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Frases » Frases de temas » Fábulas cortas para niños (con moraleja)

Fábulas cortas para niños (con moraleja)

Una de las fábulas más conocidas, la liebre y la tortuga. Fuente: Es20490446e, Wikimedia Commons

¿Qué son las fábulas cortas para niños (con moraleja)?

Las fábulas cortas para niños (con moraleja) son relatos breves, en prosa o en verso, donde los personajes principales suelen ser animales o cosas humanizadas. Es decir, actúan y hablan como seres humanos.

Cada una cuenta una breve historia que cuenta con una moraleja o intención didáctica, casi siempre al final.

Hemos hecho un listado con fábulas cortas para niños con sus moralejas, destacando algunas de las más populares; la liebre y la tortuga, el león y el ratón, la cigarra y la hormiga, Pedro y el lobo y muchas más.

Fábulas cortas para niños

  • La liebre y la tortuga. Una vez, una liebre se burlaba de las patas tan cortas y de la lentitud al caminar de una tortuga, pero esta no se quedó callada y la retó: “Puede que seas muy veloz, amiga liebre, pero estoy más que segura de que podré ganarte una carrera”. La liebre, sorprendida por lo que le dijo la tortuga, aceptó el reto sin pensarlo dos veces, ya que estaba muy segura de que ganaría. Entonces, ambas propusieron a la zorra que fuese ella quien señalase el camino y la meta. Días después, llegó el esperado momento de la carrera, y al sonar la cuenta de tres, se inició la carrera. La tortuga no dejaba de caminar, y a su lento paso, avanzaba tranquilamente hacia la meta. En cambio, la liebre corrió tan rápido que dejó muy atrás a la tortuga. Al darse la vuelta y ya no verla, se sintió segura de su éxito y deicidió echarse una siesta. Cuando despertó, vio a la tortuga muy cerca de la final, pero aunque corrió muy rápido, no pudo evitar que la tortuga llegara primero.
    • Moraleja: las metas se consiguen poco a poco, con trabajo y esfuerzo. Aunque a veces parezcamos lentos, el éxito llegará siempre. También muestra que no tenemos que burlarnos de las personas por sus defectos físicos, ya que pueden ser mejores en otros aspectos. Destaca también la paciencia y la perseverancia.
  • El león y el ratón. Un león descansaba en la selva. Era un día caluroso y solo le apetecía dormir. Cuando se encontraba más cómodo, llegó un ratón haciendo mucho ruido. El león era tan grande que ni siquiera se percató, pero el ratón empezó a subir por su nariz. El león se despertó con muy mal humor, empezó a gruñir, y agarró al ratón, preparándose para comerlo. “¡Perdóname!”, suplicó el ratón. “Por favor, déjame ir y algún día seguramente te lo pagaré”. Al león le resultó divertido pensar que un ratón podría alguna vez ayudarlo. Pero fue generoso y finalmente lo liberó. Algunos días más tarde, mientras acechaba a una presa en el bosque, el león quedó atrapado en la red de un cazador. Era incapaz de liberarse y rugió fuerte para pedir ayuda. El ratón reconoció la voz y acudió rápidamente para ayudarlo. Mordió una de las cuerdas que ataban al león y este se liberó. Entonces el ratón dijo: “Incluso un ratón puede ayudar a un león”.
    • Moraleja: no menosprecies lo que pueden hacer los demás. Aunque parezca lo contrario, todos pueden ayudar.
  • La cigarra y la hormiga. Una cigarra cantaba y disfrutaba el verano. Día tras día se despertaba tarde y solo se dedicaba a cantar, hasta que un día algo le llamó la atención: un grupo de hormigas pasaba por debajo de su rama cargando pesadas porciones de comida sobre su espalda. La cigarra bajó de su rama y le preguntó a una: “Amiga hormiga, ¿por qué trabajas tanto?”, “El invierno se acerca, debemos guardar provisiones para pasar la helada”, respondió la hormiga, a lo que la cigarra dijo: “¡Bah! Trabajar tanto es para bobos, haz como yo, canta y disfruta del verano”. La pequeña hormiga, sin decir nada, siguió su camino. En los siguientes días, la cigarra seguía cantando y muchas veces componía canciones que se burlaban de la hormiga. Pero un día, la cigarra despertó y ya no era verano, el invierno había llegado. La helada era la peor de todas en muchos años, trató de abrigarse con hojas de su rama, pero no pudo. Hambrienta, buscó comida, pero no encontró nada. Entonces recordó que su amiga hormiga había estado guardando provisiones durante el verano y se dirigió a su hormiguero, tocó la puerta y la hormiguita salió. Entonces dijo: “¡Hormiga, ayúdame; tengo hambre y tengo frío, dame refugio y comida!”, “¿Pero qué estuviste haciendo todo el verano, cigarra?”, preguntó la hormiga. “Cantar y bailar”, contestó la cigarra. “¡Pues si eso hiciste en el verano, ahora baila en invierno!”, dijo la hormiga y cerró la puerta. Mientras, la cigarra arrepentida se alejaba reflexionando sobre la lección que había aprendido.
    • Moraleja: la vida consiste en trabajar y descansar. La previsión evita consecuencias negativas.
  • Pedro y el lobo. Había una vez un pastorcito llamado Pedro que se pasaba todo el día caminando con sus ovejas. Un día estaba tan aburrido que comenzó a preguntarse cómo divertirse. Entonces se le ocurrió gastar una broma, diciendo que un lobo estaba cerca. Dijo: “¡Que viene el lobo, que viene el lobo! ¡Ayuda!”. Los vecinos del pueblo acudieron rápidamente con palos para ahuyentar al lobo, pero cuando llegaron al árbol donde se sentaba Pedro, lo encontraron riendo a carcajadas. Pedro decía: “¡Ja ja ja! ¡Os lo habéis creído!”. Los vecinos se fueron a sus casas pensando que era una broma y que no pasaba nada. Otro día, de nuevo Pedro se aburría y volvió con la misma broma: “¡Que viene el lobo, que viene el lobo! ¡Socoro! ¡Socoro!”. Los vecinos volvieron a acudir rápido con sus palos y preparados para hacer frente al lobo. Pero se volvieron a encontrar a Pedro riendo, que decía: “¡Os lo habéis vuelto a creer! ¡Qué incrédulos! ¡Ja ja ja!”. Esta vez los vecinos pensaron que la broma no era tan graciosa y se fueron malhumorados a sus casas. Otro día, Pedro estaba caminando con sus ovejas cuando escuchó un ruido entre los matorrales. No le dio importancia, pero rápidamente un lobo salió y empezó a perseguir a sus ovejas. Pedro empezó a pedir ayuda: “¡Que viene el lobo, que viene el lobo! ¡Socorro!”. Los vecinos lo escucharon pero no prestaron atención, ya que pensaban que era otra broma de Pedro. El lobo se llevó algunas de sus ovejas y se las comió con su manada.
    • Moraleja: no mientas, ya que puede que los demás no te crean cuando digas la verdad.
  • El cuervo y el zorro. Había una vez un cuervo que descansaba en un árbol, tras haber robado un queso de la ventana de una casa. Cerca caminaba un zorro que olió el fuerte aroma, vio al cuervo y le dijo: “¡Hola! Qué buen día hace, además tu plumaje es muy bonito. Te queda muy bien”. El cuervo se sintió halagado con lo que le dijo el zorro. Le entraron ganas de cantar para celebrarlo, abrió el pico, pero dejó caer el queso. El zorro, sonriendo, corrió hacia el queso y lo atrapó antes de caer al suelo.
