Metacognición: Características, Ejemplos y Estrategias

La metacognición es tomar conciencia sobre nuestra forma de pensar y de nuestras estrategias cognitivas. Puede definirse como “pensar sobre nuestro pensamiento”. Además, implica el control y supervisión de nuestros propios procesos cognitivos cuando aprendemos.

Esta capacidad se puede desarrollar y se asocia con la inteligencia y con el éxito académico. Por eso es un tema que se aborda y se trabaja desde la psicología educativa principalmente.

metacognición dos cerebros

Un ejemplo de metacognición es darnos cuenta de que nos cuesta más aprender un texto que otro. También estamos practicando la metacognición cuando cambiamos de estrategia mental para solucionar un problema al ver que la anterior no nos funcionaba.

Definición de metacognición

Definir la metacognición no es tarea sencilla. Aunque el termino está siendo cada vez más utilizado, existe un gran debate sobre su conceptualización.

Parece ser que esto se debe a que se usan diferentes términos para describir el mismo fenómeno. Por ejemplo, la metacognición a veces aparece en la literatura como “control ejecutivo” o “autorregulación”.

En general, se refiere a la capacidad de los seres humanos para reflexionar sobre sus propias experiencias cognitivas y regularlas. Este proceso parece estar dentro de nuestras funciones ejecutivas, que son aquellas capacidades relacionadas con la supervisión y regulación de los procesos cognitivos.

Es decir, modular la atención, la memoria de trabajo, planificar, inhibir conductas, controlar emociones, etc.

El término metacognición suele asociarse a John Flavell, por su amplia investigación en este ámbito. Este psicólogo del desarrollo estadounidense fue el que utilizó el concepto por primera vez en 1979. Flavell explicó que la metacognición significaba el conocimiento y control de la cognición.

Así, se puede conceptualizar “metacognición” como todos los procesos que dirigen la cognición. Como detectar aspectos sobre el propio pensamiento, pensar sobre el propio pensamiento y responder ante él mediante un control y regulación.

Es decir, ocurre cuando nos planificamos, regulamos, evaluamos y realizamos cambios en nuestras conductas de aprendizaje buscando una mejora.

Características de la metacognición

La metacognición se compone de tres elementos característicos:

El conocimiento metacognitivo

Es lo que sabemos sobre nosotros mismos y los demás en cuanto a la forma de procesar la información. Incluye tanto el conocimiento que tenemos sobre nosotros mismos como estudiantes o pensadores, así como los factores que influyen en nuestro rendimiento. Esto se denomina “conocimiento declarativo”.

También engloba el “conocimiento procedimental”. Es decir, lo que sabemos sobre nuestras estrategias y procedimientos para hacer diferentes tareas.

Por último, incluye el “conocimiento condicional”, que se trata de saber cuándo y por qué utilizar el conocimiento declarativo y procedimental.

La regulación metacognitiva

Que significa la regulación de nuestras experiencias cognitivas y aprendizaje. Se lleva a cabo a través de tres habilidades: la planificación y selección adecuada de estrategias, la supervisión del propio desempeño, y la evaluación del resultado obtenido.

En esta última se puede reflexionar sobre la eficiencia con la que se ha hecho la tarea. Puede implicar la re-evaluación de las estrategias utilizadas.

La experiencia metacognitiva

Se refiere al ejercicio metacognitivo en sí que realizamos durante un esfuerzo cognitivo.

Ejemplos de metacognición

Existen innumerables ejemplos de metacognición, aunque se mencionan algunos. Podemos decir que estamos practicando la metacognición cuando:

– Somos conscientes de nuestro propio proceso de aprendizaje. Es decir, podemos observarlo y analizarlo desde fuera.

– Nos damos cuenta de los procesos mentales que utilizamos cada momento.

– reflexionamos sobre la forma en la que aprendemos.

– Controlamos el uso de las estrategias de aprendizaje más adecuadas en cada caso.

– Mantenemos la motivación durante un periodo prolongado de tiempo hasta finalizar la tarea.

– Somos conscientes de aquellas cosas internas o externas que nos distraen y nos esforzamos por ignorarlas y cumplir los objetivos.

– Ser conscientes de nuestros puntos débiles y fuertes en cuanto al plano cognitivo. Por ejemplo: “tengo problemas para recordar las fechas, aunque tengo muy buena memoria para recordar imágenes y otros elementos visuales”.

– Reconocer si cierta tarea va a resultar compleja de entender.

– Saber qué estrategia utilizar y si es apropiada para la actividad que va a realizarse. Por ejemplo: “si escribo en un papel los conceptos claves de este texto, los memorizaré mejor”. O bien, “quizás comprenderé más fácilmente el tema si primero hago una lectura rápida de todo”.

– Nos percatamos de que cierta estrategia no está siendo exitosa e intentamos llevar a cabo otra diferente. También puede ocurrir que nos demos cuenta de que hay otra estrategia mejor o más cómoda y eficiente.

– Antes de realizar cierta actividad, nos planificamos preguntándonos cuál es el objetivo, qué estrategias vamos a usar, y cuáles de ellas hemos hecho en el pasado que puedan servirnos.

– Nos preguntamos sobre el proceso de la tarea que hemos completado. Si podríamos haber usado otra estrategia o si el resultado ha sido el esperado.

Beneficios de la metacognición

La metacognición es importante en el ámbito educativo ya que se ha demostrado que es esencial para tener éxito en el aprendizaje.

Los estudiantes que utilizan a menudo sus habilidades metacognitivas consiguen mejores resultados en los exámenes y hacen los trabajos de forma más eficiente. Estos alumnos identifican rápido qué estrategias utilizar para una tarea y son flexibles para sustituirlas o modificarlas para alcanzar sus metas.

