Falta de Deseo Sexual en Hombres y Mujeres: Causas y Soluciones

Las falta de deseo sexual en hombres y mujeres es un problema frecuente en las parejas, aunque se puede solucionar con un tratamiento adecuada y una actitud positiva.

La sexualidad constituye una dimensión imprescindible y  muy relevante de la vida de una persona que no puede ser sólo contemplada como una faceta simplemente impulsiva.

falta de deseo sexual

Ésta puede llegar configurar nuestra personalidad, contribuir a nuestra sensación de bienestar general o, por el contrario, hacer que nuestra calidad de vida empeore en caso de que nos topemos con alguna disfunción.

La OMS considera la salud sexual como la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual, por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor.

El bajo deseo sexual, deseo hipoactivo o, en términos más freudianos, baja libido, es uno de los trastornos más frecuentes que se dan en la consulta del especialista.  Clínicamente, es más complejo de lo que en apariencia puede manifestar, pues puede estar sujeto a diversas causas que van desde la afectación orgánica a la psicológica.

Para entender mejor el contexto de este artículo, hemos de destacar que los trastornos por disfunción sexual se clasifican en:

─Trastornos del deseo sexual

─Trastornos de la excitación

─Trastornos relacionados con el orgasmo

─Trastornos sexuales por dolor, como la dispareunia

─Otras disfunciones.

Como vemos, cada grupo de trastornos se enmarca dentro de una fase de la actividad sexual humana según las investigaciones de Master y Johnson (1966). El trastorno que trataremos en este artículo se basa en la fase previa al acto sexual.

A nivel orgánico, una vez la etiología está identificada, se comienza el tratamiento atacando el problema que subyace a él. Sin embargo, cuando hablamos de una afectación puramente psicológica intervienen una pluralidad de factores que en numerosas ocasiones escapan a nuestro control.

De ahí que el experto que lleve un caso de deseo sexual hipoactivo tiene que adelantarse a todas las variables que pudiesen estar implicadas.

Cuando no tenemos pareja, el bajo deseo sexual no nos suele afectar en caso de padecerlo o, mejor dicho, suele pasar más desapercibido. No obstante, cuando tenemos una relación, la inactividad sexual puede ser motivo de conflicto y preocupación por ambas partes, y desatar toda una serie de sentimientos y emociones que lejos están de calificarse como positivos: sentimiento de culpa, abatimiento, frustración, etc.

¿Qué causa el bajo deseo sexual?

¿Cuáles pueden ser los factores implicados en este problema? Como ya hemos avanzado en párrafos anteriores, estos pueden ser tanto orgánicos como de índole psíquica. Veamos primero las causas orgánicas que pueden desencadenar este trastorno.

Causas orgánicas

─Alteraciones hormonales: disminución de andrógenos en los hombres, aumento de prolactina o algunos cambios hormonales propios de la menopausia en mujeres o desajustes producidos por terapia hormonal.

─Alteraciones neuroendocrinas: hipotiroidismo, enfermedades que afectan a la hipófisis, etc.

─Enfermedades metabólicas, como la diabetes.

─Efectos iatrogénicos (de fármacos): Existen diferentes fármacos que influyen directamente en la respuesta sexual humana. Por ejemplo, algunos antidepresivos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o los tricíclicos.

─Consumo de drogas: las drogas psicoactivas afectan negativamente a la función sexual y a la social en general, provocando una dispersión del foco atencional y otros efectos que normalmente resultan incompatibles con la actividad sexual y mucho menos con una vida plena en todas las facetas y dimensiones del ser humano.

En cuanto a las afecciones psíquicas, que son las que realmente suponen un reto y las que resultan más frecuentes, podemos encontrar:

 ─Estrés y ansiedad: desórdenes como el estrés y la ansiedad pueden hacer que nuestro apetito sexual se reduzca, pues se presenta un déficit atencional que hace que el foca de nuestra mente se dirija únicamente a la fuente estresora.

─Trastornos del estado de ánimo como la depresión, máxime si se trata de depresión mayor: en los trastornos depresivos y del estado de ánimo es muy común manifestar las llamadas ritmopatías; es decir, desórdenes en nuestros ritmos biológicos que hacen que necesidades fisiológicas como el sueño, la búsqueda sexual o el hambre se descompensen.