    • Moraleja: presta atención cuando alguien te dice cosas bonitas. Puede que sea por interés.
  • La pulga y el hombre. Un hombre disfrutaba de un buen sueño cuando de repente comenzó a sentir picazón por todo el cuerpo. Molesto por la situación, buscó por toda su cama para ver qué era lo que le estaba causando tanta molestia. Tras su búsqueda encontró a una minúscula pulga y le dijo: “¿Quién te crees que eres, insignificante bicho, para estar picándome todo el cuerpo y no dejarme disfrutar de mi merecido descanso?”. Contestó la pulga: “Discúlpeme, señor, no fue mi intención molestarlo de ninguna manera; le pido, por favor, que me deje seguir viviendo, ya que por mi pequeño tamaño no creo que lo pueda molestar mucho”. El hombre riéndose de las ocurrencias de la pulga, le dijo: “Lo siento, pequeña pulga, pero no puedo hacer otra cosa que acabar con tu vida para siempre, ya que no tengo ningún motivo para seguir aguantando tus picaduras, no importa lo grande o pequeño que pueda ser el perjuicio que me causes”.
    • Moraleja: todo aquel que le hace daño a otra persona, debe estar dispuesto a afrontar las consecuencias. Ya que cuando uno molesta, agrede u ofende a otros compañeros, debe saber que sus actos tendrán consecuencias.
  • El conejo y el cerdo. Había una vez en un colegio un conejo muy presumido que todos los días llevaba sus zapatitos muy limpios, relucientes, brillantes. En su misma clase también estaba el cerdito Peny, que tenía mucha envidia al conejo por sus zapatos. Pero el cerdito, al vivir en una charca de barro, sabía que nunca conseguiría tener unos zapatos como los de su amigo conejo. Todos los días limpiaba y limpiaba, pero nada, seguían igual de sucios. Un día, jugando en el recreo, tenía que hacer una carrera para ver quién era el más veloz. El cerdito, asustado, no sabía qué hacer, ya que sus zapatillas no eran como las de su amigo. El día de la carrera, el cerdito no se lo pensó, y salió corriendo a la par que el conejo. Mientras corría, solo pensaba en ganar y no rendirse nunca, tal y como le decía su madre. Al llegar a la meta, todos se quedaron asombrados por la rapidez del cerdito, no entendían cómo pudo haberle ganado al conejo y sus superzapatillas.
    • Moraleja: da igual el zapato que lleves, el esfuerzo por conseguir la meta que te propongas no está en los zapatos sino en ti. Debes ser feliz con lo que tienes, sentirte a gusto contigo mismo y confiar en ti.
  • Familia de hormigas. Había una vez una familia de hormigas formada por la madre, el padre y su dos hijitas. Se acercaba el invierno, así que toda la familia salió en busca de comida, ya que si no, morirían. Paseando por el prado, se encontraron con otra hormiga, pero esta no era de su misma especie, pues era roja y le faltaban dos patitas. Angustiada, la hormiga roja les pidió ayuda para que la llevasen hasta su casa, ya que podría morir enterrada por la nieve. La madre hormiga rotundamente dijo que no, ya que no pertenecía a su especie y si se enteraba el resto de hormigas negras podrían echarle del prado. Así que la familia siguió su camino, pero una de las hijas no pudo aguantar y se dio la vuelta para ayudar a la hormiga roja, aun sabiendo que podrían echarla del prado para siempre. Una vez llegaron las dos a la casa de las hormigas rojas, estas sorprendidas por la solidaridad de la hormiga negra, le regalaron toda la comida que tenían. La familia de la hormiga negra pudo sobrevivir todo el invierno gracias a la generosidad de las hormigas rojas.
    • Moraleja: hay que ayudar a los demás cuando lo necesiten, ya que algún día también nosotros podemos necesitar esa ayuda. También enseña a que no hay que prejuzgar ni discriminar a otros por su raza o por su condición fisica, algo muy importante en la vida, ya que tenemos que educar a nuestros hijos en la tolerancia y el respeto a la diversidad.
  • El ruiseñor. Era un ruiseñor muy alegre y divertido. Siempre andaba cantando, pero era muy muy despistado. Una noche, cenando con su madre, esta le dijo que no debía cantar hasta más tarde, ya que los cazadores pasarían a esa hora, y si estos les oían podrían matarle. A la mañana siguiente, como todos los días, el pájaro comenzaba a cantar para atraer a sus presas. Olvidando lo que le dijo su madre, los cazadores le oyeron y se pusieron a disparar. Afortunadamente al ruiseñor le dio tiempo de esconderse, pues oyó el canto de su madre avisando de que estaban los cazadores en la zona.
    • Moraleja: hay que estar muy atentos y escuchar a nuestros padres cuando nos hablen, ya que un descuido nos puede salir caro.
  • El gato y el ratón. Una vez, un gato muy hambriento vio entrar a su casa a un ratoncito. El felino, con intenciones de agarrarlo y luego comérselo, se acercó a la ratonera, y con dulce voz le dijo: “¡Qué guapo y lindo estás, ratoncito! Ven conmigo, pequeñito, ven…”. La mamá del ratoncito sospechó las intenciones que tenía el hábil gato y le advirtió a su hijo: “No vayas, hijito, tú no conoces los trucos de ese bribón”. El gato insistente le dijo nuevamente al ratón: “Ven, pequeñito, ven. ¡Mira este queso y estas nueces! ¡Todo eso será para ti!”. El inocente ratoncito le preguntó de nuevo a su madre: “¿Voy, mamá?… ¿voy?”. “No, hijito, ni se te ocurra ir, sé obediente”, le dijo nuevamente su madre. El gato volvió a engañarlo diciendo: “Ven, te daré este sabroso bizcocho y muchas cosas más…”. “¿Puedo ir, mamá?, por favor, te lo suplico”, dijo el ratoncito. “¡Que no, tontuelo! No vayas”, insistió la mamá ratona. “No me hará nada, mamá. Solo quiero probar un pedacito…”, dijo por última vez el ratoncito, y sin que su madre pudiera detenerlo, salió rápidamente de su agujero. A los pocos instantes, se oyeron unos gritos que decían: “¡Socorro, mamá, socorro! ¡Me come el gato!”. La mamá ratona no pudo hacer nada para salvar a su ratoncito, que murió devorado por el gato.
    • Moraleja: esta fábula enseña que debemos obedecer a nuestros padres y respetar sus decisiones, ya que ellos siempre querrán lo mejor para nosotros y el no hacerles caso nos puede pasar factura, como al ratoncito de la historia.
  • El ciervo y el cervatillo. Esta fábula trata sobre dos ciervos, uno joven y otro mayor. Ambos querían quedarse a vivir en el monte, ya que había alimentos para todo el año, pero esto solo podía ser posible si ambos luchaban, ya que había provisiones para uno. El cervatillo joven tenía muy claro que ganaría, ya que era más veloz y mas rápido que el anciano. A la mañana siguiente, cuando se encontraron para luchar, el anciano le propuso que se marchara, ya que sabía perfectamente que él iba a ser el ganador. El cervatillo, tozudo, se dispuso a luchar hasta que fue perdiendo poco a poco sus cuernos. orprendido de que el ciervo anciano le ganara, preguntó: “¿Como lo has hecho?, no puede ser, si yo soy más joven y más veloz que tú”. A lo que respondió el anciano: “Mira mis cuernos y tendrás la respuesta”. El cervatillo sorprendido se dió cuenta de que los cuernos estaban intactos, eran mucho más fuertes y robustos que los suyos.
