Indefensión aprendida: historia, en qué consiste y ejemplos

La indefensión aprendida es a la vez un estado mental y una manera de comportarse que aparece cuando una persona tiene que enfrentarse repetidamente a un estímulo negativo del cual no puede escapar. Está a menudo asociada con enfermedades mentales como la depresión o la ansiedad.

Después de que una vivencia dolorosa o desagradable se repita las veces suficientes, la persona adquiere la creencia de que no hay nada que pueda hacer para escapar de ella, y comienza a pensar que no tiene control sobre su propia vida. Esta actitud puede generalizarse a otras situaciones, lo cual agrava mucho los síntomas.

Fuente: pixabay.com

Las personas que se encuentran en un estado de indefensión aprendida dejan de intentar modificar su situación. Esto provoca que sean incapaces de alterar su comportamiento, incluso cuando las circunstancias han cambiado y ha aparecido una alternativa que podría ayudarles a mejorar.

La teoría de la indefensión aprendida comenzó a desarrollarse en los años 60 del siglo pasado, y ha adquirido una gran importancia en distintos ámbitos del campo de la psicología. En este artículo te contaremos exactamente en qué consiste, cuál es la evidencia con la que contamos al respecto, y qué consecuencias provoca.

Historia

El fenómeno de la indefensión aprendida fue descubierto por primera vez por Martin Seligman y Steven Maier por casualidad, a finales de los años 60. Desde entonces, se han llevado a cabo multitud de investigaciones sobre el tema, y la teoría relacionada con este estado mental se ha desarrollado mucho.

En este apartado hablaremos de cómo ha avanzado nuestro conocimiento sobre la indefensión aprendida a lo largo de los años. Algunos de los experimentos llevados a cabo en este área pueden parecer crueles, y probablemente no podrían realizarse hoy en día. Sin embargo, nos han aportado un conocimiento fundamental sobre la mente humana.

Primeros experimentos con perros

El primer experimento que apuntó a la existencia de la indefensión aprendida fue el llevado a cabo por Seligman y Maier en la Universidad de Pensilvania, en 1967. En él, ambos investigadores querían estudiar la respuesta de los perros a diferentes estímulos, como por ejemplo a descargas eléctricas de baja intensidad.

Los investigadores dividieron a los perros en tres grupos. En el primero, a los perros no se les causaba ningún daño. Los de los otros dos grupos sí que recibían descargas, pero con una diferencia fundamental: los segundos podían pararlas si apretaban un botón, mientras que los últimos no podían hacer nada para evitarlas.

Más adelante, los perros de los tres grupos fueron introducidos en una jaula metalizada dividida en dos partes por una valla baja. En uno de los lados, el suelo estaba electrificado, mientras que en el otro no.

Los investigadores se dieron cuenta de que, mientras que los animales de los dos primeros grupos saltaban la valla y se pasaban al lado no electrificado, los del tercero ni siquiera lo intentaban. Por el contrario, simplemente se quedaban quietos y aguantaban el dolor sin tratar de cambiar su situación.

Evidencia con otros animales

Asombrados por los resultados que habían obtenido, Seligman y Maier trataron de replicar este experimento con ratas. La premisa era la misma: tres grupos de animales, uno de ellos que no recibiría descargas, uno que las recibiría pero podría pararlas, y otro que las tendría que soportar sin poder hacer nada para evitarlas.

Tras someter a las ratas a estos estímulos aversivos, los experimentadores se dieron cuenta de que llegaba un punto en que los animales del tercer grupo dejaban de intentar escapar, incluso cuando se les presentaba la oportunidad. A este fenómeno se le dio el nombre de indefensión aprendida.

Experimentos con humanos

A pesar de la imposibilidad ética de llevar a cabo el mismo tipo de experimento con humanos, durante los años siguientes se condujeron estudios alternativos que trataban de probar la existencia de la indefensión aprendida en nosotros.

Una de las investigaciones más clásicas en este sentido se realizó en 1974 con tres grupos de participantes. Las personas del primero fueron expuestas a un ruido desagradable, pero podían hacerlo parar pulsando un botón cuatro veces. Las del segundo también lo escuchaban, pero no podían detenerlo; y las del tercero no oían nada extraño.

En la segunda parte del experimento, todos los sujetos fueron llevados a una habitación en la que sonaba otro ruido desagradable y en la que había una caja con una palanca.

Al tirar de ella, el sonido se detenía; pero los participantes del segundo grupo ni siquiera lo intentaron, mientras que el resto consiguieron pararlo con rapidez.

Este experimento y otros similares consiguieron demostrar la existencia de la indefensión aprendida en humanos. Desde entonces, se han tratado de investigar las causas por las que ocurre este fenómeno, así como las consecuencias que provoca.

¿En qué consiste la indefensión aprendida?

Existen varias teorías sobre qué es exactamente la indefensión aprendida y por qué se produce. La más clásica es la que propuso Martin Seligman a raíz de sus estudios ya mencionados, pero también existen otras más basadas en la neurobiología o las diferencias individuales.

Teoría de Seligman

Seligman y sus colaboradores propusieron la teoría de que las personas expuestas a situaciones desagradables sobre las que no tienen control sufren déficits en tres áreas: motivacional, cognitiva, y emocional.

