Hipersomnia: Síntomas, Causas y Tratamiento

La hipersomnia o hipersomnolencia es una condición en la que la persona afectada tiene problemas para permanecer despierta durante el transcurso del día (American Sleep Association, 2016).

Seguramente has tenido días en los que has sentido una gran falta de energía y unas ganas inmensas de dormir. Esto hace que no puedas cumplir con tus actividades cotidianas o que te cueste más de lo normal hacerlas. De hecho, según la National Sleep Foundation, un 40% de la gente ha sentido ciertos síntomas de hipersomnia alguna vez.

Sleepy Woman In The Office

Sin embargo, normalmente se tratan de casos no patológicos en los que esta situación se da muy de vez en cuando y se soluciona rápidamente con un descanso adecuado. Estamos hablando de un trastorno cuando la somnolencia excesiva se da durante mucho tiempo de forma crónica. Los individuos con hipersomnia pueden quedarse dormidos en cualquier momento y situación, aunque estén en el trabajo o conduciendo.

Esta condición suele ser un síntoma de alguna enfermedad, aunque también puede aparecer por trastornos del sueño o el uso de algunos tipos de fármacos.

En este artículo podrás descubrir las características, causas, síntomas, diagnóstico, así como las formas de tratar la hipersomnia.

Características de la hipersomnia

La hipersomnia es un trastorno del sueño caracterizado por una gran necesidad, no intencionada, de dormir. Se da generalmente durante el día (lo que se denomina hipersomnia diurna), y provoca que el individuo desee dormir varias siestas en el mismo día.

Otra característica distintiva es que poseen serias dificultades para despertarse. También aparece cuando el sueño nocturno es muy prolongado, al dormir más de diez horas.

La hipersomnia se diferencia de las condiciones normales en que ésta hace que exista una interferencia en las actividades sociales, así como problemas en la concentración y en la memoria. Además, los síntomas de somnolencia deben mantenerse al menos tres meses.

Esta condición parece afectar, aproximadamente, al 5% de la población. Se ha estimado que es más frecuente en hombres que en mujeres.

Hay muchas causas que pueden producir la hipersomnia, aunque la más común es la apnea del sueño, que afecta a un 4% de la población. Quizá esta diferencia en la frecuencia de la hipersomnia entre hombres y mujeres se deba a que ellos son mucho más propensos a padecer apnea del sueño.

Síntomas

La hipersomnia se caracteriza principalmente por una sensación de somnolencia continua y excesiva, así como ataques de sueño a lo largo del día. Así, el paciente siente que no puede pensar con claridad y que tiene dificultades para cumplir sus obligaciones diarias.

También puede haber un aumento del tiempo del sueño que generalmente va de 14 a 18 horas. Al dormir más cantidad de tiempo, es más difícil despertarse, lo que se conoce como “embriaguez del sueño”.

Según el DSM-V, en la hipersomnia el paciente presenta una somnolencia excesiva a pesar de haber dormido durante siete horas o más. Los síntomas están presentes al menos tres veces a la semana en un periodo mínimo de tres meses, y son: períodos recurrentes de sueño en el mismo día, un período excesivo de sueño (más de 9 horas) que no es reparador y una gran dificultad para estar despierto después de un despertar brusco.

La hipersomnia conlleva ansiedad, irritabilidad, pérdida del apetito, falta de energía y vigor, así como dificultad para concentrarse, pensamiento lento y problemas de memoria.

Aunque, en principio, la hipersomnia no parece tener efectos graves en la salud del paciente. Puede llegar a afectar a su vida social, perjudicando su esfera laboral, de pareja y familiar, incluso podría ser una causa importante de accidentes de tráfico.

Si no se realiza ninguna terapia, la hipersomnia puede volverse crónica, llegando al punto de dormir más horas de las que se está despierto.

Causas

La causa más común de hipersomnia es la falta de sueño nocturno, que puede ser voluntaria o por motivos externos. Esta última se refiere cuando la persona tiene un trabajo o demasiadas ocupaciones que le impiden dormir lo necesario. Debemos recordar que un adulto requiere siete horas de sueño como mínimo.

La hipersomnia también puede producirse por la fragmentación del sueño, es decir, cuando se dan varios despertares a lo largo de la noche. Así, el sueño no es continuo, lo que afecta a la calidad y la duración de éste.

