Atahualpa: biografía, muerte

Atahualpa fue el último gran emperador inca legítimo. Su nombre proviene de quechua ataw-wallpa que traduce “ave de fortuna”. A la muerte de su padre, Huayna Cápac, el vasto imperio inca se dividió en dos partes con un reinado compartido entre dos hermanos, Atahualpa y Huáscar. Esto llevó a una sangrienta guerra civil, que Atahualpa ganó en 1532.

Este imperio se extendía desde la actual ciudad de Santiago de Chile al sur, hasta Quito (Ecuador) al norte. Pero, antes de que pudiera coronarse victorioso, Atahualpa fue atrapado y ejecutado por el conquistador Francisco Pizarro. De esta manera se dio fin a una tradición de 13 emperadores incas en sucesión y se marcó el final del imperio inca (tahuantinsuyo).

Retrato de Atahualpa. Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú

Al morir Atahualpa, los españoles inmediatamente elevaron a uno de su hermanos, Tupac Huallpa al trono. Aunque Tupac Huallpa pronto murió de viruela, fue el inicio de una cadena de gobernantes incas impuestos por los españoles. El último de los gobernantes de este tipo fue el sobrino de Atahualpa, Túpac Amaru, quien fue asesinado en 1572.

De este modo, cuando murió Túpac Amaru, la línea inca real murió con él. A partir de este hecho, acabó para siempre cualquier esperanza de dominio indígena en los Andes. En la actualidad Atahualpa se reconoce como un digno representante de sus antepasados y sucesor de su tatarabuelo, el inca Viracocha.

Biografía

Primeros años

La falta de una crónica confiable y la carencia entre los incas de un sistema de escritura para los registros históricos, hace difícil precisar el nacimiento de Atahualpa. Sin embargo, la versiones más comunes aseguran que Atahualpa nació en Quito el 20 de marzo de 1497 (algunas otras fuentes fijan la fecha en el año 1502).

Era hijo del emperador inca (o sapa inca, título que significaba el inca, el único) Huayna Cápac. Se dice que este procreó alrededor de 200 hijos con sus múltiples esposas y concubinas.

De la madre de Atahualpa se sabe que provenía de sangre real. Era la heredera del trono del reino de Quito, el cual fue conquistado por Huayna Cápac y anexado al tahuantinsuyo.

Posteriormente, un movimiento político de unificación la convirtió en una de sus esposas. Ella le dio al sapa inca dos hijos de sangre real, Atahualpa e illescas. El futuro emperador pasó los primeros días de su infancia con su padre en el Cuzco.

Adolescencia

En su adolescencia, fue sometido a un rito de iniciación conocido como el warachikuy que marcaba el tránsito a la edad de 19 años. El nombre de esta ceremonia proviene del quechua y se traduce como “vestirse con calzones”. En el curso del rito, los jóvenes se agrupaban en bandos para demostrar que eran capaces para defender al imperio inca.

A pesar de ser el menor de los hijos de Huayna Cápac, recibió la atención especial de este. Siempre se mantuvo muy cerca de su padre y le ayudaba a combatir las rebeliones de los pueblos que se oponían a la ampliación del imperio del sapa inca. Sus dotes de guerrero eran muy apreciadas por los generales de su padre.

Huáscar y Atahualpa

De 1527 a 1532, los hermanos Huáscar y Atahualpa lucharon por dirigir el imperio inca. Esta lucha tuvo sus orígenes en la muerte de su padre y la de Ninan Cuyuchi, quien era el hijo mayor y el primero en la sucesión. Ambos fallecieron en 1527 (o 1525, según otras fuentes).

A cada uno se les había permitido gobernar una parte del Imperio como regentes durante el reinado de su padre. Huáscar regía en Cuzco mientras que Atahualpa gobernaba en Quito. A la muerte de Huayna Cápac, el reino se dividió en dos y ambos hermanos obtuvieron las jefaturas permanentes en las partes concedidas.

Al principio, ambos hermanos (siguiendo uno de los pedidos de su padre) trataron de vivir en paz, con respeto y en colaboración. No obstante las presiones ejercidas por grupos políticos de ambos lados enturbió la relación. Las presiones en mayor parte provinieron de los generales de los dos bandos que veían la oportunidad de avanzar en su carrera militar.

En 1532, luego de encarnizadas refriegas, el ejército de Atahualpa derrotó a las fuerzas de Huáscar en una batalla a las afueras de Cuzco. El bando victorioso capturó a Huáscar, dando así fin a la guerra civil.

