Memoria declarativa: características, tipos y patologías

La memoria declarativa es la que almacena conceptos y eventos de nuestra vida, que pueden expresarse de manera explícita. Son datos que recuperamos conscientemente y forman parte de la memoria a largo plazo.

El primer enfoque científico del estudio de la memoria fue realizado por el filósofo alemán Herman Ebbinghaus a finales de 1800. Sin embargo, el autor que hizo la distinción entre la memoria declarativa y la memoria procedimental fue Daniel Schacter en 1985.

Memoria declarativa en cerebro

Gracias a los avances en técnicas de neuroimagen y el estudio de pacientes con lesiones cerebrales, en los últimos años ha habido un gran desarrollo en el estudio de la memoria.

Los psicólogos han dividido la memoria a largo plazo en dos grandes categorías: la memoria declarativa (también llamada explícita o relacional) y la no declarativa (o implícita).

La memoria declarativa es la que nos puede sonar más familiar. Esta tiene un componente consciente que nos permite almacenar hechos y acontecimientos. Hay una intención clara de la persona por recordar.

Debido a esto, este tipo de memoria también se llama memoria explícita. Por ejemplo, cuando se recuerda un viaje a Roma o un dato aprendido como “Madrid es la capital de España”. Los acontecimientos de la vida se almacenan de manera temporal y espacial.

Por el contrario, la memoria no declarativa es inconsciente e incluye recuerdos de habilidades o hábitos como montar en bicicleta, conducir un coche o tocar el piano. La memoria declarativa se relaciona con procesos de adquisición, retención y recuperación de determinados elementos.

La memoria declarativa es “saber qué”, mientras la memoria no declarativa es “saber cómo”. Aquella nos permite recordar nombres, direcciones, números de teléfono, etc.

Es decir, es lo que hemos aprendido en la escuela, en la universidad, o las situaciones de nuestra vida que podemos expresar verbalmente.

La memoria declarativa a menudo es asociativa. Es decir, encadena unos recuerdos con otros. Así, cuando una persona piensa en un lugar donde estuvo, probablemente vengan a su mente un gran número de recuerdos asociados. Por ejemplo, las emociones que sintió en ese sitio, las personas con las que estaba, u otras experiencias.

Tipos de memoria declarativa

Se han determinado diferentes tipos de memoria, ya que durante la historia se han encontrado que pacientes con lesiones en diferentes partes del cerebro eran incapaces de almacenar o recuperar cierto tipo de información.

La memoria declarativa se divide en dos grandes grupos, memoria episódica y semántica. El primer autor que hizo una distinción entre memoria episódica y semántica fue Endel Tulving en 1972. A continuación se describen cada una de ellas:

– Memoria episódica: este tipo de memoria nos recuerda eventos pasados de los que hicimos parte. Se recuerdan como un “episodio”, es decir, como una escena en la que actuamos.

Un recuerdo puede estar grabado de forma más fuerte en nuestra memoria si tiene un componente emocional. Por ejemplo, la boda de un amigo, la muerte de un ser querido, etc.

Otro factor importante es la fuerza con la que el cerebro registra el recuerdo la primera vez que lo experimenta. Si esa primera vez enfocamos con cuidado y precisión (ponemos más atención) la memoria registrará con más potencia y será más fácil recordar posteriormente.

La memoria episódica parece asociarse con una estructura cerebral llamada hipocampo, que mantiene conexiones con la corteza cerebral para evocar los recuerdos.

Algunos ejemplos de memoria episódica son: el nombre de su primera mascota, recordar cómo fue el anterior cumpleaños de tu madre, la boda de tu hermano, dónde estabas cuando te enteraste del atentado del 11 de septiembre, etc.

Memoria semántica: este tipo de memoria declarativa es nuestro conocimiento general del mundo. También hace referencia a la información necesaria para el lenguaje, que sería una especia de diccionario.

A diferencia de la memoria episódica, la memoria semántica se mantiene mejor con el paso del tiempo. A partir de los 60 años entra en un leve declive.

Algunos ejemplos de la memoria semántica son: entender el concepto de tiempo, saber para qué sirve un objeto, saber nombrar animales mamíferos, conocer la fecha del día de San Valentín.

Este tipo de memoria es muy resistente al olvido, siendo estos conocimientos muy duraderos. Una prueba de la existencia de estos dos tipos de memoria son las múltiples investigaciones que han demostrado que hay pacientes con daños en la memoria episódica pero no en la semántica y al revés.

