Conflictos familiares: tipos y cómo solucionarlos

Los conflictos/problemas familiares son muy comunes y tienen unas características particulares, y es que se trata de situaciones con un alto contenido afectivo. Por otro lado, la relación entre las partes se mantiene durante un largo periodo de tiempo.

El conflicto es una situación en la que dos o más partes se perciben o expresan como incompatibles. Pueden surgir en diferentes ámbitos de nuestra vida cotidiana de forma habitual y si se manejan de la manera correcta pueden llegar a ser positivos para lograr cambios y nuevas formas de relacionarse.

conflictos familiares

Además generan un alto grado de malestar, porque la persona no sólo se siente afectada por su dolor, sino por el daño que pueda sentir la otra persona, por la que siente un aprecio profundo.

Tipos de conflictos

En el año 1973 Deutsh realiza una clasificación de los conflictos en función de las cualidades de los mismos:

  • Conflicto verídico: es el que existe de forma objetiva, y por tanto las partes lo perciben como tal. Se manifiesta abiertamente y es evidente.
  • Conflicto contingente: es el que se produce en una situación de fácil solución pero no se percibe así por las partes. Se genera el enfrentamiento por un motivo que en realidad puede solucionarse fácilmente. Este tipo de conflicto es muy frecuente en las disputas con y entre adolescentes.
  • Conflicto desplazado: las partes enfrentadas expresan su malestar por un acontecimiento o situación que en realidad no es el motivo por el que se genera el malestar. Lo que la persona argumenta como la causa del conflicto no es realmente la causa principal que lo ha producido. Este tipo de conflicto es habitual que surja en las relaciones de pareja.
  • Conflicto mal atribuido: es aquel que en realidad no enfrenta a las partes, sino que existe una tercera instancia responsable de que se dé esta situación.
  • Conflicto latente: es aquel que debería ocurrir abiertamente pero no sucede así. Se percibe el conflicto pero no se manifiesta, lo que impide que se pueda llegar a resolver.
  • Conflictos falsos: son los que se dan sin que exista una base objetiva para que sucedan. Son los que se generan a partir de malas interpretaciones, incomprensiones, falsas atribuciones a la otra persona, etc.

Tipos de conflictos en el contexto familiar

Por las relaciones que se establecen y las características de los miembros que los conforman, existen diferentes tipologías del conflicto en el ámbito familiar:

1- Conflictos en la pareja

Son los que aparecen por el hecho de que cada persona actúa, piensa y siente de forma diferente. Es inevitable que en las parejas aparezcan situaciones de conflicto o crisis, que si se resuelven de forma correcta ayudarán al crecimiento personal y de la propia pareja.

La mayoría de estos enfrentamientos tienen su origen  en malos entendidos que surgen de manera cotidiana. Algunos de los elementos que causan estos malos entendidos son:

  • Mala comunicación. De forma habitual y especialmente cuando estamos enfadados utilizamos una forma de expresarnos que puede no ser la más adecuada. En estos momentos solemos explicar nuestro malestar en forma de reproches a la otra persona.  También utilizamos la queja, la mayoría de las veces haciendo responsable o culpable a la otra persona de lo que está ocurriendo. Otra manera de expresarnos en estos momentos es generalizando, utilizando expresiones como “siempre haces lo mismo” o “nunca me haces caso”. Estamos manifestando que siempre sin excepción la otra persona se comporta de esta manera que nos molesta, aunque en la mayoría de los casos esto no es real, y provoca malestar en la otra persona. Además con frecuencia utilizamos un estilo de comunicación agresivo que no es adecuado en este tipo de conflictos, porque lejos de ayudar a resolver el problema, lo agrava y contribuye a deteriorar la relación. Este estilo agresivo se caracteriza por el uso de insultos, amenazas o faltas de respeto.
  • Cuando uno de los miembros o los dos tienen la sensación de pérdida de libertad a causa de la relación.
  • Los intentos de cambiar al otro en su forma de ser, de pensar o incluso de sus gustos. Esta situación genera conflictos de forma muy frecuente en las parejas que se empeñan en imponer al otro la manera de ser o de pensar que se considera adecuada. Es importante aceptar que la otra persona es única e irrepetible, por eso tiene sus propios gustos o formas de pensar.
  • Carecer de habilidades adecuadas para resolver problemas.

