¿Qué es el Efecto Mozart? ¿Es Real?

El efecto Mozart es un término que se utiliza para hacer referencia a los supuestos beneficios que produce escuchar música sobre el funcionamiento cerebral de las personas.

El término fue acuñado en 1991 a través del libro Porquoi Mozart de Alfred A. Tomatis. En este libro se postuló el Método Tomatis como herramienta para intervenir alteraciones mentales relacionadas con el estado de ánimo.

Smiling baby with headphones listening to music, isolated on whi

Durante los últimos años, los efectos terapéuticos de la música han destapado un elevado interés en la comunidad científica. Apareciendo incluso intervenciones como la “musicoterapia” para tratar alteraciones mentales.

Así pues, el efecto Mozart que en un inicio apareció como una posible herramienta que ayudara al desarrollo de la inteligencia, se ha extendido a muchas otras aplicaciones terapéuticas.

En la actualidad se encuentran múltiples estudios que se centran en analizar los efectos que provoca la escucha de música. En este sentido, varias investigaciones se han dedicado en demostrar la existencia de los efectos postulados por el efecto Mozart y explicar sus características.

En este artículo se exponen los datos que se poseen hoy en día acerca de la relación entre música y funcionamiento mental. Se explican los efectos de la música sobre el estado psicológico y se revisan los estudios que se han centrado en analizar el efecto Mozart.

Aparición del efecto Mozart

El término efecto Mozart, evidentemente hace referencia al famoso pianista y compositor austríaco Wolfgang Amadeus Mozart. Sin embargo, este no fue postulado por él, sino por el psicólogo, investigador e inventor Alfred A. Tomatis.

Tomatis acuño el término efecto Mozart en su obra literaria conocida como Purquoi Mozart. En este libro, el autor trata de exponer los efectos de escuchar música sobre el funcionamiento psicológico de las personas.

Lo realizó mediante una metodología propia denominada Método Tomatis. Este método consta de una herramienta de estimulación auditiva fundada a mediados del siglo XXI.

El Método Tomatis se diseño para maximizar los beneficios de escuchar mejor. Los programas incluidos tratan de estimular el oído para promover la motivación interna de las personas para escuchar, corregir el control audio-vocal y afinar el circuito entre oído y voz.

Este método del doctor Tomatis le llevó a realizar varias investigaciones destinadas a desarrollar un pedagogía de la escucha que impulsa a las personas a encontrar sus capacidades de análisis, comunicación y concentración.

En este sentido, el Método Tomatis actúa sobre el sistema sensoriomotor, emocional, lingüístico y cognitivo. Además, se centra en estimular las proyecciones vestibulares en el córtex prefrontal, elemento que ayudaría a regular procesos emocionales, mnésicos, atencionales y organizativos.

Por otro lado, el Método Tomatis tiene intención de actuar sobre el cerebelo para ayudar a la coordinación, fluidez verbal, conciencia y memoria de trabajo. Así como en la amígdala para modular el almacenamiento de memoria emocional.

De este modo, el término efecto Mozart postula la existencia de una vía directa de asociación entre la escucha de música y el funcionamiento cerebral, a través de una serie de mecanismos estipulados en el Método Tomatis.

Investigación del efecto Mozart

Alfred Tomatis inventó y postuló el efecto Mozart. Sin embargo, no fue capaz de demostrar su existencia.  Desarrolló técnicas y procedimientos terapéuticos basados en el uso de la música, pero no realizó estudios acerca de los resultados obtenidos.

Sin embargo, la aparición del término efecto Mozart destapó interés en la comunidad científica de la época, la cual se encargó de estudiar los efectos que produce la música sobre el funcionamiento cerebral.

No obstante, la aparición de investigaciones acerca del efecto Mozart se hizo esperar, ya que no aparecieron estudios controlados hasta finales de siglo. Concretamente, en 1993, la Universidad de California publicó el primer artículo sobre el efecto Mozart de la mano de la psicóloga francesa Rauscher.

El artículo se publicó en la revista Nature bajo el nombre “Music and Spatial Task Performance” y se centró en evaluar 36 estudiantes. Se examinó el rendimiento de los 36 sujetos en la realización de pruebas de razonamiento espacio temporal durante 10 minutos.