─Trastornos obsesivos compulsivos: este grupo de desórdenes, aunque clasificados dentro de las causas psicológicas deben tratarse realmente desde una óptica más psiquiátrica ya que frecuentemente el tratamiento psicológico se combina con la acción farmacológica de medicamentos psiquiátricos, como antidepresivos (tricíclicos e inhibidores de la recaptación de la serotonina) o benzodiacepinas.

─Trastornos psicóticos y esquizofrenia: en este caso pasa algo similar a lo que acabamos de comentar, con la diferencia de que también se incluyen fármacos neurolépticos (como el haloperidol) en el tratamiento de este grupo de trastornos. Por supuesto, los pacientes aquejados de trastornos psicóticos pueden llevar una vida totalmente normal, incluyendo la vida sexual, y seguir un tratamiento psicológico y psiquiátrico que los dote de recursos y técnicas de afrontamiento.

─Problemas de pareja, como la falta de comunicación: constituyen el mayor porcentaje de los casos. Por suerte, con la correcta terapia y con la voluntad de cambio de los componentes de la pareja estos conflictos se solucionan en pocas sesiones. Como decimos, el éxito está en función directa de la voluntad y del interés de ambas partes de la pareja.

─Otros factores relacionales que se estudiarán según el caso concreto.

Estos factores, sobre todo los de índole psicológica o psiquiátrica, han de tratarse con profundidad y hacer un estudio de casos pormenorizado. Estos trastornos suelen ser difíciles de expresar por parte de los pacientes ya que en muchas ocasiones estos generan sentimientos de vergüenza, por lo que es difícil expresarlos sin dejarse nada en el tintero.

Cuadro clínico y diagnóstico

Según el DSM, una de las mayores referencias en Psicopatología junto con la CIE-10 de la OMS, el trastorno de deseo sexual hipoactivo se caracteriza por:

  1. Disminución (o ausencia) de fantasías y deseos de actividad sexual de forma persistente o recurrente. El juicio de deficiencia o ausencia debe ser efectuado por el clínico, teniendo en cuenta factores que, como la edad, el sexo y el contexto de la vida del individuo, afectan a la actividad sexual.
  2. El trastorno provoca malestar acusado o dificultades de relación interpersonal.
  3. El trastorno sexual no se explica mejor por la presencia de otro trastorno (excepto otra disfunción sexual) y no se debe exclusivamente a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o a una enfermedad médica.

Como vemos, la explicación del cuadro clínico que proporciona el manual de trastornos psiquiátricos DSM excluye la posibilidad de que el trastorno se deba a etiología orgánica, farmacológica o física.

Se tiene que especificar también si es de toda la vida o adquirido y si se hace extensible a todas las situaciones o si, por el contrario, es específico para una situación en concreto.

También hay que destacar que el DSM ha cambiado, y que ha habido ciertas modificaciones y un salto desde el DSM-IV al DSM-V. Por ejemplo, en el caso del deseo sexual hipoactivo, para diagnosticarse tiene que haber pasado un transcurso de 6 meses desde que el paciente notó los primeros signos.

Cabe señalar también que la inapetencia sexual puede ser o bien primaria o bien secundaria. Se habla de deseo sexual hipoactivo primario cuando la persona nunca ha sentido especialmente impulso sexual, mientras que hablamos de secundario cuando el paciente ya no siente deseo, pero en etapas anteriores sí.

¿Qué pasos se siguen en la terapia?

Lo primero que hay que hacer una vez identificada la falta de deseo es descartar cualquier tipo de patología orgánica que pudiera estar influyendo. Una vez dado este paso y habernos asegurado de que la etiología es puramente psicológica, pasaremos a proponer al paciente terapia de pareja.

La terapia de pareja suele funcionar muy bien para tratar disfunciones sexuales como ésta. Al estar implicada directa o indirectamente la otra persona, es bueno que ambas se encuentren presentes durante la sesión para expresar sentimientos, emociones o sensaciones.

Así el terapeuta podrá encaminar la intervención hacia los intereses tanto del paciente como de su pareja. Desde luego, la resolución del trastorno dependerá de cuál es el causante.