Estas interrupciones del sueño son típicas de trastornos del sueño como el síndrome de apnea/hipopnea obstructiva del sueño. Este síndrome se caracteriza por una falta de flujo aéreo y un esfuerzo respiratorio que dura 10 segundos o más. Como consecuencia, se dan microdespertares durante la noche, con el resultado de un descanso pobre en la persona afectada.

La fragmentación del sueño también puede producirse por el síndrome de piernas inquietas. Se trata de movimientos periódicos de las piernas durante el sueño, los cuales son involuntarios, se dan de forma repetitiva y pueden tener un origen encefálico o espinal. Si son muy repetitivos pueden afectar el sueño nocturno y causar hipersomnia.

La hipersomnia también se vincula con la narcolepsia, el síndrome de Klein-Levin o de la bella durmiente, trastornos genéticos, tumores y lesiones cerebrales, etc.

También la hipersomnia puede aparecer como síntoma de otras enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson, la obesidad, epilepsia, esclerosis múltiple o depresión.  Al igual que con el abuso de sustancias o la ingesta de ciertos medicamentos que inducen el sueño.

¿Qué tipos de hipersomnia existen?

Según su causa, la hipersomnia puede clasificarse de diferentes maneras:

– Hipersomnia primaria: es mucho menos frecuente que la secundaria, afecta a menos del 1% de la población y se vincula con el síndrome de Klein-Levin o hipersomnia recurrente, o narcolepsia. Suele asociarse con trastornos genéticos como el síndrome de Prader-Willi.

– Hipersomnia secundaria: es más habitual. En este caso la somnolencia se debe a otras condiciones como la depresión, la esclerosis múltiple, la epilepsia, síndrome de piernas inquietas y privación del sueño. La causa más común está dentro de esta categoría, y como se mencionó, es la apnea del sueño.

– Hipersomnia idiopática: No es muy común y se trata de una excesiva somnolencia diurna sin causa explicable, después de haber descartado otras posibles patologías. Fue descubierta hace relativamente poco, en 1976. Sin embargo, todavía no hay una definición clara.

Los pacientes con este trastorno indican un aumento del sueño, así como la necesidad de realizar siestas diurnas. Además de dormir durante la noche, las personas afectadas dormirán a lo largo del día entre 1 y 4 horas. El sueño no es reparador y les cuesta mucho despertar por la mañana.

– Hipersomnia postraumática: esta puede presentarse después de un traumatismo craneoencefálico. Se produce una excesiva somnolencia nocturna, así como siestas prolongadas. Normalmente aparecen inmediatamente después del traumatismo, pero desaparecen después de varias semanas o meses.

Según la intensidad:

– Hipersomnia recurrente: es la más extrema. Se trata de un aumento en la cantidad de tiempo de sueño nocturno (pudiendo ser unas 16 horas). El paciente puede estar semanas o meses durmiendo muchas horas durante la noche y con una somnolencia diurna importante. Estas etapas se intercalan con otras de normalidad.

Dentro de este tipo de hipersomnia el más famoso es el síndrome de Kleine-Levin, conocido también como el síndrome de la bella durmiente. Es una enfermedad rara que se presenta en adolescentes, siendo más frecuente en varones. De hecho, aproximadamente el 68% de los afectados son hombres y el 81% son adolescentes. Se acompaña de hiperfagia (gran apetito e ingestión excesiva de alimentos), hipersexualidad, cambios en el estado de ánimo y alucinaciones.

Los individuos afectados por este trastorno pueden dormir hasta 18 horas al día. La causa de este síndrome se desconoce, aunque puede deberse una disfunción en el hipotálamo, la parte del cerebro que se encarga de regular el sueño, el apetito, y el deseo sexual (entre otras funciones). También se ha encontrado un posible vínculo entre este síndrome y el gen HLA DQB1* 0201.

Se estima que en el mundo hay aproximadamente 1000 personas afectadas por el síndrome de la bella durmiente. En el Reino Unido alrededor de 40 personas lo padecen.

Han existido casos famosos de personas afectadas por el síndrome de Kleine-Levin. Uno de ellos es el de Beth Goodier, una chica británica que tiene temporadas en las que está despierta solo 2 horas al día.

Los familiares de los afectados crearon en 2011 una organización llamada KLS Support UK con el objetivo de apoyar a los pacientes. Sus objetivos son aumentar la conciencia sobre el trastorno en la comunidad médica y en el público en general, e incentivar la investigación para encontrar un tratamiento adecuado.