    • Moraleja: debemos respetar a las personas mayores, ya que el ser una persona mayor no quiere decir que sean patosos o lentos, sino todo lo contrario, ya que nos pueden enseñar muchas cosas que aún no sabemos.
  • El mono y el delfín. Había una vez un marinero que se comprometió a hacer un viaje muy largo. Para hacer más entretenida la travesía, se llevó con él a un mono para divertirse en el viaje. Cuando estaban cerca de la costa de Grecia, una muy violenta tempestad se levantó e hizo naufragar a la débil nave. Su tripulación, el marinero y su mono tuvieron que nadar para salvar sus vidas. El mono, que luchaba contra las olas, fue visto por un delfín, quien, creyendo que era un hombre, fue a salvarlo deslizándose debajo y transportándolo hacia la costa. Cuando estaban llegando al puerto, el delfín le preguntó al mono: “¿Eres ateniense?”, y el mono por darse de presumido y mentiroso, le respondió: “Sí, y tengo también parientes muy importantes viviendo allí”. El delfín le preguntó de nuevo si conocía el Pireo, el famoso puerto de Atenas. El mono, creyendo entonces que se trataba de un hombre, le contestó que no solo lo conocía, sino que también era uno de sus mejores amigos. El delfín, indignado por tantas mentiras que el mono decía, dio media vuelta y lo devolvió a alta mar.
    • Moraleja: las propias mentiras del mentiroso son las que se encargan de revelar la verdad en un pequeño descuido.
  • El asno, el perro y el lobo. Caminaban muy despacio y agotados por el sol un asno, con su carga de pan, y su amo seguido por su perro. Llegaron a una pradera verde donde el amo, cansado y agotado por la caminata, se echó a dormir bajo la sombra de un árbol. El asno se fue a comer algo de pasto que había en la pradera cuando de pronto el perro, que también estaba muy cansado y hambriento, le dijo: “Estimado asno, yo también tengo hambre, ¿Me darías un poco de pan que hay en la cesta que llevas encima, por favor?”, a lo que el asno le respondió: “Mejor, ¿por qué no esperas un rato más hasta que despierte el Amo y te dé él mismo de comer?”. El perro, al escuchar la respuesta del asno, se fue a otro lado de la pradera. Fue entonces que, mientras el asno seguía comiendo su pasto, apareció un hambriento lobo que se abalanzó de inmediato sobre él para devorarlo. Sorprendido, piidió ayuda al perro: “¡Socorro! ¡Sálvame, amigo perro!”. El perro respondió: “Mejor, ¿por qué no esperas un poco más hasta que despierte el amo y te salve?”.
    • Moraleja: hay que ofrecer nuestra ayuda a los demás siempre y cuando la necesiten si no queremos que nos pase lo mismo que al asno. Hay que educar a los hijos para que sean personas solidarias.
  • El cuervo y los pájaros. Un día, Júpiter citó a todos los pájaros a una reunión para elegir como rey al más hermoso de todos. Los pájaros, muy halagados ante esta gran oportunidad, de inmediato fueron a las aguas del gran río para lavarse y acicalarse para estar presentables. El cuervo, dándose cuenta de su fealdad, ingenió un plan que consistía en recoger las plumas que los pájaros dejaban caer al acicalarse, para luego pegarlas a su cuerpo. Así, el cuervo pasó varias horas colocándose las plumas para ser el más bello de los pájaros. Entonces llegó el día y todas las aves acudieron a la cita, entre ellos, el cuervo, que destacó al instante por sus plumas multicolor. Júpiter, al verlo, decidió coronarlo por su gran belleza, pero los pájaros se sintieron indignados por haber elegido al cuervo. Sin embargo, el cuervo pronto perdió sus plumas, sintiendose avergonzado, ya que volvía a ser el mismo que era en realidad.
    • Moraleja: no tenemos que aparentar lo que no somos y no debemos por que sentirnos inferiores por nuestro físico o aptitudes, ya que cada persona es única y diferente, con sus virtudes y sus defectos.
  • El viejo perro cazador. Hace muchos años, vivía un viejo perro de caza, cuya avanzada edad le había hecho perder gran parte de las facultades, como ser más fuerte o veloz. Un día, mientras se encontraba en una jornada de caza junto a su amo, se topó con un hermoso jabalí, al que quiso atrapar para su dueño. Poniendo en ello todo su empeño, consiguió morderle una oreja, pero como su boca ya no era la de siempre, el animal consiguió escaparse. Al escuchar el escándalo, su amo corrió hacia el lugar, encontrando únicamente al viejo perro. Enfadado porque hubiera dejado escapar a la pieza, comenzó a regañarle muy duramente. El pobre perro, que no se merecía semejante regañina, le dijo: “Querido amo mío, no creas que he dejado escapar a ese hermoso animal por gusto. He intentado retenerlo, al igual que hacía cuando era joven, pero por mucho que lo deseemos ambos, mis facultades no volverán a ser las mismas. Así que, en lugar de enfadarte conmigo porque me he hecho viejo, alégrate por todos esos años en los que te ayudaba sin descanso”.
    • Moraleja: nos dice que debemos ser respetuosos con nuestros mayores, ya que hicieron lo posible porque nuestra familia tuviera una vida feliz.
  • El perro y el reflejo. Había una vez un perro, que estaba cruzando un lago. Al hacerlo, llevaba una presa bastante grande en su boca. Mientras lo cruzaba, se vio a si mismo en el reflejo del agua. Creyendo que era otro perro y viendo el enorme trozo de carne que llevaba, se lanzó a arrebatársela. Decepcionado quedó cuando, por buscar quitarle la presa al reflejo, perdió la que ya tenía.
    • Moraleja: no hay que envidiar a los demás y debemos ser felices con lo que somos y con lo que tenemos. Tenemos que conformarnos con lo que tenemos, y no pedir o exigir más a nuestros padres, sino queremos que nos pase lo que al perro.
  • La serpiente mentirosa. Había una vez un sabio elefante, una trabajadora hormiga, un fuerte león, un hábil zorro, una divertida hiena y una amistosa cebra que vivían en armonía y como buenos amigos en la selva. Los animales se ayudaban mutuamente en las labores diarias. Un día, los animales salieron a buscar comida como de costumbre, pero se encontraron con la sorpresa de que los alimentos escaseaban. Preocupados por la situación se reunieron para buscar una solución. El sabio elefante dijo: “Propongo ir un poco más lejos para encontrar algo que comer”. Después de algunos murmullos se oyó la voz del hábil zorro: “Nos parece una buena idea, pero debemos ser cuidadosos con los animales desconocidos”. Los amigos se marcharon en pareja hacia el lado sur de la selva. El elefante se unió a la hormiga, el león y la cebra hicieron equipo, mientras que el zorro y la hiena se fueron por el mismo camino. Los animales caminaron por largo tiempo sin encontrar nada que pudieran comer. La cebra, afanada por encontrar comida, se separó del león sin darse cuenta. En el camino se encontró con una serpiente con una larga y aguda lengua. La cebra no perdió tiempo en hacer amistad con la víbora, así que le contó en lo que andaban ella y el resto de sus amigos. La serpiente rápidamente ideó un plan para que la cebra y sus amigos no la dejaran sin comida. Así que le dijo a la cebra: “Cinco minutos antes de tú llegar vi a un fuerte león comerse una enorme presa de antílope. Y de acuerdo con tu descripción, era tu amigo”. La cebra dudó de lo que le dijo la serpiente y luego siguió su camino. Al cabo de un rato, la serpiente vio pasar desde la rama de un árbol al fuerte león del que le habló la cebra, de inmediato bajó y se le acercó: “Disculpa, te veo débil y hambriento”. El león contestó: “No te equivocas, he caminado desde el otro lado de la selva hasta aquí con mis amigos en busca de comida. Además, hace rato perdí de vista a mi compañera cebra”. La perversa serpiente, conociendo la historia, le dijo: “La situación no es fácil, ojalá consigas los alimentos que necesitas”. El león levantó una pata en agradecimiento por su buen deseo. Cuando adelantó unos pasos la serpiente le gritó: “¡Ahora que recuerdo, hace una hora vi a tu amiga cebra comerse una presa de antílope!”. El león se sorprendió por lo que le dijo la serpiente, pero siguió su camino. La víbora se dio cuenta de que era observada por el sabio elefante y los diez antílopes que vivían en ese lado de la selva. Al verse descubierta trató de huir. En su intento por escapar, su lengua fue aplastada por una piedra.
