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Frases » Frases de temas » Hipnóticos

Hipnóticos

Molécula de la oleamida, un hipnótico. Fuente: Yikrazuul, Wikimedia Commons

¿Qué son los hipnóticos?

Los hipnóticos son fármacos empleados para producir somnolencia en las personas, permitiendo tratar trastornos de ansiedad y del sueño. El grupo de fármacos hipnóticos está estrechamente relacionado con el grupo de medicamentos sedantes.

La principal acción que producen los fármacos hipnóticos es somnolencia. En cambio, los fármacos sedantes tienen como principal objetivo terapéutico reducir la ansiedad, generar sensaciones analgésicas y promover la calma. 

En la actualidad, los hipnóticos son sustancias que se utilizan principalmente para inducir el sueño, por lo que se les conoce popularmente como somníferos.

Características de los hipnóticos

– Efecto principal. Inducen el sueño (disminuyen la latencia del sueño), aumentan la duración total del sueño, y algunos mejoran la continuidad del sueño (menos despertares nocturnos).

– Acción sobre el sistema nervioso central. Son depresores del sistema nervioso central (SNC). La mayoría actúa potenciando el efecto del GABA (principal neurotransmisor inhibidor). Producen sedación, relajación y disminución de la actividad cerebral.

– Vida media. Pueden ser de acción corta (útiles para dificultad para conciliar el sueño), acción intermedia (para mantener el sueño), o de acción larga (pueden producir somnolencia residual al día siguiente).

– Efectos secundarios. Somnolencia diurna, mareo, alteraciones de memoria, disminución de la concentración o riesgo de caídas (especialmente en adultos mayores).

– Riesgo de tolerancia y dependencia. Con el uso prolongado pueden generar tolerancia (necesidad de aumentar dosis), dependencia física y psicológica y síndrome de abstinencia al suspenderlos bruscamente.

– Alteraciones del sueño. Algunos pueden modificar las fases del sueño (por ejemplo, disminuir el sueño REM).

Tipos de hipnóticos

Los hipnóticos pueden clasificarse, de forma general, en dos grandes categorías: los hipnóticos orales e intravenosos.

Los orales se administran por vía oral. Suelen emplearse para tratar el insomnio grave y deben ser consumidos siempre bajo prescripción médica. Resulta conveniente no abusar de este tipo de sustancias, ya que pueden generar adicción, por lo que se suele recomendar emplearlos con cautela.

Por su parte, los hipnóticos intravenosos e inhalatorios son sustancias que se emplean para anestesiar y durante la sedación en ambiente hospitalario. Son fármacos vitales para permitir la inducción y el mantenimiento de la anestesia, y suelen emplearse junto con medicamentos mórficos u opiáceos, así como con relajantes musculares.