Algunos autores defienden la existencia de la memoria autobiográfica. En ésta hay una combinación de memorias de tipo episódico (experiencias personales situadas en un tiempo y espacio determinado) y semánticos (cultura general y conocimientos sobre el mundo).

Sustento cerebral de la memoria declarativa

Para que la memoria explícita se almacene correctamente, el sujeto debe reorganizar los datos primero. Parecen existir diferentes circuitos neuronales para la memoria declarativa y para la no declarativa.

La memoria declarativa se vincula con la zona medial del lóbulo temporal del cerebro cuando se está aprendiendo este tipo de conocimiento.

En esta parte se encuentra el hipocampo, una estructura fundamental en la formación de memorias autobiográficas y de hechos.

Otras áreas muy relacionadas con este son la amígdala, la corteza prefrontal y los núcleos talámicos, que también participan en la memoria declarativa.

Según si son conocimientos episódicos o semánticos, van a activarse unas zonas del cerebro u otras.

Parece ser que en la memoria episódica se activa el hipocampo, en colaboración con la corteza cerebral. La corteza prefrontal parece tener una función concreta en la memoria episódica. Se trata de monitorizar y elegir los recuerdos de manera adecuada.

Mientras que la memoria semántica parece asociarse a la corteza perirrinal. Una vez almacenados en la memoria de manera duradera, la información se guarda en toda la corteza cerebral según qué tipo de información sea.

Por ejemplo, los datos que tienen componentes visuales se guardan en la corteza occipital del cerebro, donde se sustenta la visión. En cambio, si son elementos auditivos, se guardan en la corteza temporal.

Se ha sugerido que la corteza prefrontal dorsolateral izquierda se asocia en la codificación de la memoria declarativa, mientras que la parte derecha y la corteza parietal posterior parecen influir en la recuperación de los datos.

Por otro lado, la amígdala tiene un importante papel en los recuerdos declarativos que tienen un significado emocional.

Pruebas para evaluar la memoria declarativa

Una prueba para evaluar la memoria declarativa es el reconocimiento de objetos. Se le presenta al sujeto dos objetos diferentes y se le pide que intente recordarlos.

Luego se hace una pausa de unos 15 segundos aproximadamente. Posteriormente, se muestran otros dos objetos. Uno de ellos ya se ha mostrado y otro es nuevo. El sujeto tendrá que decir cuál de estos objetos es el nuevo.

Para evaluar la memoria autobiográfica existe un test llamado “Entrevista de Memoria Autobiográfica” de Kopelman, Wilson y Baddelly (1990).

Es una entrevista semiestructurada que tiene dos partes. La primera mide la memoria semántica, preguntándole al paciente sobre eventos de su vida pasada.

Por ejemplo, el nombre de sus profesores, el nombre de primer jefe, la fecha y el lugar de su boda, sus últimas vacaciones o viajes, así como sus hospitalizaciones anteriores.

La segunda parte mide el recuerdo de eventos específicos incluyendo detalles como el tiempo y el lugar. Por ejemplo, un incidente ocurrido en la escuela primaria, algún suceso durante el primer empleo o bien, un acontecimiento ocurrido dentro de los últimos 5 años. Esto mide el componente más episódico.

Por otro lado, para evaluar la memoria semántica se pueden utilizar pruebas de fluidez verbal. Una de ellas se trata de nombrar elementos que pertenezcan a categorías semánticas como verduras, animales, etc.

Otra prueba muy utilizada es la denominación de objetos y/o dibujos, nombrar fotografías de gente famosa o pruebas de conocimiento verbal como ¿de qué color es la hierba?

Otra prueba fácil de administrar es el Test de Aprendizaje Auditivo Verbal de De Rey. Consiste en presentar oralmente una lista de 15 palabras (sustantivos) y luego el paciente debe repetirlas.

Después de unos 20 a 30 minutos en los que se hace otras tareas se les vuelve a preguntas las palabras que recuerda para comprobar si han pasado a la memoria a largo plazo.

Factores que influyen en el recuerdo de memorias declarativas

– Recordamos mejor los sucesos importantes para nosotros y vívidos, como la muerte de un ser querido.

– La recuperación depende del contexto en el que nos encontremos. Es decir, recordamos mejor cierta información si nos encontramos en el contexto donde la aprendimos que si estamos en otro contexto diferente.

