¿Qué son las autolesiones? (Psicología)

Las autolesiones son aquellas conductas que implican un daño físico autoinfligido, normalmente cortes (85%), quemaduras (30%), golpes (32%), punciones, arañazos, pellizcos, arrancamiento del pelo, etc. En muchos casos se utilizan varias formas simultáneas de autolesión.

La conducta autolesivas aparecen sobretodo en jóvenes y adultos jóvenes, y su tendencia va disminuyendo a medida que avanza la edad. En un estudio llevado a cabo por Romuald Brunner se encontró que, de 5000 alumnos de entre 14 y 15 años, el 2% de los chicos y el 6% de las chicas llevaba a cabo conductas autolesivas.

autolesiones

Las personas que se hieren a sí mismas suelen sentirse tristes, vacías, con multitud de dificultades a la hora de identificar sus propios sentimientos y expresarlos. Las dudas invaden su mente, y provocan una búsqueda desesperada por controlar esa cascada de sentimientos inidentificables.

Para muchas personas, las autolesiones pueden llevar a ser vistas como una amiga, puesto que termina siendo una herramienta de salida a estas emociones sin control, permitiendo que esta sensación tan intensa y pesada pueda llegar a ser tolerada.

Podríamos decir que la persona que se hiere no ha aprendido conductas adaptativas para controlar el estrés, y recurre a esta acción porque realmente les es más fácil que intentar comprender y expresar aquello que sienten. De hecho, difícilmente podrán explicar lo que les ocurre en su interior porque ni ellos mismos lo entienden, ni por qué sienten lo que sienten con tanta intensidad.

¿Cómo es el perfil de las personas que se autolesionan?

El trastorno por excelencia de las personas autolesivas es el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). A este trastorno se le clasifica dentro del grupo B de trastornos de la personalidad, los llamados “dramático-emocionales” en el DSM-IV-TR. 

Dicho trastorno se caracteriza sobre todo por una gran inestabilidad emocional, conductual y social. Tienden a las conductas autolesivas graves, y tienen un patrón conductual altamente impulsivo y agresivo. Esto provoca que sus relaciones interpersonales sean difíciles, inestables e inseguras. Por si fuera poco, es el más común de entre los trastornos de la personalidad (lo padece entre un 0,2% y un 1,8% de la población). 

Además de las personas con TLP, otros trastornos psicopatológicos también son sensibles a las autolesiones, como los trastornos del estado de ánimo, ansiedad, el trastorno por estrés postraumático, los trastornos de la conducta alimentaria, los trastornos disociativos, y el trastorno obsesivo-compulsivo.

Detonantes

Aunque más arriba comentamos cuáles son las razones por las que una persona decide autolesionarse, lo cierto es que están acompañadas de experiencias frustrantes interpersonales. Situaciones que la persona experimenta como difícil, con sentimientos de humillación o sobreexigencia pueden llevar a una persona a la autolesión.

Estas personas aprenden desde muy temprano que la interpretación de sus sentimientos y emociones es errónea o mala. Cuando esto ocurre, no sabes qué debes sentir o si está bien o no que lo sientas.

De hecho, es posible que muchas de estas personas aprendieran que no estaban permitidos ciertos sentimientos, recibiendo es algunos casos, hasta castigo por ello.

Es importante apuntar que la conducta autolesiva se “contagia”. Esto es así porque este fenómeno, cuando es compartido por alguien más que conocemos, se crea un sentimiento de pertenencia a un colectivo, que refuerza el comportamiento.

Sin embargo, solo aquellas personas que se encuentren bajo fuertes tensiones emocionales por problemas personales serán las que se autolesionen para superar el estrés.

Las señales de alerta de conductas autolesivas

  • Frecuentes cicatrices no explicables o sin razón aparente, cortes, quemaduras y hematomas; especialmente en los brazos muslos, vientre y caderas.
  • Manchas de sangre en la ropa.
  • Accidentes frecuentes.
  • Ropa para disimular, como pantalones largos o jerseys en épocas en las cuales ya hace calor.
  • Negativa a desvestirse en presencia de alguien, y evitación de todas aquellas situaciones que lo requieran: ir al médico, ir a la playa, la piscina…
  • Guardar en algún lugar cuchillas, cristales, y cosas útiles para controlar lo que pueda pasar ante una autolesión.
  • Algunos signos no tan específicos que pasan más inadvertidos, como pueden ser cambios de humor repentino y muy evidente, baja autoestima, impulsividad, aislamiento, irritabilidad.
  • Necesidad de estar solo durante mucho tiempo.

