Las 4 Etapas de la Depresión

La etapas de la depresión podemos dividirlas en cuatro fases: origen, instauración, inhibición conductural de las actividades agradables e inhibición conductural de actividades obligatorias.

Cuando hablamos de depresión, nos estamos refiriendo a un trastorno psicológico que puede llegar a ser muy grave y que interfiere gravemente en la vida de la persona.

La depresión afecta a todo el funcionamiento psicosocial de la persona y afecta no sólo a la persona que la sufre, sino también a su entorno y a toda la sociedad, dado el impacto económico que tiene la depresión en los servicios sanitarios.

En este artículo te hablaré de las cuatro etapas fundamentales por las que pasa una persona con depresión.

¿Cuáles son las fases de la depresión?

Podemos clasificar las etapas de la depresión en 4 etapas, que presentamos a continuación:

Primera etapa: el origen de la depresión

Hace algunos años, algunas teorías apoyaban que la depresión era resultado de una serie de cambios a nivel bioquímico que sucedía en nuestro organismo. Los estudios posteriores proponen que para que una persona se deprima, es necesario que en su entorno se origine una situación que la persona interprete como desagradable.

Este cambio en el ambiente que se percibe se llama pérdida de reforzadores. La pérdida de reforzadores sería el origen de la depresión.

El origen del trastorno puede ser ocasionado por una serie de cambios vitales como una enfermedad, divorcio, pérdida de un ser querido, despido, problemas familiares y otros trastornos psicológicos.

Como vemos, no existe un momento clave estándar para todas las personas sino que es cualquier experiencia que la persona interprete como una pérdida o un cambio desagradable al que no puede adaptarse o no puede enfrentarse.

No todos los eventos desagradables que nos generan malestar o tristeza desencadenan una depresión. La tristeza es una emoción básica que tiene una función biológica determinada.

La función de la tristeza es disminuir la energía para planificar cómo podemos enfrentarnos a esta pérdida. A veces este periodo de tristeza permanece durante más tiempo porque la persona se percibe incapaz de afrontar esta nueva situación.

Cuando esta tristeza se prolonga, la persona comienza a deprimirse y se suceden una serie de cambios emocionales, cambios de pensamiento y cambios en la conducta.

Esta sucesión de cambios produce que acontezcan modificaciones en el funcionamiento bioquímico del sistema nervioso central. El cerebro segrega menos neurotransmisores y facilita que la depresión se instale.

Podemos clasificar la pérdida de reforzadores de la siguiente manera:

a) Gran estresor o pérdida de reforzadores positivos

En ocasiones, las personas experimentamos la pérdida de un reforzador muy potente, un suceso como un divorcio, una enfermedad o muerte de un ser querido, un despido, etc. ocasionan que la persona experimente esta situación como un evento muy desagradable.

b) Acumulación de pequeñas pérdidas o pequeños estresores

Las personas nos desenvolvemos en diversos ámbitos. Cuando una persona no se siente realizada en su trabajo, además tiene una mala racha con su pareja, ha discutido con su hermano y no suele salir mucho con sus amigos por falta de tiempo, de pronto un pequeño suceso insignificante como por ejemplo, que se le rompa la televisión, hace que se desborde y se inicie la depresión.

c) Aumento de la aversividad

El ser humano experimenta sucesos positivos y negativos, pero cuando el input negativo supera el positivo, el primero invalida al segundo.

Por ejemplo, si una persona sufre una enfermedad como fibromialgia, que cursa con mucho dolor, y este le impide disfrutar, a pesar de que tenga a su familia, a sus amigos no es capaz de experimentar placer.

d) Ruptura de cadenas conductuales

Este inicio de la depresión se produce cuando una persona experimenta un cambio en su vida, como por ejemplo un ascenso en el trabajo.

En un principio es algo positivo, sin embargo, este nuevo rol implica viajar más a menudo, una mayor responsabilidad, mayor carga de trabajo, altos niveles de estrés, mala relación con sus antiguos compañeros.

Cuando una persona va experimentando esta serie de eventos poco a poco se producen una serie de pérdidas.

e) Pérdida simbólica

A veces, el evento negativo no sucede necesariamente a ti mismo, sino que al ser testigo de una situación te replanteas tu vida. Por ejemplo, cuando ves que ha fallecido un vecino tuyo que tenía una edad próxima a la tuya te replanteas tu vida.

Esta pérdida que se origina de forma no directa origina que la persona se replantee su vida y piense acerca de qué es lo que ha hecho en el mundo, si ha conseguido aquello que siempre ha soñado, etc. en ocasiones, la persona no se siente satisfecha y comienza a deprimirse.

