Mielitis Transversa: Síntomas, Causas, Tratamiento

La mielitis transversa (MT) es una patología neurológica causada por una inflamación focal de la médula espinal (Chaves, Rojas, Patrucco y Cristiano, 2012).

A nivel clínico, los episodios inflamatorios pueden destruir las capas mielínicas de las fibras nerviosas espinales y, por lo tanto, lesionar e incluso destruir los terminares nervios (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2012).

mielitis transversa

Así, algunos de los signos y síntomas más habituales en la mielitis transversa están relacionados con el dolor, la parálisis y debilidad muscular, la percepción de sensaciones anormales o la presencia de alteraciones intestinales (Mayo Clinic, 2014).

Por otro lado, a nivel etiológico la causa de la mielitis transversa es multifactorial, sin embargo, en la mayor parte de los casos se asocia a procesos infecciosos (Christopher and Dana Revee Foundation, 2016) o enfermedades autoinmunes (Menor Almagro, Ruiz Tudela, Girón Úbeda, Cardiel Rios, Pérez Venegas y García Guijo, 2015).

En cuanto al diagnóstico de la mielitis transversa, cuando existe la sospecha es fundamental la realización de diversas pruebas de laboratorio, como la resonancia magnética (RM) (Gómez-Argüelles, Sánchez-Solla, López Doblado, Díez-De la Lastra y Florensa, 2009).

A pesar de que la mielitis transversa suele ocasionar importantes secuelas (Menor Almagro et al., 2015), existen diferentes abordajes terapéuticos orientados fundamentalmente hacia la administración de fármacos y la terapia de rehabilitación física (Jhons Hopkins Medicine, 2016).

Características de la mielitis transversa

Lateral view of spine and vertebrae; SOURCE: iConsult; male_skeleton_lat_L_layers.psd

La mielitis transversa (MT) es un trastorno neurológico causada por la inflamación de la médula espinal (Christopher and Dana Revee Foundation, 2016).

La médula espinal es la estructura del sistema nervioso que se encarga de la recepción y transmisión de mensajes desde las diferentes áreas corporales hacia los centros cerebrales, a través de los diferentes terminales nerviosos que salen de ella (National Institutes of Health, 2016).

Así, en función de la localización los terminares nerviosos espinales, suelen dividirse en varios grupos (Instituto Químico Biológico, 2016):

Cervicales: en la parte superior de la médula espinal, se encargan fundamentalmente de trabajar con toda la información sensorial y motora del cuello, las extremidades superiores y el diafragma.

Torácicos: en este caso, se encargan del control de la información de la parte superior de la espalda, algunas áreas de las extremidades superiores y el torso.

Lumbares: los terminales nerviosos del área lumbar se encargan de trabajar con la información procedente de las extremidades inferiores y la cadera o sección media del cuerpo.

Sacros: este tipo de terminales nerviosos se encargan de trabajar con la información procedente de algunas áreas de las extremidades inferiores, especialmente los dedos de los pies y las ingles.

Coccígeos: esta rama nerviosa trabaja fundamentalmente con información sensorial y motora de las áreas del cóccix y el ano.

Normalmente, los procesos inflamatorios serán de carácter local, por lo tanto, van a afectar a regiones concretas de los segmentos espinales (Chaves, Rojas, Patrucco y Cristiano, 2012).

Así, la hinchazón puede llegar a destruir o dañar de forma significativa la mielina de los terminales nerviosos, es decir, la cubierta protectora de estas fibras nerviosas (Mayo Clinic, 2014).

Normalmente, cuando un proceso patológico destruye parcial o totalmente la mielina, los impulsos nerviosos que transcurren por las áreas afectadas podrán comenzar a mostrar una velocidad de transmisión ralentizada (Mayo Clinic, 2014).

Por tanto, la información que circula desde la médula espinal y las áreas caporales podrá verse interrumpida (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2012).

En el caso de los adultos, las áreas espinales más afectadas por los episodios inflamatorios suelen ser las áreas medias, mientras que en la población infantil las más perjudicadas suelen ser las superiores, es decir, las cervicales (Gómez-Argüelles et al., 2009).