La autolesión desde el punto de vista de los afectados

A continuación, puedes leer algunos testimonios de personas que presentan conductas autolesivas que hemos seleccionado del libro La autolesión: el lenguaje del dolor, que esperamos te ayuden a comprender mejor a los afectados.

“No sé por qué me autolesiono. Algunos profesionales me han dicho que es para llamar la atención, pero yo no creo que sea ese el motivo. Lo único que tengo claro es que después de hacerme cortes me siento mucho mejor, más tranquilo. A veces creo que me hago a mí lo que me gustaría hacerle a otros, pero tampoco creo que sea esa la explicación porque yo no haría daño a nadie. No lo sé, no puedo contestar a tu pregunta.” Un paciente de 19 años.

“A veces siento que estoy en una especie de trance… siento que me estoy volviendo loca, que no existo, que no soy real, es como si estuviera muerta… A veces me quemo para comprobar si sigo viva y que aún siento algo”. Una paciente de 34 años.

“Hace muchos años que tengo una lucha interna. A medida que pasaba el tiempo, como no encontraba soluciones efectivas, me empecé a autolesionar y esto sí que era efectivo. Me encontraba mejor; Cuando pensaba que ya no podía más, que no valía la pena luchar, y que la vida no tenía ningún sentido, recurría a los cortes. Parecerá extraño, pero yo no quería morir, quería dejar de sufrir, quería aprender a tolerar los imprevistos, a vivir sin tanto dolor… Quería, pero no podía, no sabía… Las autolesiones cada vez eran más fuertes y acabé enganchada, no podía parar de hacerme daño, cualquier situación o imprevisto era suficiente para dañarme. Nadie se dio cuenta hasta que un día se me fue la mano y necesité una intervención. Había sangre por todas partes, pensé que me iba a desangrar en mi cuarto y pedí ayuda”. Una paciente de 29 años.

Razones de las autolesiones

Después de leer estas palabras, seguramente puedas comprender un poco mejor a estas personas. En cualquier caso, para que puedas saber aún mejor qué es lo que les ocurre, te enseñamos las razones que llevan a estas personas a infligirse daño.

  • Como modo de control y alivio de emociones muy intensas y negativas. Estas emociones son percibidas como incontrolables, altamente insoportables y sobre todo imposibles de identificar. La persona se siente sobrepasada y no puede más. La autolesión es una herramienta que alivia este malestar.
  • Como En otras ocasiones, los sentimientos están más relacionados con la culpabilidad, errores que haya podido cometer y desprecio a sí mismos.
  • Como modo de sentir algo. En el último testimonio podíamos ver muy bien que necesitaba una muestra de que seguía viva, que seguía existiendo pese a no sentir nada.
  • Como modo de expresar ira y enfado, también incontrolables. Puede que estas personas lleguen a tener miedo de hacer daño a otras, así que el modo que encuentran de evitarlo es siendo agresivas con ellas mismas.
  • A veces, por el público general, estas personas son consideradas buscadoras de llamar la atención. Lo cierto es que no buscan llamar la atención en sí, sino expresar lo que no saben expresar de la manera más “fácil” que han encontrado.

La verdadera razón de por qué se llevan a cabo estas conductas hirientes es muy simple: funciona.

Es importante que tengas en cuenta que las conductas autolesivas no son un intento de suicidio, sino todo lo contrario: buscan evitar llegar hasta ese punto a través de calmar aquello tan intenso que sienten.

Si bien es cierto que hay algunos casos que acaban en suicidio, es una realidad que o no lo buscaban (y salió mal la autolesión planeada), o buscaron el suicidio buscando otros métodos distintos al habitual utilizado para la autolesión.

En ocasiones, la conducta autolesiva puede llegar a volverse una verdadera adicción, que lleva a un círculo vicioso sin fin. Esto es algo así como:

La respuesta corporal es la que ejerce el papel central del reforzamiento: La tensión emocional interior disminuye, los sentimientos disociativos desaparecen y la persona encuentra el alivio que necesitaba.

Más tarde aparecen otros sentimientos más relacionados con la vergüenza y la culpa, que junto a la preocupación por esconder los vendajes y las cicatrices, pueden conllevar una evitación social y aislamiento.

Si lo vemos desde este punto de vista, es lógico que pretendan esquivar preguntas incómodas que saben que difícilmente serán comprendidas. Sin embargo, en ocasiones, llamar la atención, provocar a los padres o entablar relaciones con otros afectados también puede reforzar la conducta autolesiva.

