Era Napoleónica: Etapas, Causas, Economía y Consecuencias

La era napoleónica o periodo napoleónico es la denominación por la que se conocen los años en los que Napoleón Bonaparte se mantuvo en el poder en Francia. El militar francés había ganado mucho prestigio a partir de sus campañas militares desde que estalló la Revolución francesa en 1789.

Napoleón aprovechó su popularidad y el cansancio del pueblo ante la corrupción e ineficiencia del Directorio —el órgano que entonces dirigía el gobierno de la nación— para dar un golpe de Estado el 18 de Brumario de 1799. Esa fecha marca el inicio de la primera etapa de la era napoleónica.

Era napoleónica

Tras el golpe se formó un consulado compuesto por tres dirigentes. Bonaparte fue nombrado primer cónsul. La segunda etapa se inicia cuando el militar nacido en Córcega se proclama emperador en 1804. Se caracteriza por las guerras expansionistas que Napoleón mantuvo por todo el continente.

A pesar de todos los éxitos que consiguió, al final no pudo enfrentarse a las diversas coaliciones que se formaron en su contra. Acabó derrotado y exiliado en la isla de Elba. No obstante, el exilio no acabó con la ambición del emperador. Logró escapar de Elba y volver al continente, dando comienzo a la tercera etapa de su era.

Esta tercera etapa es conocida como el Imperio de los Cien Días. Finalmente, la batalla de Waterloo significó su derrota definitiva; Bonaparte acabó sus días en la isla de Santa Helena.

Etapas

La situación en la Francia posrevolucionaria era bastante caótica. Existía una gran inestabilidad política y la marcha de la economía era bastante mala. Después de varios cambios de dirigentes, se había establecido un Directorio para dirigir el país, pero la situación no mejoró.

Por una parte, la corrupción campaba a sus anchas y, por otra, se sucedían conspiraciones tanto desde el campo revolucionario como desde el de los realistas.

Mientras tanto, un joven militar iba ganando prestigio gracias a diferentes acciones militares contra las potencias absolutistas contrarias a las ideas revolucionarias.

Era Napoleón Bonaparte y su popularidad creció tanto que muchos autores consideran que el Directorio decidió enviarlo a Egipto para evitar que estuviera en París.

De hecho, Napoleón sufrió una dura derrota en Egipto que estuvo a punto de no dejarle salir del país norteafricano. Sin embargo, se las arregló para volver y enseguida se unió al golpe de Estado que estaba en marcha.

Consulado

De acuerdo con muchos historiadores, Napoleón tenía reservado un papel secundario en el golpe de Estado que se estaba preparando.

Uno de los conspiradores, el abate Sièyes, solo quería aprovechar su popularidad pública para ganarse al pueblo, y que el militar ocupara el tercer puesto en importancia en el triunvirato que querían crear.

El 18 de brumario de 1799 se consuma el asalto al poder. Tras el éxito, se creó un nuevo órgano llamado Consulado que debía gobernar Francia. Sin embargo, pese a los que pretendía Sièyes, Napoleón ocupó el puesto de primer cónsul. Como tal, concentraba todos los poderes en su persona.

Pocos años después, Napoleón promulgó la Constitución del año X (1802). En esta se declaó cónsul único, vitalicio y con poder hereditario.

Ideales de Napoleón

A pesar de que la forma elegida de gobierno fuera la de una dictadura, Napoleón pretende seguir con los ideales de la Revolución francesa. En una de sus proclamas declaró que “hay que acabar ya la novela de la revolución que es lo que se ha hecho hasta ahora, y que hay que hacer ya la historia de la revolución”.

De esta forma, buscaba consolidar la estructura de poder burguesa, oponiéndose tanto a los absolutistas como a los radicales jacobinos. Para ello, no dudó en ejercer un liderazgo autoritario, reprimiendo a los enemigos de la Revolución.

Acción de gobierno

El primer objetivo de Napoleón en el frente interno fue reorganizar la economía y la sociedad. Su intención era estabilizar el país y que cesaran los continuos vaivenes que se habían vivido desde la Revolución.

En el ámbito de la economía, ordenó fundar el Banco de Francia, controlado por el Estado. También estableció el franco como moneda nacional, lo que facilitaba que las empresas y la agricultura recibieran financiación; además, esto le dio una herramienta para controlar la inflación.

Aunque el corso no era religioso, negoció con el papa Pío VII y firmó un concordato, reconociendo la obligación de Francia de mantener los gastos del clero. Asimismo, se le daba al catolicismo el rango de religión mayoritaria del país.

Dentro de su acción de gobierno destaca la elaboración de un nuevo código civil, conocido como napoleónico. Esta legislación fue promulgada en 1804 y estaba inspirada en el derecho romano.