2- Conflictos entre padres e hijos

Este tipo de conflicto a su vez lo podemos dividir en otros más específicos en función de las etapas vitales.

  • Conflictos en la infancia. Esta etapa se caracteriza fundamentalmente por el desarrollo de la persona hacía su autonomía. Se trata de aprender a realizar las cosas por sí mismo, como está aprendiendo que hacen sus padres u otras personas significativas que se encuentran a su alrededor. Es en este proceso hacia la autonomía del niño donde suele surgir el conflicto, porque los padres no saben cómo facilitar esta autonomía, porque el niño tiene unas demandas que no coinciden con lo que los padres consideran adecuado, porque el niño avanza en una dirección que los padres no quieren, etc.
  • Conflictos en la adolescencia. Esta etapa que está entre los 12 y los 18 años se caracteriza por los cambios rápidos que experimenta la persona y por una particular inestabilidad emocional. Además en este momento es cuando se fijan las principales pautas de comportamiento y valores que regirán su vida. Además de forma habitual los objetivos de los adolescentes suelen no estar de acuerdo con los objetivos de los padres. A menudo esta etapa es en la que surgen más conflictos y dificultades de relación y además en la que más de manifiesto se ponen las diferencias generacionales.
  • Conflictos con hijos adultos. Este tipo de conflictos suele surgir de las diferentes formas de decidir, organizarse o vivir de dos personas que ya son adultas e imponen sus derechos a pensar y actuar de la manera que cada uno considera más adecuada.

3- Conflictos entre hermanos

Los enfrentamientos entre hermanos son muy habituales y naturales. Suelen durar poco tiempo y los acaban resolviendo por ellos mismos, sin ser necesaria la intervención de los padres. Esto es muy importante porque sirve de enseñanza para resolver conflictos en la vida adulta con otras personas sin la necesidad de que intervenga un tercero.

4- Conflictos con las personas mayores

Esta etapa puede resultar especialmente conflictiva en el ámbito familiar porque la persona que entra en la tercera edad vive una serie de cambios muy significativos. A nivel biológico, aunque el individuo se encuentre bien, se van deteriorando algunos aspectos, el cuerpo va envejeciendo, son más lentos en sus movimientos, pierden visión y/o audición, sufren pérdidas de memoria, tienen menos fuerza, etc.

Y a nivel social aparecen una seria de acontecimientos críticos como la jubilación, el nacimiento de los nietos, la pérdida se seres queridos como el cónyuge o los hermanos, etc.

Todos estos acontecimientos pueden vivirse de forma muy dramática si la persona no se enfrenta a ellos con la actitud adecuada y contribuir a la aparición de conflictos con otros miembros de la familia.

7 Consejos para resolver los conflictos

Lo principal es entender el conflicto como una oportunidad para crecer, para encontrar nuevas maneras y planos de comunicación.

Es recomendable poder solucionar los problemas que surgen dentro del propio ámbito familiar, sin tener que buscar la ayuda de terceros, porque esto nos enseñará estrategias para resolver problemas en otros ámbitos y va a impedir que la relación se deteriore.

Algunas de las estrategias que podemos poner en marcha para solucionar los problemas son:

1- Escucha activa

Este tipo de escucha es la que realizamos cuando estamos atendiendo a lo que la otra persona nos quiere transmitir y además la otra persona sabe que le estamos entendiendo. Con esta estrategia se pueden evitar muchos malos entendidos si antes de contestar nos aseguramos de haber entendido lo que la otra persona nos quiere decir o expresar.

2- Cuidar la forma de hablar y expresarse.

Como hemos visto en el apartado de conflictos de pareja, cuando estamos enfadados no solemos expresar nuestro malestar de la forma más adecuada. Se trata de sustituir los reproches con los que culpabilizamos a la otra parte de lo que ocurre por la expresión de lo que sentimos o lo que nos duele de la situación.

Se trata de explicar lo que queremos sin dañar a la otra persona. Además de evitar el deterioro de la relación nos va a ayudar a buscar una solución al problema. También es importante no quedarnos únicamente en expresar lo que nos molesta, sino que es conveniente proponer alternativas o soluciones al problema.

