Breve historia de la psicología y antecedentes

La historia de la Psicología comienza con el filósofo escolástico Rudolf Göckel, quien propuso el primer uso de la palabra “psicología” en un manuscrito que se publicó en 1590.

Otto Casmann, un humanista alemán, también hizo un uso temprano del término. Entre sus numerosos trabajos en las áreas de la filosofía, teología y las ciencias naturales hay uno que incluye la palabra “psicología” en su título: Psychologia anthropologica, impreso en 1594. 

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El uso del término no se hizo popular hasta que el filósofo idealista alemán Christian Wolff lo utilizó en su Psychologia empirica and Psychologia rationalis en 1734. En Inglaterra, la psicología no dejó de verse como una rama de la filosofía hasta la mitad del siglo XIX, con el trabajo de William Hamilton. Hasta entonces, era conocida como la “filosofía de la mente”.

Las primeras teorías psicológicas

Sin embargo, mucho tiempo antes de esto, las antiguas culturas ya especulaban sobre la naturaleza de la mente, el alma y el espíritu humano. Estas antiguas teorías no se pueden considerar psicología como tal debido a la definición actual del término, pero constituyeron un inicio.

En el Antiguo Egipto, el papiro de Edwin Smith (1550 a.C.) contiene una primera descripción del cerebro. Este papiro es un documento médico preservado, que forma parte de otro tratado mucho más antiguo. En él, se especulaba sobre las funciones del cerebro (aunque fuera en un contexto médico).

papiro de smith
Papiro de Smith

Otros documentos médicos antiguos estaban llenos de conjuros para echar a los demonios que creían causantes de sus enfermedades y otras supersticiones, pero el papiro de Edwin Smith proporciona remedios para al menos cincuenta condiciones y solo una de ellas incluye encantamientos.

Los filósofos griegos antiguos (550 a.C.) desarrollaron una teoría elaborada sobre lo que ellos denominaron la psuchẽ (palabra de la cual deriva la primera parte de la palabra “psicología”), así como otros términos “psicológicos” (nous, thumos, logistikon). De ellos, los más influyentes fueron los postulados de Platón y de Aristóteles.

En el Manual de Disciplina de los Pergaminos del Mar Muerto, escrito en hebreo (21 a.C. – 61 d.C.), está descrita la división de la naturaleza humana en dos temperamentos.

En Asia, China tuvo una gran historia de administración de tests como parte de su sistema educacional. En siglo VI d.C, Lin Xie llevó a cabo un experimento psicológico temprano en el que pedía a los participantes que dibujaran un cuadrado con una mano y, a la vez, un círculo con la otra mano, para comprobar la vulnerabilidad a la distracción de las personas.

Durante la Edad de Oro del Islam (siglos IX-XIII), los académicos islámicos tuvieron una fuerte influencia por parte de los filósofos griegos e indios. En sus escrituras, desarrollaron el término Nafs (el alma o el self), utilizado para describir la personalidad individual de cada uno.

Abordaron, también, una amplia variedad de facultades que incluían el qalb (corazón), el aql (intelecto) y el irada (voluntad). El estudio de las enfermedades mentales era una especialidad en sí misma, conocida como al-‘ilaj al-nafs, cuya traducción aproximada es la “cura o tratamiento de las ideas/alma”.

Los comienzos de la psicología occidental: René Descartes

La psicología occidental temprana se veía como el estudio del alma, en el sentido cristiano del término. Hasta la mitad del siglo XIX, la psicología se consideraba una rama de la filosofía, fuertemente influida por René Descartes.

Las ideas del filósofo Descartes fueron importantes para la ciencia pero, sobre todo, para la psicología. Vivió desde 1596 hasta 1650 y trabajó para responder a la pregunta “¿Son la mente y el cuerpo diferentes, o lo mismo?”. Su respuesta fue conocida como el dualismo cartesiano, que consiste en la idea de que el cuerpo y la mente son diferentes, pero la mente puede influir en el cuerpo y el cuerpo puede influir en la mente.

Esta idea permitió a los científicos emergentes del Renacimiento convivir con la iglesia. La iglesia podía seguir trabajando para influir en la mente de los individuos y los científicos podían estudiar el cuerpo, de forma que cada grupo tenía su propia área.

Descartes sugirió que, mientras la mente era la fuente de las ideas y los pensamientos (los cuales fueron correctamente localizados en el cerebro), el cuerpo era una estructura que funcionaba como una máquina y que debía ser estudiada y comprendida.