    • Moraleja: la justicia tarda, pero llega, cada quien recibe lo que se merece. No se puede andar por la vida engañando ni diciendo cosas que no son ciertas.
  • Los monos y la cuerda. Había una vez tres monos que vivían en un bosque con grandes árboles e innumerables ríos. El mayor se llamaba Topotopo y era el más mandón, el segundo lo conocían como Ñoño y era gordo, mientras que el más pequeño respondía al nombre de Paco y era el más travieso. Topotopo, Ñoño y Paco eran inseparables. Juntos acostumbraban a tener aventuras por los lugares más lejanos y peligrosos del bosque. Los tres monos con frecuencia ponían su vida en peligro sin importarles las consecuencias. Cierto día, Paco estuvo a punto de ser mordido por una serpiente venenosa al tratar de pisarle su cascabel. Luego, Topotopo casi fue atrapado por las garras de un león cuando lo molestaba mientras este dormía. Ñoño no fue la excepción, de milagro escapó de un lobo feroz al que le intentó quitar su almuerzo. La vida de los tres amigos transcurría entre travesuras, desobediencia y rebeldía. Aunque los monos mayores los aconsejaban que se quedaran quietos y evitaran momentos desagradables, estos no les hacían caso, siempre hacían lo que ellos querían. El resto de los animales del bosque se mantenían alejados, puesto que los tres monos eran irrespetuosos y sus bromas muy pesadas. Un día, Paco, Ñoño y Topotopo decidieron emprender una nueva aventura. Se fueron hacia la zona más alejada, densa y peligrosa del bosque. De ese lado, los árboles eran mucho más altos y frondosos, los ríos más caudalosos y profundos y el peligro estaba a la orden del día. Los tres amigos llegaron al lugar y pasaron casi todo el día trepándose entre las ramas de los árboles más elevados, comieron todo tipo de frutas y semillas y desde las copas molestaban con sus burlas a los otros animales que allí vivían. Después regresaron nuevamente a su casa, pero con la intención de volver. Los tres desobedientes monos contaron sus vivencias a sus parientes, estos de nuevo les aconsejaron portarse mejor y mantenerse alejados de los peligros. En respuesta, los amigos se rieron al unísono. Llegó el día esperado por los monos, el de regresar a las lejanías del bosque. Salieron apenas despuntó el sol sin que nadie se diera cuenta. Una vez en el lugar, Topotopo, Ñoño y Paco se treparon al árbol más alto y desde allí divisaron una cuerda que atravesaba el caudaloso río. Se miraron entre sí y bajaron rápidamente hasta llegar a la orilla del río. Sin decir una palabra, los tres amigos se subieron a la cuerda y comenzaron a atravesar el río, y cuando llegaron a la mitad se dieron cuenta que la soga estaba a punto de reventarse. El peso de los tres monos terminó por hacer que la cuerda se rompiera. Inevitablemente, los desobedientes animales cayeron a las profundas aguas y fueron arrastrados por la corriente.
    • Moraleja: la desobediencia lleva a hacer imprudencias que pueden poner en peligro la vida. Es importante escuchar los consejos de los mayores para evitar caer en errores.
  • Las ranas y el pantano seco. Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se secó, por tanto, lo abandonaron para buscar otro con agua. Hallaron en su camino un profundo pozo repleto de agua, y al verlo, dijo una rana a la otra: “Amiga, bajemos las dos a este pozo”. “Pero, ¿y si también se secara el agua de este pozo?”, repuso la compañera, “¿Cómo crees que subiremos entonces?”.
    • Moraleja: Antes de emprender cualquier acción, analiza primero las consecuencias. Ante un problema, debemos buscar otras alternativas y reflexionar sobre cuál es la opción buena antes de tomar una decisión impulsiva que no sea la adecuada.
  • El labrador y la culebra. Al lado del hogar de un modesto labrador, una culebra había decidido instalar su nido. Un tarde, el pequeño hijo del labriego, pensando que era uno más de sus juguetes, agarró al animal de tan mala manera, que este le mordió en defensa propia. Una mordedura de la que no se pudo recuperar y que su padre quiso vengar cortándole la cola a la culebra. Enterado de cómo habían sucedido los hechos, el labrador sintió tal culpa que fue en busca de la culebra para pedirle perdón y ofrecerle miel, agua, harina y sal, como muestra de su sincero arrepentimiento. A pesar de la nobleza de sus intenciones, la culebra no solo no le perdonó, sino que además se permitió el lujo de decirle: “Agradezco que quieras venir a intentar remediar el error que cometiste conmigo, pero no hay ninguna posibilidad de que tú y yo podamos ser amigos. Mientras que a mí me falte la cola que tú me quitaste y a ti el hijo que mi veneno te ha arrebatado, seremos incapaces de estar en paz”.
    • Moraleja: es imposible reconciliarse con algún amigo si uno de los dos no ha perdonado al otro. Con esta fábula aprendemos que hay que saber pedir perdón y perdonar cuando tengamos algún debate o discusión con un compañero.
  • El lobo y el perro dormido. Disfrutaba un perro de un merecido descanso en la puerta de su casa, cuando de repente un veloz lobo se lanzó sobre él con intenciones de devorarlo. Para intentar librarse de tan negro destino, el perro le suplicó con todas sus fuerzas que lo escuchara, aunque solo fuera una sola vez, antes de que el lobo cumpliera sus deseos. “Entiendo que desees saciar tu hambre”, comenzó diciendo el perro, “pero de un saco de huesos como yo, tu estómago no tardará en volver a sentirse vacío; si en verdad deseas darte un buen festín, espera a que mis dueños celebren sus bodas y seguro que me encuentras mucho más apetecible”. Tan convincente era su argumento, que el lobo se marchó contento. Meses después, estaba el perro asomado a una ventana de la casa de su dueño, cuando volvió el lobo para reclamar lo que tanto tiempo había estado esperando. Molesto ante la insistencia, el perro contestó: ” ¡Lobo tonto, la próxima vez que aparezcas y yo esté durmiendo en el portal de mi dueño, no esperes a que se celebren las bodas de mis dueños!”.
    • Moraleja: dice que si hemos sido capaces de salir airosos de algún tipo de peligro y si recordamos cómo lo hicimos, podremos hacerlo en otras ocasiones.
  • El zorro, el oso y el león. Habiendo encontrado un león y un oso a un cervatillo, se retaron en combate a ver cuál de los dos se quedaba con la presa. Un zorro que por allí pasaba, viéndolos extenuados por la lucha y con el cervatillo en medio, se apoderó de este y corrió pasando tranquilamente entre ellos. Y tanto el oso como el león, agotados y sin fuerzas para levantarse, murmuraron: “¡Desdichados nosotros! ¡Tanto esfuerzo y tanta lucha hicimos para que todo quedara para el zorro!”.
