Las 3 Etapas del Desarrollo del Lenguaje

Las etapas del desarrollo del lenguaje engloban múltiples aspectos y componentes, todos ellos interdependientes, y que van más allá de una mera ejecución del habla.

Los seres humanos somos seres sociales, y por tanto comunicativos, por naturaleza. Heredamos una serie de capacidades lingüísticas potenciales que nos permiten adquirir una lengua en nuestro contexto social de pertenencia.

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Adquirir el lenguaje y dominarlo implica hacer nuestro un instrumento a través de una necesaria participación en diversas situaciones comunicativas.

Para que un niño hable, su entorno tiene que hablarle, por lo que lenguaje e interacción social van siempre de la mano.

En este artículo te explicaré las diferentes etapas del desarrollo del lenguaje, sus principales componentes y las distintas áreas en las que se puede desarrollar.

Etapas del desarrollo del lenguaje

1- La etapa prenatal

Las concepciones sobre la etapa prenatal han experimentado grandes cambios gracias a los importantes avances tecnológicos y científicos.

El feto, en el momento actual, se perfila como una criatura capaz de experimentar percepciones sensoriales, actividad motora, exploratoria e incluso comunicativa.

Recientes investigaciones realizadas por científicos de la Universidad de Helsinki (Finlandia), demuestran que lo que oye el feto durante la gestación puede influir en el desarrollo de su cerebro y su desarrollo lingüístico.

Así, la experiencia sensorial auditiva antes del nacimiento moldea las bases neuronales que darán lugar a un mejor desarrollo del lenguaje durante la infancia.

Los padres, ilusionados ante la llegada del nuevo hijo, hablan al bebé a través del vientre, le leen historias, emiten palabras sueltas o simplemente “dialogan” con él.

Todas estas conductas son positivas ya que no sólo comienzan a entrenar el sentido auditivo del feto, allanando el terreno para la expresión y comprensión lingüística posterior, sino que además sientan las bases de un vínculo afectivo que asegurará futuras interacciones sociales y comunicativas.

2- Antes de las palabras: la etapa prelingüística

Aunque los bebés no hablen desde el mismo nacimiento, dan a conocer necesidades y sentimientos mediante sonidos.

Dichas producciones sonoras van desde el llanto, pasando por los arrullos y balbuceos, hasta la imitación accidental o deliberada. Este periodo recibe el nombre de etapa prelingüística.

El habla prelingüística es la precursora del habla lingüística, e implica una producción sonora que, aunque en ocasiones pueda ser similar al lenguaje propiamente dicho, se ejecuta sin que haya una comprensión de su significado.

Sin embargo, los adultos otorgan a las expresiones del bebé un verdadero sentido comunicativo, e inician interacciones, conversaciones, gestos, etc., durante las cuales se producen tres eventos de especial interés para el desarrollo del lenguaje: la referencia conjunta, la adopción de turnos y el habla maternal.

Referencia conjunta

Consiste en mencionar un objeto, persona o situación del entorno para compartir la atención sobre esa entidad.

Por ejemplo, cuando una madre le dice a su bebé “¡Mira, un pato!”, mientras le señala el animal en cuestión y el bebé sigue con la mirada la dirección a la que apunta su madre.

Además de facilitarle la denominación de los diferentes elementos del entorno, estas conductas le permiten al niño compartir información y construir un sistema de significados en el seno de una interacción social.

Adopción de turnos

El saber cuándo hablar y cuándo escuchar es una competencia básica para establecer una conversación.

Las diversas interacciones entre el bebé y sus cuidadores promueven situaciones sociales en las que cuando el bebé emite sonidos el adulto le escucha, y cuando el bebé para, el adulto le habla.

Se va entrenando al bebé en una serie de “protoconversaciones” que recrean las conversaciones adultas, incluyendo gestos de asentimiento, escucha activa, etc., durante las vocalizaciones del bebé.

Habla maternal o “maternés”

Se refiere al habla empleada por las madres y otros cuidadores para interactuar con los bebés.

Se caracteriza por ser emisiones muy cortas y de sintaxis sencilla, dicho de otro modo, frases breves y simples.

Los adultos hablan a los niños utilizando un vocabulario limitado, centrado en los objetos tangibles del entorno.

Cuando una madre se dirige a su bebé, lo hace en un tono más agudo, aumentando y exagerando sus gestos y expresiones faciales para facilitar su comprensión.

Además, se hace énfasis en elementos lingüísticos relacionados con la interacción social, como saludos y preguntas, con frecuentes rituales verbales y de interacción que facilitan la ejecución del bebé en dicha interacción.