En el estudio se realizaron tres grupos diferentes. Al primer grupo de participantes se les expuso a escuchar la sonata para dos pianos en re mayor de Mozart.

Al segundo grupo se le proporcionó la escucha de instrucciones de relajación diseñadas para reducir la presión arterial. Y el tercer grupo permaneció en silencio.

Los resultados obtenidos mostraron que los alumnos que habían escuchado Mozart antes de la realización de las tareas, presentaron puntuaciones más elevadas que el resto de sujetos.

Así pues, este estudio puso de manifiesto los efectos directos de la escucha de música sobre el rendimiento cognitivo, por lo que incrementó el interés hacia el efecto Mozart.

Otros estudios sobre el efecto Mozart

La primera investigación sobre el efecto Mozart sirvió para demostrar la eficacia de la música sobre los procesos mentales. Así pues, de forma posterior, aparecieron otros estudios que se centraron en evaluar las características de dicho fenómeno.

En 2001, la revista Journal of The Royal Society of Medicine publicó una recapitulación sobre el efecto Mozart. El artículo elaborado por el doctor J.S. Jekins, afirmó que el efecto Mozart existía, pero que había que delimitarlo y estudiarlo con más profundidad.

De forma más concreta, el artículo afirmó que la mejora del rendimiento cognitivo producido por la escucha de música clásica era pequeño y no duraba más de 12 minutos. Así mismo, indicó que esta intervención no afectaba a la inteligencia general.

Finalmente, en la investigación de 2001 se destapó la hipótesis de que el efecto Mozart podría resultar beneficioso para las personas con epilepsia.

Dos años más tarde, la revista Nature publicó una segunda investigación de la Universidad de California. El estudió reforzó la idea de que 10 minutos de una sonata de Mozart servía para mejorar el razonamiento espacial de las personas.

En 2007, un informe publicado por el ministerio alemán de investigación y un análisis de la literatura científica relacionada con la música y la inteligencia, concluyó que escuchar música de forma pasiva no incrementa la inteligencia de las personas.

En 2010 continuó la investigación y un equipo de científicos de la Universidad de Viena examinó la influencia de Mozart en una amplia muestra de 3.000 personas. Los resultados obtenidos no registraron ningún incremento en la inteligencia de los sujetos.

Finalmente, tres años más tarde, el biólogo Nicholas Spitzer de la Universidad de California cuestionó la existencia del efecto Mozart mediante sus interpretaciones de un estudio en el que no se mostraba el desarrollo de ninguna capacidad mental al escuchar música.

Impacto social y cultural

A pesar de que las evidencias científicas sobre el efecto Mozart presentan datos contradictorios, este fenómeno ha producido un elevado impacto en distintas sociedades.

Después de la primera investigación realizada por Rauscher y Shaw, The New York Times publicó un artículo que postulaba que escuchar música de Mozart incrementaba la inteligencia de las personas.

Dicho artículo tuvo un gran impacto sobre la sociedad, e inicio un movimiento en la industria musical que utilizaba el efecto Mozart como herramienta de marketing. De hecho, en 1998, el gobernador de Georgia, regaló un casette de música clásica a cada madre primeriza que diera luz en el estado.

Lo mismo sucedió en Dakota del Sur, Texas y Tennessee, y exponer a los fetos a escuchar música clásica durante el embarazo se convirtió en un fenómeno prácticamente mundial.

El efecto Mozart tuvo repercusiones también en el ámbito educativo. Por ejemplo, Florida elaboró una ley que obligaba a los niños menores de cinco años a escuchar música clásica durante 30 minutos en el colegio de forma diaria.

Así pues, a pesar de que la evidencia científica sobre el efecto Mozart está en entredicho, este generó un elevado impacto tanto en la sociedad como en los estamentos jurídicos y políticos de diversos países del mundo.

Propiedades terapéuticas de la música

Ante la diversidad de resultados obtenidos sobre los efectos de la música en el incremento de las habilidades cognitivas, durante los últimos años ha ganado peso el potencial curativo de escuchar música clásica.