    • Moraleja: por ser egoístas y no querer compartir, podemos perderlo todo.
  • El olivo y la higuera. El olivo ridiculizaba a la higuera porque, mientras él era verde todo el año, la higuera cambiaba sus hojas con las estaciones. Un día, una nevada cayó sobre ellos, y, estando el olivo lleno de follaje, la nieve cayó sobre sus hojas y con su peso se quebraron sus ramas, despojándolo inmediatamente de su belleza y matando al árbol. Pero al estar la higuera desnuda de hojas, la nieve cayó directamente a la tierra, y no la perjudicó en absoluto.
    • Moraleja: No debemos burlarnos de las cualidades ajenas, pues las nuestras pueden ser inferiores. Debemos ser respetuosos y tolerantes con el resto de personas.
  • El huevo de oro. Había una vez un rico comerciante de telas que vivía en un pueblo con su esposa y sus dos hijos. Tenían una gallina hermosa que ponía un huevo todos los días. No era un huevo normal, sino un huevo de oro. Sin embargo, el joven comerciante no estaba satisfecho con lo que solía obtener todos los días.  Quería conseguir todos los huevos de oro de su gallina en muy poco tiempo. Un día pensó y al fin concluyó un plan. Decidió matar a la gallina y juntar todos los huevos. Al día siguiente, cuando la gallina puso un huevo de oro, el hombre lo cogió, tomó un cuchillo afilado, cortó su cuello y cortó su cuerpo abierto. No había nada más que sangre por todas partes y ningún rastro de huevos. Estaba muy triste porque ahora no conseguiría ni siquiera un solo huevo. Debido a su codicia, comenzó a ser más pobre y finalmente se convirtió en un mendigo.
    • Moraleja: si deseas más, puedes perder todo. Es necesario estar satisfecho con lo que uno tiene y actuar sin codicia.
  • El zorro y las uvas. Una tarde muy soleada, un zorro iba caminando y el estómago le rugía de hambre. De repente, notó en la cima de un árbol un racimo de hermosas uvas moradas e intentó alcanzarlas apoyándose en sus patas traseras, pero no llegó. Intentó alcanzarlas saltando, pero tampoco llegó; una y otra vez fallaba hasta que sus patas ya no podían más y entonces cayó al suelo extenuado. Estando tumbado en el suelo, se pudo dar cuenta de que dos pajarillos le estaban observando; levantándose, se sacudió el polvo y se marchó diciendo: “Mejor paso de esas uvas, seguro están verdes”. Retomó así su camino, y en cuanto ya había ganado distancia, los pajarillos picotearon las uvas y estas cayeron al suelo, donde se dieron un banquete. Mirando de lejos, el zorro pensó: “Tal vez si hubiese pedido ayuda, estaríamos comiendo los tres”.
    • Moraleja: a veces nuestro orgullo puede más que nuestro juicio, hasta el punto en que somos capaces de despreciar las cosas, solo porque parecen inalcanzables.
  • La hormiga y la mariposa. Una hormiga trabajadora se encontraba reuniendo provisiones bajo el fuerte sol de verano a orillas del río. De pronto, el suelo bajo ella cedió, y la hormiga cayó al agua, que le arrastraba violentamente. Desesperada, la hormiga gritaba: “¡Ayuda, socorro, auxilio, me ahogo!”. En eso, una mariposa se dio cuenta de la situación y rápidamente buscó una ramita, la agarró con sus patitas y se lanzó hacia donde estaba la hormiga; tendiéndole la rama y salvándola. La hormiga, muy feliz, le dio las gracias y ambas siguieron su camino. Al poco tiempo, un cazador furtivo se acercó por detrás de la mariposa con una red; en silencio se disponía a capturarla, pero justo cuando ya tenía la red sobre la cabeza de la mariposa ¡sintió un piquete muy doloroso en su pierna! Gritando, soltó la red y la mariposa, al darse cuenta, salió volando. Mientras volaba, la mariposa desconcertada giró su cabeza para ver qué había herido al cazador, y se dio cuenta de que era la hormiga a la que ese mismo día había salvado.
    • Moraleja: Haz el bien, sin mirar a quién. La vida es una cadena de favores.
  • El viento y el sol. Una vez, el viento y el sol tuvieron una discusión. “Yo soy el más fuerte, cuando yo paso, los árboles se mueven; hasta puedo derribarlos si quiero”, dijo el viento. “El más fuerte aquí soy yo, yo no derribo árboles, pero puedo hacerlos crecer”, le respondió el sol. “Voy a demostrarte que soy el más fuerte, ¿ves a ese hombre con chaqueta? Se la voy a quitar con mi soplido”, dijo el viento. Así, el viento sopló con todas sus fuerzas, pero mientras más fuerte soplaba, más fuerte el hombre se aferraba a su chaqueta, y el viento se cansó de soplar. Entonces fue el turno del sol, y este, lanzando todos sus rayos hacia el hombre, hizo que se quitara la chaqueta de tanto calor. “Bien, tú ganas, pero debes admitir que yo hice mucho más ruido”, dijo el viento al final.
    • Moraleja: cada persona tiene sus propias capacidades y a menudo vale más la maña que la fuerza.
  • El halcón, el cuervo y el pastor. Lanzándose desde los cielos, un halcón cazó un corderito. Un cuervo lo observó y tratando de imitarlo, se lanzó sobre un carnero. Sin embargo, no pasó lo mismo que antes, y al desconocer las artes, el cuervo se enredó en la lana, donde sin importar qué tan fuerte batía sus alas, no logró escapar. Viendo el pastor lo que sucedía, tomó al cuervo entre sus manos, con su machete cortó sus alas, y lo llevó a su casa. Fascinados, sus hijos lo vieron, y curiosos del asunto preguntaron a su padre: “¿Papá, qué ave es esta?”. “Para mí es solo un cuervo, pero él se cree halcón”.
    • Moraleja: es bueno y necesario aprender a conocer nuestros propios límites, incluso para superarlos; el primer paso es conocerlos.
  • El zorro y los gallos. Dos gallos luchaban para tomar el control del gallinero. Después de una intensa pelea, uno de ellos salió derrotado, y no le quedó otra alternativa más que esconderse entre los matorrales. El vencedor, exhibiéndose orgulloso, se montó sobre uno de los postes de la cerca y comenzó a cantar a los cuatro vientos su victoria. Fue entonces, cuando a su espalda, un zorro que esperaba paciente dio un salto hacia la verja y de un mordisco feroz cazó al gallo ganador. Desde entonces, el otro gallo es el único macho en el gallinero.
    • Moraleja: la humildad es una virtud que muy pocos practican, pero que todos deberían dominar. A quien hace alarde de sus propios éxitos, no tarda en aparecerle alguien que se los quita.
  • El amo del cisne. Cuentan que los cisnes son hermosas aves capaces de entonar bellas y armónicas canciones justo antes de su muerte. Sin saberlo, un día un hombre compró un hermoso cisne. Este no era solo el más bello, sino el mejor cantante de todos. Por eso, el hombre pensó que el cisne podría deleitar a quienes visitaran su hogar con sus maravillosos cantos. De esta manera, el hombre buscaba generar envidia y admiración en sus allegados. Una noche, el amo organizó una fiesta, sacando al cisne para exhibirlo, como si se tratase de un valioso tesoro. El amo solicitó al cisne que entonara una canción para entretener al público. Ante esto, el cisne permaneció impávido, generando molestia e ira en el amo. Los años pasaron y el amo siempre pensó que había malgastado su dinero en la bella ave. No obstante, una vez el cisne se sintió viejo y cansado, entonó una maravillosa melodía. Al escuchar el canto, el amo comprendió que el cisne estaba a punto de morir. Reflexionando sobre su comportamiento, entendió su error al intentar apurar al animal a cantar cuando este era joven.