De hecho, se ha observado que el conocimiento metacognitivo puede compensar el CI y la ausencia de conocimiento previo.

Además, en un estudio de Rosen, Lim, Carrier & Cheever (2011) se encontró que los alumnos de universidad con altas habilidades metacognitivas utilizaban menos el teléfono móvil durante las clases.

Otros beneficios de la metacognición son:

– Ayuda a los alumnos a ser aprendices autónomos e independientes, controlando su propio progreso.

– Es útil en un amplio rango de edad. Por ejemplo, desde primaria hacia adelante.

– Las habilidades metacognitivas ayudan a expandir lo aprendido a otros contextos y tareas diferentes.

– Enseñar en la escuela habilidades de metacognición no es costoso ni requiere cambios en las infraestructuras.

Cómo desarrollar la metacognición

Hay múltiples maneras de desarrollar la metacognición y de enseñarla en la escuela. En general, es importante que tomemos conciencia sobre nosotros mismos y nuestro desempeño de forma realista.

Es cierto que cada individuo va desarrollando sus propias estrategias metacognitivas, por lo que no siempre una estrategia es buena para todos. Por eso los ejercicios, más que enseñar estrategias de aprendizaje, están basados en hacer conscientes a los alumnos de sus propios pensamientos y fortalezas.

El desarrollo de las habilidades metacognitivas ayudan a aprender a aprehender. Esto significa que se desarrolla la capacidad para reconocer nuestro propio proceso de aprendizaje, aumentando así su eficacia, su rendimiento y el control sobre éste.

Los objetivos son ser capaz de planificar, controlar y evaluar el aprendizaje. Además de saber cómo aprender mejor y tomar consciencia de lo que se aprende y cómo se aprende.

Algunas tareas que pueden realizarse para aumentar la metacognición son:

– Ensayar varias maneras de hacer una misma actividad. Por ejemplo, en la escuela, es posible aprender una palabra con distintas estrategias.

Estas pueden ser: asociar esa palabra con otra ya conocida, formar una frase con ella, relacionar la nueva palabra con el sonido de otra que ya se utiliza, asociar la palabra nueva con un dibujo o foto, o hacerla rimar con otras palabras.

A cada persona le será más útil una estrategia que otra. O bien, sabrá utilizar cada una de ellas según el contexto o momento en el que se encuentre. Es decir, primero es importante conocer qué estrategias se utilizan para aprender algo o llegar a cierto objetivo. Una vez practicadas estas estrategias, trata de identificar cuál es más útil para ti en cada momento.

– Otra forma de desarrollar la metacognición es hacer ejercicios de autoevaluación después de cada tema. Por ejemplo, intentar reflexionar sobre tu desempeño en un trabajo o actividad concreta, siendo realista. ¿Qué podrías haber mejorado? ¿qué parte ha sido más sencilla para ti? ¿cuál ha sido la más complicada?

– Cuando realices alguna tarea cognitiva intenta desglosar en pasos qué estrategias cognitivas has utilizado para llegar al objetivo. Por ejemplo, cuando vas a memorizar el contenido de un examen, procura ser consciente de qué estrategias estás utilizando, qué cosas te desconcentran o qué podrías probar a cambiar para hacerlo mejor.

– Otra estrategia es la elaboración de autocuestionarios para contrastar lo aprendido en tareas de estudio independiente. Éstos pueden incluir preguntas como:

¿Cuáles son las ideas principales del texto? ¿Puedo repetir partes del texto con mis propias palabras? ¿Hay diferencias entre mis ideas anteriores sobre el contenido del texto y lo que he aprendido en él? ¿Con qué problemas de comprensión me he encontrado? ¿He encontrado inconsistencias entre las distintas partes del texto?

– Realizar mapas conceptuales. Éstos tienen el objetivo de representar relaciones entre distintos conceptos. Así se manifiestan dependencias, semejanzas y diferencias entre conceptos, al igual que su organización jerárquica.

Estos sirven para que nos demos cuenta de nuestros propios procesos de aprendizaje y valoremos las relaciones entre conceptos. Sobre todo, entre aquellos que aparentemente no tienen conexión.

– Que los alumnos planteen las preguntas en vez del profesor. Es decir, ante un trabajo, exposición o examen, intenta pensar qué preguntarías tú si tuvieras que comprobar el dominio existente del tema.

Por otro lado, los profesores pueden decirles a sus alumnos que hagan preguntas sobre un tema que tuvieron que aprenderse o leerse con anterioridad. También pueden reflexionarse sobre las preguntas realizadas: si son sencillas o se alejan del objetivo de aprendizaje.

Referencias

  1. Campanario, M. (2009). El desarrollo de la metacognición en el aprendizaje de las ciencias: estrategias para el profesor y actividades orientadas al alumno. Colección Digital Eudoxus, (8).
  2. Livingston, J. (1997). Metacognition: An Overview. Obtenido de University at Buffalo: gse.buffalo.edu.
  3. Metacognition. (s.f.). Recuperado el 21 de abril de 2017, de Wikipedia: en.wikipedia.org.
  4. Metacognition: The Gift That Keeps Giving. (7 de octubre de 2014). Obtenido de Edutopia: edutopia.org.
  5. Rosen, L. D., Lim, A. F., Carrier, L. M., & Cheever, N. A. (2011). An empirical examination of the educational impact of message-induced task switching in the classroom: Educational implications and strategies to enhance learning. Psicología Educativa, 17(2), 163-177.
  6. What is metacognition? (s.f.). Recuperado el 21 de abril de 2017, de Cambridge International Examinations: cambridge-community.org.uk.
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Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Cursando Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

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