Catatonía: Síntomas, Causas y Tratamiento

La catatonía es un síndrome psicomotor que se caracteriza por una aparente falta de respuestas a los estímulos del medio, estando la persona despierta. Estos pacientes adoptan una postura rígida, parecen inmóviles y apenas hablan, pudiendo permanecer así durante horas, días e incluso semanas.

Parece ser que el término “catatonía” proviene del griego kata cuyo significado es “hacia abajo” y tonas (tono o tensión). Aunque otros autores creen que podría tener su origen en “katatieno”, significando kata “completamente” y tieno “tensión”.

catatonia

Se presenta en niños, adolescentes y adultos; y se asocia a una gran variedad de signos y síntomas relacionados con la ausencia de movimientos voluntarios y expresión de pensamientos (Medscape, 2016).

Tradicionalmente se ha relacionado con la esquizofrenia, aunque aparece también en una gran variedad de trastornos como la depresión.

Historia

Kahlbaum, un psiquiatra alemán, fue el primero que investigó de manera sistemática la catatonía. En 1868, observó una serie de pacientes que parecían estar inmersos en una “profunda melancolía”. Presentaban anormalidades motoras y del estado de ánimo, como negativismo (ser hostil y desafiante), mutismo, inmovilidad, rigidez, y repetición constante de palabras sin sentido alguno. Kahlbaum la consideraba como una enfermedad aislada.

En 1893, el famoso psiquiatra alemán Emil Kraepelin describió que la catatonía era un subtipo de demencia precoz. Aunque pronto los investigadores comenzaron a darse cuenta que estaba asociada a la esquizofrenia. En 1906, Bleuler la consideró como un tipo de esquizofrenia, la esquizofrenia catatónica (Crespo y Pérez, 2005).

Sin embargo, no sólo corresponde a la esquizofrenia. Más recientemente se han observado este conjunto de síntomas en otros trastornos psiquiátricos, principalmente en los de tipo afectivo (como depresión o bipolaridad). Aparecen además en algunas personas con encefalitis, autismo, o síndrome neuroléptico maligno.

¿Es frecuente la catatonía?

A nivel internacional, la frecuencia de la catatonía no se conoce con certeza. Los pocos estudios existentes dan cifras muy distintas, seguramente porque esta condición varía dependiendo del lugar. Por otro lado, puede ser que muchos casos no se diagnostiquen, sobre todo en aquellos países en vías de desarrollo.

Según Fink y Taylor (2009), la frecuencia de este síndrome entre las poblaciones psiquiátricas oscila entre un 6 y un 38%.

En España el 16,9% de pacientes de hospitales psiquiátricos presenta catatonía, el 11,4% en Colombia, en Francia 13,1%, y en la india un 13,5%. En cuanto a la reducción de casos, se ha encontrado una disminución drástica de la catatonía en Gran Bretaña, Chile, y Finlandia (Medscape, 2016).

En niños pequeños es poco frecuente, se da sobre todo en adolescentes y adultos. Parece que es igual de frecuente en ambos sexos, aunque en estudios realizados en Nueva York encontraron una frecuencia de 1,3 mujeres por cada 1 hombre (Abrams & Taylor, 1976) (Guggenheim & Babigian, 1974).

¿Cuáles son las causas de la catatonía?

Es muy probable que la catatonía tenga un conjunto de causas muy diversas. A lo largo de la historia, se han establecido varias hipótesis sobre su posible origen:

– Alteraciones durante el desarrollo: parece ser que existe relación entre un mal desarrollo fetal de la corteza cerebral y esquizofrenia u otros trastornos del desarrollo.

Estos problemas en el desarrollo pueden producir un mal funcionamiento en las vías glutamatérgicas (del neurotransmisor glutamato, muy importante en el sistema nervioso central) que ocasionen los síntomas típicos de la catatonía.

Los pacientes con retraso mental, autismo u otras alteraciones en el desarrollo son más vulnerables a presentar catatonía; ya que el funcionamiento cerebral está alterado.

– Desequilibrios en la cantidad de excitación-inhibición en la actividad cerebral. Baguley (2008) habla del modelo excitación-inhibición para explicar la catatonía. Parece ser que las alteraciones en las conexiones entre la médula espinal y el tronco cerebral pueden producir esta condición.

– Alteraciones en la actividad dopaminérgica. Se han encontrado vínculos entre la administración de medicamentos que bloquean los receptores postsinápticos de dopamina y la aparición de catatonía. Mientras que los fármacos que producen el efecto opuesto, sirven de tratamiento para ésta.

También han encontrado alteraciones en la neurotransmisión de serotonina y noradrenalina asociadas a la catatonía.

– Disfunción de los receptores GABA en la corteza sensoriomotora izquierda. Al parecer, algunos pacientes con catatonia tienen un déficit de GABA en una de las zonas del cerebro que controla el movimiento. Ya que, cuando toman fármacos que potencian el GABA (como las benzodiacepinas) mejoran sus síntomas de catatonía.