    • Moraleja: nada en la vida debe ser apresurado. Todas las cosas llegan en el momento más oportuno.
  • El gato y el cascabel. En una casa de una gran urbe vivía un gato grande y consentido por sus dueños. Dicho gato tomaba toda la leche que gustaba, y sus amos le consentían y cuidaban, esforzándose por darle todo lo que quisiera. Tenía una confortable cama para él solo, y pasaba sus días persiguiendo a un grupo de ratones que también vivían en la casa. Cada vez que uno de estos ratones se asomaba para tomar algo de alimento, el gato aparecía y ferozmente le cazaba. Los ratones eran atosigados por el gato, de tal manera que ya no podían salir de su ratonera para conseguir alimento. Un día, se reunieron para buscar una solución a sus problemas. Todos deliberaron infructuosamente en busca de soluciones. Hasta que uno propuso una alternativa que a todos gustó: ponerle un cascabel al gato para así saber cuándo merodeaba fuera de la ratonera. Todos los ratones vitorearon y acordaron que era la mejor alternativa. Hasta que uno de los ratones más viejos preguntó: “¿Quién se encargará de poner el cascabel en el gato?”. Inmediatamente todos los ratones se desanimaron, puesto que no apareció ningún voluntario. Se dice que hasta hoy los ratones pasan las tardes deliberando quién se encargará de la temeraria labor, mientras que la comida continúa escaseando.
    • Moraleja: a veces las mejores soluciones vienen acompañadas de grandes sacrificios.
  • El toro y las cabras. En una pradera vivían un toro y tres cabras. Estos animales habían crecido juntos y eran verdaderos amigos. Todos los días el toro y las cabras jugaban y disfrutaban de la pradera. Era normal que estos cuatro amigos jugaran, sin embargo, para un perro viejo y vagabundo que rondaba por la misma pradera, esta escena resultaba extraña. Las experiencias de la vida del viejo perro le impedían entender cómo aquellas cuatro criaturas podían ser amigas y llevarse bien entre sí. Un día, el perro confundido decidió acercarse al toro y preguntarle: “Señor toro, ¿cómo es que un animal tan grande y fuerte como usted puede pasar los días jugando en la pradera con tres pequeñas cabras? ¿No ve usted que esto puede resultar extraño para los demás animales? Este juego puede afectar su reputación. Los demás animales van a pensar que usted es débil y por eso se relaciona con esas tres cabras”. El toro meditó sobre las palabras del perro, sin querer convertirse en el hazmerreír de los demás animales. Él quería que su fuerza no fuera subestimada. Por esta razón, decidió alejarse de las cabras, hasta que dejó de verlas. El tiempo pasó, y el toro se sentía solo. Echaba en falta a sus amigas cabras, ya que para él ellas eran su única familia. Ya no tenía con quien jugar. Al meditar sobre sus emociones, el toro entendió que había cometido un error grave. Se había dejado llevar por lo que otros pudieran pensar, en vez de hacer aquello que le nacía. De esta forma, se dirigió a sus amigas cabras y les pidió disculpas. Afortunadamente, hizo esto a tiempo y las cabras le perdonaron. El toro y las cabras siguieron jugando todos los días y fueron felices en la pradera.
    • Moraleja: debemos hacer aquello que nos nace y dicta nuestra conciencia y corazón, sin importar lo que otros puedan pensar sobre nuestras decisiones.
  • La mula vanidosa. Había dos mulas de carga que trabajaban para diferentes amos. La primera mula trabajaba para un campesino y se encargaba de llevar pesadas cargas de avena. La segunda trabajaba para el rey y su labor consistía en llevar cuantiosas sumas de monedas de oro. La segunda mula era sumamente vanidosa y orgullosa de su carga. Por esta razón, caminaba altanera y haciendo ruido con las monedas que llevaba. Tanto ruido hizo un día que, unos ladrones se percataron de su presencia y le atacaron para robar su carga. La mula se defendió con fuerza, hasta perder su carga y terminar gravemente herida. Al caer sobre el suelo adolorida y triste, preguntó a la primera mula: “¿Por qué me pasó esto? ¿Por qué esos ladrones robaron mi carga?”. Ante este cuestionamiento, la otra mula respondió: “A veces lo que parece un gran trabajo no lo es. Es mejor pasar desapercibido para no despertar la envidia de otros”.
    • Moraleja: es mejor ser discreto que vanidoso cuando se tiene algo de gran valor. Muchas personas pueden sentirse envidiosas cuando se habla mucho de lo que se tiene.
  • El elefante y el león. En la selva todos los animales le rendían culto al león. Veían en él una figura fuerte, valiente, fiera y elegante. No les importaba que llevara muchos años gobernándoles. Sin embargo, algo que todos los animales de la selva no conseguían entender era que, al lado del tenaz león siempre se encontraba un viejo y lento elefante. Cada animal ardía en deseos de estar al lado del mandatario en lugar del elefante. El rencor y los celos fueron gradualmente creciendo. Un día, todos los animales decidieron hacer una asamblea para que el león eligiese a un nuevo compañero. Una vez inició la asamblea, la zorra tomó la palabra: “Todos pensamos que nuestro rey es increíble, no obstante, coincidimos en que no tiene un buen criterio para escoger amigos. Si hubiese elegido a una compañera astuta, hábil y hermosa como yo, esta asamblea no tendría lugar ni sentido”. Después de la zorra continuó el oso: “No me cabe en la cabeza cómo nuestro rey, un animal tan imponente, puede tener como amigo a un animal que carece de garras grandes y fuertes como las mías”. Ante los comentarios de los demás, el burro por su parte señaló: “Yo entiendo perfectamente lo que está pasando. Nuestro rey eligió al elefante como su amigo porque tiene unas orejas grandes como las mías. No me eligió a mí primero porque no tuvo el placer de conocerme antes que al elefante”. Tal fue la preocupación de todos los animales por reconocer sus cualidades sobre las del elefante, que no consiguieron ponerse de acuerdo y jamás lograron entender que el león prefería al elefante por su humildad, sabiduría y modestia.
    • Moraleja: los valores como la humildad, el desinterés y la modestia pueden hacer que las cosas más valiosas de la vida vengan por sí solas. La envidia es una pésima consejera.
  • El guepardo y el león. Una vez, los animales de la sabana estaban un poco aburridos y decidieron buscar maneras de divertirse. Unos fueron a los pozos a saltar en el agua, otros se pusieron a trepar árboles, pero el guepardo y el león aprovecharon la ocasión para probar sus cualidades frente a todos y decidieron hacer una carrera. “¡Atención! Si queréis entretenimiento aquí está: seremos testigos de una carrera de velocidad entre el león y el guepardo. ¿Quién ganará? Acercaos y lo sabréis en minutos”. Entonces los animales se animaron y se acercaron curiosos. Murmuraban entre ellos sobre cuál era su favorito y por qué. “El guepardo es veloz. La victoria es suya”, decía la jirafa. “No estés tan segura, amiguita. El león también corre rápido”, le respondía el rinoceronte. Y así cada cual abogaba por su candidato. Mientras tanto, los corredores se preparaban para la competencia. El guepardo se estiraba y calentaba sus músculos. No estaba nervioso, sino que se preparaba para dar un gran espectáculo y dejar clara su ventaja sobre el león. Por su parte, el león solo se sentó a observar el horizonte y a meditar. Su esposa, la leona, se le acercó y le preguntó: “Querido, ¿qué haces aquí? La chita está poniéndose a tono para la competencia y tú solo estás aquí sentado con la mirada perdida. ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?”. “No, mujer. Tranquila. Estoy meditando”. “¿Meditando? A segundos de una carrera con el animal más veloz de la sabana, ¿tú meditas? No te entiendo, querido”. “No tienes que entenderme, cariño. Yo ya preparé mi cuerpo para esta carrera durante todo este tiempo. Ahora, necesito preparar mi ánimo”. El clan de los elefantes mayores fueron quienes prepararon la ruta y marcaron las líneas de salida y de meta. Los suricatos serían los jueces y un hipopótamo daría la señal de salida. Llegó el momento y los corredores se pusieron en posición: “En sus marcas”, comienza a decir el hipopótamo, “listos…¡fuera!”. Y arrancaron a correr el león y el guepardo, quien enseguida tuvo la ventaja. Los competidores se perdieron rápidamente de vista de los animales ubicados al principio de la pista. La victoria parecía ser del guepardo, pero al minuto de haber empezado, dejó de ser tan veloz. El león seguía corriendo a su ritmo pero cada vez estaba más cerca de alcanzarla, hasta que al fin la superó y allí aumentó la velocidad y le ganó.
