¿Qué es el cuidado del suelo y cómo se hace?

El cuidado del suelo consiste en la aplicación de numerosas técnicas que favorecen una dinámica saludable entre factores bióticos (fauna del suelo y raíces vegetales) y abióticos (humedad, pH, temperatura, entre otros). El suelo es un recurso natural limitado y no renovable, que difícilmente se recupera de los daños causados por su degradación o contaminación.

El suelo se ubica en los primeros 30 centímetros de la superficie de la corteza terrestre (litósfera) y es producido por la degradación fisicoquímica de la roca madre y la interacción con los seres vivos. Presenta una estructura característica en capas u horizontes y está constituido por una matriz porosa, con una fase acuosa, una gaseosa y la biota.

Suelo seco después de su uso en agricultura. Fuente: NachoBen [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], from Wikimedia Commons

Se considera al suelo como un ecosistema complejo y dinámico, con diferentes microambientes donde interactúan factores bióticos (micro, meso y macrobiota) y abióticos (composición mineral, estructura, temperatura, pH, humedad, presión, disponibilidad de nutrientes, entre otros).

La degradación del suelo es un problema ambiental mundial que genera la disminución en la producción de alimentos, la pobreza y migraciones humanas. Por esto, la restauración y preservación del suelo se encuentra dentro de los 17 objetivos del desarrollo sostenible (ODS) establecidos en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU.

¿Qué actividades dañan el suelo?

El suelo es erosionado y degradado debido a la pérdida de su cobertura vegetal y a su contaminación con sustancias persistentes que pueden también ser nocivas (tóxicas).

La pérdida de la cobertura vegetal ocurre por causas naturales (climáticas) o por actividades humanas como la deforestación (tala y quema de bosques), para realizar actividades agropecuarias, forestales o para la construcción de infraestructuras (urbanismos, carreteras, industrias, entre otros).

La contaminación del suelo ocurre por:

  • La mala disposición final o dispersión accidental de efluentes y desechos sólidos urbanos e industriales.
  • La acumulación excesiva de fertilizantes (salinización de suelos), plaguicidas y herbicidas, entre otras sustancias.
  • La lluvia ácida también genera la degradación del suelo por su acidificación.

Por otra parte, el calentamiento global producto de la contaminación de la atmósfera con gases de efecto invernadero, genera períodos de lluvias y de sequías intensas, lo cual también favorece la erosión del suelo.

Acciones locales para cuidar el suelo

Podemos evitar la erosión del suelo por acción del viento y por carencia o exceso de agua (sea por riego o lluvia), tanto en los jardines privados como en áreas comunes residenciales.

La restauración del suelo o su mantenimiento en condiciones saludables, implica propiciar que su humedad, pH, temperatura, disponibilidad de nutrientes y presencia de biota, se mantenga dentro de rangos óptimos establecidos.

A continuación se presentan algunas recomendaciones para restaurar o mantener un suelo saludable:

Evaluación del suelo

Se debe evaluar el tipo de suelo que se desea tratar o restaurar para establecer las técnicas que se aplicarán según sus deficiencias.

Es importante analizar su grado de compactación, de erosión y los factores ambientales que lo afectan (exceso de vientos o lluvias), las especies nativas a sembrar, entre otros aspectos importantes.

Para este análisis se puede consultar a grupos que practican la agroecología o la permacultura en granjas comunitarias, o a empresas de jardinería.

Una vez comenzado el tratamiento del suelo, se puede hacer seguimiento de su pH, humedad y condiciones generales cada seis meses, para verificar la eficiencia de las técnicas empleadas.

Mejoramiento de la compactación del suelo

Un suelo esta compactado si su consistencia es muy dura y carece de vegetación. Para mejorar la estructura de un suelo compactado se debe aumentar su porosidad, pero evitando que ocurra un excesivo lavado de nutrientes. Debe existir un equilibrio entre la retención de humedad y la percolación del exceso de agua.

El labrado inicial con aireación, humectación y la mezcla con abono orgánico y enmiendas permite mantener condiciones óptimas en el suelo a largo plazo. También es necesario proteger el suelo del paso peatonal o de cualquier tipo de vehículo, estableciendo caminos fijos señalizados.

Aplicación de acondicionamiento o enmienda

Dependiendo de las condiciones del suelo, puede aplicarse un acondicionamiento o enmienda -preferiblemente orgánica-, la cual consiste en restos vegetales y/o estiércol animal, que incrementa su calidad, mejorando su estructura, retención de humedad, pH y la disponibilidad de nutrientes presentes.

Entre estas enmiendas orgánicas, se encuentran el compost y la turba (rica en carbón). También se usan enmiendas para corregir deficiencias específicas, como sustancias que afectan el pH, (calizas o azufre, carbonatos de calcio, magnesio, entre otras), o que disminuyen el sodio en el suelo (como el yeso).