Esto no quiere decir que busquen con su conducta llamar la atención. Ya hemos comentado que intentan ocultar su conducta. Quiere decir que al recibir atención (y con ello, afecto), puede que se refuerce la conducta autolesiva.

Sustrato neural

Además de estas razones, existe un sustrato neural que las explica.

Es un hecho que las personas que se autolesionan son más insensibles al dolor que otras personas que no se hieren a sí mismas. En un estudio de Martin Bohus en la Universidad de Friburgo, investigó la percepción del dolor de las personas que se autolesionaban.

La situación de laboratorio era la siguiente: Los sujetos tenían que introducir su mano en un cuenco con agua helada todo el tiempo que fueran capaces y valorar el grado de dolor que ello le suponía. Aquellos sujetos que tenían el diagnóstico de TLP evaluaron su dolor con una puntuación significativamente inferior al de los sujetos control (esto es, los sujetos “sanos”).

Además, ninguna de las personas que participaron en el estudio y tenían TLP retiró la mano del agua antes de finalizar el experimento. Sin embargo, todos los sujetos control tuvieron que renunciar antes de tiempo, pues el dolor era insoportable.

Por si fuera poco, a las personas con TLP que participaron en el estudio, se les pidió que volvieran cuando se sintieran tan mal como para infligirse daño en situaciones normales, para hacerles de nuevo la misma prueba. Lo que se comprobó fue que mostraban, aún, menor sensibilidad al dolor.

Las autolesiones están relacionadas con un control excesivo de la corteza prefrontal, que reduce la sensibilidad al dolor, además de con la amígdala, encargada del procesamiento de las emociones.

Además, en estas pacientes, los estímulos dolorosos parecen inhibir mejor la tensión emocional que los estímulos débiles. Dicho de otro modo, todo apunta a que las autolesiones tienen un papel de regulación emocional en estos pacientes.

Consejos para familiares y amigos

  1. No reacciones con espanto, enfado o reproches. Estas personas necesitan comprensión y aceptación, no lo contrario.
  2. Conversa con el afectado sobre las autolesiones sin enfado y con mucho respeto. Ayudará a que verbalice sus emociones dentro de sus posibilidades.
  3. Cuando hables con el afectado sobre las autolesiones, hazlo abiertamente, pero sin imponer la conversación. Ellos son los que tienen que “dar su consentimiento” y no sentirse obligados a nada.
  4. No ignores la conducta ni la minimices, es importante que los afectados sepan que merecen atención.
  5. Hazle saber que quieres ayudar y que estarás en el momento que él o ella lo necesite. Ofrece cercanía física sin forzarla.
  6. No expreses prohibiciones, ni castigos ni ultimatos. Solo empeorarás la situación.
  7. Interésate por las preocupaciones y necesidades que llevan al afectado a poner en práctica las conductas autolesivas.
  8. Facilítale material para curar las heridas y vendarlas. En caso necesario, ayúdale a curarlas y desinfectarlas, y lleva al médico a la persona afectada en caso grave.
  9. Ayúdale a que sepa darse cariño y amor a sí misma. Por raro que parezca, esta persona no ha aprendido a quererse y darse mimos.
  10. No le preguntes qué puedes hacer. Estas personas no saben bien qué necesitan. Mejor pregúntales si puedes hacer “esto”, y ellas te dirán que sí o que no.
  11. La confiscación de objetos cortantes es inútil y solo conseguirás alimentar su creatividad para seguir haciéndolo.
  12. Es importante acudir a terapia. En la medida de lo posible, sin forzar nada y a través siempre del cariño y el respeto, es muy importante que tu familiar o amigo/a comprenda que debe recibir terapia psicológica, que le ayudará a comprenderse mejor a sí mismo/a y que se sentirá poco a poco mejor. Si se muestra reticente, no debes seguir insistiendo, pero sí volver a intentarlo las ocasiones que sean necesarias más adelante.

Referencias

  1. Hawton, K., Hall, S., Simkin, S., Bale, L., Bond, A., Codd, S., Stewart, A. (2003). Deliberate self-harm in adolescents: a study of characteristics and trends in Oxford, 1990–2000. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 44(8), 1191-1198.
  2. Mosquera, D. (2008). Autolesión: el lenguaje del dolor. Madrid: Pleyades.
  3. Pattison, E. M., Kahan, K. (1983). The deliberate self-harm síndrome. American Journal of Psychiatry, 140(7), 867-872.
  4. Schmahl, C. (2014). Bases neuronales de la autolesión. Mente y cerebro, 66, 58-63.
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Graduada en Psicología por la US y estudiante de Master en Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje por la UOC.

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