7 Aspectos de la Meditación que Me Permitieron Superar mi Amputación

Mi nombre es David Garrido Díaz y el 8 de diciembre de 2005 tuve un grave accidente de motocicleta. Lo que se planteó como un agradable día de fiesta con los amigos, paseando en moto y comida juntos, se convirtió en el peor día imaginado.

Este accidente tuvo muchas consecuencias en mi vida. Transcurrió en una carretera de sierra donde predominan las curvas y en una de ellas, sin síntomas que pudieran vaticinar el trágico suceso, mi moto perdió tracción en la rueda trasera y me precipité contra el soporte metálico que hay en los bordes de la carretera (quitamiedos). No pude percatarme de las sensaciones después de chocar con el afilado metal, lo que recuerdo es estar tirado junto a un riachuelo viendo la carretera muy por encima de mí. No me podía mover y el instinto de supervivencia me hizo ponerme a chillar para que me encontraran. Sentía un dolor insoportable en mi pierna derecha pero no sabía que pasaba porque no podía moverme, no me podía incorporar para mirarme. El miedo me invadió cuando apareció en mi cabeza la posibilidad de que mi imposibilidad de movimiento se debiera a una lesión grave de espalda, pero poco a poco el miedo fue abolido y tapado por el dolor de mi pierna. Sabía que se trataba de algo serio por las caras de mis amigos y personas que bajaban a auxiliarme. Por fin después de esperar 45 larguísimos minutos llegó la ambulancia que portaba la morfina que me permitió desconectar.

Tras despertarme en la Unidad de Cuidados Intensivos y después de haber estado trece días en coma inducido, me enteré que el dolor tan tremendo de mi pierna se debía a que había sido amputada de manera drástica en el accidente. Desde aquel momento entré en un estado de shock y profunda tristeza. Una duda me invadió conforme pasaban los días. ¿Cómo iba a ser mi vida a partir de entonces? Y sin tener demasiada consciencia de a lo que me enfrentaba, comencé una nueva etapa en mi vida marcada por una situación de duelo con consecuencias drásticas para mí y muchos momentos de dolores que no debería sentir ninguna persona humana.

Fue tras casi cuatro meses de estancia en el hospital cuando me puse a buscar mi propio camino, entendiendo que tenía que cambiar mi forma de vivir, tanto por mis nuevos impedimentos físicos como por la inmensa curiosidad que me invadía por aprender cuál era el mensaje de la vida para mí con tan traumático episodio. Comencé a experimentar y probar distintas tendencias en las que encontré algo en cada una de ellas.

Y es ahora cuando puedo decir que en la que más ayuda encontré fue en la meditación, siendo justo lo que quiero relatar en este texto. Pero no seguiré sin antes decir que, estoy escribiendo estas líneas con mi segundo hijo en mis regazos, con la medalla de campeón de ciclismo de Andalucía MTB colgada entre mis tesoros conquistados, desarrollando mi vocación por trabajo y sabiendo vivir con lo que me toca en cada momento, en muchísimos momentos feliz de la vida.

Los siete asuntos que más me ayudaron de la meditación fueron:

  1. Calma mental. El tiempo en el hospital sin poderme mover de la cama fueron terribles por la de vueltas que le podía dar a la cabeza. En muchos de ellos me dormía como sistema de descanso mental. Al salir del hospital no paraba de recrear mil finales distintos al paso por la curva. Cuando aprendí a meditar y a controlar mis pensamientos, esta cantidad de ideas fueron reduciéndose hasta desaparecer casi por completo, ayudado también por la aceptación de mi error. Ha sido un gran descanso dejar de torturarme con aquel momento.
  2. Paz y tranquilidad. Cada vez que me ponía nervioso o me entraba miedo porque me enfrentaba a una situación nueva, ya fuese volver a aprender a andar, ponerme una prótesis, enseñar mi prótesis o volver a probar qué cosas puedo hacer y cuáles no, la meditación me aportaba ese punto de tranquilidad que me permitía afrontar todas estas situaciones de otra manera mucho más provechosa y beneficiosa.
  3. Paliar los dolores físicos. Durante el tiempo que estuve en el hospital, los dolores estaban controlados con parches de morfina, pero al darme el alta no me recetaron los parches porque la intensidad de los dolores había descendido. Sin embargo, no contábamos con el gran dolor que me produjo la rehabilitación y la adaptación a la prótesis. Recuerdo llegar un día llorando a mi casa en la ambulancia por el dolor que tenía en el muñón. La meditación del dolor me ayudó mucho con esto, al punto de no necesitar ni analgésicos para llevar el dolor.
  4. Eliminar el dolor del miembro fantasma. Este es un dolor que aparece en personas amputadas y que consiste en sentir el miembro que ya no tienes. Cuando lo que sientes es cosquillas o picor es gracioso, pero cuando sientes dolor es muy desagradable. Además, tiene la particularidad de que no hay ninguna medicación que la quite, solamente en algunos casos la reduce. Y he aquí el mayor de los aportes que tuvo en mí la meditación, ya que me ayudó a aceptar mi pérdida y sólo así desaparecieron estos dolores tan poco explicados por la medicina.
  5. Generar fuerza y confianza en mí mismo. En el proceso de recuperación hubieron muchos momentos en los que pensaba que no lo conseguiría, que mi vida iba a ser desgraciada. Esto es fruto de darle demasiado espacio a las fantasías catastróficas. Cada vez que veía que me invadían me ponía a meditar y, poco a poco, la periocidad de esos pensamientos fue reduciéndose hasta casi no aparecer.
  6. Sostener la tristeza. Los momentos de tristeza y pena fueron muchos y actualmente en mi vida siguen apareciendo aunque por otras razones. Meditar me permite no huir de esos momentos, vivirlos tal y como son y llorarlos si me hace falta. Esto me proporciona una tranquilidad con respecto a la tristeza que me permite vivirla de una manera muy diferente a cómo solemos hacerlo.
  7. En definitiva todo lo anterior me ha reportado una mayor felicidad, o mejor dicho me impide menos ser feliz. Meditando me siento a favor de vida, siento que las cosas son como tienen que ser y, sin dudas, al haber menos pelea hay más gozo y disfrute de la vida, lo que llamamos felicidad.

Algunos pueden pensar que ellos no están en una situación tan delicada o crítica como la mía, o que eso de meditar es muy difícil, o incluso alguien no se puede creer lo que cuento en estas líneas. Yo sólo os invito a probar, no perdéis nada, pero eso sí, no estamos hablando de magia, si le vais a dar una oportunidad hacerlo bien, que no sea sólo fruto de un día.

Y lo más increíble es que para meditar sólo te necesitas a ti y al menos 10-15 minutos de tu día, estando realmente en tus manos los muchos posibles beneficios de la meditación.

Si te interesa aprender meditación con David Garrido puedes hacerlo con su curso, ahora en oferta.

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