Enfermedad de Krabbe: Síntomas, Causas, Tratamiento

La enfermedad de Krabbe o leucodistrofia globoide, es un trastorno genético raro que afecta al sistema nervioso central, produciendo una deficiencia en la sustancia blanca cerebral o mielina. 

Es un desorden genético, hereditario y degenerativo, relativamente desconocido a pesar del hecho de que es una condición médica muy grave y frecuentemente fatal.

sindrome krabbe

Este tipo de leucodistrofia se manifiesta por la falta de mielinización del sistema nervioso, produciendo la aparición de déficits y otros trastornos neurológicos.

La enfermedad de Krabbe afecta por igual a chicos y chicas. Se estima que a nivel mundial, la prevalencia de este trastorno es de aproximadamente 1 de cada 100000 nacimientos. Sin embargo, hay países donde la incidencia es mucho mayor, como en Escandinavia (1 de 50000) o Israel (6 de cada 1000).

Características de la enfermedad de Krabbe

Leucodistrofia: De “Leukós”, blanco + “Dys”, malo o deficiente + “Tréphein”, nutrir. Trastorno nutricional de la sustancia blanca. Globoide: Relativo a las células globoides.

También conocida como enfermedad de Krabbe. Recibe su nombre del neurólogo danés Knud Haraldsen Krabbe (1885-1965), por ser el primero en reportar el caso de un paciente con esta patología en 1916.

La enfermedad de Krabbe es un trastorno genético del grupo de las leucodistrofias. La leucodistrofias son un tipo de condición médica que afecta a la producción o la integridad de sustancia blanca del cerebro, también conocida como mielina.

La mielina es la sustancia blanca del cerebro que recubre los axones de las células nerviosas (lugar de la célula por donde se conducen los impulsos eléctricos), para formar una vaina o capa alrededor de los mismos, y poder así mejorar y aumentar la velocidad de transmisión de los impulsos nerviosos.

La envoltura celular que produce la mielina garantiza la correcta transmisión de los impulsos eléctricos, por ello su integridad es esencial para las funciones del sistema nervioso central y periférico.

En condiciones normales, la mielina recubre el axón formando una capa de alta resistencia, que funciona como aislante y permite la correcta propagación de los impulsos eléctricos. Para entenderlo mejor, la mielina sería como el cordón plástico que recubre un cable eléctrico.

Cuando la integridad de la mielina se ve afectada, se dice que la célula se encuentra desmielinizada y se produce la dispersión del impulso nervioso, bien reduciéndose la velocidad del mismo o impidiendo que este se produzca.

En los casos en los que la mielina está comprometida o deteriorada de forma general, hablamos de desmielinización, o falta de sustancia blanca. Las consecuencias de esta condición son claramente visibles y dramáticas, ya que la mielina asegura la correcta trasmisión de los impulsos en el sistema nervioso.

De este modo, la desmielinización puede provocar déficits perceptivos, sensoriales, cognitivos o motores; llegando en muchos casos a producir parálisis total y muerte prematura. Cada año, miles de personas son afectadas por trastornos que comprometen la integridad de la mielina, como las leucodistrofias.

Cuando se produce una leucodistrofia, la mielina es incapaz de recubrir correctamente los nervios del sistema nervioso central y por ende, no se pueden conducir los impulsos eléctricos de forma satisfactoria.

En la actualidad, la comunidad científica ha identificado como leucodistrofias a más de una decena de enfermedades, clasificándolas en cinco grupos diferentes: leucodistrofias peroxisomales, leucodistrofias lisosomales, leucodistrofias de tipo cavitaria, leucodistrofia hipomielinizantes o leucodistrofias indeterminadas.

A continuación se muestra la clasificación actual de las leucodistrofias según su tipo:

Leucodistrofias Peroxisomales

  • La adrenoleucodistrofia / adrenomieloneuropatía.
  • La enfermedad de Refsum (Infantil o adulta).
  • El síndrome de Zellweger.
  • La adrenoleucodistrofia neonatal.

Leucodistrofias Lisosomales

  • Leucodistrofia metacromática (o LDM)
  • Leucodistrofia globoide o enfermedad de Krabbe.

Leucodistrofias Cavitarias

  • La enfermedad de Alexander.
  • La enfermedad de Canavan.
  • El síndrome CACH.
  • La leucodistrofia megaloencefálica con quistes subcorticales (MLC).