– El estado de ánimo parece ser importante en el recuerdo. Es decir, cuando aprendemos algo ligado a cierto estado de ánimo es más fácil que esto se recuerde cuando volvamos a tener la misma emoción.

Esto recibe el nombre de recuerdo dependiente del estado. Explica por qué cuando estamos tristes solemos recordar experiencias negativas.

Por otro lado, puede ocurrir, que afirmemos recordar cosas que realmente no han sucedido, ya que tendemos a rellenar huecos o lagunas de la memoria sin darnos cuenta. Esto puede ocurrirles a las personas que son llamadas a rendir testimonio en un proceso judicial.

Patologías de la memoria declarativa

Existen una serie de condiciones patológicas en las que memoria declarativa puede verse afectada. Normalmente esto se conoce como amnesia.

Sin embargo, pueden darse hipomnesias, que son una alteración de la memoria en la que se presenta un debilitamiento de los recuerdos existentes. Mientras que la amnesia es la pérdida total de los recuerdos.

Las causas de las alteraciones en la memoria son amplias y variadas. Por ejemplo, por problemas vasculares que afecten al hipocampo, enfermedades infecciosas del cerebro, tumores, o lesiones cerebrales por traumatismos craneoencefálicos o demencias.

Algunas de las patologías de la memoria declarativa son:

– Amnesia anterógrada: se trata de déficits para recordar acontecimientos que suceden tras una lesión cerebral. Normalmente se acompañan de cierto grado de amnesia retrógrada. Esto ocurre porque existe una incapacidad para trasmitir información desde la memoria a corto plazo hasta la memoria a largo plazo, estando específicamente afectadas las memorias declarativas o explícitas.

La amnesia anterógrada suele asociarse también con la confabulación, en la que el paciente rellena sus lagunas de memoria con datos inventados. Este no es consciente de que el relato es falso o irreal.

A un nivel extremo el paciente puede ser incapaz de recordar lo que acaba de hacer.

Este tipo de amnesia también se observa en el síndrome de Korsakoff. Se trata de un déficit de vitamina B1 (tiamina) que se debe a la desnutrición o alcoholismo crónico.

La tiamina, al ser esencial para el cerebro, cuando está ausente provoca lesiones en este órgano. En concreto, en el diencéfalo, y/o en el lóbulo frontal.

La amnesia anterógrada también puede aparecer por traumatismos craneoencefálicos, accidentes cerebrovasculares o tumores.

– Amnesia retrógrada: es la dificultad para recordar sucesos que ocurrieron antes de la lesión cerebral. Este tipo de amnesia puede ocasionar lagunas que abarquen desde meses hasta años.

La amnesia retrógrada sigue la Ley de Ribot, es decir, se pierden primero los recuerdos más recientes, mientras que los últimos en olvidarse son los recuerdos más estables y utilizados en su vida. Por ejemplo, sus hábitos de rutina diaria, su nombre o el de sus familiares, etc.

– Amnesia lacunar: en esta se produce una pérdida de recuerdos durante un periodo de tiempo limitado, en el que se sufrió una alteración en el nivel de consciencia. Por ejemplo, como ocurre tras ciertas crisis epilépticas, tras el consumo de tóxicos o drogas, o por secuelas de traumatismos craneoencefálicos.

– Amnesia disociativa o psicógena: en este caso el paciente no puede recordar acontecimientos o experiencias que han resultado muy desagradables o traumáticos, como ocurre en el trastorno de estrés postraumático.

Afectación de la memoria declarativa en personas sanas

Todos podemos tener problemas de memoria en ciertos momentos sin que exista ninguna patología.

Se ha encontrado que el estrés influye en la formación de memorias declarativas. Es decir, si se intenta almacenar algún conocimiento de tipo declarativo mientras se está bajo un gran estrés, estos conocimientos se recordarán mucho peor. Incluso, si el estrés es extremo, puede que muchos detalles no se recuerden.

Algo similar ocurre con la falta de sueño y de descanso. Parece ser que es fundamental dormir correctamente después de un episodio de aprendizaje para que los recuerdos declarativos se fijen en la memoria.

La memoria declarativa también va disminuyendo con el envejecimiento. Principalmente los datos autobiográficos o de la propia experiencia, aunque también es frecuente la anomia. Esta es la incapacidad para evocar los nombres de los objetos.

Una de las funciones más afectadas en la vejez es la capacidad para almacenar información nueva, como asociar nombres con caras.

Referencias

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Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Cursando Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

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