¿Qué es la Megalomanía? (Delirios de Grandeza)

La megalomanía constituye una manía o un delirio de grandeza relacionado con algún aspecto personal. El individuo que padece esta alteración mental tiene pensamientos e ideas extremadamente exageradas e irreales acerca de sus capacidades personales.

Se trata una alteración bien delimitada en cuanto a su sintomatología pero presenta una cierta controversia en cuanto a su patogenia, diagnóstico y tratamiento.

megalomanía

En este artículo revisaremos sus principales características y clarificaremos sus propiedades con el objetivo de poder entender y detectar bien esta alteración mental.

¿Qué se entiende por megalomanía?

La palabra megalomanía deriva de raíces griegas en las que, “megas” significa grande y “manía” significa obsesión.

Así pues, etimológicamente ya podemos observar como el término megalomanía hace referencia a una obsesión por la grandeza.

Este análisis del origen de la palabra ya nos encamina hacia las características de esta alteración psicológica, que se define en psiquiatría como la sobreestimación delirante de las propias capacidades.

Así pues, la megalomanía constituye una condición psicológica en la que se presenta una obsesión o un delirio de grandeza en alguno de los siguientes aspectos personales: capacidad, fuerza física, fortuna, origen social, y proyectos grandiosos e irreales.

De este modo, una persona megalomaníaca se caracteriza por poseer pensamientos e ideas distorsionadas respecto a sus propias capacidades, sobreestimando en exceso sus características y teniendo una idea de sí mismo altamente sobrevalorada.

Contextualización de la megalomanía

La primera figura en incorporar el término megalomanía en el mundo de la psicología y la psiquiatría fue Sigmund Freud.

El neurólogo austríaco comentó que la megalomanía formaba parte de los rasgos neuróticos de omnipotencia de las personas adultas.

Así mismo, Freud afirmó que la megalomanía constituía rasgos de personalidad del adulto que se fraguaban ya en la niñez, afirmando que este tipo de pensamientos forman parte del proceso de desarrollo de las personas.

Posteriormente, Freud postuló la megalomanía como un obstáculo para el psicoanálisis, ya que resultaba complicado establecer patrones de funcionamiento que pudieran derivar en pensamientos de omnipotencia y sobrevaloración.

En esta línea, la vertiente de psicoanálisis kleiniana interpretó la megalomanía como un mecanismo de defensa psicológico.

De este modo, la persona megalomanía desarrollaría una serie de pensamientos sobrevalorados respecto a sus capacidades personales con el objetivo de evitar los estados ansiosos y depresivos que le originaría interpretar sus características personales desde un punto de vista realista.

Como vemos, los rasgos y la sintomatología megalomaníaca ha causado cierta controversia ya desde los inicios de la psicopatología.

No obstante, dejando un poco de lado el psicoanálisis y las vías de desarrollo de esta condición psicológica, resulta evidente que la megalomanía es una alteración que se presenta con frecuencia y que resulta de interés en el mundo de la salud mental.

¿Es un trastorno mental?

La megalomanía de por sí no tiene por qué constituir un trastorno mental, aunque en muchos casos sí que se puede catalogar como tal.

Esta primera explicación sobre la megalomanía puede crear cierta confusión, así que nos pondremos a clarificarla.

Como hemos visto, la megalomanía constituye una sobreestimación delirante de las propias capacidades.

Sin embargo, esta sobreestimación que la persona realiza sobre sí mismo puede tener distintos niveles.

Así pues, puede ir desde una obsesión para interpretarse a uno mismo como mejor de lo que es, hasta un delirio franco en el que la persona no es capaz de verse a sí mismo de una forma realista.

En el segundo caso, es decir, cuando la megalomanía constituye un delirio franco en el que los pensamientos están totalmente desvirtualizados y no mantienen ningún contacto con la realidad, la megalomanía constituye un trastorno delirante.

En cambio, en el primer caso, es decir, cuando la megalomanía constituye una simple obsesión por las cualidades personales pero se conserva el contacto con la realidad, la megalomanía puede no constituir una alteración psicológica y definirse más bien como un rasgo de personalidad o un atributo psicológico particular.

No obstante, las obsesiones megalomaníacas serán consideradas también como un trastorno mental en el momento que estas afecten en la vida o en la funcionalidad de la persona.

Así pues, la megalomanía no constituye un trastorno mental que esté presente en los manuales diagnósticos actuales pero sí una condición psicológica que puede ir asociada un trastorno mental.