¿Existe un periodo crítico para la adquisición del lenguaje?

De forma tradicional, se ha hablado de un período crítico para la adquisición del lenguaje, después del cual el aprendizaje de una primera lengua sería mucho más costosa y difícil.

Dicho período crítico se ha venido situando durante los años preescolares y escolares.

La hipótesis del período crítico se basa en la paulatina pérdida de plasticidad cerebral conforme el niño va madurando, de manera que cada vez resultaría más complicado que distintas áreas del cerebro asumiesen funciones para las que no han sido diseñadas.

Esta hipótesis fue desarrollada por Lenneberg en 1967, pero sólo pudo aportar evidencias indirectas de sus argumentos.

Por ejemplo, los niños sordos desde el nacimiento tienen más dificultades para adquirir el lenguaje que los niños que pierden la audición después del nacimiento. También podría tomarse como ejemplo, de forma tradicional, los casos de niños salvajes.

Seguramente te resulte familiar el caso del niño salvaje de Aveyron, al que encontraron con la edad de once años aproximadamente en el bosque, y que al parecer había crecido sin ningún tipo de instrucción o protección.

Un caso similar para el caso que nos ocupa es el de Genie, la niña que había crecido secuestrada en una habitación por sus propios padres.

Sin embargo, aunque ninguno de los niños “salvajes” pudo desarrollar un lenguaje funcional, estos casos no pueden ser considerados como una prueba válida del período crítico, puesto que el contexto en el que se desarrollaron no era normal. 

Los investigadores, actualmente, concluyen que no existe evidencia suficiente para probar la existencia de un periodo crítico, aunque afirman que los primeros años son muy importantes en la adquisición del lenguaje.

Así pues, aunque se requieran sujetos desarrollados en contextos normales carentes de exposición al lenguaje para validar la hipótesis del periodo crítico, lo que sí podemos afirmar hoy en día es que cuanto más tardía es la exposición al lenguaje peor es el desempeño lingüístico en el futuro.

3- El niño que habla: la etapa lingüística

Cuando hablamos de etapa lingüística nos referimos a que el niño ya es capaz, en mayor o menor medida, de producir expresiones verbales destinadas a comunicar significados.

Este periodo comienza cuando el niño dice sus primeras palabras. El desarrollo que se produce a nivel lingüístico durante los años preescolares es vertiginoso e impresionante.

En muy poco tiempo, los niños pasan de manejar un máximo de dos o tres palabras para realizar frases a generar construcciones lingüísticas similares a las que utilizan los adultos.

A los 15 meses

A esta edad los niños saben señalar personas, animales y objetos que se le nombran. Su vocabulario es de entre 4 y 6 palabras y siguen utilizando la jerga expresiva.

Durante las primeras palabras es necesario entender que las vocales se adquieren antes que las consonantes. Además, las fonemas consonánticos que aparecen primero son /p/, /m/, /n/, /k/, /b/, /g/, /t/ y /d/.

No es casual que, generalmente, lo que inicialmente dicen los bebés sean palabras como “papá”, “mamá” o “ajo”.

Entre los 18 y los 24 meses

En este periodo su vocabulario aumenta desde 20 hasta 200-300 palabras referidas a objetos cotidianos.

Primeramente el niño empieza tratando de expresar frases enteras mediante palabras aisladas (holofrase), y después combinaciones de dos palabras, lo que se conoce como habla telegráfica, que le permite expresar un gran número de ideas en pocas palabras.

Las palabras utilizadas en esas combinaciones son las que tienen una mayor carga de significado, es decir, las que suponen el núcleo central del mensaje (palabras pivote), junto a otras de carácter más abierto.

Por ejemplo “come pan” o “más leche”. Estas primitivas combinaciones pasarán a ser frases cortas, aunque incompletas, en poco tiempo.

Además, identifica algunas partes del cuerpo y se refiere a sí mismo mediante su nombre. En este sentido, también utiliza pronombres personales referidos a sí mismo (mío, yo) y algunas preposiciones (a, en, para). Puede jugar a “preguntas y respuestas” con los adultos, y en general, muestra mucho interés por el lenguaje.

A los 3 años

Los niños a estas edades cuentan con un vocabulario productivo de unas 1.000 palabras, y las combina para construir frases sencillas de entre 3 y 4 palabras que se ajustan al esquema sujeto-verbo-objeto.

En estas edades, las narraciones se centran en el momento presente aunque en algunas ocasiones puede utilizas formas verbales de futuro. Tiene un gran interés por contar sus propias vivencias y por comunicarse con los demás.