  • Barbitúricos. Familia de fármacos derivados del ácido barbitúrico. Actúan como depresores del sistema nervioso central y su ingesta genera una amplia gama de efectos sobre el funcionamiento cerebral. Sus efectos pueden ir desde la sedación suave hasta la anestesia total. Asimismo, actúan como ansiolíticos y como anticonvulsivos. Los barbitúricos se caracterizan también por producir un potente efecto hipnótico a nivel cerebral. Su consumo produce sensaciones de somnolencia y disminuye el estado de alerta de la persona. Son sustancias liposolubles, por lo que se disuelven con facilidad en la grasa del organismo. Los barbitúricos traspasan con facilidad la barrera hematoencefálica y se introducen en las regiones cerebrales. A nivel cerebral, actúan impidiendo el flujo de iones de sodio entre neuronas y favoreciendo el flujo de iones de cloruro. Se acoplan a los receptores GABA del cerebro y aumentan la acción del neurotransmisor. De esta manera, los barbitúricos incrementan la actividad de los neurotransmisores GABA y aumentan el efecto depresor que este produce a nivel cerebral. El consumo regular de barbitúricos suele generar adicción y dependencia. La intoxicación producida puede causar la muerte si se consumen dosis muy elevadas o se mezclan con alcohol.
  • Propofol. Agente anestésico intravenoso. La duración de sus efectos es breve y actualmente tiene licencia aprobada para la inducción de anestesia general para adultos y para niños mayores de tres años. Su uso terapéutico principal consiste en mantener la anestesia general de los pacientes. Asimismo, se utiliza como sedante en el contexto de unidades de cuidados intensivos. El propofol se aplica mediante diversas fórmulas con el objetivo de incrementar su tolerancia. Actualmente, se suele emplear en formulaciones basadas en aceite de soja, propofol, fosfolípido de huevo, glicerol e hidróxido de sodio. Al consumir esta sustancia, el propofol se une a las proteínas plasmáticas y es metabolizado en el hígado. La duración de sus efectos es corta y desempeña una acción rápida. No obstante, el empleo de este fármaco puede ocasionar efectos secundarios, como depresión cardiorrespiratoria, amnesia, mioclonías, dolor en la región corporal de administración y reacciones alérgicas en personas sensibles a sus componentes.
  • Etomidato. Fármaco hipnótico derivado del carboxilado imidazólico. Es una sustancia de acción corta que genera importantes efectos anestésicos y amnésicos. No obstante, se diferencia de otros medicamentos hipnóticos al no generar efectos analgésicos. Su efecto empieza justo después de su administración. Concretamente, comiemza a actuar entre los primeros 30 y 60 segundos. El efecto máximo se alcanza durante el minuto posterior de su administración y la duración total del fármaco se sostiene durante unos 10 minutos aproximadamente. Resulta un medicamento seguro que se utiliza de forma habitual en inducción anestésica y para obtener sedación en ambiente hospitalario. Los efectos cardiovasculares son mínimos, y como efectos secundarios presenta dolor en la administración intravenosa y supresión suprarrenal.
  • Ketamina. Droga disociativa que presenta un potencial alucinógeno importante. Es una sustancia derivada de la fenciclidina que se utiliza en ambientes terapéuticos por sus propiedades sedantes, analgésicas y especialmente anestésicas. Su principal característica como fármaco hipnótico es que su consumo induce una anestesia disociativa. Es decir, genera una disociación funcional y electrofisiológica entre el sistema talamocortical y el sistema límbico del cerebro. Esto hace que los centros superiores no puedan percibir estímulos auditivos, visuales o dolorosos sin generar depresión respiratoria. Con el consumo de ketamina los ojos permanecen abiertos y la mirada perdida. En este sentido, el efecto clínico de la ketamina se define como “bloqueo sensorial somestésico con amnesia y analgesia”. Durante los últimos años, el uso de la ketamina en el ámbito medicinal se ha reducido significativamente por su poder alucinógeno y la posibilidad de inducir estados psicóticos posanestésicos. En contrapartida, la ketamina es una sustancia que se utiliza cada vez más con finalidades recreativas, comercializada bajo el nombre de “Polvo K”. Su uso suele generar adicción, por lo que cada vez son más numerosos los casos de abuso de ketamina. En ciertos casos, su consumo se suele combinar con psicoestimulantes, como la cocaína o la metanfetamina.
  • Benzodiacepinas. Fármacos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central. Su consumo produce principalmente efectos sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes. En este sentido, las benzodiacepinas son uno de los medicamentos más utilizados en salud mental, principalmente para tratar ansiedad, insomnio, alteraciones afectivas, epilepsia, abstinencia alcohólica y espasmos musculares. Asimismo, se utilizan en ciertos procedimientos invasivos, como la endoscopia, para reducir el estado ansioso de la persona e inducir sedación y anestesia. En la actualidad, existen muchos tipos de benzodiacepinas; todas (excepto el clorazpeto) son absorbidas completamente por el organismo. Cuando alcanzan las regiones cerebrales, actúan como agentes depresores del sistema nervioso de una forma más selectiva que los barbitúricos. Estos fármacos se acoplan a los receptores específicos