Hafefobia: síntomas, causas y tratamientos

La hafefobia también conocida como afenfosfobia, hafofobia, hapnofobia, haptofobia o quiraptofobiapodría es el miedo que presenta una persona a ser tocada. Etimológicamente la palabra fobia significa “miedo, terror o pánico”.

La hafefobia forma parte de las llamadas fobias específicas, focalizándose el miedo o la fobia en un elemento concreto, en este caso, en el hecho de ser tocado por otra persona.

Afenfosfobia

En general, las personas tendemos a proteger lo que llamamos nuestro “propio espacio” o el espacio personal. En este caso, esta fobia específica haría referencia a la exacerbación de esta tendencia a la protección personal.

Las personas con hafefobia tienden a proteger de manera exagerada su propio espacio, llegando a temer por la contaminación o la invasión, por ejemplo.

En este caso, es una fobia específica donde la persona tiene miedo ante el hecho de tocar o ser tocado.

Debemos destacar que no es una fobia exclusiva hacia las personas extrañas. De hecho, la persona con hafefobia se protege incluso de personas que son conocidas para ella.

Cuando hablamos de que esta fobia es exclusiva de personas del sexo opuesto, la hafefobia se llama “contreltofobia” o “agrafobia”.

En todos los casos debemos advertir que se trata de una fobia específica considerada rara. Nos referimos a esta fobia como “específica” porque aunque la angustia es intensa se cristaliza sobre un elemento concreto, en este caso, ante el hecho de ser tocado por otra persona.

En este sentido, la persona elabora o lleva a cabo una serie de estrategias con el fin de evitarlo. Por ejemplo, conductas de evitación, con las que consigue evitar enfrentarse a eso que le produce tanto miedo (el hecho de ser tocado).

Las fobias específicas, y en este caso en la hafefobia, se produce un miedo intenso y persistente que es excesivo o irracional y que se desencadena porque la persona presencia la situación temida o la anticipa (o bien está ante la situación de que alguien le toca o bien lo anticipa).

Etiología y epidemiología de las fobias específicas

En general, las fobias específicas suelen tener un desencadenante discreto y se van instaurando y desarrollando a lo largo de los años de la infancia y de la adolescencia, persistiendo en muchos casos si no se trata en la edad adulta.

Las causas por las que la persona acaba desarrollando hafefobia se derivan de un mal aprendizaje. La persona con hafefobia generalmente ha sufrido una experiencia negativa que le ha hecho enfrentarse y reaccionar de esta manera ante su entorno.

Así, la persona puede haber sufrido, por ejemplo, alguna situación de invasión que le hace reaccionar de tal modo.

Se han desarrollado distintas teorías acerca de la etiología y la génesis de las fobias específicas. Algunas de ellas de corte psicoanalítico, por ejemplo, y otras de corte más cognitivo-comportamental.

A través del condicionamiento clásico se ha explicado el origen de las fobias, de modo que el miedo que la persona sufre, en este caso a ser tocada por otras personas, tiene su origen en un aprendizaje inadecuado.

Si no se interviene en las fobias específicas, su curso tiende a ser crónico. Es importante destacar que es bastante común que las personas tengan más de una fobia específica.

Generalmente, la persona con una fobia específica suele temer a un promedio de 3 situaciones u objetos (DSM-5, 2013) y aproximadamente el 75% de personas con fobias específicas temen a más de una situación u objeto.

En Estados Unidos, por ejemplo, la prevalencia anual de las fobias específicas en población general es del 7-9% y en países europeos son similares, en torno al 6%, siendo más bajas en Asia, África y en países de América Latina, sobre el 2 y el 4%.

No obstante, hemos de destacar que hablamos de la prevalencia en general de las fobias específicas, siendo la hafefobia una fobia específica de las consideradas raras porque son poco frecuentes.

Síntomas de la hafefobia

Los síntomas que la persona con hafefobia presenta son, en primer lugar, un miedo intenso y persistente ante dicha situación. Un miedo que es excesivo y que es irracional y que se presenta porque la persona teme que se produzca el hecho de ser tocada.

Al presentarse esta situación, se desencadena en la persona la respuesta de ansiedad, que puede incluso acabar desembocando en un ataque de pánico.

En los niños se pueden presentar síntomas como el llanto, el desencadenamiento de una rabieta, el aferrarse a una persona querida o quedarse inmóvil, por ejemplo.

Además del miedo intenso, otros síntomas que forman parte de los criterios diagnósticos para poder diagnosticar esta fobia específica según el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), son el hecho de que esa situación provoca una ansiedad inmediata y se evita o se resiste activamente con miedo o ansiedad intensa.

Además, para ser considerada hafefobia debe durar seis meses o más y causar un malestar clínicamente significativo o un deterioro en el área laboral, social o en otras áreas importantes del funcionamiento humano.

Cuando hablamos de la hafefobia, como en todas las fobias específicas, se produce una activación autónoma cuando la persona teme encontrarse en la situación temida; en este caso, ante la idea de ser tocada por otra persona.

En dicha situación, la persona sufre miedo y se activa el sistema nervioso simpático, teniendo síntomas como la taquicardia, las palpitaciones, sudoración, una respiración más acelerada, un aumento de la presión sanguínea y menor actividad gastrointestinal.

Además, como la persona tiene miedo, se producen conductas de evitación (la persona evita enfrentarse a dicha situación), así como conductas de búsqueda de seguridad que pretenden minimizar las amenazas y encontrarse mejor reduciendo la ansiedad.

Evaluación

Las fobias específicas son un problema de ansiedad que puede afectar muy negativamente a la calidad de vida de la persona que la padece. Por ello, y para poder intervenir en ellas, es importante la realización de una buena evaluación con el fin de que el tratamiento sea un éxito.