3- Permitir que en la discusión participen todas las partes implicadas

Igual de importante es que nosotros expresemos lo que nos causa el malestar, como que lo haga la otra persona. Es muy habitual que en las discusiones familiares se quiten la palabra unos a otros.

Con esto estamos priorizando lo que nosotros queremos decir, en lugar de escuchar lo que los otros nos quieren transmitir, pero ambas cosas son necesarias.

4- Mostrar afecto

 Aunque nos encontremos en conflicto con familiares, no dejan de ser personas a las que queremos y valoramos y es importante hacérselo saber. En muchas ocasiones expresar el afecto rebaja la tensión que produce el conflicto.

5- Buscar la colaboración

Ante un conflicto lo habitual es buscar quien gana y quien pierde en la disputa. Pero lo adecuado es buscar un punto común y trabajar para solucionarlo de forma conjunta. De esta manera todos los miembros obtienen una solución satisfactoria, se buscan soluciones pensando en las necesidades e intereses de todos los miembros.

6- Buscar el lado positivo de las cosas

Habitualmente ante un conflicto sólo vemos lo negativo de la situación e incluso lo negativo que hace o dice la otra persona, llegando en muchos casos a imaginar o adivinar lo que el otro piensa, metiéndonos en un bucle de negatividad que sólo nos sirve para sentirnos aún peor y dificultar el acuerdo.

En lugar de centrarnos en estos aspectos negativos podemos sacar partido de lo positivo del conflicto, verlo como una oportunidad para hablar, para conocer el punto de vista del otro, para conocernos mejor. No se trata de negar el conflicto, sino de utilizarlo para avanzar, de sacar el máximo  provecho posible a la situación.

7- Buscar el momento y la situación adecuados para hablar del problema

En muchas ocasiones es muy aconsejable posponer una discusión. Esto no significa evitarla o dejarla en el olvido, sino buscar un momento en el que la carga emocional sea menor y nos sintamos más tranquilos para controlar las emociones negativas que surgen en esos momentos ante el conflicto.

Nos va a permitir expresar de forma más adecuada lo que queremos transmitir y escuchar al otro de forma más receptiva. También puede ser conveniente buscar un lugar en el que las dos personas se sientan a gusto para poder dialogar.

Recursos para resolver los conflictos 

Cuando el conflicto va un paso más allá y las partes implicadas necesitan la actuación de un tercero para resolverlos se pueden gestionar a través de diferentes recursos:

  • La terapia familiar. El objetivo es ayudar a las familias a buscar una manera de colaborar y hacer frente a los conflictos familiares. Además van a aprender estrategias y habilidades adecuadas para resolver problemas.
  • La conciliación. Proceso por el que las partes, ante un tercero que ni propone, ni decide, contrastan sus pretensiones tratando de llegar a un acuerdo.
  • La mediación. Es una institución jurídica, un tercero neutral que busca una comunicación entre las partes para que lleguen a un acuerdo satisfactorio para ambas.
  • El arbitraje. Es una institución destinada a resolver conflictos entre sujetos de una relación de derecho, que consiste en la designación de un tercero cuya decisión se impone en virtud del compromiso adquirido por las partes.
  • La intervención judicial. Es un proceso destinado a actuar en el caso de conflictos de carácter jurídico mediante una resolución final obligatoria, emitida por órganos del Estado.

Referencias bibliográficas

  1. Deutsch, M. (1973). The resolution of conclict: Constructive and destructive processes. New Haven, CT: Yale University Press.
  2. Deutsch, M (1983). Conflict resolution: theory and practice, Political Psychology 4.
  3. Nauret, R. Family Problems Harm Young Children. University of Rochester.
  4. Pavlina, S. (2006). Understanding Family Relationship Problems.
  5. Burton, J. (1990). Conflict: Resolution and prevention. New York. St. Martin’s Press.
  6. Levinson, D. (1989). Family violence in cross-cultural perspective. Newbury Park, CA: Sage.
  7. McCubbin, H., Figley, C. (1983). Stress and the family: vol 1. Coping with normative transitions. New York: Bruner/Mazel.
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Psicóloga Clínica y Social con consulta en Madrid.

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