Misofobia: síntomas, causas, comorbilidad, tratamientos

La misofobia o germofobia es una fobia específica que se caracteriza por un miedo excesivo e irracional hacia las bacterias y otros gérmenes. Para poder considerar el temor como síntoma de una fobia, este tiene que provocar dificultades en la vida de la persona que lo padece.

Tenerle cierto respeto a la suciedad o a los gérmenes es algo normal y sano. Sin embargo, para las personas con misofobia, el miedo es tan grande que les llevará a experimentar un sufrimiento bastante alto. 

Fuente: pixabay.com

Por ejemplo, muchos de los afectados evitarán acercarse a cualquier lugar que perciban como poco limpio, o comer comida que no hayan preparado ellos mismos.

La misofobia se clasifica en el mundo de la psicología dentro de la categoría de fobia específica; y como tal, se trata de un trastorno de ansiedad. Además, habitualmente se presenta junto a otros problemas psiquiátricos más graves, especialmente el trastorno obsesivo – compulsivo.

Si no se soluciona, esta fobia específica puede interferir de manera severa con el funcionamiento normal de la persona en su día a día. Por suerte, una vez que se detecta, existen tratamientos tanto psicológicos como farmacológicos que pueden ayudar a paliar los síntomas más graves de la misofobia.

Síntomas

Miedo excesivo a la suciedad o a los gérmenes

Al igual que ocurre con el resto de fobias específicas reconocidas dentro del mundo de la psicología, el principal síntoma de la misofobia es un miedo irracional y mucho más alto de lo normal hacia algo concreto.

En este caso, se trata de un temor pronunciado hacia la suciedad y los gérmenes, y hacia todos los objetos que se perciben como contaminados.

En función de cómo sea el caso concreto, cada persona puede sentir temor hacia elementos ligeramente distintos. Por ejemplo, ciertos individuos solamente sienten miedo hacia los microbios (una variante de este trastorno conocido como “germofobia”). Otros sienten desasosiego al estar en presencia de cualquier objeto o ser vivo que perciben como sucio.

Es importante destacar que el miedo que siente una persona con misofobia va mucho más allá que la preocupación normal por la limpieza. Se trata de un temor exagerado, que interfiere con el desarrollo habitual de la rutina diaria del individuo. Además, suele causarle mucho más sufrimiento de lo normal.

Evitación hacia las situaciones temidas

Por lo general, el miedo que sienten las personas con misofobia hacia la suciedad les lleva a querer evitar a toda costa cualquier situación en la que creen que se van a ver expuestos a ella.

Esto suele causarle todo tipo de problemas en su vida diaria, a la vez que les imposibilita disfrutar de muchas actividades que de otra forma realizarían.

Algunas de las situaciones que más tienden a evitar las personas con misofobia son:

  • Comer fuera de su casa por miedo a que los alimentos estén contaminados.
  • Visitar las viviendas de otra gente.
  • Evitar bañarse en piscinas o en el mar para no coger infecciones.
  • Utilizar lavabos públicos
  • Dejar de salir a la calle para no estar expuestos a suciedad.

En función de la gravedad de la misofobia que experimente la persona, este trastorno psicológico puede ser simplemente una molestia, o convertirse en un verdadero impedimento para hacer prácticamente cualquier cosa.

Ansiedad

En las situaciones que la persona desearía evitar pero a las que por algún motivo tiene que enfrentarse, es habitual que experimente síntomas clásicos de ansiedad. Estos pueden ser más o menos fuertes en función de la gravedad del trastorno y de la circunstancia concreta en la que se encuentre.

Algunos de los síntomas más comunes de ansiedad son dificultades para respirar, dolor o presión en el pecho, sensación de calor por todo el cuerpo, mareos, palpitaciones, sudor excesivo y sensación de ahogo. En los casos más graves, la persona puede sufrir además un fuerte miedo a perder el control o a morir.

Esta ansiedad es una de las principales causas de que los individuos con misofobia eviten todas aquellas situaciones en las que creen que tendrán que encontrarse con suciedad o gérmenes.

Sin embargo, a pesar de ser extremadamente desagradables, estos síntomas no entrañan ningún peligro real para la persona.

Comportamientos inusuales

Por último, en algunos casos de misofobia, la persona afectada adopta ciertas conductas o rituales destinados a reducir o eliminar su contacto con cualquier tipo de suciedad.

Estos rituales pueden ser realmente efectivos pero exagerados, o por el contrario no tener ninguna relación real con el problema.