En este sentido, las primeras descripciones de esta patología datan del año 1882, en el que se reportaron diversos casos asociados tanto a lesiones vasculares como a brotes inflamatorios agudos (National Organization for Rare Disorders, 2016).

Posteriormente, entre el 1922 y 1923, en Inglaterra se llegaron a identificar más de 200 casos relacionados con reacciones patológicas post-vacunales, especialmente en el caso de la viruela, la rabia, el sarampión o la rubéola (National Organization for Rare Disorders, 2016).

Así, ya en el año 1948, el término mielitis transversa fue empleado por primera vez para describir un caso de parálisis progresiva tras una neumonía infecciosa (National Organization for Rare Disorders, 2016).

Finalmente, en 2002 de describieron de forma precisa los criterios y características clínicas de la mielitis transversa, además quedó definida como: “Una enfermedad inflamatoria poco frecuente causada por la lesión de la médula espinal y caracterizada por la presencia variable de debilidad, alteraciones sensoriales y disfunción autonómica” (National Organization for Rare Disorders, 2016).

Estadísticas

La mielitis transversa se considera una patología poco frecuente en la población general. Sin embargo, cada año llegan a diagnosticarse aproximadamente 1.400 nuevos casos en Estados Unidos (Christopher and Dana Revee Foundation, 2016).

Por otro lado, en cuanto a la incidencia global, diferentes estudios epidemiológicos señalan que oscila entre 1 y 8 casos por millón de personas cada año (National Organization for Rare Disorders, 2016).

Además, se considera que la mielitis transversa puede afectar a cualquier tipo de persona, independientemente de su historia familiar, sexo, procedencia geográfica o grupo étnico y/o racial (Menor Almagro et al., 2015).

Sin embargo, al margen de estos datos, se han identificado dos picos de edad en los que existe una mayor prevalencia de esta patología, específicamente estos se sitúan entre los 10-19 años y entre los 30-39 años (Menor Almagro et al., 2015).

Signos y síntomas característicos

Generalmente, la mielitis transversa es caracterizada como una patología cuyo curso clínico engloba una disfunción motora, sensitiva y autonómica.

Sin embargo, los síntomas específicos pueden variar de forma significativa en función de la sección espinal que se encuentra afectada (Oñate Vergara, Sota Busselo, García-Santiago, Gaztañaga Expósito, Nogués Pérez y Ruiz Benito, 2004).

Así, el curso clínico de la mielitis transversa puede ser agudo (más de cuatro horas de evolución) y subagudo (menos de cuatro horas de evolución) (Gómez-Aguelles et al., 2009), con la presencia de alguno o varios de los siguientes signos y síntomas (Gómez-Agüelles, 2009; National Instiute of Neurological Disorders and Stroke, 2012; National Organization for Rare Disorders, 2016):

a)  Dolor

El dolor suele constituir uno de los primeros signos de la mielitis transversa, además de uno de los indicadores fundamentales en los criterios diagnósticos.

Suele presentarse de forma localizada, asociado al segmento espinal lesionado y/o afectado, sin embargo, lo más común es la presencia de dolor en la espalda, las extremidades o la región abdominal.

b) Alteraciones sensoriales

En el caso del área sensorial, la parestesia constituye otro de los síntomas iniciales de la mielitis transversa.

Así, las personas afectadas suelen describir la presencia de hormigueo, adormecimiento o ardor en diferentes localizaciones corporales.

A pesar de que su gravedad es variable, en buena parte de los casos está asociado al dolor, debido al desarrollo episodios de sensaciones agudas punzantes y molestas que, tienden a expandirse hacia las extremidades y el torso.

Además, la capacidad sensitiva general se ve reducida de forma generalizada, especialmente la percepción de temperatura, vibración o incluso la posición corporal.

Sin embargo, las áreas cutáneas de las zonas del tronco corporal suelen incrementar su sensibilidad al tacto.

c) Debilidad y parálisis muscular

En la mielitis transversa, la debilidad muscular constituye otro de los síntomas médicos centrales.

Suele presentarse de forma progresiva, afectado de forma inicial a las extremidades y miembros inferiores y progresando de forma exponencial hacia las áreas superiores.

