Emetofobia: Síntomas, Causas, Tratamientos

La emetofobia es el miedo irracional relacionado con el vomito. Incluye el terror extremo a vomitar uno mismo, a ver a otra persona vomitando, el temor de sentir náuseas o el miedo irracional a ver el vómito.

Las personas con emetofobia vomitan muy pocas veces en su vida. Existen adultos mayores, adultos jóvenes, adolescentes y hasta niños con emetofobia. Suelen ser personas muy ansiosas, que cuando ven que una persona se siente mal, tose o se atraganta, se preguntan permanentemente si vomitará o no.

Emetofobia

La ansiedad que les causa esta situación les provoca ganas de huir del lugar, y si no pueden hacerlo, es posible que sufran un ataque de pánico.

Causas de la emetofobia

Si bien al parecer no existe una causa específica para este trastorno, algunas personas con emetofobia dicen haber tenido una experiencia traumática relacionada con el vómito, por ejemplo, una gastroenteritis, una intoxicación alimentaria o haber presenciado involuntariamente el vómito de alguien más.

A partir de este episodio, que generalmente se da en la niñez, se comienzan a asociar emociones muy negativas con el hecho de vomitar y es cuando la emetofobia comienza a aparecer.

Por otro lado, algunas personas con emetofobia no logran distinguir ningún hecho traumático que pudiera ser la causa de su miedo.

Complicaciones de la emetofobia

Muchas personas con emetofobia también tienen otros trastornos, como ansiedad social, agorafobia y miedo a volar, porque su mayor terror es exponerse a situaciones en las que podrían vomitar, en privado o en público.

Entonces, estas personas seguramente evitarán ir a un restaurante, beber alcohol e incluso asistir a todo tipo de eventos sociales. Probablemente también temen subir a un autobús, especialmente si hay niños que podrían vomitar.

De esta manera, viajar en el transporte público o en avión es algo realmente aterrador para un emetofóbico severo.

Algunas mujeres evitan quedar embarazadas, por el miedo a las náuseas y vómitos que pueden aparecer en el primer trimestre.

Muchas personas con emetofobia también tienen un cuidado extremo en la preparación de los alimentos que van a comer. No son capaces de comer cualquier cosa, en cualquier sitio, lo cual también puede ser una complicación para la vida cotidiana.

Imagínate que no fueras capaz de estar un rato con un bebé por miedo a que vomite, o que no puedes viajar en autobús o en avión o comer en un restaurante. La ansiedad y el miedo a vomitar realmente pueden paralizar tu vida.

El ciclo de la emetofobia

Como todas las demás fobias, el miedo de todo lo que esté relacionado con el vómito cumple un ciclo que podría resumirse en: pensamiento- reacción-acción o evitación.

Por ejemplo, si tienes emetofobia, lo primero que sucede antes de que se desencadenen los síntomas (ansiedad, sudoración, taquicardia, sensación de miedo, ganas de huir), es que algo te recuerda el vómito. Alguien lo menciona directa o indirectamente, lo ves en la TV o alguien simplemente comenta que está embarazada o que recibirá sesiones de quimioterapia.

Entonces, un pensamiento sobre el vómito pasa rápidamente por tu mente. Esto puede ser un fenómeno consciente o inconsciente. Luego, probablemente busques en ti misma síntomas de ganas de vomitar, te fijas en cómo se siente tu estómago, o aclaras tu garganta para comprobar que no sientes náuseas. O tal vez buscas en otras personas señales que te indiquen que tal vez vomitarán.

Y luego, aparece el miedo. Y con él, los síntomas, que pueden ser leves, moderados o severos. Sientes terror, te sudan las manos, se acelera tu corazón, tienes ganas de salir corriendo. Para escapar a tu miedo a vomitar tal vez te salteas una comida, o sales más temprano del trabajo.

Otras conductas de evasión causadas por la emetofobia pueden ser: evitar ir al baño (temes que el simple hecho de ver el inodoro te haga vomitar), evitas comer en restaurantes, tienes un cuidado extremo (e innecesario) con los alimentos que consumes, pues te aterra la idea de que una infección en tu aparato digestivo puede hacerte vomitar.

Y es así como se van estableciendo estas conductas de evitación crónica, provocadas por una anticipación temerosa. Cuando un pensamiento relacionado con el vómito vuelve a cruzarse en tu mente, el ciclo vuelve a comenzar.