Por ejemplo, un individuo con misofobia puede adoptar la costumbre de ducharse varias veces al día, para estar lo más limpio posible; o lavarse las manos cada veinte minutos para evitar el contacto con los gérmenes.

Otros, sin embargo, podrían mostrar otras conductas mucho más extremas e incapacitantes. Por ejemplo, algunas personas con este trastorno se niegan a tener ningún tipo de contacto físico con otros, o solo lo hacen si están utilizando guantes esterilizados.

De todos los síntomas descritos, este es el que más relación tiene con el trastorno obsesivo – compulsivo. De hecho, la línea que separa ambas enfermedades mentales es a menudo confusa, y tiene que ser determinada en cada caso por un especialista.

Causas

¿Qué puede llevar a una persona a desarrollar un miedo tan exagerado hacia la suciedad y los gérmenes? Al igual que ocurre con la mayoría de trastornos psicológicos, no existe una respuesta sencilla a esta pregunta. Se cree que la misofobia aparecería en la mayoría de los casos debido a la interacción entre causas genéticas y ambientales.

Factores genéticos

Según diversos estudios sobre ansiedad y trastornos relacionados, ciertas diferencias biológicas causarían que algunas personas tuviesen una mayor predisposición a desarrollar fobias que otras. Sin embargo, esta vulnerabilidad no se manifestaría en todos los casos, ni lo haría siempre de la misma forma.

Por otro lado, individuos con ciertos tipos de personalidad tendrían una probabilidad mayor de desarrollar trastornos como fobias específicas. Uno de los rasgos más relacionados con la ansiedad es el neuroticismo; y en el caso concreto de la misofobia, también podrían afectar la apertura a la experiencia y la responsabilidad.

Factores ambientales

Pero, ¿por qué en algunas personas con vulnerabilidad genética acaba desarrollándose esta fobia específica, mientras que en otras no lo hace? La respuesta podría estar en ciertas experiencias vividas durante la infancia y el desarrollo del individuo, que causarían que acabase padeciendo este trastorno.

En el caso de la mayoría de las fobias, normalmente se asocian a una o varias experiencias traumáticas que la persona habría sufrido durante sus primeros años de vida. Estas guardarían relación con el objeto que le causa temor, habitualmente de forma directa, aunque a vees la relación no es tan clara.

Otra posible causa ambiental es que la persona haya crecido en un entorno en el que se le inculcase un gran miedo a la suciedad. Por ejemplo, puede que sus padres, sin llegar a padecer misofobia, requiriesen que todo estuviese perfectamente limpio y le advirtiesen al niño de todo lo malo que podría pasar si no lo estaba.

Por último, uno de los factores ambientales más importantes en la aparición de una fobia específica es la presencia de mucho estrés en la vida diaria de la persona.

Esto puede desencadenar que su vulnerabilidad genética y su predisposición previa se activen y acaben dando lugar a este trastorno psicológico.

Comorbilidad

La misofobia es una enfermedad mental algo peculiar, en el sentido de que guarda una relación muy estrecha con el trastorno obsesivo – compulsivo.

Estas dos patologías suelen aparecer juntas muy a menudo, y en ocasiones puede ser complicado diferenciar la una de la otra. En este apartado te contamos cuáles es su relación exacta.

Trastorno obsesivo – compulsivo y misofobia

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es una patología que se caracteriza por la presencia de pensamientos intrusivos relacionados con un tema recurrente (obsesiones) y la práctica de ciertas conductas destinadas a reducir su prevalencia (compulsiones). El TOC puede estar asociado a muchos temas, pero uno de los más frecuentes es el de limpieza.

Las personas con esta enfermedad mental se ven asaltadas constantemente por una gran preocupación relacionada con la suciedad y los gérmenes. En este sentido, su miedo es muy similar al experimentado por un individuo con misofobia; pero los síntomas exactos difieren bastante entre ambos trastornos.

Así, en la misofobia el temor tan solo aparece normalmente cuando la persona se enfrenta a una situación en la que está en contacto con algo sucio. Sin embargo, la naturaleza del trastorno obsesivo – compulsivo hace que el miedo esté presente prácticamente todo el tiempo que la persona está despierta.

Además, en el TOC, el individuo llevará a cabo varias conductas “correctivas” que cree que le ayudarán a evitar el miedo o las peores consecuencias que imagina que provoca la suciedad. Esto es algo que no ocurre en el caso de una fobia específica.