De este modo, se abandona la idea de que escuchar música incrementa la inteligencia de las personas, y se centra el interés sobre los beneficios psicológicos que esta puede presentar.

En este sentido, se han detectado teres cualidades de la música que le convierten en un elemento potencialmente terapéutico. Estos son la temporalidad, el pensamiento y el sentimiento.

1- Temporalidad

La música es un componente que permite compartir el flujo de experiencias del otro en el tiempo interior, vivir un presente común, construir un fenómeno de mutua sintonía y elaborar un gran número de experiencias.

Dicho de otra forma, la música constituye un elemento sociabilizador que permite la elaboración de una comunicación emotiva y sentimental entre las personas.

2- Pensamiento

Escuchar música produce un efecto directo sobre el pensamiento. De hecho, se postula que la música es el único elemento que permite la ocurrencia simultánea de varios razonamientos.

Escuchar música obliga a seguir diversas voces, melodías, armonías y ritmos. Estos aspectos tienen la capacidad de estimular el pensamiento de las personas y modificar su cognición.

3- Sentimiento

Finalmente, la música se relaciona con el sentimiento ya que escuchar este tipo de elementos suele generar una serie de sensaciones y emociones determinadas.

Varios autores postulan que la capacidad de hacer sentir a las personas resulta la principal herramienta terapéutica que contiene la música.

Efectos de la música sobre las personas

Las cualidades de la música postulan que esta puede generar una serie de efectos sobre el funcionamiento de las personas.

De hecho, a menudo escuchar ciertas canciones o melodías puede no dejar indiferente al individuo y producir una serie de modificaciones en su estado.

En este sentido, se postula que escuchar música puede producir efectos tanto en la esfera física como en la esfera psicológica.

1- Efectos físicos de la música

Escuchar música contribuye al desarrollo del sentido del oído y enseña a conocer y organizar el mundo de los sonidos.

Así mismo, ciertos estudios muestran que escuchar música puede alterar el ritmo cardíaco de las personas, su pulso, su presión sanguínea, la respiración y la respuesta glavánica de la piel.

Por otro lado, la música también puede influir en las respuestas musculares y motoras del individuo. Se postula que puede alterar el reflejo pupilar, los movimientos peristálticos del estómago e incrementar la actividad muscular del organismo.

Finalmente, ciertos autores comentan que la música permite relajar el cuerpo e incrementar los niveles de resistencia al dolor.

2- Efectos psicológicos

Se ha demostrado como la música estimulante permite incrementar la energía corporal, así como estimular el desarrollo de sentimientos y emociones.

Por otro lado, la música relajante produce sedación física, liberación de tensiones, y adopción de un estado general de mayor relajación y bienestar.

Así mismo, la música posee capacidad para estimular una gran variedad de sentimientos, tales como el miedo, el odio, el amor, la alegría, la angustia o el misterio.

Efectos de la música en la epilepsia

A pesar de que la musicoterapia es una herramienta terapéutica que se utiliza para intervenir múltiples alteraciones psicológicas, las evidencias científicas más consistentes se encuentran en el tratamiento de la epilepsia.

En 1998, un estudio publicado por Hughes estudió el efecto Mozart en la actividad epileptiforme.  Los resultados de la electroencefalografía (EEG) mostraron que escuchar música clásica produjo una disminución significativa en 23 de los 29 sujetos de la muestra.

Posteriormente, en un nuevo estudio se expuso a una niña con episodios epilépticos a escuchar la sonata de Mozart cada hora durante 10 minutos

En este caso, los resultados volvieron a resultar positivos y significativos El número de episodios epilépticos de la niña se redujo desde nueve durante las primeras cuatro horas hasta uno en las cuatro horas siguientes.

Así mismo, la duración de los episodios también experimentó una reducción significativa. Los episodios pasaron de durar 317 segundos a durar sólo 178.

Finalmente, al día siguiente se continúo con la intervención y la niña padeció únicamente dos episodios en 7 horas y media.

Por este motivo, ciertos autores postulan que el efecto Mozart podría resultar una adecuada herramienta terapéutica para sujetos con epilepsia.

Referencias

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