Legado de la Guerra Civil

La guerra civil sostenida entre Atahualpa y Huáscar fue uno de los factores más cruciales de la conquista española de los Andes. Aunque el imperio inca era poderoso, con ejércitos entrenados, generales hábiles, una economía fuerte y una población trabajadora, sucumbió a fuerzas inferiores.

Las fuerzas españolas supieron aprovechar hábilmente el resentimiento que quedó del lado cuzqueño luego de la derrota. Después de la muerte de Atahualpa, los españoles se presentaron ante los súbditos del derrotado Huáscar como los vengadores. De esa manera, mantuvieron la división del imperio y la usaron para sus planes de dominación.

Por otro lado, al capitalizar los resentimientos de los cuzqueños, los españoles pudieron entrar sin resistencia a la ciudad. Una vez dentro, saquearon todo el oro y plata que todavía quedaba. La reacción de los defensores de la ciudad fue tardía. Algunos de ellos, se rebelaron; sin embargo, su rebelión fue sofocada inmediatamente.

Descendencia

Atahualpa, como todos los soberanos del Cuzco y de Quito, tuvo muchos hijos, algunos de los cuales eran legítimos y otros no. Al morir convertido al cristianismo, sus hijos fueron debidamente bautizados. Esto garantiza entre otras cosas que fuesen registrados en las actas de bautismo.

Sin embargo, por distintas razones, muchas de estas actas no pudieron ser localizadas. Solo pocos nombres de esta descendencia han pasado hasta la fecha actual. Entre ellos, destacan Diego Hilaquita, Francisco Ninancoro y Juan Quispi-Túpac. Asimismo cuentan con acta de bautismo certificada Francisco Túpac-Atauchi, Felipe, María e Isabel Atahualpa.

Las crónicas de la época relatan que la gran mayoría de los descendientes de Atahualpa recibieron protección de la iglesia al morir su padre. Otros incluso pudieron llegar a España y recibir protección de la corte española. El propulsor de esta acción fue el mismo Pizarro quien creyó que, en manos de los religiosos, recibirán protección y educación.

Esposas

En cuanto a las esposas de Atahualpa, el maltrato y extravío de documentos históricos también hicieron estragos en esta parte de la historia del guerrero inca. Según los registros que se pudieron rescatar, solo se conoció el nombre de doña Isabel Yarucpalla. Esta era una india del Cuzco, descendiente de la sangre real de los incas.

Al respecto, los documentos relatan que debido a su nacimiento y por ser viuda de Atahualpa, tenía una gran influencia sobre sus compatriotas. Asimismo, recibió una gran consideración de parte de los españoles.

Las crónicas relatan que esta india era naturalmente aseñorada, generosa, afable en su trato y decorosa en sus maneras. El linaje noble de su familia se manifestaba claramente en su comportamiento y en sus virtudes.

Muerte de Atahualpa

En 1532, cuando los españoles entraron en el imperio inca, la victoria de Atahualpa sobre Huáscar era aún muy reciente. El hermano vencedor controlaba la mitad norte del imperio. Sin embargo, en todo el tahuantinsuyo existía un estado de agitación causado por la guerra civil entre los dos hermanos.

Alrededor de la capital inca, todavía había mucho apoyo para el rival vencido. En estas circunstancias, el avance de la pequeña banda de extranjeros se manejó con menos violencia de lo que podría haber sido el caso.

Por otra parte, Atahualpa estaba en el norte, en Cajamarca, a la espera para hacer su entrada triunfal en la ciudad de Cuzco. Pizarro y su pequeño grupo de conquistadores ingresaron al valle de Cajamarca en noviembre y se encontraron con el ejército de Atahualpa acampado en tiendas a las afueras de la ciudad.

No teniendo forma de evadirlos, decidieron avanzar hacia el campamento. Entraron al pueblo de Cajamarca, sin oposición, y luego envíaron un pequeño grupo para presentarse ante el sapa inca.

Sin desmontar, el grupo entró al patio donde se encontraba Atahualpa. Al principio, este mostró poca reacción, excepto tal vez desdén. Pero le preocupaban los caballos, entonces acordó visitar a Pizarro en Cajamarca al día siguiente.

La masacre de Cajamarca

Los españoles, conscientes de su inferioridad numérica, le tendieron una emboscada a Atahualpa. Tomaron la precaución de ocultar sus fuerzas (caballería, infantería, artillería), en las casas y solares alrededor de la plaza.