Segunda etapa: instauración de la depresión

Al experimentar cualquiera de estas pérdidas, la persona se siente triste. Esta tristeza se prolonga y se instaura, la persona no es capaz de hacer frente a esta nueva situación y comienza a deprimirse.

Esta pérdida de reforzadores es experimentada como crítica y pensar que no puede hacer frente produce un gran impacto psicológico.

Este dolor emocional se manifiesta en dos cambios, por un lado, los pensamientos negativos automáticos y por otro lado las sensaciones emocionales y físicas desagradables.

Como consecuencia de pensar y sentir de este modo, la persona cada vez tiene menos ganas de hacer cosas. Se produce un estado general de inhibición, apatía y falta de motivación, dando lugar a la siguiente etapa.

Tercera etapa: Inhibición conductual de actividades agradables

Este dolor emocional que se manifiesta a través de los pensamientos y las sensaciones fisiológicas producen que la persona deje de hacer aquellas actividades agradables.

Es cuando aparece la inercia. Es comprensible que si tenemos un estado de ánimo bajo y los pensamientos son negativos, no estamos muy predispuestos a hacer cosas.

Lo que primero dejamos de hacer son las actividades placenteras, es decir, aquellas que nos gustan como salir con amigos, hacer deporte, leer, escuchar música, comer en familia. Estas son las actividades voluntarias que realizamos para disfrutar.

Lo que sucede es que cuando surge la posibilidad de realizar una actividad agradable, los pensamientos que invaden la mente de una persona deprimida son por ejemplo “no me apetece”, “no quiero que piensen que estoy mal”, “no quiero que me pregunten”, “seguro que no me lo paso bien”, estos pensamientos generan malestar, por lo que la persona opta por no salir y quedarse en casa.

Cuando una persona decide no realizar esta actividad a corto plazo siente alivio, puesto que ha logrado escaparse de esta situación que le genera malestar, pero a largo plazo le genera más pérdida, ya que pierde la oportunidad de enriquecerse de esta actividad.

Dejar de hacer cosas agradables es una pérdida de reforzadores que se añade a la pérdida de reforzadores inicial, cerrándose así el circuito de la depresión.

En esta etapa la persona sigue realizando las actividades obligatorias, es decir, aquellas actividades que sin generar placer son necesarias para vivir, como por ejemplo, trabajar, hacer tareas domésticas, asearse, etc.

Cuarta etapa: inhibición conductual de actividades obligatorias

Cuando dejamos de hacer cosas que nos gustan, imposibilitamos recuperar el nivel adecuado de los reforzadores positivos, empeorando así la depresión. Es entonces cuando la persona comienza a sentirse peor.

En ocasiones, la depresión alcanza un nivel que la persona se ve incapaz de llevar a cabo las actividades obligatorias como por ejemplo trabajar, ocuparse de su familia, realizar las tareas domésticas y las tareas de autocuidado como asearse.

¿Qué síntomas nota una persona deprimida?

La depresión implica cambios en nuestro estado de ánimo. La tristeza sería el síntoma por excelencia y el más conocido a nivel general.

No obstante, las personas con depresión, además de los síntomas como la tristeza, también experimentan sentimientos de abatimiento, pesadumbre o infelicidad.

Y no sólo estos sentimientos aparecen sino que también pueden experimentar irritabilidad, sensación de vacío o nerviosismo.

A veces, la persona verbaliza que es incapaz de llorar. Paralelamente a estas emociones negativas, se reducen las emociones positivas o la capacidad del disfrute con las cosas cotidianas (anhedonia).

La apatía y la falta de motivación también son síntomas importantes que se conectan con los pensamientos negativos de desesperanza, incontrolabilidad. En casos más graves la persona sufre tal inhibición que el hecho de levantarse de la cama y asearse resulta prácticamente imposibles.

Además, el rendimiento cognitivo se ve deteriorado dando a lugar a problemas de concentración que pueden afectar al ámbito laboral.

También surgen problemas a la hora de tomar decisiones no necesariamente relevantes. La persona experimenta fatiga y pérdida de energía, a pesar de que no se realicen esfuerzos físicos.

Asociado a este cansancio también puede haber problemas de sueño, tanto insomnio inicial (es decir a la persona le cuesta iniciar el sueño), como insomnio de mantenimiento (donde la persona es capaz de dormirse pero presenta despertares durante la noche).

En la depresión también se producen cambios en el apetito y en el peso, así como por ejemplo disminución en el deseo sexual, etc.

Los pensamientos negativos giran en torno a nosotros mismos, a los demás y al futuro. Las personas tienen sentimientos excesivos de falta de valía, autorreproches o culpa.

El entorno se percibe como un lugar hostil e incierto. También se considera que las personas del entorno no les tienen ningún aprecio y que les rechaza. El futuro es percibido como algo oscuro y hostil.