Hay diversos tipos de fobias específicas que quedan recogidos en el DSM-5, por ejemplo: a los animales, al ambiente natural, a la sangre, inyecciones o heridas y las fobias situacionales, además del subgrupo de fobias de otro tipo.

Asimismo, se considera que muchas de estas fobias específicas tienen una explicación filogenética, pensándose que podrían derivarse de miedos que la especie ha tenido y le han ayudado a sobrevivir, como el miedo a los animales, por ejemplo.

Si hablamos de los más frecuentes dentro de la tipología antes expuesta, podríamos decir que los más frecuentes son las situacionales, seguido de las fobias del ambiente natural, las de sangre, inyecciones y heridas y por último la de los animales.

La evaluación de la hafefobia como fobia específica se puede realizar a través de cuatro métodos: a través de la entrevista por parte de un profesional cualificado y experto, los autorregistros que se ofrecen a los pacientes durante las sesiones de evaluación, los cuestionarios o autoinformes que servirán de ayuda al profesional para obtener más información y la propia observación.

La entrevista se puede realizar de diversas maneras; sin embargo, el DSM-IV cuenta con una entrevista diagnóstica siguiendo los propios criterios de este manual diagnóstico, la ADIS-IV (Brown, DiNardo y Barlow, 1994).

La ADIS-IV es la Entrevista para los Trastornos de Ansiedad y evalúa estos problemas con una duración de entre una y dos horas. Permite evaluar al mismo tiempo otros problemas de atención clínica como pueden ser los problemas del estado de ánimo, los trastornos de abuso por drogas, la hipocondría o los trastornos de somatización.

Evalúa también acerca de la historia familiar de trastornos psicológicos del paciente o su historia médica, por ejemplo, permitiendo así obtener una evaluación más completa de la historia del problema del paciente.

Sin embargo, una buena evaluación de la hafefobia mediante la entrevista se puede llevar a cabo si contamos con un psicólogo experto y formado en los problemas de ansiedad.

Mediante esta evaluación, el psicólogo debe obtener información acerca de la historia del problema, las fluctuaciones del mismo, qué ha hecho antes para intentar solucionar el problema y qué ha conseguido, cuáles son las limitaciones que presenta y cuál es su motivación hacia el tratamiento, sus objetivos y las expectativas que presenta.

Se debe evaluar también acerca de las situaciones que teme y que evita (teniendo en cuenta que el foco principal reside en el miedo que tiene la persona a ser tocada por los demás), además de evaluar a nivel cognitivo, motor, etc., los síntomas que presente y viendo la intensidad, la duración y la frecuencia.

Debemos evaluar también las variables, tanto de tipo personal como situacional que mantienen la conducta problema y de qué manera interfiere en los distintos ámbitos de su vida.

Como hemos dicho al principio, también se puede realizar la evaluación a través de cuestionarios y autoinformes.

El problema que existe a la hora de evaluar la hafefobia es que nos encontramos ante una fobia considerada rara, por lo que es difícil encontrar un instrumento específico que evalúe este fobia, de modo que es mejor obtener la información a través de otros medios como puede ser la entrevista que estábamos comentando.

Otro de los instrumentos útiles a la hora de evaluar puede ser el autorregistro, incluyendo la situación, el momento del día, quién está presente, qué pasa antes y qué hace, siente o piensa la persona en la situación.

Por último, la observación también puede ser un medio para evaluar la hafefobia. Evaluar en la situación natural es una manera de realizarlo (puede observar el psicólogo pero si no es posible, puede hacerlo un coterapeuta, que puede ser por ejemplo un familiar).

Tratamiento psicológico

Según la explicación de corte conductual, basada en un aprendizaje inadecuado, será a través de las técnicas psicológicas cognitivo-conductuales mediante las que se pueda intervenir para solucionar dicho problema.

Así, que la persona aprenda a condicionar de nuevo es una buena estrategia para terminar con las fobias; en este caso, con la hafefobia.

Los tratamientos con mayor evidencia y mayor rigor científico para solucionar las fobias específicas como la hafefobia es la exposición in vivo (EV), el modelado participante y el tratamiento de Öst (Bados, 2009).

Por ejemplo, la exposición in vivo mejora reduciendo el miedo o la conducta de evitación. Para poder aplicar el tratamiento con el paciente es importante lograr un acuerdo con él, explicándole el problema que tiene y justificando el tratamiento a seguir.

La exposición in vivo permite al paciente eliminar la asociación entre la ansiedad y la situación que teme, permitiendole aprender a manejar la ansiedad y a comprobar que realmente no ocurren las consecuencias negativas que teme.

Para hacer una buena exposición in vivo es importante que la exposición sea gradual y que la velocidad sea adecuada según las necesidades del paciente (y consensuada con él).

Se debe realizar una jerarquía ordenando de menor a mayor ansiedad y partiendo siempre de las situaciones que menor ansiedad producen al paciente.

Puede construirse una jerarquía o varias y el paciente debe ir exponiéndose hasta superar la ansiedad que le produce la situación temida, en este caso, el miedo a ser tocado.

Referencias

  1. Academia Americana de Psiquiatría (2013). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Editorial médica Panamericana.
  2. Bados López, A. (2009). Fobias específicas. Facultat de Psicologia, Universitat de Barcelona.
  3. Gómez Torres, V. (2012). Cuidado: usted puede ser víctima de las fobias del sexo. Conózcalas.
  4. Tortella-Feliu, M. (2014). Los Trastornos de Ansiedad en el DSM-5. Revista Iberoamericana de Psicosomática, 110.
  5. Vilaltella, J. V. Las fobias. Universidad de Lleida.

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