Dicho de otra forma, la megalomanía constituye más bien un síntoma que un trastorno mental de por sí. Se puede asociar a tres trastornos principales: trastorno de personalidad, trastorno delirante y trastorno bipolar.

¿Cómo es una persona megalomaníaca?

Las personas megalomaníacas creen que tienen una capacidad mayor de la que realmente tienen y eso hace que puedan llegar a puestos de poder o de mayor influencia.

De este modo, la principal característica de la megalomanía no consiste en creer que uno mismo es muy bueno sino en creer que uno mismo es mejor de lo que realmente es.

Una persona puede ser realmente brillante en algo e interpretarse como tal en esa esfera personal.

Este no sería el caso de una persona con megalomanía, ya que las personas que padecen esta afección tiene una franca obsesión o delirio por creerse mejor de lo que son y por sobreestimar sus cualidades muy por encima de la realidad.

De este modo, una persona con megalomanía puede mostrarse con mucho aplomo y seguridad en sí mismo, ya que las interpretaciones que realizan sobre sus propias cualidades, a pesar de que pueden no ser realistas, se interpretan y creen en ellas con muchísima convicción.

No obstante, cuando se realiza un análisis en profundidad de su personalidad se detecta que pueden ser individuos con muchas carencias y con un sentimiento de inferioridad o vacío desde los primeros vínculos de los padres.

Este análisis correlacionaría con las posturas kleinianas que hemos comentado al inicio del artículo.

Cuando aparece el delirio no hay sentimiento de inseguridad

Sin embargo, hay que clarificar que a pesar de que la megalomanía puede nacer como un mecanismo de defensa para evitar los sentimientos de inferioridad o vacío, una vez aparece el delirio megalomaníaco  la persona deja de ser consciente de sus sentimientos de inferioridad.

Dicho de otra forma: a pesar de que psicoanalizando la persona se puede objetivar que la megalomanía se ha desarrollado como una defensa psicológica, la persona que posee este tipo de delirios no lo interpreta como tal.

Los pensamientos de sobrevaloración que realiza una persona con megalomanía no actúan como una tapadera para sus dudas o inseguridades de forma consciente, ya que el individuo ha adoptado sus delirios de omnipotencia como única forma de pensamiento y auto-interpretación.

Megalomanía y personalidad

La megalomanía, anteriormente, constituía un trastorno de personalidad en el que la persona tenía pensamientos de sobrevaloración sobre sus capacidades y características personales.

No obstante, hoy en día dicha entidad diagnóstica ya no existe y los rasgos megalomaníacos se encuadran dentro de lo que se conoce como trastorno narcisista de la personalidad.

Como veremos a continuación este trastorno de la personalidad está caracterizado por muchos síntomas de la megalomanía que hemos ido comentando hasta ahora.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que por megalomanía se entiende una serie de pensamientos referentes a la interpretación de omnipotencia y la sobrevaloración de las capacidades personales, y no hace referencia a todas la características de trastorno narcisista.

Así pues, tal y como se ha comentado anteriormente, la megalomanía constituye una serie de síntomas que se pueden incluir dentro del trastorno narcisista de personalidad, pero megalomanía y narcicismo no son del todo sinónimos.

Trastorno narcisista de la personalidad

Las personas con trastorno narcisista de la personalidad se caracterizan por tener sentimientos exagerados de autoimportancia, creen que siempre tienen la razón, y demuestran grandiosidad en sus creencias y en sus comportamientos.

Estas primeras características del trastorno narcisista corresponden al término de megalomanía, por lo que los narcisistas son megalomaníacos.

No obstante, las personas con trastorno narcisista también presentan una fuerte necesidad de admiración, carecen de sentimientos hacia los demás, necesitan ser el centro de atención y tienden a aprovecharse de los demás para sus propios fines.

Estas últimas características del trastorno narcisista de la personalidad no configuran la definición de megalomanía.

Así pues, la megalomanía define una gran parte de los síntomas narcisistas pero no todos.

Megalomanía y trastorno delirante

En cuanto hablamos de delirio, tenemos que tener en cuenta que muy probablemente exista un trastorno delirante.

En este sentido, la megalomanía puede confeccionar un delirio cuando los pensamientos de sobrevaloración están totalmente distanciados de la realidad.

En estos casos, el deliro en sí confecciona un trastorno delirante de contenido megalomaníaco.

Este diagnóstico se puede realizar de forma independiente a la personalidad que tenga la persona con megalomanía.

Es decir, los pensamientos de omnipotencia y sobrestimación de las capacidades pueden estar acompañados de una personalidad patológica (como el trastorno narcisista) o no.