Descartes creía tanto en el nativismo como en el racionalismo. Un nativista cree que todo el conocimiento es innato, mientras un racionalista cree que, para ganar conocimientos, los individuos racionalizan o descubren la verdad a través de la experiencia y las operaciones de la mente.

Descartes se esforzó para racionalizar su propia existencia, intentando demostrar que él era real (de un modo filosófico). Su respuesta al problema fue “Cogito, ergo sum” (“Pienso, luego existo”).

Los filósofos de las escuelas del empirismo y asociacionismo británicos tuvieron un profundo impacto en el curso posterior de la psicología experimental. Los tratados de John Locke, George Berkeley y David Hume fueron particularmente influyentes. También fue notable el trabajo de algunos filósofos racionalistas continentales, especialmente Baruch Spinoza.

El mesmerismo y la frenología

Los debates sobre la eficacia del mesmerismo (hipnosis) y el valor de la frenología también influyeron en la disciplina emergente que era la psicología.

El mesmerismo fue desarrollado en la década de 1770 por el médico austríaco Franz Mesmer, que afirmaba que podía usar el poder de la gravedad y del “magnetismo animal” para curar varias enfermedades físicas y mentales.

Mientras Mesmer y sus tratamientos empezaron a estar de moda en Viena y en París, también empezó a ser criticado. A pesar de esto, la tradición continuó entre los estudiantes de Mesmer y otros, resurgiendo en Inglaterra en el siglo XIX en los trabajos de los médicos John Elliotson, James Esdaile y James Braid, que cambió el nombre del mesmerismo por “hipnotismo”.

En Francia, la práctica del hipnotismo ganó seguidores después de ser adoptada para el tratamiento de la histeria por parte de Jean-Martin Charcot, director de un hospital.

La frenología comenzó como “organología”, una teoría de la estructura del cerebro desarrollada por el médico alemán Franz Joseph Gall. Gall argumentaba que el cerebro estaba dividido en un gran número de órganos funcionales, cada uno de ellos responsable de una de las habilidades o disposiciones mentales de los humanos (esperanza, amor, lenguaje, detección de color, forma…).

Afirmaba que, cuanto más grandes fueran estas estructuras, mejor eran las habilidades que les correspondieran. También escribió que se podía detectar el tamaño de los órganos palpando la superficie del cráneo de una persona. La teoría de la organología de Gall fue tomada por su asistente Spurzheim, que la desarrolló para convertirla en la frenología.

La frenología siguió su curso y fue finalmente descartada por los escépticos, pero no sin hacer importantes contribuciones a la psicología. En primer lugar, la frenología enfatizaba que el cerebro es el órgano de la mente y que si queremos entender la mente y el comportamiento humano, el cerebro es el área central que tenemos que estudiar.

En segundo lugar, la idea de la localización de las funciones (las distintas partes del cerebro tienen ciertas especialidades) es una idea que aún sigue con nosotros. El cerebro no es tan fácil de comprender como algunos escritores populares creen, pero hay estructuras cerebrales que se especializan en realizar ciertas funciones.

A pesar de que los métodos de la frenología no duraron, algunas de los supuestos tuvieron un gran valor para la psicología.

¿Cómo fueron los comienzos de la psicología experimental?

En Alemania, Hermann von Helmholtz condujo en la década de 1860 una serie de estudios que trataban muchos temas que, más tarde, serían de interés para los psicólogos: la velocidad de la transmisión neuronal, nuestra percepción de los sonidos y los colores…

Helmholtz contrató a un joven doctor como asistente, Wilhelm Wundt, que más tarde empleó el equipamiento del laboratorio de Helmholtz para abordar cuestiones psicológicas más complejas que las que, hasta ese momento, habían sido consideradas experimentalmente.

Wundt fundó el primer laboratorio de psicología en 1879. Uno de sus estudiantes, Titchener, comenzó a promover su propia variante de la psicología wundtiana, llamada “estructuralismo”. El estructuralismo estudiaba la anatomía de la mente para entender su funcionamiento y, al morir Titchener, derivó en un enfoque alternativo a la psicología: el funcionalismo.

William James fue un psicólogo y filósofo alemán que popularizó la psicología funcional. El funcionalismo se centra más en las funciones de la mente, en lugar de su estructura, y optó por la introspección para relatar objetivamente la experiencia consciente en el proceso de captar y juzgar los estímulos.