En este momento es cuando resulta llamativa la generalización que realizan los niños en cuanto a la conjugación de algunos verbos irregulares (por ejemplo, dicen “rompido” en lugar de “roto”). Esto se debe a que sus estrategias lingüísticas aún no son lo suficientemente maduras.

A los 4 años

Su vocabulario aumenta a 1.600 palabras aproximadamente, así como la complejidad de sus oraciones, que pueden incluir hasta 5 ítems.

A esta edad, el niño es capaz de dominar los diferentes tipos de frases (declarativas, negativas, interrogativas e imperativas).

De hecho, este es el momento de las preguntas, tanto las que realiza el niño como las que le hacen sus iguales y los adultos.

En general, los niños de 4 años pueden entender la mayoría de las preguntas de su entorno, aunque pueden tener dificultades para responder a las que comienzan con “por qué” o “cómo”.

El niño recuerda historias y el pasado más inmediato, por lo que pueden contar pequeñas historias que cosas interesantes que les han pasado.

Además, en esta edad, las formas pretéritas de los verbos irregulares ya se utilizan en su mayoría correctamente.

A los 5 años

Su vocabulario asciende a las 2.200 palabras y construye frases de relativa complejidad. Emplea proposiciones subordinadas, aunque no las domina del todo, ya que puede tener problemas en la construcción de frases temporales y causales.

No obstante, puede contar historias un poco más elaboradas que antes, comprendiendo los términos temporales como ayer, hoy, mañana, antes o después. La gramática casi está adquirida completamente a nivel oral.

Entre los 6 y los 7 años

Aunque su vocabulario pueda contar con hasta 2.600, su nivel de expresión es más bajo que su nivel de comprensión, ya que puede comprender entre 20.000 y 24.000 términos. Las oraciones que construye son complejas, y lo hace de forma correcta.

En estas edades aparecen argumentos y soluciones a problemas planteados, desarrollándose a su vez la conexión causal entre eventos (porque, entonces…).

Además, se identifica el inicio y el final de una historia y se incrementa la longitud y complejidad de las narraciones.

Entre los 8 y los 12 años

El lenguaje del niño comienza a parecerse paulatinamente al de una persona adulta. En estas edades los niños gozan de una buena producción verbal y una facilidad para expresar sus problemas, comunicar pensamientos y realizar relaciones comparativas.

Su capacidad de comprensión es muy buena, y al final de esta horquilla temporal, puede alcanzar las 50.000 palabras entendidas correctamente, construyendo también definiciones muy elaboradas, similares a las de los adultos.

En este periodo también se empiezan a dominar los resúmenes y las inferencias, teniendo un poco de más problemas con estas últimas.

A estas alturas, no resulta extraño afirmar que la función lingüística es uno de los pilares para la consecución de un desarrollo óptimo.

Prestar atención a la evolución del lenguaje y tomar de referencia estas pautas generales (ya que siempre existen diferencias individuales) puede ayudarnos a detectar cualquier anomalía y prestar una ayuda mucho más temprana.

En la compleja tarea de hablar y comunicarse, los adultos juegan un papel fundamental. Son guías que ayudan a establecer las bases de un aprendizaje lingüístico y, dicho aprendizaje, es a su vez fundamental para un crecimiento cognitivo, emocional y social sano y completo.

Referencias

  1. Bigas, M. y Correig, M. (ed.) (2001) Didáctica de la lengua en educación infantil. Madrid: Síntesis Educación.
  2. Córdoba, A. I., Descals, A., Gil, M. D. (coord.) (2007) Psicología del Desarrollo en Edad Escolar, Madrid: Pirámide.
  3. Gómez, A., Viguer, P., Cantero, M. J. (coord.) (2007) Intervención Temprana. Desarrollo Óptimo de 0 a 6 años. Madrid: Pirámide.
  4. Monfort, M., Juárez, A. (2008) El Niño que Habla. El Lenguaje Oral en el Preescolar. Madrid: CEPE.
  5. Papalia, D., Wendkos, S., Duskin, R. (2010) Desarrollo Humano, México: McGraw-Hill.
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Licenciada en Psicología, Máster en Psicología Clínica, Máster en Psicología Infantil, Máster en Logopedia. Formación de posgrado en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Mindfulness aplicado en la práctica clínica, Trastornos emocionales, Psicología educativa y Tercera edad.Actualmente trabaja en varias clínicas de la ciudad de Valencia, además de formar a padres y educadores en escuelas infantiles.

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