-movimiento: la antipsiquiatría.

Muchas de sus críticas han sido consideradas como exageradas o desproporcionadas, pero las formulaciones realizadas por este movimiento han roto con paradigmas político-sociales anteriores a su surgimiento. La antipsiquiatría ha sido una experiencia teórica y práctica concreta que ha obtenido logros de carácter incuestionable.

Lejos de renunciarse a sus propuestas, las cuales han mostrado un importante valor, debemos saber interpretar el replanteo y renovación de sus premisas, de acuerdo a cada circunstancia específica de la época actual.

Al mismo tiempo, focalizar sobre la antipsiquiatría como algo pasado es análogo al pensamiento que ésta tenía sobre el despojar al enfermo de todos sus derechos, sometiéndolo a la voluntad de otros, resignándose a vivir una vida impuesta y no ejerciendo su propia voluntad.

De este modo, al dejar atrás las propuestas de la antipsiquiatría se fomenta la creencia de que nada puede hacerse con el malestar social o cultural, idea portadora de desesperanza e inhibidora de la búsqueda de los cambios necesarios para vivir en una sociedad mejor.

Mirando actualmente las prácticas realizadas en las instituciones de salud mental como el uso de psicofármacos, el comercio inherente a las obras sociales o el consumismo, no es descabellado pensar que la antipsiquiatría expone una serie de razones por las que se debe valorar el actual sistema sanitario sobre salud mental.

Referencias

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Licenciada en Psicología, en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Especialización en Terapia Asistida con Perros en TACOP Argentina.

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