Enfermedad de Batten: Síntomas, Causas, Tratamiento

La enfermedad de Batten, también conocida con el nombre de Lipofuscinosis neuronal ceroidea juvenil, es una patología potencialmente mortal, de origen genético, que afecta fundamental al sistema nervioso (Cleveland Clinic, 2016).

A nivel genético, la mayor parte de los casos se deben a la presencia de una mutación en el gen CLN3, situado en el cromosoma 16 (Mareque Rivas, 2008). Como consecuencia, se produce una acumulación sistemática y progresiva de proteínas y sustancias grasas en diferentes tejidos corporales (Cleveland Clinic, 2016).

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En cuanto a su curso clínico, la enfermedad de Batten genera una regresión del desarrollo, caracterizada por la pérdida de visión, deterioro cognitivo, ataxia e incluso el fallecimiento prematuro (Andrade-Bañuelos et al., 2012).

El diagnóstico suele efectuarse en la etapa final de la infancia o al comienzo de la adolescencia, en base a los hallazgos clínicos. Generalmente, el déficit visual es el signo más temprano de la patología, pudiéndose sospechar a través de un examen ocular.

Además, es necesario efectuar un examen neurológico y oftalmológico, junto con algunas pruebas de laboratorio como la electroencefalografía y el estudio genético (Cleveland Clinic, 2016).

En la actualidad no existe un tratamiento curativo para la enfermedad de Batten. Las intervenciones terapéuticas se orientan al tratamiento sintomatológico y al cuidado paliativo, hasta que se produce el fallecimiento de la persona afectada (Mareque Rivas, 2008).

Características de la enfermedad de Batten

La enfermedad de Batten es una patología poco frecuente, de origen genético y, además, se trata de una condición médica que forma parte de las patologías clasificadas como trastornos del almacenamiento lisosomal (Batten Disease Support and Research Association, 2016).

En el caso de la enfermedad de Batten, la presencia de anomalías genéticas altera la capacidad de las células del organismo para eliminar sustancias y desechos. De esta forma, se produce una acumulación anormal de proteínas y lípidos (sustancias de tipo graso) (Batten Disease Support and Research Association, 2016).

En la enfermedad de Batten, el área afectada de forma mayoritaria es el sistema nervioso y, más específicamente el cerebro. Debido a esto, también se denomina liopofuscinosis neuronal ceroidea juvenil (National Institutes of Health, 2013).

Así, este almacenamiento paulatino de sustancias va a producir graves lesiones en la función y estructura celular, lo que da lugar al progresivo deterioro característico de la enfermedad de Batten (Batten Disease Support and Research Association, 2016).

Específicamente, la primera descripción de esta patología se realizó en 1903, por un médico británico especialista en pediatría, Frederick Batten, del que recibe su nombre. Además, esta enfermedad también es conocida con el nombre de Spielmeyer-Vogt-Sjogren-Batten (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2015).

Estadísticas

A pesar de que, la enfermedad de Batten es uno de los tipos más comunes de lipofuscinosis neuronal ceroidea, no presenta una prevalencia elevada en comparación con otras enfermedades degenerativas y/o neurológicas (Genetis Home Reference, 2016).

Los trastornos del tipo lipofuscinosis neuronal ceroidea, muestran una prevalencia aproximada de 1 caso por cada 100.000 personas, en la población general. Además, aunque no se han identificado diferencias relacionadas con el sexo, es una enfermedad más común en regiones finlandesas, donde su prevalencia alcanza una cifra de 1 caso por cada 12.500 personas (Genetis Home Reference, 2016).

En Estados Unidos, la prevalencia de la enfermedad de Batten y de otros trastornos relacionados, se ha situado en al menos 3 casos por cada 100.000 nacimientos (National Organization for Rare Disorders, 2007).

Concretamente, la enfermedad de Batten, forma parte del conjunto de 6.800 enfermedades raras que afectan a 30 millones de personas, es decir, casi a 1 de cada 10 americanos (Beyond Batten Disease Foundation, 2016). 

Signos y síntomas

Como hemos señalado, la enfermedad de Batten afecta esencialmente al sistema nervioso, por lo que los signos y síntomas más característicos y frecuentes en esta patología, se van a relacionar con el área neurológica (Genetics Home Referece, 2016).

El patrón clínico de la enfermedad de Batten está marcado lo el deterioro progresivo de diversas capacidades: visión, cognición, motricidad, etc. (Genetics Home Reference, 2016).

Los primeros signos y síntomas suelen aparecer de forma sutil, especialmente en las edades comprendidas entre los 4 y 8-15 años de edad, progresando rápidamente hacia una regresión del desarrollo (Genetics Home Reference, 2016).

Así, algunos de los hallazgos clínicos más comunes incluyen (National Organization for Rare Disorders):

Pérdida progresiva de la visión

La alteración progresiva de la capacidad visual es uno de los síntomas más tempranos de la enfermedad de Batten. Suele comenzar durante los primeros años de vida y, alrededor de los 10 años de edad, las personas afectadas presentan una ceguera parcial o total.