También ha tenido mucha repercusión el caso de Stacey Comerford, una joven que tuvo un período de somnolencia de 2 meses en los que dormía durante 20 horas al día. Solo se despertaba para ir al baño, comer y beber. Esto afectó su rendimiento escolar, pues no pudo presentarse a los exámenes en el colegio. En principio los médicos creyeron que se trataba de un tumor cerebral, pero finalmente fue diagnosticada de este trastorno.

Diagnóstico

Según Palma (2015) para el diagnóstico es fundamental la historia clínica proporcionada del paciente para observar si el aumento de sueño se debe a otras patologías. Lo importante es intentar descubrir a qué se debe para poder hacer un adecuado diagnóstico y tratamiento.

Existen diversas pruebas que verás a continuación que sirven para distinguir si se trata del trastorno de hipersomnia, o bien la somnolencia proviene de otras enfermedades.

También es necesario un examen físico que pueda revelar trastornos cardiológicos o respiratorios. La evaluación cognitiva es importante para pacientes con somnolencia diurna y problemas de memoria.

Por otro lado, resulta fundamental explorar la sensibilidad para descartar una neuropatía periférica en pacientes con piernas inquietas.

Para el diagnóstico también se suelen utilizar diferentes escalas de evaluación subjetivas. La más conocida es la escala de somnolencia de Epworth (EES), donde el paciente utiliza una puntuación de 0 a 3 para evaluar la posibilidad de dormirse en 8 situaciones diferentes.

Es muy útil además el índice de calidad del sueño de Pittsburgh (PSQI) que mide la calidad del sueño en el último mes. El cuestionario STOP-Bang se utiliza para detectar pacientes con síndrome de apneas obstructivas del sueño (SAOS).

Otras pruebas útiles son la escala internacional del síndrome de piernas inquietas (IRLS), el índice de severidad del insomnio (ISI) y la escala de trastorno de conducta del sueño REM de Innsbruck.

Como pruebas diagnósticas objetivas se utiliza el polisomnograma nocturno hospitalario para los posibles trastornos del sueño.

También se utiliza la prueba de las latencias múltiples que consiste en 5 siestas de 20 minutos realizadas cada 2 horas a lo largo del día. La latencia de sueño de cada siesta se mide por el tiempo desde que el sujeto intenta dormir hasta que entra en la primera fase de sueño. Esta prueba ayuda a determinar la narcolepsia con o sin cataplejía.

El test de mantenimiento de la vigilia mide capacidad del paciente para mantenerse despierto durante el día. Este test ayuda tanto a diagnosticar la hipersomnia como a comprobar si está respondiendo al tratamiento.

Para evaluar si existen trastornos del ritmo circadiano se usa la actigrafía. Consiste en un dispositivo que se lleva de pulsera cuya función es registrar los movimientos del paciente. Así, determina los periodos de vigilia y de sueño, intuyendo si el patrón es adecuado o no.

Tratamiento

El tratamiento de la hipersomnia depende principalmente de la causa que la haya producido. En algunas ocasiones, sencillamente controlando la higiene del sueño y durmiendo adecuadamente el paciente se recuperará. Aunque lo más efectivo es tratar la enfermedad subyacente. Los tratamientos más comunes incluyen:

Higiene del sueño

Se trata de educar al paciente para tener un buen descanso, donde puede utilizarse la terapia conductual. Los objetivos son:

– Establecer horarios rutinarios para dormir lo necesario en la noche (unas ocho horas diarias).

-Evitar cenas abundantes y sustancias como la cafeína, el chocolate y los antihistamínicos.

– Abstenerse de realizar actividades estimulantes antes de ir a la cama.

-No realizar ejercicio físico unas horas antes de acostarse.

-Desconectarse de la televisión, el móvil u otros aparatos electrónicos dos horas antes de ir a dormir.

– Evitar las siestas diurnas.

-Mantener la habitación organizada y confortable.

-Acostarse con un estado de ánimo relajado, evitando discusiones y preocupaciones que interfieran con un sueño reparador.

Tratamiento farmacológico

En los casos más graves se aplican tratamientos farmacológicos con medicamentos estimulantes como las anfetaminas o el modafinilo, que posee una mejor tolerancia y menos efectos secundarios.

Otras opciones no farmacológicas

Como medidas no farmacológicas se recomienda realizar ciertas terapias corporales para que pueda detectarse la somnolencia y así levantarse y hacer ejercicios para despertarse. También pueden aplicarse técnicas para trabajar la concentración y la memoria.

Referencias

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Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Cursando Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

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