James se opuso a la división de la consciencia en estructuras de Freud y apoyó los procedimientos experimentales y los estudios comparativos. Stanley Hall también contribuyó a la fundación del funcionalismo y se interesó por el desarrollo de los niños, creando la psicología evolutiva y educativa.

Charles Darwin, por su parte, fue el primero que condujo un estudio sistemático en el área de la psicología evolutiva, basado en las observaciones sobre su hijo.

Esta transición desde el estructuralismo hacia el funcionalismo refleja los rápidos cambios que se daban en aquellos tiempos en la psicología. En tan solo veinte años (1880-1900), el principal punto de coordinación de la psicología cambió de Alemania a América.  

Los inicios del conductismo

El conductismo comenzó en 1913 con John B. Watson y tenía como objetivo estudiar únicamente las conductas y procesos totalmente objetivos y observables. En este nuevo sistema no había sitio para la introspección, no se discutían los conceptos mentales ni se hacía mención a la conciencia.

El conductismo comenzó su auge en la década de 1920 y fue el sistema predominante durante cuatro décadas. Los métodos del conductismo estaban limitados a la observación y a la experimentación objetiva.

Estas limitaciones dieron problemas a muchos investigadores, por lo que más tarde surgió el neoconductismo, que ampliaba el número de conductas aceptadas para estudiar.

En el neoconductismo, los constructos teóricos, que no podían observarse, podían ser estudiados siempre y cuando la conducta derivada de ellos pudiera ser observada. Por ejemplo, para estudiar la memoria (un concepto), podría estudiarse el número de ítems que se recuerden de una lista original de 25 ítems.

La psicología cognitiva

El cognitivismo se desarrolló como un área separada de la disciplina al final de la década de los 50 y al principio de la de los 60, siguiendo la “revolución cognitiva” comenzada por la crítica de Noam Chomsky hacia el conductismo y el empirismo en general. Chomsky, de forma contraria al conductismo, concluyó que debía haber estructuras mentales internas, estados mentales que el conductismo había rechazado como ilusorias.

En 1967, Ulric Neisser acuñó el término “psicología cognitiva” en su libro del mismo nombre, en el que caracterizaba a las personas como sistemas de procesamiento de información dinámicas, cuyas operaciones mentales podrían ser descritas en términos computacionales.

El auge de la tecnología de los ordenadores y la inteligencia artificial promovieron la metáfora de las funciones mentales como procesamiento de información. Todo esto llevó a que el cognitivismo fuera el modelo mental dominante de la época.

También empezaron a ser comunes los vínculos entre el cerebro y el sistema nervioso, debido a los estudios sobre los daños cerebrales y a los trabajos experimentales de Donald Hebb. Con el desarrollo de tecnologías para medir las funciones cerebrales, la neuropsicología y la neurociencia cognitiva se convirtieron en algunas de las áreas más activas de la psicología.

La psicología humanista

Sin embargo, no todos los psicólogos estaban satisfechos con lo que ellos percibían como modelos mecánicos de la mente, considerada como un ordenador que tan solo procesaba información. Tampoco estaban contentos con las áreas que habían derivado del trabajo psicoanalítico de Freud, relacionadas con el reino inconsciente de la psique humana.

La psicología humanista emergió al final de la década de 1950 con dos reuniones en Detroit, Michigan, de psicólogos interesados en fundar una asociación profesional dedicada a una nueva visión del desarrollo humano: una descripción completa de lo que es ser un ser humano, especialmente los aspectos únicamente humanos, como la esperanza y el amor.

El planteamiento humanista enfatiza una visión fenomenológica de la experiencia humana y busca entender a los humanos y sus comportamientos conduciendo investigaciones cualitativas.

Algunos de los teóricos que fundaron esta escuela son Abraham Maslow, conocido por su jerarquía de las necesidades humanas; y Carl Rogers, que creó la terapia centrada en el cliente.

Finalmente, en los comienzos del siglo XXI surgió la psicología positiva, originalmente un desarrollo de las investigaciones de los humanistas sobre la felicidad y su idea de tratar la salud mental en lugar de la enfermedad mental. El término “psicología positiva” es original de Maslow en su libro Motivation and personality (1970).

Es Martin Seligman, sin embargo, quien es considerado el padre del movimiento de la psicología positiva moderna.

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