A pesar de la evitación sistemática de situaciones cotidianas a causa del miedo a vomitar, algunas personas con emetofobia han logrado convivir con este miedo durante largos años, hasta que llega un momento en que el miedo se vuelve menos manejable. En ese momento es cuando algunas personas deciden consultar un especialista en busca de un tratamiento eficaz.

Trastornos relacionados

Naturalmente, si una persona tiene miedo irracional a vomitar, es lógico que tenga miedo de comer alimentos que podrían causarles un vómito. Por eso algunas personas emetofóbicas comen muy poco y también pueden padecer anorexia.

Preparan sus alimentos con extrema precaución, pues temen infectarse con un virus o bacteria. También tiene miedo de comer demasiado y luego vomitar, así que solo comen porciones muy pequeñas. Con el tiempo estos temores pueden derivar en anorexia nerviosa.

Tratamientos

Si sufres algún grado de emetofobia, no tienes por qué lidiar con este problema el resto de tu vida. Los síntomas pueden aliviarse mucho con el tratamiento adecuado.

En la página de la asociación de emetofóbicos más importante de Estados Unidos se señala que el tratamiento estándar para este miedo es la terapia cognitiva conductual, lo cual no es de extrañar, pues esta terapia suele resultar útil para el tratamiento de la mayoría de las fobias.

El terapeuta debe trabajar sobre los miedos irracionales del paciente con mucha paciencia y cautela, sin jamás minimizar el sufrimiento que traviesa el emetofóbico, debido a su intenso miedo.

La terapia ayudará al paciente a controlar su ansiedad cuando se presenten estímulos, y a cambiar los pensamientos negativos irracionales que tiene en ese momento por otros, más racionales y positivos.

La terapia de exposición gradual también puede ser útil. Escribir sobe el vómito primero, luego exponerse poco a poco a imágenes de personas vomitando o actuando como si vomitaran, o a olores desagradables puede ser un ejemplo. No es buena idea forzar al paciente a vomitar para eliminar su miedo, en general no se obtienen buenos resultados.

Todas las técnicas de relajación que puedan ser útiles para controlar la ansiedad, como el yoga, ejercicios de respiración, de relajación muscular progresivaincluso la meditación, pueden tener buen efecto en personas con emetofobia (o cualquier otra fobia).

En los casos más extremos, la medicación ansiolítica puede ayudar, y mucho. Si el paciente padece alguna otra afección además de la fobia al vómito, como agorafobia, trastorno obsesivo compulsivo u otros, seguramente el psiquiatra le recetará medicamentos que tal vez también ayuden a controlar la emetofobia.

Hay que tener en cuenta que una persona con emetofobia extrema tendrá mucho miedo de que la medicación le provoque vómitos, por lo tanto es buena idea que el médico le recalque que la medicación no le hará vomitar, y le prescriba un antiemético durante las dos primeras semanas de tratamiento.

También es bueno que tengas en cuenta que una persona con emetofobia severa no se curará con unas pocas sesiones de psicoterapia. El tratamiento puede ser bastante largo, pero si te comprometes a seguirlo, probablemente obtendrás buenos resultados a mediano o largo plazo.

Como ves, la emetofobia se puede revertir. Si tienes un miedo irracional a vomitar y el terror te impide llevar una vida normal, entonces busca ayuda psicológica o psiquiátrica, tú puedes superar ese miedo, tenlo por seguro, pero debes tener apoyo profesional, especialmente si tus síntomas son severos.

Historias reales

La emetofobia es un trastorno más frecuentes de lo que crees, es algo que le puede pasar a cualquiera. Fíjate por ejemplo en lo que cuenta este chico emetofóbico de 21 años:

La emetofobia ha llegado a hacerme sentir como si tuviera una enfermedad grave. Las fobias pueden arruinar tu vida. Lo peor de la emetofobia es que no solo temes devolver tu desayuno, sino que tienes el miedo constante de que alguien más pueda hacerlo cerca de ti.

Todo esto comenzó cuando yo tenía más o menos siete años. Saltaba con mi hermana en el sofá, cuando de repente sentí fuertes ganas de vomitar. Fui a la cocina y lo eché todo. Quise hacerlo en el bote de la basura, pero no llegué hasta allí.