Así, en los primeros momentos los afectados tienen a arrastrar los y las piernas, protagonizando tropiezos de forma recurrente. Además, pueden comenzar a presentar problemas de coordinación a la hora de ejecutar actividades con los brazos y las manos.

Posteriormente, la debilidad muscular suele evolucionar hacia la espasticidad (incremento anormal de tono muscular) y/o la parálisis.

En las fases iniciales, lo más común es observar un tipo de parálisis flácida, es decir, una debilidad extrema que dificulta tanto los movimientos voluntarios como los pasivos.

Así, podemos identificar tanto una parálisis parcial de las piernas (paraparesia), como una parálisis grave de las extremidades inferiores en las áreas más bajas del tronco corporal (paraplejía) en estadios más avanzados.

d) Alteraciones autonómicas

Las lesiones espinales también pueden afectar a las funciones autonómicas, así, las alteraciones más comunes están relacionadas con la urgencia miccional, la incontinencia rectal o vesical, el estreñimiento o el desarrollo de diversos problemas relacionados con la esfera sexual.

¿Cómo es el curso clínico?

Como hemos señalado con anterioridad, la mielitis transversa suele mostrar tres formas básicas de presentación (Menor Almagro et al., 2015):

Aguda: la evolución clínica suele superar las 4 horas. En este caso,

Subaguda: la evolución clínica no supera las 4 horas.

Crónica: la evolución clínica suele superar las 4 semanas de duración.

En general, la forma aguda y subaguda se caracteriza por el dolor localizado en áreas del cuello y la espalda superior, junto con el desarrollo posterior de alteraciones sensoriales y motoras.

En el caso de la forma aguda, esta también se asocia con alteraciones sensoriales y especialmente, con la alteración de la marcha y la tendencia hacia la paraplejia (Menor Almagro et al., 2015).

La presentación de toda esta sintomatología suele ser progresiva, en la mayoría de casos se desarrollan durante algunas horas, sin embargo, en otros pueden durar varios días, entre 4 y 10 días National Organization for Rare Disorders, 2016).

Específicamente, el 80% de los afectados suelen alcanzar la máxima expresión sintomatológica aproximadamente en el día 10. Suelen presentar una ausencia parcial o total del movimiento de las extremidades inferiores, parestesias y disfunciones vesicales (National Organization for Rare Disorders, 2016).

Causas

Los procesos patológicos que pueden dar lugar al desarrollo de la mielitis transversa son diversos, sin embargo, suele asociarse a dos eventos fundamentales (Oñate Vergara et al., 2004).

a) Procesos infecciosos

La presencia de agentes víricos, bacteriológicos o parásitos se ha relacionado en un numero importantes de casos con el desarrollo de la mielitis transversa (Mayo Clinic, 2014).

Diferentes agentes patológicos, como el virus del herpes o la bacteria de la enfermedad de Lyme pueden causar una inflamación significativa de las estructuras de la medula espinal, especialmente durante la recuperación (Mayo Clinic, 2014).

b) Procesos autoinmunes

Diversas patologías de origen autoinmune que cursan con destrucción parcial o total de la mielina, como la esclerosos múltiple o el lupus también pueden dar lugar al desarrollo de la mielitis transversa (Mayo Clinic, 2014).

¿Cómo se realiza el diagnóstico?

En la fase inicial del diagnóstico de la mielitis transversa es fundamental identificar los indicadores clínicos, entre ellos se incluyen (National Institute for Neurologicla Disorders and Stroke, 2012):

– Debilidad muscular en extremidades superiores e inferiores, es decir, en piernas y brazos.

– Episodios de dolor.

– Alteraciones sensoriales, especialmente relacionado con la percepción de hormigueo adormecimiento o cambios en la sensibilidad cutánea.

– Presencia variable de disfunción intestinal y vesical.

Tras la confirmación de las características clínicas detalladas anteriormente, es fundamental emplear diversas pruebas de laboratorio para identificar una posible inflamación espinal y confirmar el diagnóstico de mielitis transversa (Gómez-Argüelles et al., 2016).