Así, en todo el trascurso de la degeneración ocular y visual, se van sucediendo diversas patologías y condiciones médicas, entre las que podemos destacar:

Degeneración macular: esta patología afecta a la mácula, una región ocular situada en la retina. Específicamente, esta estructura se encarga del control de la visión central, es decir, aquella que nos permite la percepción de los detalles con nitidez. Así, la degeneración afecta a las células de ésta, provocando su lesión y/o destrucción y, consecuentemente el deterioro progresivo de la visión.

Atrofia óptica: esta condición médica hace referencia al deterioro progresivo o presencia de lesiones en el nervio óptico. Este se encarga de la transmisión de información visual desde las áreas oculares hacia el sistema nervioso, por lo tanto, resulta fundamental para la capacidad visual eficiente.

Retinitis Pigmentaria: esta patología se caracteriza por la presencia y acumulación de depósitos oscuros en la retina. Así, alguno de los síntomas que provoca es la disminución de la visión en condiciones de poca luz, de la visión lateral y central.

Episodios Convulsivos

En otros casos, los primeros síntomas de la enfermedad se hacen visibles a través de la presentación de episodios convulsivos recurrentes.

La International League Against Epilepsy y la International Bureau for Epilepsy define una crisis convulsiva como un acontecimiento transitorio de signos y/o síntomas debido a una actividad neuronal anormal, excesiva o con ausencia de sincronía.

Además, podemos distinguir dos tipos básicos de crisis:

Convulsiones focales: los eventos epilépticos son producto de la actividad anormal en una única área específica del cerebro, que pueden cursar con o sin pérdida de consciencia, acompañada de movimientos rápidos, rítmicos e involuntarios de diferentes zonas corporales.

Convulsiones generalizadas: las convulsiones generalizadas son aquellas en las que el evento epiléptico, producto de la actividad neuronal anormal, va a afectar a todas o gran parte de las áreas cerebrales. Además, dentro de estas, podemos distinguir otros tipos:

  • Crisis de ausencias: en este tipo de eventos, la persona que lo padece se presenta con la mirada fija o con movimientos sutiles como parpadeo. Cuando ocurren en grupo y de forma sucesiva, pueden ocasionar pérdida de consciencia. Se suelen producir en mayor proporción en niños.
  • Convulsiones tónicas: los eventos tónicos se caracterizan por el desarrollo de una gran rigidez muscular, especialmente en la espalda, brazos y piernas. En muchos casos ocasionan caídas al suelo.
  • Convulsiones atónicas: las convulsiones atónicas producen una pérdida de control muscular, por lo tanto, puede causar caídas.
  • Convulsiones clónicas: los eventos clónicos se caracterizan por la presencia de movimientos musculares rítmicos, repetitivos y/o bruscos. Las convulsiones clónicas suelen afectar al cuello, la cara y los brazos.
  • Crisis mioclónicas: las crisis o eventos miclónicos se desarrollan como sacudidas fuertes y repentinas en brazos y piernas.
  • Convulsiones tónico-clónica: los eventos tónico-clónicos, anteriormente conocidos de forma genérica como ataque epiléptico, pueden causar pérdida de consciencia, rigidez muscular, temblores, pérdida de control de esfínteres, etc. Las crisis tónico-clónicas son el tipo de evento epiléptico más grave.

Déficits Cognitivos

La acumulación de sustancias grasas en áreas cerebrales y la presencia de episodios convulsivos recurrentes, produce una importante afectación neurológica.

En buena parte de los afectados, desde los primeros momentos puede observarse una regresión de capacidades previamente adquiridas y desarrolladas, así, estos síntomas suelen categorizarse como deterioro cognitivo.

El deterioro leve de las funciones cognitivas puede implicar déficits de memoria, lenguaje, alteraciones del juicio o el pensamiento. Algunos de los síntomas más frecuentes en el deterioro cognitivo leve son las dificultades para recordar nombres de personas, perder el hilo de una conversación o una tendencia significativa a perder cosas. Sin embargo, pueden realizar todas las actividades de su vida diaria con un grado de eficacia variable.

Por otro lado, cuando la enfermedad progresa y se alcanza un grado de afectación grave, a nivel cognitivo, la mayoría de las funciones se encuentran afectadas: memoria, aprendizaje, lenguaje, orientación, velocidad de procesamiento, etc.

Además, este deterioro suele acompañarse de algunas alteraciones conductuales y cambios de personalidad, relacionados fundamentalmente con el estado de ánimo, la ansiedad o los episodios psicóticos.

Alteración Psicomotriz

En el caso del área musculo-esquelética y motora, muchos de los afectados pueden comenzar a presentar diversas alteraciones, algunas de las más frecuentes se relacionan con:

Hipotonía/Hipertonía muscular: presencia variable de un tono muscular reducido o incrementado.

Espasticidad: contracción involuntaria de diversos grupos musculares, lo que provoca tensión y rigidez muscular

Parestesia: sensaciones de ardor, entumecimiento, hormigueo, picor o escozor, que se suele sentir en las extremidades superiores (brazos y manos) e inferiores (piernas y pies).