Leucodistrofias hipomielinizantes

  • La enfermedad de Pelizaeus-Merzbacher.
  • La enfermedad de Pelizaeus-Merzbacher-like.
  • La paraplejia espástica 2.
  • La hipomielinización y catarata congénita (o HCC).

Leucodistrofias no clasificadas

  • El síndrome Aicardi-Goutières.
  • Las leucodistrofias indeterminadas. Aquellas en las que el gen responsable aún no ha sido identificado o está en proceso de identificación.

Hoy nos centraremos en explicar y conocer una de las leucodistrofias de tipo lisosomal, la conocida como leucodistrofia de tipo globoide, o enfermedad de Krabbe.

Causas

La enfermedad de Krabbe se debe a mutaciones en el gen GALC, localizado en el brazo pequeño del cromosoma 14 (14q31). Las personas que presentan la mutación en este gen no producen suficiente cantidad de una sustancia llamada galactocerebrosidasa, una enzima lisosomal que participa en el catabolismo de gran cantidad de lípidos de la mielina.

El déficit de galactocerebrosidasa provoca la acumulación de una sustancia citotóxica, la psicosina, que conduce a la apoptosis (muerte celular programada). La acumulación de lípidos no metabolizados afecta al crecimiento de la vaina protectora de mielina del nervio.

Sin esta sustancia (galactocerebrosidasa), la mielina no puede formar el recubrimiento de los axones y se produce la formación de grupos de células globosas en la sustancia blanca (tanto en el sistema nervioso central como periférico), provocando que las conexiones nerviosas no funcionen adecuadamente.

El componente hereditario de esta enfermedad es recesivo (necesita dos copias del gen) y se transmite de padres a hijos. Si ambos padres portan la mutación defectuosa del gen GALC, sus hijos tienen una probabilidad del 25% de no heredar ninguna copia mutada, un 50% de heredar una copia mutada y una normal y un 25% de probabilidad de heredar dos copias mutadas y por tanto, de padecer esta condición.

Cuando ambos padres son portadores conocidos de la mutación del gen y se sospecha del riesgo de padecimiento, debe realizarse una exploración prenatal, la amniocentesis. Esta técnica consiste en la extracción de una pequeña cantidad del líquido del saco que rodea al bebé para realizar un análisis enzimático y mutacional.

Diagnóstico

El diagnóstico de esta patología se puede llegar a establecer a través de diferentes pruebas. Los análisis de sangre, tejidos o LCR (líquido cefaloraquídeo), evalúan el nivel de actividad de la enzima GALC.

Niveles muy bajos o nulos indicarían la presencia del trastorno. Aunque, este tipo de análisis puede confirmar el diagnóstico, no facilita información sobre cuál será el trascurso (lento o rápido), de la enfermedad.

También es posible obtener evidencias diagnósticas a través de otras pruebas como el EEG (electro-encefalograma), o la TEP (tomografía por emisión de positrones). Ambas pruebas mostrarían un patrón de actividad eléctrica cerebral anómalo en estos pacientes.

Las exploraciones a través de técnicas de neuroimagen pueden proporcionar también evidencias del trastorno. Por ejemplo a través de la RMN/RMF (resonancia magnética nuclear/resonancia magnética funcional), podríamos observar los déficits en la presencia de sustancia blanca cerebral.

De todas las pruebas sin duda, el examen mutacional del gen es la técnica más segura y fiable para confirmar el diagnóstico de esta enfermedad. Además, la información sobre el tipo concreto de mutación que ha sufrido el gen puede ayudar a prever cuál será el curso del trastorno.

En algunos países, además de las pruebas que hemos comentado, se realizan exámenes de prevención  a los recién nacidos para descartar la presencia de esta patología. No obstante, los investigadores están aún trabajando para saber qué pruebas serían las más convenientes en esta población.

La enfermedad de Krabbe puede desarrollarse en momentos diferentes. Si la afectación se presenta en el nacimiento o los primeros meses de vida (de 1 mes a 1 año), hablamos de enfermedad de Krabbe de aparición temprana o infantil.

La mayoría de estos niños fallecerá antes de cumplir los dos años de edad. Cuando la afectación se presenta durante la niñez (de 1 a 8 años), hablamos de enfermedad de Krabbe de aparición juvenil. Por último, si la afectación se presenta a partir de los 8 años es considerada de aparición tardía juvenil o adulta y su pronóstico es algo menos fatal.