En este caso, una de las técnicas más empleadas en la resonancia magnética (RM). Ésta nos permite identificar a nivel visual la presencia de inflamación en alguno de los segmentos de la médula espinal y además, realizar el diagnóstico diferencial con otro tipo de patologías como los tumores, la hernia de disco o las compresiones nerviosas mecánicas (Cleveland Clinic, 2015).

¿Existe tratamiento?

A nivel clínico y hospitalario, se ha diseñado diversos abordajes para el tratamiento de la mielitis transversa, todos ellos suelen clasificarse en dos grupos básicos (Mayo Clinic, 2014):

a) Tratamientos farmacológicos

El empleo de diversos fármacos bajo prescripción facultativa tiene el objetivo fundamental de tratar tanto la causa etiológica de la mielitis transversa cuando ésta es identificada, como su progresión y complicaciones médicas.

Algunos de los métodos más empleados suelen incluir la administración de esteroides intravenosos, la plasmaféresis, los fármacos antivirales, los fármacos analgésicos y otro tipo de medicamentos para el tratamiento de las disfunciones musculares o la prevención de episodios recurrentes de inflamación.

b) Tratamientos no-farmacológicos

En este caso, la intervención se basa fundamentalmente en la terapia física y ocupacional.

Este tipo de terapias se centran incrementar las habilidades motoras y musculares residuales, mejora de la coordinación, control postural etc., así, el objetivo esencial es mantener un nivel funcional óptimo.

¿Cuál es el pronóstico médico?

La remisión de la sintomatología que caracteriza a la mielitis transversa puede ocurrir de forma espontánea o asociada a las intervenciones terapéuticas.

Lo más habitual, si existe una recuperación, es que ocurra aproximadamente dentro de las primeras 8 semanas, con una remisión exponencial dentro de los 3-6 meses posteriores (Menor Almagro et al., 2015).

En cuanto a las cifras, se ha observado que el 50% de los afectados puede alcanzar una recuperación completa, el 29% parcial y el 21% restante no mejora o tienden a empeorar desarrollando importantes complicaciones médicas o incluso falleciendo (Menor Almagro et al., 2015).

Referencias

  1. Oñate Vergara, E., Sota Busselo, I., García-Santiago, J., Caztañaga Expósito, R., Nogués Pérez, A., & Ruiz Benito, M. (2004). Mielitis transversa en inmunocompetentes. An Pediatr (Barc), 177-80.
  2. Chaves, M., Rojas, J., Patrucco, L., & Cristiano, E. (2012). Mielitis transversa aguda en Buenos Aires, Argentina. Estudio de una cohorte retrospectiva de 8 años de seguimiento. Neurologia, 348-353.
  3. Christopher & Dana Reeve Foundation. (2016). Transverse myelitis. Obtenido de Christopher & Dana Reeve Foundation.
  4. Cleveland Clinic. (2015). Institutes & Services. Obtenido de Cleveland Clinic.
  5. Gómez-Argüelles, J., Sánchez-Solla, A., López-Dolado, E., Díez-De la Lastra, E., & Florensa, J. (2009). Mielitis transversa aguda: revisión clínica y algoritmo de actuación diagnóstica. Rev Neurol, 533-540.
  6. IBQ. (2016). Médula espinal. Obtenido de Neurología. Anatomía y Fisilogía del Sistema Nervioso.
  7. Mayo Clinic. (2014). Transverse myelitis. Obtenido de Mayo Clini.
  8. Menor Almagro, R., Ruiz Tudela, M., Girón Úbeda, J., Cardiel Ríos, M., Pérez Venegas, J., & García Guijo, C. (2015). Mielitis transversa en síndrome de sjögren y lupus eritematoso sistémico: presentación de tres casos. Reumatol Clin. , 41-44.
  9. NIH. (2015). Transverse Myelitis . Obtenido de National Institute of Neurological Disorders and Stroke.
  10. NIH. (2016). Enfermedades de la médula espinal. Obtenido de National Institutes of Health: https://www.nlm.nih.gov/
  11. NMSS. (2016). Transverse Myelitis. Obtenido de National Multiple Sclerosis Society.
  12. NORD. (2016). Transverse Myelitis. Obtenido de National Organization for Rare Disorders.

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