– Lesiones cerebrales: en un estudio postmortem, Kahlbaum encontró daños en la cisura de Silvio y en el surco frontal en pacientes humanos que murieron con catatonía. Precisamente estas áreas se encargan de las funciones ejecutivas, así como de las conductas voluntarias. Sin embargo, es difícil sacar conclusiones de estas investigaciones ya que la lesión pudo ser producida después de la aparición de la catatonía.

Son necesarias más investigaciones para acercarnos poco a poco a una explicación más acertada de la catatonía, y, por tanto, de una mejor prevención y tratamiento.

Tipos de catatonía

No todos los pacientes con catatonía reaccionan de la misma manera. Se pueden distinguir tres subtipos distintos de presentación de la catatonía:

– Estupor: el paciente se encuentra en un estado apático, inmóvil, sin reaccionar a los estímulos de su entorno. Mantienen la mirada perdida, sin establecer contacto visual. Suelen estar en posiciones rígidas y no hablan, pudiendo permanecer así prolongados periodos de tiempo.

– Excitación catatónica: estas personas se encuentran excitadas, activas y enérgicas. Sin embargo, todos sus movimientos parecen no tener ninguna finalidad. También es habitual que experimenten delirios o alucinaciones.

– Catatonía maligna: es el caso más grave, y puede conducir a la muerte. Surge cuando el síndrome se complica por diversos motivos y se da una descompensación metabólica. Puede aparecer fiebre, rabdomiólisis, insuficiencia renal, insuficiencia cardíaca, etc.

Diagnóstico de la Catatonía

Uno de los manuales diagnósticos más utilizado es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la American Psychological Association (APA).

En su última versión, la catatonía aparece dentro de la categoría “espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos”. Se diferencia en 3 tipos: catatonía asociada a otro trastorno mental, la vinculada con problemas médicos, y la “no especificada”. En esta última lo que ocurre es que se dan algunos síntomas de la catatonía, pero no se cumplen todos los criterios o falta información suficiente para dar un diagnóstico claro.

Podemos decir que alguien tiene catatonía si tiene tres o más de los 12 síntomas que aparecen a continuación. Por ahora no existe un criterio escrito que determine la duración mínima de los síntomas para hacer el diagnóstico, aunque la mayoría de autores coincide en un mínimo de 24 horas.

  1. Falta de movimientos y dificultades para reaccionar a estímulos. Carece de iniciativa para interactuar con el entorno. Esto se conoce como “estupor”.
  2. Catalepsia, que se caracteriza por inmovilidad, pérdida de sensibilidad al dolor, cuerpo muy rígido.
  3. Resistencia continua (pero no brusca ni violenta) a los intentos de cambios de postura por parte del examinador o la familia. En el DSM llaman a esto “flexibilidad cérea”.
  4. Mutismo, lo que implica que no contesta cuando se le pregunta y prácticamente no emite ninguna verbalización.
  5. Negativismo. Decimos que un paciente es negativista cuando se opone a obedecer órdenes, y no emite respuestas cuando debería.
  6. Adoptar activamente una postura rígida y extraña que va contra la gravedad.
  7. Manierismos o manerismos, que se refieren a movimientos muy exagerados, poco espontáneos, artificiales y teatrales.
  8. Muecas.
  9. Las mínimas palabras o expresiones que pronuncian, pueden ser repeticiones de aquellas que les acaban de decir otras personas. Esto se conoce como “ecolalia”.
  10. Algo parecido para con los movimientos, pueden imitar los movimientos que hacen las personas de su alrededor; lo que se denomina “ecopraxia”.
  11. Estereotipia, lo que significa movimientos muy frecuentes, repetitivos y que no tienen ningún fin real. Por ejemplo, doblar y desdoblar continuamente el extremo de la camisa que lleva puesta.
  12. Agitación sin motivos evidentes.

Síntomas de la catatonía

Una buena manera de conocer cómo son los síntomas que manifiesta una persona con catatonía es a través de casos reales. A continuación, podrás comprender mejor cómo es esta condición con estos dos casos extraídos de Wilcox y Reid Duffy (2015) (los nombres son ficticios).

El caso de Pablo

Pablo sufría de trastorno bipolar crónico, por lo que tenía épocas en la que estaba extremadamente enérgico y activo, mientras que en otras se encontraba decaído y triste.

Todo comenzó a sus 37 años a través de un periodo de depresión. No quería comer, no hablaba y se negaba a levantarse de la cama. Su familia lo llevó al hospital, y allí sólo se levantaba de la silla con ayuda física. Aún así, se resistía pasivamente a cualquier cambio de movimiento.

Otra característica que presentaba era, que cuando conseguían cambiarle los brazos de posición, podía mantener éstos inmóviles durante 5 o 10 minutos, aunque la postura fuera incómoda.

El caso de Sonia

Sonia tiene 52 años y padecía trastorno esquizoafectivo desde hacía 30. Es propio de este trastorno tener síntomas tanto de esquizofrenia como de depresión o de bipolaridad. Ya había sufrido tres episodios de catatonia en el pasado.