Atahualpa entró a Cajamarca, alrededor de las 5 de la tarde, en una litera chapada en oro y forrada de plumas de papagayos de muchos colores. La litera era transportada en hombros por cargadores y seguida por una comitiva de miles de sus súbditos desarmados. Se estima que unos 25 mil indígenas acompañaron al monarca esa tarde.

Al ingresar a la ciudad, la plaza parecía estar vacía. Un solo español caminó hacia el inca con una biblia en la mano, el fraile Vicente de Valverde, quien era el sacerdote de Pizarro. El cura comenzó solemnemente a explicar a Atahualpa la verdad de la religión cristiana. Este último pidió la biblia para revisarla, hojeó el libro y lo tiró al suelo.

Esa fue la señal para el inicio del ataque. Los indios entraron en pánico desesperados por el estrépito de la artillería y los disparos. El ataque de la caballería (desconocida para ellos hasta ese momento) provocó la estampida de los indígenas.

El saldo de bajas del lado indígena fue bastante alto. Se estiman entre 2 mil y 10 mil muertos y heridos en una batalla de 2 horas de duración. Del lado español solo hubo un herido, el propio Pizarro, quien recibió un tajo en su mano desviando un puñal que iba hacia el monarca. Al final de la masacre, Atahualpa fue tomado prisionero.

Pizarro y Atahualpa

Pizarro estaba en conocimiento de la estrategia usada por su compañero conquistador Cortés para controlar a México a través de la captura de sus gobernantes. Así pues, decidió hacer lo mismo en el Perú.

Dio la orden de mantener cautivo al emperador pero asegurándose de que fuera tratado con todo respeto y pudiera seguir gobernando a sus súbditos desde el cautiverio.

Atahualpa sabía  que el oro era el centro de la ambición de los españoles. Entonces, el inca ofreció llenar una habitación de oro y plata a cambio de su libertad. Esta proposición fue recibida con agrado de parte de los españoles.

Luego, comisionó a uno de sus generales, Calicuchima, para que reuniera en todo el imperio el tesoro pactado. Según los cronistas, el general reunió y entregó el tesoro, en cantidad superior a lo prometido. No obstante, los españoles le solicitaron revelar dónde podían encontrar más oro. Él se negó a responder y lo quemaron vivo.

Por otro lado, luego de recibido el rescate pautado, Pizarro se rehusó a liberar a su rehén. Por el contrario, organizó un tribunal de justicia para enjuiciarlo. Entre otros, los cargos en contra eran practicar la idolatría, practicar el adulterio e intentar la sublevación de los pueblos indígenas en contra de España.

Días finales y sentencia

Los cargos imputados a Atahualpa lo hacían merecedor de una sentencia de muerte. De los 24 miembros del tribunal, 13 lo declararon culpable y el resto se opuso a firmar el documento con la sentencia. El mismo Pizarro pronunció la sentencia que lo condenaba a la hoguera.

Al conocer el veredicto, el monarca entró en pánico. Entre los incas era arraigada la creencia de que el alma inmortal se uniría a los dioses si el cuerpo era embalsamado. Temía que si lo quemaban no pudiera descansar al lado de sus dioses.

En agosto de 1533, lo ataron a una estaca en el centro de la plaza de Cajamarca para ser quemado. El sacerdote lo persuadió en el último momento para que aceptara el cristianismo. Atahualpa fue entonces bautizado y, en retribución, la sentencia fue cambiada a muerte por estrangulamiento.

Antes de morir, Atahualpa había dispuesto que su cadáver fuese embalsamado y depositado después en un sepulcro de los antiguos reyes de Quito. Esa noche, sus súbditos se reunieron y, con grandes muestras de dolor, embalsamaron y transportaron el cadáver de su soberano una distancia de 250 leguas, hasta la capital.

Referencias

  1. Minster, C. (2017, marzo 23). Biography of Atahualpa, Last King of the Inca. Tomado de thoughtco.com.
  2. Macias Nuñez, E. (2004). Un rey llamado Atahualpa. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana.
  3. Barahona, J. S. (2006, octubre 03). Atahualpa: El inca en busca del sol. Tomado de web.archive.org.
  4. Navarro, J. G.  (2016, agosto 31). La descendencia de Atahualpa. Tomado de cervantesvirtual.com.
  5. Minster, C. (2017, abril 28). Huáscar and Atahualpa Inca Civil War. Tomado de thoughtco.com.
  6. Carrión, B. (1992). Atahualpa. Quito: Libresa.
  7. History World. (s/f). History of the incas. Tomado de historyworld.net.
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