    • Moraleja: no por ser más veloz, ganas una carrera. A veces, basta con utilizar tus energías de una forma inteligente.
  • La hormiga, la araña y la lagartija. Había una vez, en una casa de campo donde habitaban muchos animales de distintas especies, una araña y una lagartija. Vivían felices en sus labores; la araña tejía hermosas y enormes redes mientras la lagartija mantenía lejos de la casa a los insectos peligrosos. Un día, vieron un grupo de hormigas trabajando recogiendo cosas. Una de ellas las dirigía y les ordenaba dónde ir a buscar la carga y por cuál ruta debían llevarla hasta su casa. Extrañadas por los visitantes, la araña y la lagartija se acercaron a la hormiga: “Hola. ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?”, se adelantó a preguntar la araña. “Sí, ¿quiénes son?”, le apoyó la lagartija. “Hola. Perdonen el descuido. Somos las hormigas y estamos de paso, buscando comida para prepararnos para el invierno. Espero que no estemos molestando”. “No exactamente, pero es extraño verlas aquí. Este terreno ha estado solo para nosotras desde hace mucho y…”, “Y no nos gusta el escándalo ni que dejen suciedad en esta zona. Nuestro trabajo es mantener a los insectos alejados de aquí”, dijo la lagartija con tono de cierta molestia. “¡Oh, perdonen! De verdad que no es nuestra intención molestarlas. Insisto: estamos de paso preparándonos para el invierno”. “Pues yo no sé si lloverá, lo que sé es que les agradezco que terminen rápido con su labor y se vayan a su casa. Aquí ya estamos completos”, sentenció la lagartija y se fue por los matorrales velozmente. La araña, algo incómoda por el mal humor de su vecina, también se fue a sus aposentos. Antes, le advirtió a la hormiga sobre su naturaleza insectívora. La hormiga se quedó pensando: “¡Pero qué gruñones! La lagartija quiere su espacio y la araña nos puede comer. Creo que es mejor que huyamos”. Entonces volvió a su puesto y ordenó la retirada a sus compañeras. Esa noche llovió a cántaros y mientras las hormigas estaban en su casa con refugio seguro y comida abundante, la araña y la lagartija temblaban de frío y pensaban en que por estar discutiendo no habían guardado comida en sus despensas.
    • Moraleja: debemos ser abiertos con lo nuevo y lo diferente porque no sabemos si ahí podemos encontrar o aprender algo para nuestro bien.
  • Los perros y la lluvia. Había una vez una casa grande en la que vivían varios perros: Negrita, Blani, Estrellita y Radio. Vivían felices corriendo por los patios, jugando y haciendo travesuras, pero casi a ninguno lo dejaban entrar a las casas. Solo Estrellita tenía permiso de hacerlo, por ser la más pequeña y consentida. Al llegar el invierno, todos buscaban refugio porque el frío les helaba el cuerpo. Estrellita se burlaba de ellos desde la comodidad de su camita dentro de la casa. El invierno pasó y el sol radiante iluminaba todo. Los días eran perfectos para jugar al aire libre. Los perros salieron contentos a correr y Estrellita también quiso acompañarlos pero ellos le dijeron: “No queremos jugar contigo, Estrellita. Sabemos que no es tu culpa que te permitieran entrar a ti sola a la casa durante las lluvias, pero no tenías derecho a burlarte de nosotros, que nos moríamos de frío”. Y Estrellita se entristeció y se acurrucó en su cómoda camita. Sola.
    • Moraleja: los buenos amigos no se burlan de las dificultades de los demás. Intentan ayudarlos.
  • La abeja y el fuego. Había una vez una abejita que siempre visitaba un jardín lleno de girasoles. La abejita se pasaba las tardes conversando con los girasoles más pequeños. En su casa, le decían que el jardín era para polinizar, no para conversar. Pero ella sabía que podía hacer ambas cosas. Y le encantaba. Sus amigos girasoles eran divertidos y siempre hablaban de cuánto admiraban el sol. Un día, quiso darle una sorpresa a los girasoles y se fue a buscar un cerillo encendido. Con gran esfuerzo encontró uno en un basurero y se las ingenió para encenderlo en la estufa de una casa en la que siempre olvidaban cerrar las ventanas. Con todas sus fuerzas llegó al jardín y cuando estaba cerca de sus amigos, se le cayó el cerillo. Afortunadamente, se encendió el riego automático porque era justo la hora de regar el jardín. La abejita casi se desmaya del susto y sus amigas también.
    • Moraleja: por muy buenas que sean tus intenciones, siempre debes calcular los riesgos de tus acciones.
  • Tilín el desobediente. Había una vez un caballito de mar llamado Tilín, que tenía un amigo cangrejo llamado Tomás. Les encantaba pasar las tardes jugando juntos y visitando arrecifes. Los padres de Tilín le habían dicho siempre que tenía permiso para jugar con su amigo cangrejo, siempre que no saliera a la superficie. Un día, le ganó la curiosidad y le pidió a Tomás que lo llevara a la orilla. Este se negó a llevarlo pero Tilín insistió. El cangrejo accedió con la condición de que solo fueran hasta una roca por un momento y regresaran enseguida. Así lo hicieron, pero cuando subieron a la roca, no se dieron cuenta de que una lancha de pescadores venía del otro lado y cuando los vieron lanzaron su red. Tilín sintió que algo le tiró muy fuerte hacia abajo y se desmayó. Cuando despertó, estaba en su cama con sus padres. Al ver que despertaba Tilín, ellos suspiraron de alivio. “Lo siento, mamá y papá. Solo quería ver la superficie una vez. Sentir el aire de allá arriba. ¿Qué pasó con Tomás?”, preguntó Tilín. “Lo siento, Tilín. Él no pudo escapar”, respondió su mamá con la cara triste.
    • Moraleja: es mejor obedecer a los padres porque tienen más experiencia y conocimientos.