Durante una semana comenzó a sentirse muy nerviosa, con un gran aumento de actividad sin ningún propósito. Según informaba la familia, había estado caminando rápidamente de una parte a otra de la casa sin cesar. Además, estuvo repitiendo durante horas palabras y frases ininteligibles.

Al llegar a emergencias, estuvo varias horas gritando “mantequilla de maní, helados, mantequilla de maní, helados…”. La repetición de palabras o frases incoherentes es muy típica de la catatonía y se conoce como “verbigeración”.

A los cuatro días, esta paciente se fue calmando y se quedó inmovilizada, con una postura rígida, y dejó de hablar.

Trastornos asociados a la catatonía

Existe una gran variedad de trastornos neurológicos, condiciones psiquiátricas, psicológicas y médicas que se relacionan con la catatonía. A continuación, se exponen algunos de ellos:

– Esquizofrenia, de hecho, se ha estimado que un 35% de los esquizofrénicos han presentado catatonía.

– Síndrome neuroléptico maligno, aquel producido por iniciar o cambiar una medicación neuroléptica. Estos fármacos actúan en el sistema nervioso modificando los niveles de dopamina, que, como mencionamos, su alteración puede inducir catatonía.

– Trastornos afectivos como depresión y trastorno bipolar.

– Retraso mental

Autismo

Trastorno generalizado del desarrollo

Encefalitis

– Epilepsia del lóbulo temporal

Esclerosis múltiple

Parkinsonismo

– Hemorragia subaracnoidea

– Enfermedad de Wilson

– VIH

– Tumores (en el cuerpo calloso o subtalámico), etc.

Tratamiento de la catatonía

Una vez diagnosticada la catatonía, los tratamientos más utilizados son los fármacos y la terapia electroconvulsiva. Es fundamental un inicio rápido, ya que es posible que estos pacientes no coman o sufran complicaciones por agotamiento (si sufren agitación o mantienen una postura rígida durante prolongados periodos de tiempo). Puede ser necesario que la alimentación del paciente por vía parenteral si se niega a comer.

Es importante evaluar primero si existe síndrome neuroléptico maligno, encefalitis, epilepsia o psicosis aguda para tratar estas condiciones lo antes posible porque son una emergencia médica.

Los medicamentos más usados en personas con catatonía son las benzodiacepinas como el clonazepam y lorazepam, la carbamazepina, antidepresivos tricíclicos, relajantes musculares, reserpina (antipsicótico), carbonato de litio, bromocriptina, hormona tiroidea, y neurolépticos (como último recurso, por el posible desarrollo de síndrome neuroléptico maligno).

En las primeras 48-72 horas tras el inicio del tratamiento con loracepam, aproximadamente el 70 u 80% de los pacientes presentan mejoría (Crespo y Pérez, 2005).

Por otro lado, si los pacientes no responden bien a los medicamentos mencionados o desarrollan catatonía maligna, se opta por la terapia electroconvulsiva. Principalmente es muy efectiva para adolescentes con esquizofrenia catatónica.

Sin embargo, hay que procurar que el paciente abandone el consumo de alcohol y otras drogas, ya que disminuyen la eficacia del tratamiento.

En general, el pronóstico de la catatonía es bueno si se interviene rápidamente. Aunque si transcurren más de cuatro días sin cambios ni mejora de los síntomas, el riesgo de mortalidad aumenta de manera importante. A largo plazo, el avance de la catatonía depende de la condición que la causó.

Referencias

  1. Abrams, R., & Taylor, M. A. (1976). Catatonia: a prospective clinical study. Archives of General Psychiatry, 33(5), 579-581.
  2. American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition (DSM-V).
  3. Baguley, I. J. (2008). The excitatory: inhibitory ratio model (EIR model): an integrative explanation of acute autonomic overactivity syndromes. Medical hypotheses, 70(1), 26-35.
  4. Crespo, M. L., & Pérez, V. (2005). Catatonía: un síndrome neuropsiquiátrico. Red Revista Colombiana de Psiquiatría.
  5. Fink, M., & Taylor, M. A. (2009). The catatonia syndrome: forgotten but not gone. Archives of General Psychiatry, 66(11), 1173-1177.
  6. Guggenheim, F. G., & Babigian, H. M. (1974). Catatonic schizophrenia: Epidemiology and clinical course: A 7-year register study of 798 cases. The Journal of nervous and mental disease, 158(4), 291-305.
  7. Robert Brasic, J. (3 de noviembre de 2016). Catatonia. Obtenido de MedScape.
  8. Sienaert, P., Rooseleer, J., & De Fruyt, J. (2011). Measuring catatonia: a systematic review of rating scales. Journal of affective disorders, 135(1), 1-9.
  9. Wilcox, J. A., & Reid Duffy, P. (2015). The Syndrome of Catatonia. Behavioral Sciences, 5(4), 576–588.
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Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Cursando Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

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