Síntomas

Tal y como comentábamos anteriormente, esta enfermedad (y el resto de leucodistrofias), afecta a la integridad de la sustancia blanca o mielina. Sabiendo la importancia que tiene la mielina para que se produzca una correcta transmisión eléctrica en el sistema nervioso, cabe imaginar que una enfermedad como esta va a producir consecuencias fatales para el organismo.

Los síntomas de esta patología van a variar en función, sobre todo del momento de aparición de la enfermedad. Así, de forma general se afirma que cuanto más tardía sea la aparición de la enfermedad de Krabbe, más lenta será su progresión y menos fatal resultará para la persona.

Los bebés con enfermedad de Krabbe no presentan signos o síntomas de la enfermedad al nacer. De hecho, en las primeras etapas de la enfermedad es común que los médicos puedan confundir la patología con una parálisis cerebral.

No es hasta a partir de los 3 o 6 meses de edad cuando comienzan a apreciarse los primeros síntomas en estos bebés, presentándose un cuadro diferente de la patología en diferentes momentos o etapas de la enfermedad.

Cuando el trastorno es de aparición temprana o infantil, en la primera fase los síntomas pueden incluir una extremada irritabilidad, rigidez de las extremidades, escaso control de la cabeza, flexión del pulgar intermitente, espasmos musculares y episodios de temperatura elevada.

En la segunda fase se producen episodios hipertónicos y convulsiones, además de déficits auditivos, visuales y motores (como dificultades para alimentarse o respirar correctamente).

En la tercera fase, comienza a producirse una hipotonía generalizada (disminución de la tensión o del tono muscular, o de la tonicidad de un órgano). Esta hipotonía se extiende a través de los diferentes órganos del bebé impidiendo el desarrollo normal del mismo. A partir de este momento, los pacientes progresan hasta un estado vegetativo general, muriendo de forma mayoritaria entre los 2 y los 3 años de edad.

Cuando la enfermedad de Krabbe se desarrolla durante la niñez tardía o etapa adulta, el cuadro de síntomas es similar a los que se producen en etapas de desarrollo anteriores pero su progresión es menos rápida y el curso más variado.

Los primeros síntomas de las formas tardías incluyen debilidad y los déficits pueden relacionarse con procesos superiores ya adquiridos, por ejemplo la pérdida de la destreza manual fina,  la aparición de ataxia (dificultad o incapacidad de andar) o hemiplejía (parálisis de la mitad del cuerpo).

Sin embargo, alguno de estos pacientes puede tener síntomas mucho menos graves, con debilidad muscular como síntoma principal de la enfermedad.

Tratamiento

Aunque existen tratamientos específicos para limitar los síntomas de este trastorno, por desgracia en la actualidad no existe una cura para la enfermedad de Krabbe. Las intervenciones sanitarias que se realizan en estos pacientes están encaminadas de forma principal a mejorar su calidad de vida.

Diferentes tratamientos farmacológicos pueden ser utilizados para controlar síntomas como la irritabilidad, los espasmos musculares, la fiebre o las convulsiones. La rehabilitación física o fisioterapéutica es esencial en estos pacientes para el control y la recuperación del tono muscular.

Estas intervenciones suelen acompañarse de psicoterapia que facilite el restablecimiento o mejora de las funciones cognitivas afectadas.

Existen otros tratamientos muy prometedores para este trastorno, aunque el riesgo es mayor y su utilidad parece variar mucho de un caso particular a otro.

El trasplante de médula ósea o de células de cordón umbilical, en las fases iniciales de la enfermedad permite mejorar la evolución de estos pacientes, sobre todo cuando la enfermedad es aún asintomática. La eficiencia del trasplante se ha mostrado mucho más efectiva cuando se realiza en las primeras semanas de vida. 

Por último, la terapia genética parece arrojar una mayor esperanza en el control de esta enfermedad. Los científicos han logrado hacer llegar el gen GALC a las células del organismo a través de la introducción de un virus.

El gen, que viaja a través del virus, es capaz de instalarse en las células. Aunque esta técnica sólo ha podido ser aplicada a animales, diferentes grupos de investigación en todo el mundo, se encuentran ya trabajando para que esta técnica pueda ser utilizada pronto en humanos.

COMPARTIR

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here