Por otro lado, cuando ambos trastornos se presentan juntos, lo normal es que un especialista se centre en solucionar primero el trastorno obsesivo – compulsivo. Cuando los síntomas de este se reducen, normalmente los de la misofobia tienden a hacerlo al mismo tiempo.

Tratamientos

La misofobia puede ser un trastorno bastante incapacitante para quienes lo sufren si no se trata correctamente. Sin embargo, existen varias técnicas que han demostrado una gran efectividad a la hora de solucionarlo. De hecho, las fobias específicas son uno de los tipos de enfermedad mental con mejor pronóstico de todos.

Lo más habitual para tratar una fobia de este tipo es el uso de la terapia cognitivo – conductual, con la que se consigue un porcentaje muy alto de recuperaciones. En los casos más difíciles, además, se puede recurrir al uso de psicofármacos para paliar algunos de los síntomas más graves.

Por último, cuando ninguno de estos dos enfoques es efectivo o se quiere probar algo nuevo, es posible utilizar algunas terapias distintas como la ACT o la hipnosis. Ambos enfoques también han mostrado producir buenos resultados en algunos casos.

Terapia cognitivo – conductual

El enfoque más utilizado para tratar la misofobia es la terapia cognitivo – conductual. Con ella, se le va enseñando al paciente a enfrentarse poco a poco a sus miedos, a la vez que aprende a reducir su respuesta de ansiedad y a cambiar sus creencias erróneas sobre la suciedad y los gérmenes.

La principal técnica utilizada en esta terapia para tratar una fobia específica es la habituación. Con ella, el individuo es expuesto a situaciones que cada vez le dan más miedo. Primero se empieza con algo muy sencillo, hasta que la persona puede afrontarlo adecuadamente, y después se sube ligeramente el nivel de intensidad.

Al mismo tiempo, mediante la reestructuración cognitiva y el cambio de creencias, el individuo va aprendiendo a desafiar sus ideas irracionales sobre la suciedad y sus posibles peligros, y a sustituirlas por otras más ajustadas a la realidad. Esto ayuda a que la exposición sea cada vez más sencilla.

Uso de psicofármacos

En algunos casos, el uso de medicamentos para paliar algunos de los síntomas más complicados de la misofobia puede ser algo recomendable.

Para algunas personas, la ansiedad es tan extrema, que es necesario rebajarla de alguna manera antes de poder plantear siquiera la posibilidad de comenzar un tratamiento psicológico.

Los psicofármacos están diseñados exactamente con este objetivo en mente. Son fantásticos para paliar la ansiedad de forma inmediata, pero a largo plazo pueden volverse adictivos y generar efectos secundarios muy desagradables. Por ello, solo deben utilizarse como herramienta para facilitar el curso de una terapia psicológica.

Dicho esto, la mayoría de estudios apuntan a que la efectividad de la terapia cognitivo – conductual aumenta cuando se la combina con ciertos tipos de medicamentos psicológicos.

Otras técnicas

A pesar de que la medicación y la terapia cognitivo – conductual son los enfoques más utilizados para tratar la misofobia, no son los únicos efectivos. En algunos casos, el uso de otras técnicas menos convencionales puede proporcionar resultados incluso mejores.

Algunas de las técnicas alternativas más utilizadas son la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la hipnoterapia. Ambas cuentan con un gran respaldo científico, y pueden ser una opción fantástica para determinado tipo de personas.

Referencias

  1. “Mysophobia (germophobia): the fear of germs” en: Psycom. Recuperado en: 22 Noviembre 2018 de Psycom: psycom.net.
  2. “Mysophobia” en: Very Well Mind. Recuperado en: 22 Noviembre 2018 de Very Well Mind: verywellmind.com.
  3. “What is mysophobia and what causes a fear of germs? Symptoms, treatment and celebrity sufferers” en: The Sun. Recuperado en: 22 Noviembre 2018 de The Sun: thesun.co.uk.
  4. “Mysophobia” en: Good Therapy. Recuperado en: 22 Noviembre 2018 de Good Therapy: goodtherapy.com.
  5. “Mysophobia” en: Wikipedia. Recuperado en: 22 Noviembre 2018 de Wikipedia: en.wikipedia.org.
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Alejandro Rodríguez Puerta es un psicólogo y coach titulado por la Universidad Autónoma de Madrid, que compatibiliza su trabajo en el campo de la salud mental humana con sus labores como escritor y divulgador. Actualmente colabora con varias páginas de psicología y salud, hablando sobre distintos temas relacionados con el bienestar de las personas.

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