¿Y por qué no todo el mundo se deprime?

No todas las personas ante una misma situación desarrollan una depresión. Por ejemplo, no todo el mundo que se divorcia desarrolla una depresión.

Diferentes investigaciones, han demostrado que hay una serie de variables que nos predisponen a sufrir un trastorno psicológico.

Es decir, hay una serie de elementos que incrementan la probabilidad de sufrir un trastorno psicológico en el caso de que se den unas condiciones que lo desencadenen.

Los diferentes estudios han demostrado que existen una serie de variables que nos predisponen a sufrir depresión.

La vulnerabilidad psicológica, ¿qué es?

Uno de los factores que han detectado es el estilo de vida. Aquellas personas que llenan su vida de actividades agradables que le hacen sentir bien tienen menos vulnerabilidad para deprimirse. Cuantas más áreas dispongan la persona que le satisfagan menos probabilidad de deprimirse.

Otro factor que nos hace vulnerables es el estilo cognitivo, es decir, la manera en la que pensamos. A lo largo de nuestra vida hemos aprendido diferentes esquemas o creencias alrededor de los cuales hemos construido nuestra vida.

Si el contenido de estas creencias es inadecuado, seremos más vulnerables a sufrir una depresión tras una pérdida de reforzadores.

El tercer factor que puede hacernos vulnerables ante la depresión son las deficiencias en el área social. Estas deficiencias podrían ser debidas a un déficit de habilidades sociales o debidas a una ausencia de soporte social.

El último factor es la habilidad para resolver problemas. Tener problemas forma parte de la vida del ser humano.

Cuando una persona experimenta un cambio interpretado como aversivo y no puede hacer frente a éste es cuando nos encontramos ante un problema.

A veces la persona no conoce un procedimiento específico y estructurado para evaluar lo que ésta sucediendo, buscar alternativas y tomar la decisión más adecuada a sus circunstancias.

¿Y la vulnerabilidad biológica?

La vulnerabilidad biológica la entenderíamos como la facilidad que tiene el organismo de una persona para reducir las sustancias neuroquímicas una vez iniciado el proceso de depresión.

Esto significa que si poseemos algunos factores de los anteriormente mencionados, ante una pérdida de reforzadores, las probabilidades de desarrollar una depresión serán mayores.

En la depresión existen una serie de etapas por las que la persona pasa, que resumimos a continuación:

La primera la situamos en el origen del trastorno, donde se produce una pérdida de reforzadores que la persona la interpreta como un evento aversivo.

La segunda etapa corresponde a la instauración del trastorno, donde la persona comienza a pensar, actuar y sentir de una manera diferente, es aquí donde se producen los primero cambios.

La tercera etapa es la que hace referencia a la inhibición conductual de actividades agradables, donde la persona con depresión deja de hacer cosas que antes le gustaban y le generaban placer.

La cuarta etapa corresponde a la inhibición conductual de las actividades obligatorias, la persona con el trastorno deja de participar en las actividades que la sociedad considera como obligatorias, como son el autocuidado y aseo personal, cuidado de la familia, trabajo, etc.

La depresión es un trastorno psicológico que debe ser tratado por un profesional el cual enseñará a la persona con depresión una serie de estrategias para poder enfrentarse al problema.

Y tú, ¿conocías las etapas de la depresión?

Referencias

  1. American Psychiatric Association (2014). DSM-5 Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Panamericana.
  2. Barlow, D. Farchione, T, Fairholme, C. Boisseau C, Allen, L & Ehrenreich-May, J. (2011) Protocolo unificado para el tratamiento transdiagnóstico de los trastornos emocionales. Manual del terapeuta y manual del paciente. Alianza Editorial.
  3. Beck, A.T.; Rush, A.J.; Shaw, B.F.; Emery, G. (2007): Terapia cognitiva de la depresión .DDB. Lewinshon, P.M.; Gotlib, I.H. y Hautzinger, M. (1997): Tratamiento conductual de la depresión unipolar. En: Caballo, V.: Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Siglo XXI
  4. Belloch, A., Sandín, B., Ramos, F. (1994) Manual de psicopatología (volumen II). McGrawHill.
  5. Sevillá, J. y Pastor, C. (1996): Tratamiento Psicológico de la Depresión. Un manual de autoayuda paso paso. Publicaciones del Centro de Terapia de Conducta. Valencia.
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Licenciada en Psicología, Máster en Psicología Clínica, Máster en Psicología Infantil, Máster en Logopedia. Formación de posgrado en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Mindfulness aplicado en la práctica clínica, Trastornos emocionales, Psicología educativa y Tercera edad.

Actualmente trabaja en varias clínicas de la ciudad de Valencia, además de formar a padres y educadores en escuelas infantiles.

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