  • El zorro irresponsable. Érase una vez Antonie, un zorrito que iba a la escuela en el bosque. Un día la maestra les asignó una tarea que consistía en tomar del bosque 5 ramitas durante 10 días y hacer con ellas una figura. Al final de los 10 días, todos expondrían sus figuras. La mejor escultura ganaría un regalo. Todos los zorritos salieron hablando de lo que pensaban hacer; unos harían la torre Eiffel, otros un castillo, otros grandes animales. Todos se preguntaban cuál sería el regalo. Los días pasaban y aunque Antonie decía que estaba avanzando en su tarea, la verdad era que no había empezado siquiera. Todos los días al llegar a su madriguera, se ponía a jugar con lo que encontrara y a pensar en cuánto le gustaría comerse un pastel de moras. Faltando un día para la entrega, la maestra le preguntó a los zorritos sobre sus avances con la tarea. Uos decían que ya habían terminado y otros que ya casi. La maestra les dice: “Me alegra mucho oír eso, niños. El que haga la escultura más bonita, se llevará este rico pastel de moras”. Era el pastel con el que Antonie soñaba. Al salir de la clase, corrió a su madriguera y en el camino tomó tantas ramas como pudo. Llegó y comenzó a realizar su proyecto, pero ya era muy poco el tiempo que le quedaba y no logró hacer su tarea. Al llegar a su clase el día de la presentación, todos los demás llevaban bonitas obras menos Antonie.
    • Moraleja: cuando pierdes tiempo por pereza, no puedes recuperarlo y podrías perder buenas recompensas.
  • El gallo puntual. ¡Kikirikiii! Cantó el gallo a las 5 de la mañana, como era su costumbre. Su canto marcaba el inicio de la faena en la granja; la señora va a la cocina para preparar el desayuno, su esposo va al campo a recoger la cosecha del día y los chicos se alistan para ir a la escuela. Al ver esto todos los días, un pollito le pregunta a su papá gallo: “Papi, ¿por qué todos los días cantas a la misma hora?”. “Hijo, canto a la misma hora porque todos confían en que yo cumpla con mi trabajo y los despierte. Así todos pueden cumplir sus labores con puntualidad”. Otro gallo que pasaba por allí, escuchó la conversación y le dice al pollito: “Tu papá se cree importante, pero no es cierto. Fíjate, yo canto cuando quiero y no pasa nada. Él por gusto propio canta todas las mañanas”. El papá gallo dijo: “¿Eso crees? Hagamos algo: mañana cantas tú a la hora que quieras, pero te quedas en el poste después de cantar”. “¿Es un reto?”, dijo el envidioso gallo. “Sí, eso es”, afirmó el papá gallo. Al día siguiente, según lo planeado, el otro gallo cantó en el poste, pero esta vez no fue a las 5 de la mañana, sino a las 6:30. Todos en la casa se levantaron como locos; corrieron atropellándose unos con otros, malhumorados. Todos iban retrasados a sus labores. Ya listos, salieron todos, pero antes de irse, el señor de la casa agarró al gallo que aún seguía en el poste y lo encerró como represalia por haberlo despertado tarde.
    • Moraleja: no menosprecies el trabajo ajeno por insignificante que parezca. Además, es importante ser puntual.
  • El caballo presumido. Un día llegó un campesino a la tienda del pueblo en busca de un animal de carga que lo ayudara a transportar las herramientas para el campo. Habiendo visto a todos los animales que el tendero le ofrecía, el campesino procedió a cerrar el trato en el interior de la tienda. En el establo, los animales quedaron ansiosos esperando enterarse por cuál de ellos se había decidido el campesino. Un caballo joven les decía a todos: “Listo, yo ya me voy, el campesino me elegirá, soy el más joven, bello y fuerte aquí, así que mi precio él pagará”. Un caballo viejo que allí se encontraba le dice al joven: “Cálmate, chico, que con ser tan presumido, no ganarás nada”. Al cabo de unos minutos, entraron el campesino y el vendedor. Llevaban dos cuerdas en mano y enlazaron a dos borriquitos. El caballo, relinchando fuerte, decía: “¿Qué pasó aquí? Pensé que a mi era al que elegirían”. Los caballos más viejos, riendo, le decían: “Mira, chico, al campesino solo le importaban animales para el trabajo, no un animal bello y joven”.
    • Moraleja: ser presumido solo puede hacerte quedar mal.
  • El loro y el perro. Había una vez un loro y un perro que se cuidaban entre sí. El loro daba compañía al perro y al hablar mucho le entretenía. Por su parte, el perro protegía al loro de otros perros que se lo querían comer. Sin embargo, el loro a veces hablaba demasiado, y seguía haciéndolo aunque el perro le pedía que se callase para dejarlo dormir. Un día, el loro estuvo hablando desde la mañana hasta la noche, incluso cantó varias canciones mientras el perro intentaba dormir. Al final el perro dejó de intentar dormir y se quedó despierto sin poder hacer nada. A la mañana siguiente el loro se despertó, empezó a hablar, pero se dió cuenta que el perro ya no estaba para escucharle. Se había ido, seguramente porque así le dejaría descansar. Prefería estar solo que mal acompañado.
    • Moraleja: No hay que molestar a nuestros amigos. Intenta tratarlos bien para que quieran estar a tu lado.
  • La grulla y el lobo. En una ocasión, un lobo consiguió capturar una enorme grulla después de varias horas persiguiéndola. Tan contento se puso, que empezó a comérsela muy rápidamente y sin apenas masticar. De repente, el lobo empezó a chillar porque un hueso le estaba bloqueando la garganta y no podía respirar. Empezó a ponerse morado y pidió auxilio. Otra grulla, que oyó los gritos, se acercó al lugar donde estaba el lobo. Al verla, este le pidió por favor que lo ayudara. “¡Por favor, utiliza tu largo pico y sácame el hueso de la garganta! ¡Me estoy asfixiando!”. La grulla miró los restos de su compañera muerta y se negó a ayudarlo. “Si meto mi cabeza en tu boca me comerás como hiciste con la otra grulla”, dijo el ave. “¡Saca el hueso de mi garganta y te recompensaré enormemente!“, suplicó el lobo. La grulla, aunque tenía mucho miedo por meter su cabeza en la boca del lobo, decidió ayudarle en un acto de bondad. Quería saber también cómo la recompensaría. Extrajo el hueso y sacó la cabeza sin que el lobo la engañase. Sin embargo, al momento, el lobo salió huyendo. “¿Qué hay de mi recompensa?, dijo la grulla, sorprendida y enfadada. El lobo se giró y gruñó: “¿Tu recompensa? Habría podido comerte la cabeza y no lo he hecho. Esa es tu recompensa”.
    • Moraleja: aunque quieras hacer el bien, nunca esperes recompensa de las personas malas.
  • El mono y el camello. En la selva, el rey era el león. Cuando llegaba su cumpleaños, se celebraba una gran fiesta en su honor y los animales bebían, cantaban o actuaban en honor al felino más grande. Un mono preparó un baile para el rey. Todos los animales lo rodearon y quedaron impresionados por sus movimientos y meneos de cadera. Todos aplaudieron, excepto el camello. El camello siempre quería complacer al rey y en ese momento sintió envidia por el mono, el cual había estado increíble. Así que, sin pensarlo, el camello se puso en medio y empezó a bailar pensando que podía hacerlo mucho mejor que el mono. Sin embargo, sus movimientos eran bruscos, sus patas se doblaban y al ponerse tan nervioso se cayó, dándole con su joroba en la nariz del rey león.  Todos los animales lo abuchearon y el rey decidió expulsarlo al desierto para siempre.
    • Moraleja: no intentes simular ser el mejor ni actúes por envidia o egoísmo, al final saldrá mal.
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Lifeder. (11 de mayo de 2026). Fábulas cortas para niños (con moraleja). Recuperado de: https://www.lifeder.com/fabulas-cortas-para-ninos/.

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Por Alberto Cajal

Licenciado en Magisterio. Maestro de Instituto. Me encanta leer, la ciencia y escribir sobre lo que conozco y sobre cosas nuevas que aprender.
Última edición el 11 de mayo de 2026.

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