Cada pareja es un mundo y cada caso concreto un universo, por lo que como profesionales tendremos que adaptarnos a estas circunstancias.

Por ejemplo, si nos encontramos que la causa subyacente es una conflictividad continua y reiterada en la pareja, con repetidas discusiones y con pocos proyectos de futuro en común, lo que tendremos que trabajar para recuperar la “chispa” será el reencuentro.

De todas formas, hay que considerar que una gestión adecuada de los conflictos puede ser muy beneficiosa y puede dotar a la pareja de recursos que harán que ambos se conozcan más y mejor.

Tendremos la hipótesis de que fomentando este reencuentro volverá el deseo, ya que sin éste raramente llegue a desencadenarse el deseo sexual, más aún si los conflictos son cosa del día a día.

También podemos encaminar las sesiones de terapia redirigiendo la atención del paciente hacia lo sexual; es decir, haciendo que erotice (de forma sana) su vida cotidiana a base tanto de estímulos internos como externos.

En cuanto a estímulos internos, podemos darle instrucciones al paciente para que evoque pensamientos eróticos, se centre en las sensaciones que la excitación sexual le provocaba o tenga imágenes mentales de fantasías sexuales.

Por otro lado, el paciente tendrá que abordar la cuestión haciendo uso de estímulos externos, como pueden ser caricias por parte de su pareja, la lectura de un texto erótico, etc. La imaginación del cliente o paciente también juega un importante papel aquí, al igual que la implicación de su pareja.

Si además de deseo sexual hipoactivo lo que encontramos es un cuadro de ansiedad, amén de trabajar con esto que acabamos de describir será necesario atacar también el problema a través del aprendizaje de técnicas de relajación, sobre todo imaginación autodirigida u otras técnicas como la relajación muscular progresiva.

Lo más urgente será aliviar el estrés y la ansiedad. En un marco ansioso, será imposible que un paciente con deseo hipoactivo se sienta cómodo y, lo que es más importante, con concentración plena para abatir el trastorno sexual.

La meditación en estos casos o recomendar al paciente hacer deportes como yoga para aumentar el equilibrio mente-cuerpo son también buenas armas en estos casos.

En resumen, la dinámica de una terapia en pareja en la que tenemos el problema del deseo hipoactivo de fondo tiene que perseguir los siguientes objetivos:

─Potenciar la fantasía erótica.

─Fomentar el juego entre la pareja, así como la seducción.

─Promover la práctica de la meditación y crear en el paciente o cliente un hábito, sobre todo si éste refiere síntomas ansiosos o incluso sintomatología depresiva.

─Instruir en la imaginación dirigida.

─Animar a que la pareja busque sensaciones nuevas y experiencias novedosas con vistas a que ambos recobren la pasión, no sólo el cliente. Si la pareja de éste se siente más a gusto, esto también redundará en el beneficio de nuestro paciente o cliente.

Obviamente, la habilidad del clínico es de suma importancia, pero el límite lo establece la imaginación del cliente y el consenso de su pareja, más aún cuando se trata de disfunciones sexuales.

También hay que tener en cuenta que si la pareja al fin y al cabo se lleva bien, se buscan y son cariñosos el uno con el otro, las cosas serán más fáciles y prácticamente saldrán solas.

La incidencia de este trastorno es mayor en mujeres que en hombres. Es por ello que la investigación se ha centrado sobre todo en descubrir qué factores hormonales femeninos pueden estar provocando el desinterés por la práctica sexual.

Recientemente se ha estado probando un fármaco, al cual no se quiere denominar “viagra rosa” pero que funcionaría de manera similar, cuyo principio activo es la flibanserina. Dicho principio activo fue concebido como antidepresivo, pero en la actualidad se están considerando otros usos.

Parece que la evidencia muestra que un exceso de serotonina hace que el individuo (tanto hombre como mujer en este caso, ambos sexos tienen serotonina en sus organismos) inhibe la búsqueda de actividad sexual, mientras que altos niveles de dopamina y noradrenalina hacen que el fuego se prenda.

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Graduada en Psicología. Máster en Criminología y Ciencias Forenses

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