¿Qué son los Eructos y Por Qué Ocurren?

Los eructos son gases emitidos oralmente por algunos seres vivos, como los humanos. Ocurren por la acumulación de aire que entra al cuerpo cuando se ingiere alimento o se bebe líquido. El aire acumulado busca en cierto punto sus propias vías de salida.

El aire que se aspira contiene gases como el oxígeno o el nitrógeno y, muchas veces, estos gases deben salir por algún lugar. El exceso de gas sale impulsado del estómago al esófago —el tubo por el que pasan los alimentos y que conecta la garganta con el estómago— hasta salir por la boca en forma de eructo.

Dicho de manera científica: un eructo se produce cuando la presión del esfínter esofágico inferior es menor que la presión intragástrica, generando un gradiente de presión del estómago hacia el esófago y la boca.

Estudios científicos confirman que, en la población general, hasta un 7% de personas sufre del exceso de eructos molestos, y un 11% ya tiene como costumbre la distensión abdominal o, dicho en otras palabras, sienten con frecuencia el abdomen lleno, hinchado y apretado.

¿Por qué ocurren los eructos?

En el estómago, lugar de donde proviene el gas a ser eructado, se almacenan ácidos gástricos, que en ocasiones dan una percepción amarga o agria al eructo. Estos  ácidos también producen un ardor retroesternal, llamado pirosis, que puede llegar hasta la base del cuello o la faringe.

Aunque es normal que las personas expelan gases o flatos diez veces durante el día, existen muchas razones para tener síntomas de gases.

Los factores más influyentes tienen que ver con la cantidad de aire tragado, y la energía o eficacia del tracto gastrointestinal de la persona para remover o expulsar el aire o los gases.

Otro factor importante tiene que ver directamente con los alimentos ingeridos: se trata de la cantidad de gases producidos por las bacterias que habitan en el colon y que actúan sobre los residuos de la comida que no se digirió en su totalidad.

Algunos alimentos también pueden ocasionar exceso de gases. Cada persona tiene maneras diferentes de digerir completamente ciertos alimentos: algunas lo hacen con dificultad, lo que puede conducir a que los alimentos no digeridos correctamente vayan del intestino delgado al colon.

En esta estación ocurre otro proceso de digestión gracias a una gran cantidad de bacterias que se alojan en el colon. Dicho proceso produce una cantidad enorme de gases.

Otras causas de eructos

Tragar demasiado aire es una de las principales causas de los eructos. Las personas que comen muy rápido, que se tragan los alimentos o los engullen sin siquiera masticarlos bien, están propensas a ingerir más aire.

Otras costumbres como usar pitillo o pajilla, masticar chicle o goma de mascar, chupar caramelos o chupetes, también contribuyen a la acumulación de gases.

Las comidas que contienen azúcares son más difíciles de digerir, razón por la cual se alojan durante más tiempo en el estómago y el colon, y las bacterias accionan con más fuerza, ocasionando flatos y eructos en mayor cantidad. Los granos como los frijoles, lentejas y habas también producen eructos y gases.

Otro factor que se debe tomar en cuenta es la tolerancia y sensibilidad de cada persona a los gases retenidos, o al paso de grandes o normales cantidades de gases o flatos por su intestino.

Ser una persona nerviosa también puede ocasionar eructos o flatulencias: cuando una persona está irritable o sensible, el cuerpo responde con tics como, por ejemplo, tragar con mayor frecuencia, acción que ocasiona el consumo de aire.

En la población general, los gases expulsados que son ocasionados por el aire tragado, representan un 50%, cantidad que aumenta entre aquellos que tragan aire de manera excesiva.

Enfermedades relacionadas con los eructos

Cuando una persona eructa excesivamente puede deberse a síntomas de la enfermedad de reflujo gastroesofágico (ERGE).

Los medicamentos que intentan aliviar la molestia de los gases, como la simeticona, son inútiles la mayoría de las veces: el exceso de eructos no desaparece sólo con tomarse una píldora que intentará desinflamar las paredes abdominales.

La mejor medicina es cambiar el estilo de vida o algunos hábitos inconscientes, como comer muy rápido, consumir bebidas gaseosas o carbonatadas, masticar goma de mascar o chicle, fumar cigarrillos, entre otras prácticas.

Es recomendable hacer un estudio entre los alimentos que más gases ocasionan y, a partir de allí, diseñar una dieta balanceada.

Cuando nada de eso funciona —ni cambiar el estilo de vida o llevar una rutina alimentaria favorable— lo único que resta es la aplicación de tratamientos psicológicos, como terapia de relajación o terapia conductual.

Otra de las razones, aunque menos frecuentes, por las que puede aumentar el origen de los eructos, tienen que ver con motivos emocionales. A los casos de individuos que tragan mucho aire por ansiedad o depresión se les conoce como aeorofagia psicógena.

También existe el síndrome de Sjögren (síndrome de mucosas secas), una enfermedad que afecta las glándulas productoras de humedad del cuerpo, que a menudo produce resequedad en la boca, los ojos, la nariz, la garganta y la piel.

Aunque parezca lejano, esta enfermedad hace que la producción de saliva baje y, por ende, la persona tienda a tragar más; por lo tanto, aumentan los gases dentro del cuerpo.

Otras formas de eructos

La acción de eructar también puede ser un hábito al que algunas personas recurran cuando quieren sentir algún alivio a síntomas de indigestión. De esta manera, el eructo se puede convertir en una conducta aprendida que ahora se reproduce de forma inconsciente.

También existen personas que tienen la capacidad de expeler aire o gases de forma voluntaria: simplemente saben cómo tragar y generar la presión en el estómago.

El aire inhalado o tragado que no se expulsa a través del esófago, es decir, mediante un eructo, entonces se dirige y circula por el tracto digestivo para, al final, salir en forma de flatulencia por el recto.

Referencias

  1. Bredenoord, A. J., & Smout, A. J. (2007). Physiologic and Pathologic Belching. Clinical Gastroenterology and Hepatology Journal, 772-775.
  2. McNally, E. F., Jr., J. E., & Ingelfinger, F. J. (1964). Mechanism of Belching: Effects of Gastric Distension With Air. Gastroenterology Journal, 254-259.
  3. Silva, A. C., Aprile, L. R., & Dantas, R. O. (2013). Esophageal motility in troublesome belching. Archivos de Gastroenterologia.
  4. Szarka, L., & Levitt, M. (s.f.). Eructos, distensión abdominal y flatulencia. Minneapolis/Rochester.
COMPARTIR

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here