Los problemas motivacionales tienen que ver con la falta de energía que experimentan los sujetos para tratar de escapar de una situación dañina, que les lleva a no tomar acción.

Los cognitivos, por otro lado, están relacionados con la creencia de la persona de que sus circunstancias son incontrolables; y los emocionales implican la aparición de un estado similar a la depresión.

Los tres tipos de consecuencias están relacionados entre sí, y se refuerzan mutuamente. De hecho, Seligman propuso la teoría de que la indefensión aprendida está en la base de la depresión y otros trastornos relacionados.

Teoría neurobiológica

Recientes estudios con neuroimagen apuntan a que hay ciertas estructuras cerebrales y neurotransmisores que juegan un papel muy importante en la aparición de la indefensión aprendida. Por ejemplo, se sabe que un déficit en los niveles de serotonina puede provocar la aparición de este fenómeno.

Algunas de las regiones cerebrales más relacionadas con la indefensión aprendida son los núcleos del rafe dorsales, los núcleos centrales y basolaterales de la amígdala, y algunas zonas del hipocampo, el hipotálamo y el córtex prefrontal.

También se ha descubierto que existen factores puramente físicos que pueden ayudar a reducir la probabilidad de la aparición de la indefensión aprendida.

Por ejemplo, realizar ejercicio intenso de manera regular aumenta los niveles de serotonina y por lo tanto puede paliar los efectos más graves de este estado mental.

Además del ejercicio, otras de las conductas que han mostrado tener un impacto beneficioso a nivel cerebral sobre este fenómeno son tener el descanso adecuado, la meditación, la relajación y llevar una alimentación adecuada.

Teoría de las diferencias individuales

Según las investigaciones sobre la indefensión aprendida, uno de los factores más importantes que predicen su aparición es la presencia de ciertas creencias sobre el control que se tiene sobre distintas situaciones. Estas creencias se conocen como “atribuciones”, y pueden variar de persona a persona.

Las atribuciones tienen tres características que pueden aumentar o disminuir las probabilidades de que aparezca la indefensión aprendida frente a una adversidad:

– Por un lado, pueden ser globales o específicas. Las personas con un estilo atribucional global piensan que las causas de lo malo que les ocurre se mantienen en distintas situaciones; mientras que las que poseen un estilo específico piensan que cada evento negativo tiene una causa única y que no tiene por qué replicarse.

– Las atribuciones también pueden ser estables o inestables. Cuando son estables, el individuo cree que las situaciones negativas que experimentan se van a mantener en el tiempo. Cuando son inestables, por el contrario, la persona piensa que es posible que cambien con el tiempo.

– Por último, pueden ser externas o internas; es decir, la persona puede creer que lo que le ocurre viene determinado por causas situacionales que no puede controlar (externas), o por factores que puede modificar con su propio esfuerzo (internas).

Las investigaciones han mostrado que las personas con un estilo atribucional global, estable y externo tienen muchas más probabilidades de desarrollar indefensión aprendida que las que mantienen unas creencias diferentes.

Ejemplos

A continuación veremos algunos ejemplos de situaciones en las que es común la aparición de indefensión aprendida o alguna actitud similar.

– Una persona que lleva buscando trabajo muchos meses pero no lo consigue puede perder toda la esperanza de volver a encontrar empleo. Por lo tanto, dejará de intentarlo y ni siquiera responderá a las ofertas de trabajo que le lleguen.

– Un individuo que haya tenido varias experiencias previas con sus ex – parejas (como situaciones de mucho drama o rupturas complicadas) puede pensar que el mundo de las relaciones no es para él. Como consecuencia, evitará formar vínculos emocionales profundos en la medida de lo posible.

– Alguien que haya intentado perder peso en varias ocasiones pero siempre haya fracasado dejará de tratar de estar más en forma, en lugar de preguntarse qué puede hacer de forma distinta o cómo puede cambiar su enfoque.

Referencias

  1. “What Is Learned Helplessness and Why Does it Happen?” en: Very Well Mind. Recuperado en: 5 Diciembre 2018 de Very Well Mind: verywellmind.com.
  2. “Learned Helplessness: Seligman’s Theory of Depression” en: Positive Psychology Program. Recuperado en: 5 Diciembre 2018 de Positive Psychology Program: positivepsychologyprogram.com.
  3. “Learned Helplessness” en: Britannica. Recuperado en: 5 Diciembre 2018 de Britannica: britannica.com.
  4. “Learned Helplessness” en: PsychCentral. Recuperado en: 5 Diciembre 2018 de PsychCentral: psychcentral.com.
  5. “Learned helplesness” en: Wikipedia. Recuperado en: 5 Diciembre 2018 de Wikipedia: en.wikipedia.org.
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Alejandro Rodríguez Puerta es un psicólogo y coach titulado por la Universidad Autónoma de Madrid, que compatibiliza su trabajo en el campo de la salud mental humana con sus labores como escritor y divulgador. Actualmente colabora con varias páginas de psicología y salud, hablando sobre distintos temas relacionados con el bienestar de las personas.

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