El texto recogía derechos como el de la libertad individual, la del trabajo o la de consciencia. También declaraba a Francia como un Estado laico y aseguraba la igualdad ante la ley.

Estos avances contrastaban con la falta de derechos otorgados a los trabajadores, además del restablecimiento de la esclavitud en las colonia.

Segunda etapa: el Imperio

El apoyo a Napoleón fue creciendo durante sus años en el consulado. Esto le llevó a dar el siguiente paso: la Constitución del año XII (1804). Mediante esta, Bonaparte se proclamó emperador de Francia.

Sin embargo, este nombramiento no hizo que el corso cambiara sus ideas, a pesar de las evidentes contradicciones en las que incurrió. Así, continuó consolidando las instituciones burguesas frente a las basadas en la nobleza.

De igual manera, contrasta su intención de extender por Europa las ideas emanadas de la Revolución (libertad, igualdad y fraternidad) con el modo elegido: guerras invasoras y colocar a sus familiares al frente de los países conquistados.

El propósito del emperador era unificar Europa bajo el mando francés. Muchos de sus intentos fueron exitosos y Nápoles, Westfalia, Holanda y España estuvieron en poco tiempo gobernados por miembros de la familia Bonaparte.

Las guerras napoleónicas

Las grandes potencias —la mayoría de estas anti-liberales y absolutistas— plantaron cara al proyecto napoleónico. Así, Francia debió enfrentarse a varias colaciones formadas por Austria, Prusia, Rusia y Gran Bretaña. Fueron años de continuas guerras, algunas saldadas con la victoria francesa y otras con derrota.

Uno de sus enemigos más tradicionales era Gran Bretaña. Napoleón estaba empeñado en invadir las islas, pero la derrota en Trafalgar frustró sus planes. Tras esto, planteó un bloqueo comercial para asfixiar la economía británica.

Consecuencia de ese bloqueo fue la invasión de Portugal (aliado de Inglaterra) y la de España, cuya crisis interna facilitó que José Bonaparte fuera nombrado rey. Los españoles se levantaron contra el invasor, dando lugar a la Guerra de la Independencia (1808-1813).

La resistencia española debilitó a Napoleón, pero su peor error fue el intento de invadir Rusia. En 1810 el Imperio ocupaba media Europa, pero las guerras no permitían darle la estabilidad suficiente.

Napoleón, buscando acabar con el frente oriental, decidió atacar Rusia en el año 1812. La gran derrota sufrida allí, unida a su retirada forzosa de España, fueron el principio del fin. En octubre de 1813 una nueva coalición de países venció a las tropas napoleónicas en Leipzig.

Exilio en Elba

Un año después, en 1814, se produjo la caída de París en manos de los aliados. Napoleón no tuvo más remedio que firmar el Tratado de Fontainebleau para reconocer la derrota.

Entre las condiciones puestas por los vencedores se encuentra el exilio del emperador en la isla mediterránea de Elba. Los borbones recuperaron el trono de Francia.

Tercera etapa: el Imperio de los Cien Días

Si algo caracterizó a Napoleón Bonaparte fue su persistencia. Exiliado en Elba, parecía que su historia había terminado, pero se las arregló para protagonizar otro momento en la historia.

En marzo de 1815 Napoleón logró escapar de la isla, llegar al continente y reunir más de mil soldados que consiguieron recuperar París. Según las historiadores, fue recibido como un héroe por buena parte de la población y del ejército. El nuevo rey, Luis XVIII, tuvo que huir a Bélgica y Bonaparte recuperó el trono.

Este renacimiento duró solo cien días. En un primer momento venció a los aliados que intentaron desalojarlo del poder, pero en la Batalla de Waterloo sufrió la que sería la derrota definitiva.

De nuevo tuvo que partir al exilio. En esta ocasión, mucho más lejos: a la isla de Santa Helena. Allí falleció en 1821, con serias sospechas por parte de muchos historiadores de haber sido envenenado por sus enemigos, que seguían temiendo un posible regreso.

Causas

La Revolución

La primera causa de la era napoleónica fue la propia Revolución francesa. Ideológicamente, Napoleón es hijo de las ideas de esta Revolución: la lucha contra los nobles, las declaraciones de derechos y la igualdad, todas aparecen en los ideales que Napoleón trató de expandir por Europa, a pesar de las contradicciones que suponían sus métodos.

Inestabilidad

Las instituciones emanadas de la Revolución francesa nunca consiguieron ofrecer ninguna estabilidad al país. Tanto en la época del Terror como posteriormente con el Directorio, las conspiraciones internas y externas eran constantes. Además, la corrupción era muy frecuente en muchos ámbitos del poder.