Aplicación de abono orgánico

El mejor abono se obtiene de la descomposición microbiana controlada de materia orgánica, en un proceso llamado compostaje, o del excremento de lombrices alimentadas con residuos orgánicos.

El abono orgánico puede aplicarse con cierta frecuencia (dependiendo del estado del suelo), homogeneizándolo a través de un labrado superficial, sin afectar las capas internas del suelo.

Es preferible el uso de abonos orgánicos y no sintéticos, puesto que favorecen el establecimiento de microbiota (hongos y bacterias) saludable en el suelo, su producción es económica,y no presenta el riesgo de generar acumulación de nutrientes o salinización del suelo.

Fuente: autor Sten Porse en https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Compost-heap.jpg

Incorporación de biota benéfica

La incorporación de meso y macro fauna en el suelo permite acelerar la descomposición de la materia orgánica y mejorar la estructura del suelo.

Por ejemplo, al agregar lombrices de tierra vivas en el suelo, estas se alimentan de la materia orgánica en descomposición, defecando sustancias más asimilables por los organismos vivos.

A su vez, las lombrices favorecen el aumento de la porosidad del suelo, su aireación, la homogenización de la materia orgánica y la mayor disponibilidad de nutrientes.

Mantenimiento de la humedad

Se debe evitar el exceso de riego y la acumulación de agua en la superficie del suelo para no provocar escorrentía y lavado de nutrientes. Además, la saturación del suelo con agua desplaza el oxígeno presente y ahoga a la biota aeróbica incluyendo a las raíces de las plantas.

Para impedir que se acumule el agua sobre el suelo, debe drenarse del exceso de agua de lluvia a través de canales (pavimentados o construidos con tubos de plástico) que la concentren en zonas de almacenamiento o sumideros para su posterior uso. Los sumideros suelen ser barriles u hoyos impermeabilizados, cavados en el suelo, al final de una pendiente.

El riego por goteo permite la optimización del uso del agua, gracias a la instalación de un sistema que dispense directamente gotas de agua en la base de cada planta sembrada.

 Protección de erosión del suelo por exceso de viento

Para evitar la erosión de suelos en espacios abiertos y planos, debido al paso constante de fuertes vientos, se pueden sembrar barreras de árboles y arbustos de follaje denso, que impidan o disminuyan el paso del mismo.

Evitar perturbar el suelo en sus capas profundas

No se debe cavar en un suelo si se desea restaurarlo o protegerlo. Se deben aplicar capas de materia orgánica en su superficie con cierta frecuencia, favoreciendo la formación de humus, sin perturbar las capas internas del suelo.

Siembra de especies autóctonas

Se deben sembrar plantas autóctonas (nativas) del lugar, que crezcan en cada estrato de altura, es decir, hierbas, arbustos y árboles. De esta forma se protege mejor la capa superior del suelo de los agentes erosivos, fortaleciendo su estructura gracias al crecimiento de raíces.

Además, los restos vegetales que se acumulan en la superficie del suelo, al descomponerse forman el humus, que favorece el establecimiento de condiciones fisicoquímicas (como la retención de humedad, temperatura, pH), necesarias para la existencia de la biota del suelo.

Las especies de plantas que tienen relación simbiótica con microorganismos fijadores de nitrógeno son especialmente beneficiosas para el suelo.  En caso de suelos compactados, deben sembrarse inicialmente hierbas cuyas raíces disgregan el suelo en su interior.

Siembra en terrazas

En suelos que presentan pendientes pronunciadas es útil construir terrazas escalonadas donde se siembren las plantas. De esta forma se impide el lavado del suelo por escorrentía, su erosión por barrido y su pérdida de nutrientes.

Protección de las plántulas con cobertura

Para proteger las plantas en crecimiento -y la superficie de suelo-, se debe colocar una cobertura o “mantillo” de naturaleza orgánica, con restos vegetales y de madera triturados. Por ejemplo, se podría utilizar heno con este propósito.

Referencias

  1. Biological Approaches to Sustainable Soil Systems. Edited by N. Uphoff, A. S. Ball, E. Fernandes, H. Herron, O. Husson, M. Laing, C. Palm, J. Pretty, P. Sanchez, N. Sanginga and J. Thies. Boca Raton, Fl, USA: CRC Press (2006), pp. 764. ISBN 10-1-57444-583-9
  2. Chesworth, W. and Chesworth, W. (2007). Encyclopedia of Soil Science. Springer. pp 860.
  3. Honorato, R. (2000). Manual de Edafología. Cuarta edición. Alfaomega. pp 267.
  4. Mitchell, J. K. and Soga, K. (2005). Fundamentals of Soil Behavior. Third Edition. Wiley. pp 592.
  5. Schauberger, V. and Coats, C. (2001). The Fertile Earth: Nature´s Energies in Agriculture, Soil Fertilization and Forestry. The Eco-Technology Series, Volume 3. Gateway. pp 212.
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Biólogo egresada de la Universidad de Los Andes.

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