Tretaparesia: las personas afectadas presentan una parálisis significativa en las cuatro extremidades corporales.

Todos estos eventos médicos van a reducir las capacidades motrices y, por tanto, van a limitar la movilidad de la persona afectada. Además, en muchos casos, es posible observar alteraciones motoras similares a las de la enfermedad de Parkinson.

Limitación Funcional

Como consecuencia de todas las alteraciones descritas anteriormente, en las fases más avanzadas de la enfermedad de Batten, las personas afectadas suelen encontrarse en una situación de dependencia total.

Generalmente, se encuentran en la cama, sin capacidad para comunicarse y desarrollando otro tipo de complicaciones médicas que pueden amenazar su supervivencia.

Causas

Las investigaciones más recientes han señalado que, la causa de la mayor parte de los casos de la enfermedad de Batten, se encuentra a la presencia de diversas mutaciones (interrupciones o cambios) del gen CLN3, situado en el cromosoma 16 (National Organization for Rare Disorders, 2007).

Específicamente, este gen se encarga de codificar una proteína denominada CLN3 que, se ubica en las membranas celulares, especialmente en los lisosomas (centros de reciclaje) y endosomas (orgánulos transportadores) (Bayond Batten Disease Foundation, 2016).

A pesar de que la función específica de esta proteína no se conoce con exactitud, la enfermedad de Batten está relacionada con la acumulación patológica de material graso en los tejidos del organismo, especialmente las áreas del sistema nervioso (National Institute of Neurological Disoders and Stroke, 2015).

Concretamente, la sustancia que se almacena de forma masiva es conocida con el nombre de lipofuscina, un tipo de lipopigmento, compuesto por proteínas y sustancias grasas. Este tipo de sustancias, se encuentran normalmente en tejidos como el cerebro, los ojos o la piel (National Institute of Neurological Disoders and Stroke, 2015)

Como consecuencia, los niveles elevados de esta sustancia de desecho, dará lugar al desarrollo de importantes lesiones celulares en las áreas afectadas y, por lo tanto, al desarrollo de la degeneración característica de la enfermedad de Batten (National Institute of Neurological Disoders and Stroke, 2015).

Además, investigaciones recientes, también han logrado identificar un patrón de heredabilidad asociado a la enfermedad de Batten. Esta patología tiene un patrón genético autosómico recesivo, por tanto, se heredará si la persona afectada presenta dos copias del gen alterado (Genetics Home Reference, 2016).

Si una persona hereda una única copia del gen, por lo general no muestra signos y síntomas, por lo tanto, no desarrolla la enfermedad de Batten (Genetics Home Reference, 2016).

Diagnóstico

El diagnóstico de la enfermedad de Batten suele efectuarse en la etapa infantil, la presencia de signos y síntomas clínicos compatibles con esta patología hace necesario en empleo de diversos abordajes diagnósticos:

– Exploración Física

– Exploración Neurológica

– Exploración oftalmológica

– Análisis sanguíneo

– Análisis de orina

– Biopsia de tejido nervioso o cutáneo

– Electroencefalografía

– Estudio Génetico

Además de esta condición, cuando los progenitores saben que presentan una carga genética compatible con la enfermedad de Batten, es posible realizar un diagnóstico prenatal a través de pruebas como la amniocentesis o el muestreo de vellosidades coriónicas.

Tratamiento

No existe tratamiento para la enfermedad de Batten, ya que esta es una patología crónica y potencialmente mortal.

A pesar de que existen algunos síntomas que pueden controlarse o revertirse, como los episodios convulsivos, otros problemas médicos con inevitables, como la degeneración neurológica (Cleveland Clinic, 2016).

Las intervenciones terapéuticas se centran en los cuidados paliativos, fisioterapia, neuropsicología y terapia ocupacional, con el objetivo de incrementar la calidad de vida y el tiempo de supervivencia de la persona afectada (Cleveland Clinic, 2016).

Referencias

  1. Andrade-Bañuelos, A., Jean-Tron, G., Ortega-Ponce, F., Arnold, S., Rana, S., & Islas-García, D. (2012). Lipofuscinosis neuronal ceroidea infantil tardía. Reporte de Un caso. Anales Médicos, 256-261.
  2. BBDF. (2016). The juvenile Batten disease gene. Obtenido de Beyond Batten Disease Foundation.
  3. BDSRA. (2016). Batten Disease . Obtenido de Batten Disease Support and Research Association.
  4. Cleveland Clinic. (2016). Batten Disease. Obtenido de Cleveland Clinic.
  5. Marque Rivas, F. (2008). Forma Juve4nil de lipofuscinosis neuronal ceroidea (enfermedad de Batten). Med Clin (Bar), 676-679.
  6. NIH. (2015). Batten Disease Fact Sheet. Obtenido de National Institute of Neurological Disorders and Stroke.
  7. NIH. (2016). Batten Disease. Obtenido de Genetics Home Reference.
  8. NORD. (2007). Batten Disease. Obtenido de National Organization for Rare Disorders.
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Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla y estudiante de Máster Estudios Avanzados de Cerebro y Conducta.

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