Esto provocaba también que la economía no despegase. Gran parte de la población no había visto que su situación mejorara tras la desaparición del absolutismo, por lo que el descontento era generalizado. Ambos factores hicieron que la llegada de un líder fuerte fuera bienvenida.

Amenaza exterior

Desde el triunfo revolucionario, con sus ideas contrarias al absolutismo, las grandes potencias europeas comenzaron a intentar cambiar la situación.

Así, Austria y Prusia trataron de invadir el país ya durante los primeros años de la Revolución y, posteriormente, los ataques no cesaron.

Precisamente durante todas esa campañas militares la figura de Napoleón fue creciendo y haciéndose conocida. Entonces, no es de extrañar el gran recibimiento de la población cuando alcanzó el poder.

Economía

Napoleón basó su sistema económico en hacer de Francia una potencia industrial. De igual manera, emprendió pronto una guerra comercial contra Gran Bretaña.

Parte del motivo del bloqueo impuesto a las islas era que las materias primas que llegaban allí pasaran a ser destinadas a Francia.

Para favorecer el desarrollo económico, Napoleón sabía de la necesidad de modernizar los modos de producción. Para ello empezó a conceder premios a los que inventasen nueva maquinaria que mejorara la productividad.

Partición de la tierra

Con la Revolución, numerosas tierras pertenecientes a los nobles habían sido repartidas entre los campesinos. Estos, ayudados por nuevas herramientas, consiguieron mejorar mucho las cosechas.

Se introdujeron cultivos como la patata, lo que mejoró mucho la alimentación del pueblo. Lo mismo ocurrió con la remolacha, que sirvió para extraer azúcar.

No obstante, la situación fue empeorando con el paso de los años. Las continuas guerras, que obligaban a un aumento constante de las tropas, hicieron que muchos terrenos no pudieran trabajarse en condiciones.

Banco de Francia y el franco

Dentro de las políticas económicas emprendidas por Napoleón —eminentemente proteccionistas y dirigistas— destaca la creación de dos de las señas de identidad del estado francés.

Bajo su gobierno se creó el Banco de Francia, con control estatal y que financió a las empresas y agricultores del país. Además, proclamó al franco como moneda nacional, lo que facilitó dicha financiación y permitió el control de la inflación.

De nuevo fue la guerra la que desestabilizó el intento por controlar la subida de precios. Al final del Imperio, la moneda no valía prácticamente nada y eran necesaria una gran cantidad de billetes para pagar cualquier producto de primera necesidad.

Consecuencias

Congreso de Viena

Después de la derrota napoleónica, con un paréntesis durante los Cien Días, las grandes potencias europeas se reunieron en Viena para rehacer el mapa del continente.

El propósito era regresar a la situación previa a la Revolución, con la restauración de las monarquías absolutistas. Para ello se creó la Santa Alianza, compuesta por Rusia, Prusia y Austria, una fuerza militar encargada de controlar que no surgieran nuevos intentos liberales.

Durante algunos años consiguieron hacerlo, pero las revoluciones liberales estallaron con fuerza durante todo el siglo XIX.

Expansión de las ideas revolucionarias

Cuando Napoleón empezó a conquistar territorios llevó con él buena parte de las ideas de la Revolución. Aparte de su proclamación como emperador, las constituciones que promulgó estaban basadas en la libertad y la igualdad, términos que expandió por el continente.

Tras la derrota, hubo un intento de regresar al absolutismo, pero la población (especialmente los burgueses) había cambiado la mentalidad política. Poco a poco comenzaron a reproducir las innovaciones francesas, lo que acabó provocando numerosas revoluciones.

De esta forma, la Revolución francesa y la posterior era napoleónica marcaron el paso a la Edad Contemporánea.

América

La invasión de España por parte de las tropas de Napoleón tuvo influencia a muchos kilómetros de distancia. La caída del rey hispano fue el detonante de las luchas de independencia en buena parte de Latinoamérica.

Primero se crearon juntas de gobierno, para autogobernarse y no caer bajo el dominio francés. Después, la situación evolucionó hasta crear movimientos que buscaban la independencia total de las colonias.

Referencias

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  3. Gonzales, Anibal. Imperio de Napoleón Bonaparte. Obtenido de historiacultural.com
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  5. History.com Staff. Napoleon Bonaparte. Obtenido de history.com
  6.  SparkNotes LLC. Napoleonic Europe (1799-1815). Obtenido de sparknotes.com
  7. Higgins, Jenny. Napoleonic Wars and the Economy. Obtenido de heritage.nf.ca
  8. MacLachlan, Matthew. Napoleon and Empire. Obtenido de historytoday.com
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Licenciado en Ciencias de la Información

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