para las benzodiacepinas del sistema nervioso central, los cuales forman parte del complejo ácido gamma-aminobutírico (GABA). En este sentido, presentan una acción similar a la de los barbitúricos, pero con efectos más específicos. Por eso, en la actualidad son medicamentos mucho más seguros que generan menos efectos secundarios y que se utilizan más frecuentemente en la medicina. En lo que respecta a su capacidad hipnótica, las benzodiacepinas pueden resultar útiles para el tratamiento a corto plazo del insomnio. Su administración está recomendada solo para un periodo de dos a cuatro semanas debido al riesgo que presentan de generar dependencia. Las benzodiacepinas son tomadas preferentemente de modo intermitente y con la menor dosis posible para combatir el insomnio. Estos fármacos se han mostrado útiles para mejorar los problemas relacionados con el sueño, acortando el tiempo necesario para quedarse dormido y prolongando el tiempo que se duerme. En cuanto a la anestesia, la benzodiacepina más utiliza es el Midazolam debido a su vida media corta y a su perfil farmacocinético.
  • Análogos de benzodiacepinas. Los análogos de benzodiacepinas son fármacos que interaccionan con el receptor BZD/GABA/CL. Su administración provoca la entrada de iones de cloro del complejo ácido gamma-aminobutírico (GABA), por lo que genera efectos depresores sobre el sistema nervioso central. Los más importantes son el zolpidem, la zopiclona y el zaleplon. Su funcionamiento es similar al de las benzodiacepinas y presentan una alta selectividad por los receptores benzodiacepínicos del cerebro. Sus efectos principales se caracterizan por generar una alta conservación de la arquitectura del sueño y bajos efectos miorrelajantes. Asimismo, estas sustancias presentan un elevado potencial de dependencia si se utilizan a largo plazo. Para el tratamiento del insomnio, en la actualidad existe cierta controversia sobre sí los análogos de benzodiacepinas son más o menos eficaces que los fármacos benzodiacepínicos. De forma general se sostiene que la eficacia de ambos fármacos es similar. Las benzodiacepinas presentan la ventaja de resultar más potentes en tratamientos de corta duración, pero los análogos de benzodiacepinas permiten reducir prácticamente a la mitad los efectos secundarios.
  • Melatonina. Hormona que se sintetiza a partir del aminoácido esencial de triptófano. Se genera principalmente en la glándula pineal y participa en varios procesos celulares, neuroendocrinos y neurofisiológicos. La principal acción consiste en regular el estado de sueño y vigilia. Está en parte regulada por la iluminación exterior y presenta niveles de actividad bajos durante el día y altos durante la noche. El incremento de actividad de esta hormona indica al organismo la necesidad de dormir y, por lo tanto, es la sustancia encargada de generar las sensaciones de sueño. En su uso terapéutico, ha sido aprobada como medicamento para el tratamiento a corto plazo del insomnio primario en personas mayores de 55 años. No obstante, para muchos otros tipos de trastornos del sueño no resulta eficaz.
  • Antihistamina. Sustancias que sirven principalmente para reducir o eliminar los efectos de las alergias. Actúan a nivel cerebral bloqueando la acción de la histamina a través de la inhibición de sus receptores. No obstante, a pesar de que el uso principal de estos medicamentos es el tratamiento de alergias, la sedación es un efecto secundario que se observa en prácticamente todos los casos. Por eso, estos fármacos se utilizan hoy en día también con fines sedativos y algunos antihistamínicos, como la difenhidramina o la doxilamina, se emplean para el tratamiento del insomnio.
  • Antidepresivos y antipsicóticos. Finalmente, los antidepresivos y los antipsicóticos son grupos farmacológicos que no presentan la somnolencia como principal efecto terapéutico. Los antidepresivos se utilizan principalmente para el tratamiento de trastornos depresivos mayores y algunos desórdenes de conducta alimentaria y alteraciones de ansiedad. Los antipsicóticos se utilizan comúnmente para tratar la psicosis. Los usos terapéuticos de ambos no resultan exclusivos. En este sentido, ciertos antidepresivos como la amitriptilina, la doxepina, la trozadona o la mirtazapina, y ciertos antipsicóticos como la clozapina, la clorpromazina, la olanzapina, la quetiapina o risperiadon, se utilizan para tratar el insomnio.
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Referencias

  1. Brunton, L.L., Lazo, J.S., Lazo Parker, K.L. “17: Hypnotics and Sedatives”. Goodman & Gilman’s The Pharmacological Basis of Therapeutics (11th ed.). McGraw Hill.
  2. Joint Formulary Committee. British National Formulary (BNF) (65 ed.). Pharmaceutical Press.
  3. Nemeroff, C.B. Essentials of clinical psychopharmacology American Psychiatric Press.
  4. Schatzberg, A.F., Nemeroff, C.B. The American Psychiatric Publishing Textbook of Psychopharmacology. American Psychiatric Publishing.
  5. Stahl, S.M. Psicofarmacologia esencial. Ariel. 

Cita este artículo

Lifeder. (26 de febrero de 2026). Hipnóticos. Recuperado de: https://www.lifeder.com/hipnoticos/.

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Por Marcel Gratacós

Graduado en Psicología y Máster en Psicopatología Clínica del Adulto.
Última edición el 26 de febrero de 2026.

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