En cualquiera de los dos casos, si los pensamientos de omnipotencia son delirantes, el cuadro se configurará como un trastorno delirante.

Megalomanía y esquizofrenia

La megalomanía puede aparecer también en otra enfermedad mental como la esquizofrenia.

La esquizofrenia es una patología del neurodesarrollo que se caracteriza principalmente por la presencia de delirios, alucinaciones y desorganización.

Así pues, dentro de los delirios que aparecen en la esquizofrenia pueden connotarse delirios megalomaníacos.

Normalmente, en estos casos, los pensamientos delirantes de megalomanía corresponden a la enfermedad (a la esquizofrenia) y no suelen constituir unos rasgos patológicos de personalidad.

No obstante, sea cual sea la patología a la que esté asociada la megalomanía (trastorno de personalidad, trastorno delirante o esquizofrenia), esta constituye un sólo síntoma del trastorno mental.

Megalomanía y trastorno bipolar

Finalmente, el otro trastorno mental en el que se puede presenciar la megalomanía es el trastorno bipolar.

El trastorno bipolar constituye un trastorno del estado del ánimo en el que la persona puede presentar estados depresivo y estados contrapuestos a la depresión, es decir, estados maníacos.

En ambos estados (depresivos y maníacos) el desorden afectivo puede ir acompañado de alteraciones del contenido del pensamiento, es decir, de delirios.

Los delirios que se presentan en el trastorno bipolar pueden ser muy variados y, una de las variaciones puede ser la megalomanía.

Normalmente los delirios magalomaníacos suelen aparece más durante las fases maníacas que durante las fases depresivas, ya que la exaltación del estado de ánimo puede ir acompañada de una sobrestimación de las capacidades personales y delirios de grandeza.

Como vemos, el papel de la megalomanía en este trastorno es el mismo que el que desarrolla en los trastornos delirantes.

En estos casos la megalomanía tampoco suele ir ligada a una personalidad narcisista y se comprende dentro de un delirio de grandeza provocado por la euforia correspondiente al estado maníaco.

Tratamiento de la megalomanía

La megalomanía suele ser una alteración psicológica difícil de tratar principalmente porque la persona con esta afección no suele ser la típica que acude a la consulta de un psicólogo o un psiquiatra.

De hecho, una persona con megalomanía raramente interpretará que tiene un problema o será consciente de que sus pensamientos o delirios están distorsionados y le originan problemas.

Tratamientos farmacológicos

No obstante, existen tratamientos, principalmente farmacológicos que permiten mitigar la intensidad de los delirios.

En este caso, los medicamentos antipsicóticos como la quetiapina, la clozapina, la risperidona o la olanzapina son los fármacos más eficaces que permiten reducir la intensidad o incluso eliminar los pensamientos delirantes.

Terapias psicológicas

Así mismo, terapias psicológicas que permitan aumentar la adherencia al tratamiento farmacológico a las personas que no son conscientes de su enfermedad y por lo tanto no creen que requieran tomar ningún fármacos son también intervenciones importantes para la megalomanía.

En los casos de que la megalomanía vaya acompañada de un trastorno narcisista de la personalidad el tratamiento se dificulta, ya que estas alteraciones mentales son muy complicadas de intervenir.

Por lo general, la terapia cognitivo conductual puede ayudar a trabajar sobre las distorsiones cognitivas del paciente.

Este tipo de terapia puede ayudar a corregir la autoimagen grandiosa, la exageración de la importancia que se da a la evaluación personal, a detectar y discutir las creencias desadaptativas y a entrenar al paciente en el desarrollo de actitudes deseables.

Referencias

  1. Valiente Ots, C. (2002). Alucinaciones y delirios. Madrid: Editorial Síntesis.
  1. “Nuevos enfoques para la intervención en primeros episodios de psicosis” José Luis Vázquez-Barquero y Benedicto Crespo-Facorro. Ed. Elsevier-Masson (2007).
  1. Perris, C. y McGorry, P.D. (Eds.) (2004). Psicoterapia cognitiva para los trastornos psicóticos y de personalidad: Manual teórico-práctico. Bilbao: DDB
  1. Eguíluz, I, Segarra, R. (2005). Introducción a la Psicopatología. Barcelona: Ars Medica.
  1. Hamilton, M. (1986). Psicopatología clínica de Fish. Madrid. Interamericana.
  1. Vallejo Ruiloba (2006). Introducción a la psicopatología y a la psiquiatria. 6ª edición. Masson.
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Graduado en Psicología y Máster en Psicopatología Clínica del Adulto.

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