Mi madre me llevó al baño, y vomité tres veces más. Al día siguiente, cuando desayunaba sentí náuseas, pero logré evitar el vómito. A partir de allí comenzó a invadirme la emetofobia. Me sentía aterrorizado por todo lo que tuviera que ver con el vómito, mucho más de lo que se consideraría normal.

Lo que más me asusta es la falta de control que tenemos sobre el acto de vomitar. Cuando el estómago decide hacerlo, es prácticamente inevitable, también muchas veces inesperado y provoca el asco de quienes están a tu alrededor, aunque sean tus amigos o familiares.

Muchas veces evité las excursiones o los viajes escolares, por miedo a vomitar.

Aquí va otra historia, esta vez es una chica con emetofobia, tal vez te identifiques con su caso.

Cuando Wendy tenía tres años más o menos, su madre estaba embarazada de su hermana menor. Una noche mañana escuchó a su mamá gritar y llorar en el baño. Fue a ver qué pasaba, y vio que su madre vomitaba sin parar, mientras su padre trataba de ayudarle sin poder hacer nada.

Su mamá gemía por lo mal que se sentía, estaba inconsolable, y decía “me quiero morir”. Cuando su papá detectó la presencia de Wendy en la puerta del baño, la llevó de nuevo a su habitación, donde la niña permaneció un buen rato más escuchando los lamentos y las náuseas de su madre.

A partir de ahí comenzó su miedo a vomitar. Sin querer, asoció el miedo a la muerte (de su madre) con las náuseas y los vómitos, este miedo la acompañó por muchos años y fue empeorando con el tiempo.

Tanto fue así, que ni siquiera era capaz de pronunciar la palabra “vomitar”. Cuando alguien tosía o se atragantaba con comida cerca de ella, salía corriendo presa de un ataque de pánico. Cuando se detenía, algunas veces no podría recordar la razón por la cual había salido corriendo de repente.

Cuando estas conductas comenzaron a impedir que Wendy llevara una vida normal, consultó a un psicoterapeuta, quien la ayudó a controlar y evitar la ansiedad, disminuyendo los síntomas de emetofobia.

El caso de una niña de 8 años con emetofobia

La niña de esta historia tenía 8 años cuando sufrió un dolor abdominal muy intenso, fiebre alta y vomitó dos o tres veces, antes de que el médico le diagnosticara apendicitis y fuera operada de urgencia.

Aproximadamente 10 días luego de la operación, comenzó a tener miedo de vomitar y que el episodio se repitiera. Se quejaba de tener náuseas todo el día, aunque desde el punto de vista físico, los médicos no encontraron alteraciones.

Los síntomas comenzaron a empeorar. La niña pensaba permanentemente en el vómito y en su miedo, comenzó a comer menos y a evitar comer afuera. Incluso dejó de jugar con amigos, por miedo de vomitar frente a ellos, y también rehusaba ir a la escuela, por temor de vomitar en el salón de clases.

Poco a poco el miedo se extendió a sus familiares, la niña temía que su madre o su padre vomitaran, y les pedía que no viajaran en autobús ni utilizaran el ascensor.

Cuando sus padres la llevaron al psiquiatra, éste le diagnosticó emetofobia. Es importante señalar que ambos padres sufrían trastornos de ansiedad y tomaban medicación.

La niña realizó psicoterapia y recibió medicación para controlar la ansiedad. También realizó terapia de exposición gradual. En pocas semanas, los síntomas de emetofobia desaparecieron por completo, aunque la paciente continuó con la medicación, debido fundamentalmente a sus antecedentes familiares.

Referencias

  1. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3890925/.
  2. http://www.emetophobiahelp.org/fact-sheet.html.
  3. http://blog.psicoactiva.com/emetofobia-ese-miedo-oculto/.
  4. https://es.wikipedia.org/wiki/Emetofobia.
COMPARTIR
Licenciada en Laboratorio Clínico.

1 Comentario

  1. Gracias, me ha sido de gran ayuda, muy completo. Mi hermana ha tenido desde un trauma de la infancia anorexia, y mucha emetofobia, mucho miedo a ir a restaurantes etc. y estos artículos ayudan mucho, hay que tomarselo de forma gradual es mi experiencia. Tambien recomiendo un manual llamado emetofobia eliminada, que son tecnicas practicas y a Xenia la ayudaron por si a alguien más le puede servir.Y por último, armarse de paciencia y acudir a un psicologo o una web que pueda prestar ayuda especializada. Gracias.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here